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Lunes, 05 Octubre 2020 14:20

Crítica a la sociedad del rendimiento

Crítica a la sociedad del rendimiento Photo by Free For Commercial Use (FFC) on Foter.com / CC BY

"La vida en la sociedad del rendimiento se está convirtiendo en dicho castigo. El querer hacer, la positividad en clave del yo puedo, el egoísmo extremo, el miedo al fracaso y la sobreexplotación, son esa pesada piedra que cada día empujamos por esa empinada colina, y, cuando vemos la sima de esta, irremediablemente caerá por el peso que le hemos dado, pero volvemos a empujarla, motivados por la obtención del éxito."

Por: Gabriel Jaime Muñoz Cano[1]

El siglo XXI se ha convertido en escenario global de la asombrosa carrera del progreso, en clave de una positividad que afirma que podemos lograr todo aquello que nos propongamos dentro de la sociedad del rendimiento. Permitiéndonos estar un paso más cerca del éxito, donde las historias de fracasos no tienen lugar, y dudar en el acto nos convierte en sujetos negativos, que irrumpen en el camino hacia la obtención de la libertad dentro de esta sociedad regida por reglas que buscan ayudarnos en la meta de alcanzar la felicidad. Pero ¿qué tan sana es la positividad en un individuo que interactúa dentro de la sociedad del rendimiento?

Este ensayo busca hacer una crítica a la sociedad del rendimiento, entendida desde una positividad en clave del yo puedo, y alertar sobre el impacto de esta en el individuo que ha optado por la explotación de sí mismo, entendiendo esta forma de actuar como éxito, y dándose así una falsa idea de libertad. Debemos preguntarnos por la negatividad e indagar por qué la sociedad del rendimiento la vende como el fenómeno a superar, reivindicando a esta en el proceso, y convirtiéndola en una pieza fundamental para entender los riesgos de esta desbordada positividad del yo puedo, y poder superarlos.

La sociedad disciplinaria

Durante el siglo pasado éramos regidos por una sociedad disciplinaria, cuyo objetivo era que los individuos obedecieran sus reglas, y a sus mecanismos de inclusión y exclusión, partiendo de instituciones como la escuela, la universidad, las fábricas, hospitales, entre otras (Foucault, 2002). Lugares pensados para disciplinar a los individuos, para que estos fueran útiles a la sociedad. Pero ello implicaba la existencia de una institución principal con el poder suficiente para mantener el control de dicha sociedad, y esta es el Estado. Mismo que debía valerse de prácticas como la exclusión, la censura, la represión, y otras prácticas más, en clave de una razón en favor de este, que podemos entender como el conjunto de objetivos superiores y edificantes que le ayudan a ganar legitimidad como ese ente superior (Curzio, 2004). En otras palabras, el Estado partía de prácticas negativas, entendidas en términos de poder que atentaban contra el individuo, en favor de disciplinarlo y obtener de su conocimiento la producción necesaria para impulsar su progreso.

El punto de quiebre de la sociedad disciplinaria

Esta sociedad fue poco a poco inculcando un sentimiento de duda y recelo en los individuos que la componían y, entrando en el siglo XXI, estos comenzaron a preguntarse por la practicidad de las reglas que la estructuraban, y por la utilidad de estas en cada individuo. Esto iba pasando conforme la globalización iba abriendo el mundo a todos, y esas ideas se iban filtrando en la sociedad disciplinar que tuvo que ceder ante la presión y reinventarse en el proceso, porque ya las prácticas y consecuencias de estas reglas no permitían ese juego de dar y pedir razones que pudieran responder a ese cambio global, gestado desde los individuos y que ha asumido el capitalismo. Juego que debemos entender como las prácticas de un individuo en una comunidad, que pueden ser vistas como una expresión (Santamaría & Martínez, 2019).

Quienes asumieron el poder en este siglo XXI venían permeados con esas expresiones de cambio a la estructura de la sociedad disciplinaria y con ideas propias del capitalismo de este siglo, que les permitió proponer un nuevo juego, que ayudaba a discriminar mejor esos nuevos fenómenos sociales, para poder hablar de un progreso individual, y que, a su vez, este empujara uno colectivo en favor del Estado. En otras palabras, partimos del negativismo en contra de un sistema de reglas que se estaba convirtiendo en un elemento de atraso en el desarrollo del individuo y el progreso de las comunidades dentro de los Estados, por lo que se dan a la tarea de superar esas reglas que les limitaba, para hablar en clave del individuo como base de una sociedad.

Byung-Chul Han nos dice que ahora estamos ante una nueva sociedad, que se ha venido estableciendo desde hace tiempo como “una sociedad de gimnasios, torres de oficinas, bancos, aviones, centros comerciales y laboratorios genéticos” (p. 25). Los individuos son incitados ahora al cuidado del cuerpo y del “ser”, a la autonomía económica, a la autosuperación, y en sí, a ser dueños de su vida, y no responder a reglas del viejo sistema disciplinar. Todo lo anterior enmarcado en el concepto de éxito, entendido este como felicidad (Franca, 2000).

