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Miércoles, 10 Mayo 2017 01:27

Posizquierda

JOSÉ OLIMPO SUÁREZ MOLANO*

A partir de la Crisis de la Unión Soviética, encarnada en la caída del Muro de Berlín, a finales del siglo pasado, la izquierda internacional se vio enfrentada a su propia autoevaluación critica. El resultado fue desalentador: las promesas de la izquierda política no se habían cumplido en prácticamente ningún dominio: ni en el económico, ni en el político, ni en el moral. Cundió entonces la desazón teórica por todas partes. ¿Qué hacer? Los huérfanos de la izquierda debieron entonces recurrir a tres movimientos culturales que se venían gestando desde hacía ya algunas décadas. En primer lugar, se debía intervenir en la discusión teórico –política sobre el giro ecologista que ganaba amplias capas de las sociedades occidentales tanto desarrolladas como tercer mundistas. En segundo lugar, participar activamente en la teoría sobre los derechos sociales que se encarnaban cada vez cada vez más en el neoconstitucionalismo jurídico, y en la promoción de organizaciones no gubernamentales que ganaban un amplio espacio en la vida social; y, finalmente, tercero, reciclar las teorías a partir del debate ideológico proveniente de las propuestas ofrecidas por los teóricos posmodernos que conmovían las fuertes tradiciones propias de la filosofía moderna con su centralidad afincada en la defensa de la razón; con su impronta positivista y argumentativa (1).

Es en el marco de este tercer debate teórico donde tomó forma y fuerza la denominada línea posizquierdista encabezada por los trabajos y propuestas de los profesores Ernesto Laclau y Chantal Mouffe. Antes de atender a la obra de estos pensadores, bien vale la pena recordar, así sea  a grandes rasgos, la génesis del debate izquierda y marxista de la primera mitad del siglo XX. Como es sabido, el marxismo no ortodoxo, no oficial, conoció una crítica poderosa en la obra de autores como Rosa Luxemburgo, Lukas, Sartre y Altusser. La mayoría de estos venerables intelectuales son hoy desconocidos para las nuevas generaciones de politólogos. Solo resta de ese entramado brillante de argumentos la herencia de la denominada Escuela de Frankfur con sus hijos predilectos Herbert Marcuse y Jürgen Habermas. Sin embargo, una línea de pensamiento, y aquí retomamos al profesor argentino Laclau y la filósofa belga Mouffe, fué ganando el interés de las jóvenes generaciones de izquierdistas occidentales. En 1985 estos pensadores publicaron un texto que abrió de nuevo la posibilidad de tomar la palabra por parte de la izquierda latinoamericana: Hegemony and Socialist Strategy (2). En este texto los autores partieron de buen parte de las nociones del postestructuralismo francés y las contrastaron audazmente con las categorías marxistas. Retomaron críticamente las nociones básicas propuestas por el filósofo italiano Antonio Gramsci y las reelaboraron a la luz de la hermenéutica posheideggeriana, la filosofía del segundo Wittgenstein y el psicoanálisis. Y como si lo anterior no fuese suficiente abrieron un frente de trabajo teórico en discusión con las tesis de Lacan, Foucaut y Derrida, (3).

De todo este entramado intelectual emergen las ideas de la denominada “posizquierda” que se han encarnado básicamente en propuestas teóricas defendidas para América Latina, por profesores españoles que han asesorado a gobiernos como el del presidente Chávez en Venezuela o Evo Morales en Bolivia. Hoy su imagen y, prestancia se encarna en el debate político de España y en particular en el grupo Podemos (4) . Expongamos, de manera muy esquemática, algunas de las propuestas teóricas de esta nueva perspectiva de la izquierda política.

Los profesores Laclau y Mouffe considerán que el proyecto político de la Modernidad está agotado. Las tres grandes ideologías provenientes de la Ilustración: liberalismo, conservadurismo y socialismo, ya no pueden sostener un discurso hegemónico, un proyecto de liberación para las sociedades contemporáneas. Ello no significa que estemos enfrentados al caos o a la anarquía total. Significa que utilizando herramientas conceptuales nuevas los pueblos deben organizarse a fin de tomar el poder e imponer un nuevo orden de valores, de criterios y de fines políticos.

El discurso de la Modernidad debe ser entendido como un relato que agotó sus mayores significados; resulta imperioso resignificar los conceptos centrales de la política para avanzar hacia propuestas que colmen los anhelos de las sociedades postcapitalistas. Se debe cambiar, entonces, el marco tradicional, que ofrece el sentido y por ello voluntaria y audazmente se debe crear el sentido de un nuevo “populismo de izquierda” de una “democracia radical”. (5) La acción política deviene, entonces, un recurso estratégico para reescribir la realidad social. El activismo político ya no debe centrarse en la toma del poder por las armas sino luchar por crear y defender una nueva hegemonía política; la de un nuevo “nosotros”, de una identidad social que rompa con la hegemonía venida del capitalismo moderno. De hecho, para Laclau y Mouffe ya no se trata de seguir insistiendo en la evaluación de las ideologías políticas, ahora la defensa del socialismo no es prioritaria: las fuerzas deben tensionarse hacia la fundamentación de una “Democracia Radical”.

