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Miércoles, 07 Diciembre 2016 20:49

De las bicitertulias a la compasión cívica

SEBASTIÁN ÁLVAREZ POSADA* | 7 DIC 2016

De la Vida y otros Bichos es una colección de poemas de Álvaro Villegas ilustrada por el pintor Rangel Gutiérrez. I love New York hace parte de un conjunto de poemas que, bajo la sombra de un capítulo denominado Geografías, no solo ofrece una perspectiva literaria sobre las formas de habitar el espacio, sino que extiende el concepto de lo geográfico hasta la complejidad de las relaciones humanas, invitando al lector a hacer de la geografía un ejercicio íntimo, de profunda significación personal, permitiendo plantear la idea que cada hombre configura y experimenta el espacio de diferentes maneras.

I love New York

Porque te sembraron de asfalto

y de asfalto te revistieron

todos tus corazones;

porque la luz del sol

no pudo llegar hasta la tierra

desde que la compraron

para calentar las azoteas

del frío Wall Street Tower

y las arcas del Empire State Bulding;

porque sólo alcanzó el sol

para las gemelas World Trade Center

y dejó sin luz a Brookliyn.

Porque a pesar de los espectáculos

de Broadway y sus gentes

eres la ciudad más triste del mundo;

porque  en Bronx está el hambre

ladrándole a los perros,

y en Manhatan la libertad

es de bronce y no el clamor

de las calles de Harlen.

porque eres la mierda del mundo

como mierda son los dollares

que se cuentan en Wall Street.

porque todos te sueñan y desean

pero no duermes con ninguno;

porque segregas chinos,

latinos y negros

y conviertes a los hombres

en máquinas que producen

y no en seres que piensan.

Porque nada te importa

y regulas al mundo:

I love new york

cuna de las finanzas;

I love new york

antro del crimen;

I love new york

sueño latino,

y por sobre todas las cosas

I love new york.

 

Este poema resulta interesante para el objeto de estudio de la geografía humana, en la medida en que sus líneas van en contravía de la idílica ciudad de las canciones de Sinatra o las películas de Allen. El poeta presenta un panorama sombrío, donde las relaciones entre el poder y el espacio se traducen en crimen, segregación racial y en una indiferencia política que desfigura la posibilidad de una auténtica construcción de la ciudadanía; lo anterior se presenta reunido en la figura literaria de la ciudad sembrada de asfalto, cuya urbanización vertical trae como consecuencia la anonimia de sus habitantes: una ciudadanía deforme que invisibiliza al otro.

Con la ilustración de este poema no se pretende hacer uso de la antonimia judeocristiana de virtud y decadencia en relación con el campo y la ciudad, fijada en la cultura popular por ciudades históricas como Babilonia, Sodoma o Gomorra: descalificar el papel que desempeñan los procesos de urbanización en el mejoramiento de las condiciones de una vida humana, constituye un vicio de arcadianismo normativo que desconoce el logro más significativo del hombre como especie. Lo que se busca exponer aquí es una propuesta de fortalecimiento de la ciudadanía, en el marco de los procesos de urbanización que debilitan el concepto de lo ciudadano en relación con el espacio público.

El proceso de construcción de lo ciudadano, desde la perspectiva de autores como Kundera y Nussbaum, está atravesado por un ejercicio de compasión cívica, el cual consiste, en términos muy generales, en incentivar en la ciudadanía un sentimiento de empatía o de alteridad, de tal manera que una persona sea capaz de dimensionar y sentir como propias la experiencias vitales de otras personas.  

Dado el contexto espacial de este documento, ¿qué tan posible es crear iniciativas que propendan por la alteridad en Medellín, dadas sus dinámicas de urbanización? Con una superficie de poco más de 380 km2, y una población estimada de 2.499.080 habitantes, Medellín cuenta con una densidad poblacional de 6.542 habitantes por km2, es decir, 65 personas por hectárea. La mayoría de urbanistas, en condiciones adecuadas de espacio público y zonas verdes, estiman una densidad poblacional deseable de 120 personas por hectárea.

Si se considera que desde la década de los setenta hasta hoy la población de Medellín ha aumentado en algo más del 300%, y teniendo en cuenta además la difícil topografía del Valle de Aburrá y los escasos espacios públicos disponibles, en términos de política pública el asunto de la densidad poblacional debe empezar a ocupar un lugar importante en la agenda municipal.

Esta preocupación se manifiesta de forma contundente en los problemas de movilidad urbana, pero desde hace 30 años ya se había empezado a esbozar en el cambio del perfil de la ciudad o en la silueta de edificación (skylinecityscape). Desde la perspectiva de la geografía humana, el proceso de urbanización vertical que experimenta Medellín ha producido drásticas transformaciones en las relaciones humanas de sus habitantes, tales como el proceso de anonimia que se mencionó con anterioridad.