Nace la sociedad del rendimiento

Nos encontramos en una sociedad donde prima el rendimiento del individuo, y este ya no sufre de una explotación externa y posee un pensamiento más liberal de su entorno. El individuo ahora se auto explota al seguir preceptos del que hacer constante y no detenerse, buscando con ello obtener el éxito, sin importar las repercusiones que se pueda tener en el camino hacia este. Digo esto, porque lo anterior es lo que define las acciones del individuo, y estas poseen el mismo significado para otros dentro de esta sociedad, es decir, lo anterior establece su contabilización deóntica misma, que es definida por Brandom como, el entendimiento de las normas que llevan a ser parte de una comunidad, y esto se logra al participar de la práctica discursiva de esta (Brandom, 1998).

Esta sociedad controla al individuo, incitándolo a ese constante quehacer para estar más cerca del éxito (Han, 2012). Un ejemplo es la recomendación diaria que nos hacen los medios de comunicación a la práctica de una vida fitness, que permita al individuo transmitir una imagen externa confiable, atractiva y de empoderamiento, convirtiéndose esta creencia en un elemento primordial para ser potencialmente exitoso en esta sociedad. En otras palabras, la misma nos está condicionando a creencias que sesgan al individuo, debido a que este las legitima poniéndolas en práctica sin considerar su veracidad y utilidad, porque en ese constante quehacer no buscamos reflexionar en ello y solo pensamos en actuar. Volvamos sobre el ejemplo y miremos cómo el individuo, en su afán de ser exitoso, no ve en la creencia del mundo fitness, que este apenas y alcanza para ser un prospecto al éxito.

Jon Elster nos dirá que las motivaciones dependen mucho de las creencias del individuo (Elster, 2010), y la principal creencia de este es que, mientras más se hace, más pronto se llega al éxito, fundamentando lo anterior en la desbordada positividad en clave del yo puedo. Siendo esta creencia, además, lo que lo motiva a seguir haciendo de forma obsesiva sin detenerse. Por ello es que el individuo se sobreexplota, al no conocer un límite para detenerse, y mantiene una motivación de rendir en todo, así no se tenga el tiempo suficiente, sacrificando espacios para compensar en el acto, porque no hay una creencia, y por ende una regla, que le diga cuando parar y reflexionar sobre la utilidad de ese quehacer constante que lo incita en la búsqueda del éxito.

En esta sociedad no hay espacio al negativismo, por el contrario, hay un aire de positividad constante, que te invita a seguir haciendo, a no rendirte, a luchar y trabajar el doble por tus sueños, porque esta sociedad no ve el fracaso como un elemento de aprendizaje, sino como algo negativo, que interfiere con el éxito, puesto que el mismo se entiende como el final de todo. Es por eso que vemos a los individuos sumergidos en un estado de quehacer total, buscando aumentar el nivel de competitividad, para poder lograr una medición que lo acerque más al éxito.

Byung-Chul Han llama a lo anterior multitasking, una práctica que “modifica radicalmente la estructura y economía de la atención. Debido a esto la percepción queda fragmentada y dispersa” (p. 34). Esta práctica nos mantiene inmersos en un estado superficial de atención, emulando a los animales salvajes en un estado de vigilancia, perdiéndonos con ello de una verdadera contemplación del entorno, y por eso, prestamos atención a lo que ocurre afuera, porque estamos inmersos en ese mundillo del rendir.

Ahora hablemos de la sociedad del rendimiento en Colombia. Esta también parte de la idea del éxito en clave del yo puedo, convirtiéndose en una creencia con un exagerado poder que ha calado en jóvenes y adultos en los últimos años. La idea inicia siendo un germen que prolifera desde el núcleo familiar del individuo, luego se desarrolla en los colegios, muta en las universidades, y después viene el choque con la realidad fuera de estas instituciones. Pero el tema no se agota en lo anterior, porque a los individuos de esta sociedad se les dice que, para ser competitivos, deben saber de todo, pero un todo muy justo para no caer en el sobreperfilamiento, y solo basta con ver los medios de comunicación, para encontrase con las constantes publicidades de instituciones educativas para vender diplomados, cursos, y estudios de técnicas como el coaching, que le permitirán al individuo una mayor media, para ser calificado dentro de la sociedad del rendimiento.

El colombiano promedio lucha cada día para ser exitoso y reconocido. Este es impulsado por una idea vanidosa de ser el mejor, sostenida en la creencia de que el trabajo duro arroja resultados inmediatos, y esto último lo soporta en ideologías religiosas como el karma retributivo, o la fe en un Dios católico, que tienen origen y desarrollo en las instituciones anteriormente mencionadas. Sin embargo, su sesgo es tal que no toma en cuenta las repercusiones sociopolíticas del país en su carrera hacia el éxito, y de ahí derivan problemáticas que entorpecerán la vida del individuo en esta sociedad.

