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Jueves, 29 Junio 2017 15:27

Una memoria, muchas voces. Caso emblemático para una reflexión institucional en el marco del posconflicto

Una memoria, muchas voces.  Caso emblemático para una reflexión institucional en el marco del  posconflicto Tomada de: Policía Nacional de Colombia

ANDRÉS F. MARÍN PULGARÍN* 

 

En el mes de abril del año 2008, el señor patrullero de la Policía Nacional, Juan Carlos Jiménez Martínez falleció en actos del servicio cuando intentaba desactivar un artefacto explosivo que se encontraba en la vía Medellín - San Andrés de Cuerquia (Antioquia). Por lo anterior, buscando espacios que favorezcan la justicia, la reparación y la verdad, a través de la metodología investigativa denominada “historia de vida”, se buscó reflexionar sobre el papel de la memoria subjetiva, local y en contexto, la inclusión de los históricamente excluídos, un acercamiento a las lógicas de la parte y la contraparte, así como una mirada desde una perspectiva psicosocial, todo bajo el lente del posconflicto armado colombiano. Paralelamente, deviene fortalecer la historia de la Policía Nacional en el marco del pos acuerdo para la paz, aspecto que llega como la necesidad de una institución que ha sido protagónica en el conflicto armado colombiano, aparece como una oportunidad para tramitar dudas, vacíos y quejas de quienes han sido víctimas de más de cinco décadas de guerra y violaciones a las múltiples normas estipuladas en los derechos humanos y el Derecho Internacional Humanitario.

Son diversos los abordajes realizados por la academia con respecto al conflicto armado interno colombiano, sus orígenes, permanencia e intensidad. Sin embargo, el presente artículo no pretende ser una extensión de lo ya dicho sobre el tema sino más bien un medio para exponer el resultado de un trabajo ejecutado con rigurosidad metodológica, por lo que también es fundamental recordar el contexto profesional e institucional que rodeaba a Juan Carlos.

La Policía Nacional en su extensa experiencia como colectivo combatiente de las FARC, con el apoyo de organismos internacionales y con una inversión en recursos humanos, tecnológicos, técnicos, científicos y armamentistas por parte del Estado colombiano, obtuvo los elementos necesarios para hacer contrapeso, disminuir el aparato guerrillero y ofrecer a la ciudadanía unos resultados que parecían convenientes y que invitaban al ciudadano del común a pensar en la posibilidad de un triunfo del Estado por la vía armada.

Así  mismo, bajo el apoyo de organismos extranjeros, el entrenamiento de los Estados Unidos, la aparición de los sistemas de gestión de la calidad y de los manuales de funcionamiento, la especialidad de técnico antiexplosivos que no ha sido muy codiciada al interior de la Policía Nacional por el riesgo inherente a la labor, aparecía como “atípica”, a la espera de una convocatoria y de un grupo de policiales dispuestos a arriesgar su vida por la patria y por la vocación de servicio, momento en el que al contar con habilidades personales y funcionales en el desempeño de la labor, ingresó a dicha especialidad.

En este ejercicio académico de revisión documental, entrevistas semi-estructuradas y reestructuración de objetivos permanentes, aparecen incógnitas que a posteriori resultan controvertidas. La primera hace referencia a la reacción emotiva y/o racional resultante del fallecimiento de un colombiano que le apostó a arriesgar su vida y que se evidencia tanto al interior como al exterior de la institución a través del despliegue de los medios de comunicación masiva acompañado de imágenes, el lenguaje y la semiótica periodística utilizadas, paralelamente la opinión pública relacionada con los hechos mencionados y el despliegue tecnológico utilizado por la institución para ofrecer condolencias mediante publicaciones de portales internos, revistas, cenotafios e incluso elementos de la infraestructura física de la Policía Nacional nombrados para recordar al fallecido así como también la indemnización administrativa realizada. En un relato de los sujetos “cercanos” al fallecido, se menciona literalmente que hechos como este pasan desapercibidos, quizá por la complejidad del conflicto armado, tal vez por el paso de un tiempo que peligrosamente ha borrado nuestra memoria, o por una habituación perversa a los hechos violentos, así como por una sociedad polarizada entre el bien y el mal en una visión que no ha sido interpretada con tintes grises sino más bien blancos y negros, en un radicalismo indolente y muchas veces beligerante. Sin embargo, no olvidemos que como se mencionó al principio, son múltiples las reacciones de la sociedad, los medios y las instituciones, haciendo referencia a las situaciones coyunturales que obedecen a un espacio y tiempo en los que predomina el amarillismo y no a un ejercicio de observación participativa, activa e incluso académica.