De los conceptos reevaluados como herencia del marxismo por parte de Laclau y Mouffe, tal vez el más pertinente sea el de “hegemonía”. Para el filósofo italiano Gramsci este concepto significaba básicamente liderazgo intelectual y moral en el seno de un bloque histórico (6). El partido comunista italiano celoso guardián de la obra del pensador italiano leyó el concepto de hegemonía como un complemento a las ideas de Lenin y por ello durante mucho tiempo la obra del pensador italiano pasó desapercibida a los intelectuales europeos. Ahora, Laclau y Mouffe, desean recrear a Gramsci y por ello defienden la idea de hegemonía desligándola del determinismo histórico marxista y superando con ello la tesis de la existencia de un sujeto de la historia esencial y único encarnado en el “proletariado” venido del capitalismo. Los posizquierdistas desean abandonar la noción de sujeto de la historia esencialista y reemplazarlo por interpretación de un “orden discursivo” en la que ese sujeto sea una determinación del discurso hegemónico, y por ello la necesidad de reelaborar las nociones de la política para crear un nuevo “pueblo”. Los posizquierdistas propone, entonces, crear una fuerza hegemónica progresista, que esté al servicio de una democracia radical y plural. Esta es la única alternativa viable para que la izquierda pueda enfrentar el discurso hegemónico del neoliberalismo que ha vaciado de sentido conceptos como democracia, participación y justicia social.

Naturalmente, esta propuesta teórica de la posizquierda está sometida también a una dura crítica tanto de la izquierda tradicional como de los defensores de la Ilustración. Por ejemplo, una queja elevada contra esta propuesta sostiene que, dado que no se puede construir y defender una teoría general de la política, ¿cómo defender conceptos para la acción? ¿No es esto caer en un voluntarismo político de nuevo cuño? ¿El poder se reduce a un decisionismo personalista o de un grupo de exaltados? En otras palabras, la crítica se ubica en el marco de la vieja cuestión de saber que teoría responde mejor a cuestiones como: ¿Cuál es la mejor forma de gobierno? Es más: ¿si la realidad política se construye con una estrategia discursiva, sigue vigente la cuestión sobre quién habla? ¿Cómo conducir los argumentos si no se ponen criterios epistemológicos como en la modernidad? Pura buena voluntad? La crítica racionalista a la posizquierda enfatiza en que toda la teoría sobre la hegemonía queda reducida a nociones creadas por el poder, argumentaciones auto refutables; a una retórica, en que sustituye criterios morales; a estrategias argumentativas que reemplazan las normatividades sociales ya creadas.

Concluyamos esta descripción simplificada señalando que, para los defensores de la modernidad política, las políticas de la posizquierda abren de nuevo la posibilidad de recaer en el “dogma” voluntarista y en la creación y aceptación de “caudillos” que encarnen la voluntad del nuevo pueblo, todo ello enmarcado una noción reelaborada de “populismo”. No es fácil tomar partido en este debate; sin embargo, es un hecho que los postulados básicos de esta tendencia política han ganado el corazón de amplios sectores académicos y sociales que hoy viven el desempleo, la corrupción y la pérdida de un horizonte social humano, solidario y respetuoso de todos. No es de poca monta entonces el debate, y por ello la academia de estudios políticos debe estar atenta a la evaluación de todo este acontecer, en particular en la Colombia del posconflicto, creo yo.

Notas:

  1. Suarez, José Olimpo. (2006), critica de la Razón en la filosofía del siglo XX. Universidad de Antioquia, Medellin
  2. Laclau, Ernesto u Mouffe, chantal.(1987), Hegemonía y socialismo. Hacia una radicalización de la democracia. Siglo XXI, Madrid.
  3. Laclau, Ernesto. (2008), Debates y combates. Por un nuevo horizonte de la política. Fondo de cultura Económica, México.
  4. Mouffe, chantal y Errejón Iñigo. (2015), Construir pueblo Hegemonia y Radicalización de la democracia. Icaria, Madrid.
  5. Mouffe, cahntal.(2017) “El  populismo es la salida para recuperar la democracia . Mouffe”. El colombiano, domingo 28 de febrero de 2017. Medellin.
  6. Gramsci , Antonio .(1975), cartas desde la cárcel, Nueva visión , Madrid.

 * Doctor en Filosofía por la Universidad de Antioquia. Coordinador de la Maestría en Estudios Políticos de la UPB. 

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