En la Comuna 14, por ejemplo, es habitual que en un edifico residencial los vecinos de un mismo piso no se conozcan, aunque lleven décadas de convivencia conjunta. El problema se agrava en la medida en que El Poblado, además de contar con un trazado vial y una lógica urbanística desordenada, no dispone de suficientes plazas o parques en condiciones óptimas de accesibilidad que permitan un encuentro ciudadano, reduciendo la agregación social a los centros comerciales o a los locales de la zona rosa. Aunque en términos efectivos se produce un encuentro social, el espacio no es el más adecuado para el diálogo ciudadano que requiere el cultivo del ethos político. En la Comuna 11, si bien se ha experimentado el mismo proceso de urbanización vertical, la adecuada planificación urbana, el terreno llano, la disponibilidad de espacios públicos y la oferta de bares o locales comerciales con una orientación cultural, ha permitido otra configuración de lo ciudadano.

Es en este escenario donde se hace posible vincular el concepto de compasión cívica con la geografía urbana y el fortalecimiento de la ciudadanía. Nussbaum y Hunt han planteado en sus investigaciones que la compasión cívica, empatía o alteridad, se materializa a través de la imaginación artística. En esta medida, I love New York constituye un buen ejemplo de imaginación artística en tanto permite incentivar un sentimiento de compasión cívica al ofrecer otra narrativa de la ciudad donde los protagonistas son los problemas sociales que amenazan la dignidad humana.

En lo que compete a la geografía humana, en esta discusión se amplía el concepto de la imaginación artística hasta cualquier narrativa que permita invitar a las personas al espacio público para el encuentro con el otro. Las bicitertulias organizadas por Urbano, Sciala, Morphart, y que el 20 de noviembre del presente año apoyó la librería Grammta y desde una orientación académica el autor de este texto, es una iniciativa innovadora que posibilita la compasión cívica, en tanto invita a los ciudadanos a reconocer y apropiar los espacios de la ciudad, con el ánimo de dialogar sobre temas que permitan fortalecer sus competencias ciudadanas.

Gonzalo Arango escribió sobre Medellín:

Hay otras mercancías que no produces: los alimentos del alma. Ni siquiera tienes una fabriquita para alimentos del alma. Tus politécnicos y universidades sólo vomitan burócratas, peones, jefes de personal y millares de contadores para tu potente máquina económica, tus cerebros electrónicos y tu Bolsa Negra.

¡Castrados de espíritu! Y yo sé que no son brutos. Al contrario, son idealistas y mesiánicos, herederos de conquistadores. Pero tú eres horriblemente frustradora.

Eres incapaz de producir un líder espiritual, ni siquiera un mártir. Porque antes de que el Iluminado diga su mensaje de salvación, ya tú le has ofrecido un puestecito en el Banco Comercial Antioqueño, y lo conquistas para heredero de tus tradiciones, socio de la Venerable Congregación de los Fabulosos Ingresos Per Cápita y Caballero del Santo Sepulcro.

Así coaccionas el espíritu de creación, la libertad y la rebelión. Eres endemoniadamente astuta para conservar la vigencia de tus estúpidas tradiciones. No admites cambios en tu poderosa alma encementada. Sólo te apasiona la pasión del dinero y aforar bultos de cosas para colmar con tus mercancías los supermercados.

Esto no estaría mal si con tus excesos y tus delirios productivos te acordaras de que tienes alma. Pero el tiempo del ocio lo ocupas en engrasar tus poderosos engranajes que mueven día y noche tu filosofía del Hacer, tu pensamiento reproductor.

A veces apestas a gasolina y hollín, mi pequeña Detroit. Cuando me abrumas con tus puercos olores siento piedad por tu insensato autodesprecio. Ni siquiera hay un rinconcito en tu monstruoso corazón de máquina para que florezca la flor bella, la flor inútil de la Poesía.

El retrato poético que pinta Gonzalo Arango de Medellín es aún más sombrío que el que hace Álvaro Villegas de New York. Pero no por eso menos real, al contrario, es una descripción fidedigna de una ciudad habitada por una sociedad plástica de preocupaciones inmediatas que no desestima invertir sus horas de ocio al cultivo de lo humano. Si es cierto que el ejercicio de la ciudadanía implica un reconocimiento del otro a través de la mediación de los espacios de diálogo ciudadano, las bicitertulias constituyen una iniciativa de compasión cívica que invita a los medellinenses a frecuentar otros lugares que permitan pensar en los problemas de la ciudad, como ocurre en los bares o en las librerías del Centro y de Laureles. 

 

*Magíster en Estudios Políticos de la Universidad Pontificia Bolivariana. Docente de la Facultad de Ciencias Políticas UPB. 

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