En segunda instancia es evidente que el patrullero se destacó desde su ingreso a la institución, especialmente por conocer de un deporte ajeno a nuestra cultura como lo es el golf, así como por su cercanía con personajes destacados del deporte en mención e incluso por regalar en su proceso formativo pelotas del deporte mencionado a sus compañeros en un acto de vinculación, complicidad y cercanía afectiva. En esta historia de vida se observan hechos que destacaban al sujeto de las multitudes y del grupo permeado por las prácticas que nos identifican como sociedad.

Por otro lado, en el ejercicio profesional se observaron eventos que fortuitos o no, irrumpieron en la vida de Juan Carlos como patrullero del Escuadrón Móvil de Carabineros (EMCAR) y posteriormente como técnico antiexplosivos, ambas especialidades con un elevado riesgo de vulneración de la integridad física y psicológica con todas las consecuencias inherentes a un hecho violento, no solamente para el funcionario sino también para su grupo familiar.

Así mismo, en eventos que coexistieron de manera simultánea, Juan Carlos se vinculó con coprotagonistas de esta historia que por las condiciones del trabajo desempeñado, la lejanía de este con su grupo familiar, el riesgo inminente de morir y un sinnúmero de intentos realizados por los grupos al margen de la ley (especialmente las FARC) por ganar una guerra por la vía armamentista, personas que encuentran en aquel sujeto un ser humano en todas sus dimensiones y por supuesto frágil, desprovisto de inmortalidad y envestido por una realidad inevitable. Por todo esto vale la pena destacar el ritual de despedida que si bien fue solemne y público tuvo un momento privado y familiar en el que los más cercanos decidieron lanzar sus cenizas al río Medellín, despedida en la que se configuraron duelos que solo el ejercicio académico y metódico puede revelar al evidenciar cartas escritas a modo de despedida y objetos que vinculan a Juan Carlos y que sus dueños aún conservan, lo que permite observar en el día a día una despedida permeada de sinsabores, ciclos discontinuos y abiertos, o simplemente despedidas que nunca fueron.

Actualmente vemos como los medios de comunicación, especialmente los que representan el mainstream colombiano han invertido recursos en la elaboración y difusión de novelas transmitidas por televisión, con contenido violento haciendo alusión a lo que supuestamente evidencia la historia real como la vivieron los protagonistas. No obstante, mencionadas historias han elaborado un imaginario pervertido en primera instancia porque tienen un contenido ficticio de relevancia, incluyendo el espectáculo pirotécnico y sexista, lo que desdibuja y minimiza el drama padecido por las víctimas y posiciona al delincuente en el lugar protagónico, por lo que las víctimas ocupan un lugar secundario en mencionadas propuestas televisivas apareciendo casi como el efecto colateral de la guerra contra del narcotráfico, las guerrillas, bandas criminales y otros. Lo anterior deviene en apariencia simple, si se omitieran los posibles efectos negativos para las generaciones actuales y venideras que observan en los protagonistas de estas historias desdibujadas un referente, un héroe, un ideal de ciudadano, razón por la cual los ejercicios que buscan la construcción de una historia de vida bajo un enfoque académico, con el análisis de la información recopilada, se hacen urgentes bajo la mirada de un posacuerdo con la guerrilla de las FARC y el inicio de diálogos con el grupo guerrillero ELN, representando así un aporte a la historia de un país violento, un análisis del contexto, pero sobre todo un granito de arena sobre las causas del conflicto mencionado. Paralelamente, un aporte al tratamiento necesario en épocas de posacuerdo, una experiencia para no repetir, un drama insufrible para evitar en un grupo familiar, una posibilidad de consenso y verdad sin olvido, incluso una esperanza de paz para los que vienen, es decir, este drama familiar, esta muerte como aspecto que eventualmente podría fortalecer la paz anhelada en Colombia.

A pesar de la adversidad económica y de las limitantes adjuntas a los recursos financieros, Juan Carlos vivió una infancia en familia, rodeada por valores fundamentales para la vida, donde los fuertes dolores que la señora Martha padecía mientras sus hijos aún pertenecían a la primera infancia no fueron impedimento para que Juan Carlos y Juan David se turnaran la salvaguarda incluso nocturna de la progenitora. De igual forma, frente a la experiencias posibles de un sujeto que cursa su ciclo vital en un barrio de la ciudad de Medellín (Antioquia) aparecieron en la vida del protagonista ofertas ilícitas como la venta de drogas y porte ilegal de armas, sin embargo, la cercanía afectiva, la confianza y la calidad del vínculo con su madre favorecieron la comunicación permanente por lo que esta última, le prohibió acceder a dichos ofrecimientos y a su vez le apoyó en el ingreso al Club el Rodeo de la ciudad de Medellín (Antioquia) para laborar como caddie de Golf, experiencia de la que sale uno de sus apodos: El caddie, que junto con pinocho y caritas hicieron parte de los múltiples apelativos ofrecidos por sus cercanos, estableciendo así una suerte de complicidad vitalicia, de acercamiento y paralelamente, dando forma a una historia marcada por la amistad, el amor y la tragedia.

