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Lunes, 15 Febrero 2016 23:10

¿Cuál es el valor de la filosofía?

La condition humaine - René Magritte La condition humaine - René Magritte

FREDDY SANTAMARÍA VELASCO* | 15 FEB 2016

Decía Bernardo de Chartres: que somos como enanos a los hombros de gigantes. Podemos ver más, y más lejos que ellos, no por alguna distinción física nuestra, sino porque somos levantados por su gran altura. Lo que más tarde Newton reconocía a Robert Hooker “Si he visto más lejos es porque estoy sentado sobre los hombros de gigantes”.Y vale la pena recordar esto, no solo porque  históricamente, el filosofar ha sido una actitud apoyada en gigantes, en los clásicos, en la tradición, sino porque ella, nadie como ella, la filosofía, piensa mejor su tiempo. El filosofar es una tarea situada, condicionada por los contextos histórico-culturales en donde se ha producido el saber filosófico. El filosofar es posible, como lo muestra la actitud de los clásicos del pensamiento filosófico, a partir de la recreación de la misma tradición.

Desde esta actitud crítica es donde podemos ver cuál es el valor de la filosofía, pues precisamente la tarea y a la vez el valor de la filosofía es intentar otorgar a la vida una toma de conciencia radical, en pos de seres humanos mejores. Según Heidegger, la filosofía no puede refundirse en el hacer de otras disciplinas, lo propio de la filosofía es el pensar. En ello radica su acción. Imaginémonos una ciudadanía sin pensar, una universidad sin reflexión, una universidad sin filosofía, pues ¿Qué mejor articulación y aporte a la estructura social que la racionalidad misma? que le asigna sentido a cada individuo y al quehacer de una colectividad ¿Cómo podría hablarse de una sociedad libre, ausente de reflexión, autoexamen y conciencia?

Por eso, frente al diluvio de conocimientos positivos y útiles,  el valor de la filosofía no se ha resuelto nunca por la acumulación de argumentos a favor o en contra de una solución frente a algún problema. En los resultados patentes y evidentes o en el simple enciclopedismo o la actual infoxicación por exceso de información y no de comprensión. En utilidad inmediata, No. Hacer filosofía es otra cosa, requiere de tiempo, silencio, trabajo y sin lugar a dudas vocación, una férrea vocación filosófica, pues si no es así, como afirma el historiador británico Peter Burke, hablando críticamente de las formas de conocimiento en el presente, que "podemos convertirnos,  recordando la idea con las que iniciamos estas palabras,  hoy fácilmente en gigantes de la información, pero también en enanos del conocimiento”.

Zubiri lo advertía que este mundo que se mide así por su utilidad, comienza poco a poco a perder progresivamente la conciencia de sus fines, es decir comienza a no saber lo que quiere. Pero entonces ¿cuál es la respuesta que debemos alcanzar en y desde la Filosofía en estos tiempos de utilidad? O de otra manera ¿cuál es la comprensión que la Filosofía -y con ella todos nosotros- está llamada a desarrollar y fundamentar ante el requerimiento de una sociedad muchas y repetidas veces hundida en la barbarie, la injusticia y la irracionalidad?

Hay que decir que actitud crítica y actitud filosófica aparecen sino idénticas, al menos paralelas y necesarias para la pregunta sobre el papel de la filosofía, o para los pensadores filósofos en el mundo de hoy, lo que Foucault ha denominado ethos, es decir, la ontología crítica sobre nosotros mismos. Por ello se entiende que Russell en Los problemas de la filosofía diga: “El valor de la filosofía debe hallarse exclusivamente entre los bienes del espíritu, y solo los que no son indiferentes a estos bienes pueden llegar a la persuasión de que estudiar filosofía no es perder el tiempo”. Es inevitable pensar en que la utilidad, si se puede hablar de utilidad de la filosofía, sea sólo “conocimiento” en el sentido especulativo de los términos. Sin embargo, esta especulación, esta aparente inutilidad de la filosofía es la puesta en marcha de la reflexión que mejora la condición humana, que mejora todo proyecto académico, sin filosofía no nos podemos entender, sin las preguntas de la filosofía nuestra vida se reduce al mero dejarnos vivir. Y es por eso que habría que repetir con Horkheimer aquel llamado de atención de estos tiempos: “la esperanza de que el horror terrenal no posea la última palabra es seguramente un deseo no científico”. Seguramente es un deseo filosófico. Filosofar, como bien lo decía Wittgenstein, es como trabajar, hacer arquitectura  sobre uno mismo, en ese trabajar sobre ser mejores hombres se nos va la vida. Allí está el valor de la filosofía. 

*Doctor en Filosofía y Letras de la Universidad Pontifica de Salamanca. Doctor en Filosofía UPB. Docente Ciencias Políticas UPB. Ex - Decano de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Santo Tomás. 

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