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Lunes, 08 Mayo 2017 15:24

¿Vivimos en un mar de mentiras?

¿Vivimos en un mar de mentiras? Imagen tomada de la Comisión Fílmica Proimágenes Colombia

CATALINA CASTRILLÓN* 

 

Retratos en un mar de mentiras (2010) nos presenta en forma de road movie un viaje desde el centro del país hacia la periferia en el que se resalta la belleza y la diversidad de las regiones que conforman el territorio nacional colombiano, contrastándolo con las condiciones de precariedad material en el que vive gran parte de las gentes que lo habitan. Su director, Carlos Gaviria, nos presenta una historia llena de alegorías del país y de un momento de la historia reciente colombiana en el que el clima de polarización política permeó todas las esferas de la vida social.

La película pone el acento en temas sensibles como la propiedad de la tierra, el desplazamiento forzado, la insurgencia, el paramilitarismo, el desarraigo, no sería equivocado decir que su telón de fondo son la memoria y la tierra. Así mismo, es importante mencionar que es anterior al inicio del proceso de negociación con las FARC-EP, donde precisamente la tierra, las víctimas y la memoria del conflicto, fueron asuntos centrales.

Muchos estudiosos coinciden en señalar la cuestión de la tierra como un tema fundamental para la historia de Colombia y de toda América Latina, porque en ella se puede encontrar la explicación a problemas como la desigualdad, la pobreza, las luchas campesinas, la soberanía alimentaria, los conflictos socioambientales, entre otros, que con nombres de hoy aluden a situaciones que podemos ubicar en la larga duración y que parecen perpetuarse sin soluciones reales.

Durante la primera mitad del siglo XX los territorios que hacen parte de la región caribe colombiana fueron escenario de procesos que dieron lugar a diferentes expresiones de luchas campesinas que contribuyeron a la construcción de un imaginario alrededor de ellos, como una zona conflictiva, cuna de ideas políticas peligrosas para la establididad y seguridad de la nación. Desde finales de la década de 1960, se produce un cambio en ese imaginario, dando paso a una mirada que privilegia la celebración del folklore vallenato y costeño, el exotismo y exuberancia de los paisajes tropicales, y las reminicencias con lo paradisíaco por su cercanía al mar.

En 2016 el Diccionario Oxford eligió la palabra post-truth como palabra del año, y con ella se designa circunstancias en las que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública que los llamamientos a la emoción y a las creencias personales. Esto nos permite pensar en la dificultad que entraña conciliar las diversas memorias que hemos ido construyendo sobre nuestro conflicto armado a partir de experiencias personales y colectivas atravesadas por el discurso mediático, que permitió que durante los años más críticos del enfrentamiento entre fuerzas insurgentes, militares y paramilitares, miles de colombianos pasaran sus temporadas vacacionales a pocos kilómetros de poblaciones en las que la violencia, la muerte, la usurpación y el desarraigo, reconfiguraron las dinámicas sociales, culturales y territoriales de esta región.

Vale la pena preguntase entonces haste qué punto hemos sido indolentes e irresponsables, al pretender vivir con los ojos cerrados, sumergidos en un mar de mentiras emotivas en el que la tensa calma de la Colombia urbana no sea perturbada por la sombría periferia rural.

 

*Coordinadora del programa de Historia de la Universidad Pontificia Bolivariana

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