Posteriormente Omaira (esposa del fallecido), quien se sonrojaba como en los tiempos en los que el tímido Juan Carlos, varios años menor que ella, buscaba la palabra, el gesto y la compañía oportuna para quien fuera la madre de su hija María Alejandra, comenta cómo esta historia de amor, como muchas, cuenta con anécdotas para la remembranza, ilusiones y desilusiones propias de los fenómenos de idealización, expectativas cumplidas e incumplidas por la interrupción traumática de la vida, distancias eternas y ausencias de angustia propias al desarrollo del servicio de policía abnegado, especialmente el de la especialidad que con vocación y convicción llevó a cabo el fallecido.

Paralelamente la hijastra de Juan Carlos quien a la fecha se desempeña como Subteniente de la Policía Nacional, un par de años menor que él pero convencida de su integridad moral, se relacionaba con él desde el respeto y la cercanía afectiva, lo recuerda como un buen consejero, detallista con quien para la época fuera una menor de edad, regalándole muñecas y objetos que para ella representaban felicidad, lúdica y confianza. Adicionalmente, Ana Stephanie, hijastra del fallecido, lo recuerda emotivamente en un discurso que evidencia el dolor familiar acompañado paradójicamente de experiencias positivas, esto es, la posibilidad financiera que la indemnización administrativa le otorga a los familiares del fallecido; una vez muere Juan Carlos, con el dinero ofrecido por la Policía Nacional, la joven Ana ingresó a la Escuela de Cadetes de Policía “General Francisco de Paula Santander”, lugar en el que realizó estudios durante tres (3) años para obtener el título de Administradora Policial y por supuesto Oficial de la Policía Nacional. Ana afirmó textualmente: “mi padre se perdió la oportunidad de verme crecer, a Juan Carlos se la quitaron”; así mismo su hermana María Alejandra, hija de Juan Carlos, actualmente con 13 años de edad y muy niña en el tiempo de la tragedia, recuerda imágenes que vienen y van, por supuesto idealizado como es apenas normal, frente a la pérdida y la nostalgia.

Pero es importante volver de manera discontinua, sin pretender líneas de tiempo como casi siempre lo han mostrado los documentos que hablan de la historia. Jesús David, tan solo un par de años menor que él, siempre atento de las decisiones tomadas por su referente, siguiendo paso a paso un camino emulable, al héroe de su infancia, a su ideal del yo, cuenta que desde muy niño Juan Carlos se mostraba protector, garantizando y salvaguardando la integridad física y psicológica de su hermano menor, evitándole “dolores de cabeza” y golpes indeseables. Una vez en edad escolar Juan Carlos ingresó a un centro de formación primaria, camino que por supuesto siguió Jesús David. Además es importante mencionar el ingreso del menor de los hermanos a la Policía Nacional que luego de un par de intentos fallidos se incorporó a las filas de la institución para posteriormente trabajar como patrullero adjunto a la Seccional de Investigación Criminal del Departamento de Policía Antioquia donde brindaría una importante reflexión sobre el perdón cuando en actividades del servicio en Ituango (Antioquia) siendo comandante de estación recibió a un joven en calidad de capturado al ser el presunto autor de un atentado terrorista sobre el cual más tarde un compañero policial le diría a Jesús David: “cuídelo que él es el asesino de su hermano”.

Juan Carlos puede ser descrito como un hombre joven pero maduro, con claridades y una cosmovisión que se adelantaba a su tiempo, procurando un servicio policial de calidad, claro está, el referente a su especialidad policial como técnico antiexplosivos; analizando cada video de un procedimiento relacionado, desarmando permanentemente dispositivos electrónicos para encontrar y comprender su funcionamiento, asistiendo a capacitaciones permanente y claro está, ofreciendo sus servicios cada vez que se presentaba un caso de posible artefacto explosivo que pudiera afectar a la comunidad.

*Investigador en Ciencia, Tecnología e Innovación, Escuela de Policía Carlos Holguín Mallarino

 

Bibliografía

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