Para los colombianos, las anteriores creencias entendidas en clave de motivaciones para la vida, como nos dice Elster (2010), se han convertido en una forma de superar los males de esta sociedad, y se entiende de donde surge esta idea, debido a que, al estar ocupados en hacer de todo, y vigilados por un ente metafísico, las principales preocupaciones del individuo se ven relegadas en principio a un segundo plano, pero ¿qué tan eficiente puede ser eso? Byung-Chul Han ve esta noción como una práctica inmunológica que busca repeler todo ello que es extraño (Han, 2012). En otras palabras, la mejor forma de hacer frente a los problemas y encontrar un aparente bienestar es enmascarando estos fenómenos en esa sobreexplotación positivizada, en clave del yo puedo, es decir, haciendo de todo, esperando olvidarse de estos; pero esto solo fomenta la sobreexplotación y el miedo al fracaso.

Los riesgos de la sociedad del rendimiento

Estamos ante un sistema que ha aprisionado a los individuos en el constante querer hacer (Han, 2012). Impulsados por una desbordada positividad, y cuya meta es el éxito, el individuo mantiene esa asombrosa carrera del progreso para lograrlo. Pero nuestra visión actual frente a lo anterior está sesgada por la idea del yo puedo y carente de reflexión. Lo que nos limita a ver solo lo que queremos ver, haciendo caso omiso a lo que en verdad puede ser útil, por lo que nos aferramos a esa idea de rendir en todo y obtener la anhelada felicidad, así esto implique ser preso de la monotonía del querer hacer y no detenerse.

Como consecuencia de lo anterior, se ha generado un proceso de individualización de la sociedad, entendido en clave de un individualismo metodológico (Elster, 2010). Lo que es positivo en principio, dado que le ha permitido construir estrategias más optimizadoras para interactuar en comunidad. Sin embargo, bajo los preceptos de esta sociedad, la constante reinvención del individuo, que parte de la base de esas estrategias le ha dificultado la construcción de una identidad, y se le ha hecho muy laborioso mantenerla.

Por otra parte, la individualización de la sociedad ha convertido al individuo en un ser altamente competitivo, envidioso y egoísta. Prisionero de sus deseos, este es capaz de hacer cosas inimaginables a cambio del éxito, debido al estrés del aprisionamiento del yo puedo y el miedo al fracaso, o influenciados por instituciones legítimas que nos dicen que esas acciones son correctas y nos sesgan a la verdad de las repercusiones de estas. Un ejemplo de ello es el experimento de Stanley Milgram y el juego de la muerte. En este experimento, un falso concurso de televisión, donde los sujetos de prueba participarían de un juego de memoria junto a un actor pagado, que haría de conejillo de indias para responder a las 27 preguntas que harían estos últimos y, de responder mal, este recibiría dolorosas descargas eléctricas, que aumentarían según el nivel donde se encuentre el juego. Sin embargo, la meta real era probar el formato del show con público en vivo, y mostrar que este podía ser exitoso, y esto último dependía de los sujetos de prueba y su desempeño en el programa.

En este experimento se puede ver hasta dónde puede llegar un individuo por un bien particular como el éxito. Muchos de los participantes cegados por la idea del yo puedo, no atendían las súplicas de dolor del otro participante, que, aunque era un actor que fingía el dolor, los sujetos de prueba, solo lo supieron hasta el final del experimento, pero eran impulsados por ese yo puedo, donde el fracaso no tiene lugar, e influenciados por los gritos del público, y por la presentadora del show que les animaba a seguir lastimando al otro concursante, haciéndoles saber que la televisora respondía por todo, siendo así influenciados por esta institución, que legitimaba sus conductas dañosas contra el otro participante.

Hemos caído en un estado salvaje, donde el individuo debe competir o sucumbir ante el fracaso. Pero la manera de hacerte competente y sobrevivir, nos dice Byung-Chul Han (2012), es manteniéndote en estado de hiperatención, entendido este como un estado impulsivo de querer hacer de todo, esperando en el acto recibir de forma inmediata la utilidad de cada cosa que se hace. Pero dentro de esa rutina el individuo tendrá nuevos deseos que destruirán los anteriores, dando la sensación de aprender de todo, pero solo son ligeras aproximaciones, desechadas conforme el impulso exige nuevos saberes en ese proceso de reinvención para llegar al éxito.

La suma de todo lo anterior, nos dice Han, que “nos ha llevado a generar individuos deprimidos que no están a la altura, y están cansados del esfuerzo que hacen para sí mismos” (p. 28). Pero estos siguen bajo el impulso de la positividad en clave del yo puedo, y esto se debe a que somos adiestrados al seguimiento de reglas, y estas hacen parte de nosotros como sociedad, y las hemos aceptado de mutuo acuerdo (Santamaría & Martínez, 2019). Pero estas no contemplan el detenerse en medio de la crisis, o aceptar el fracaso como una forma de aprendizaje, y por el contrario reprimen al individuo, y lo convierten en un fracasado, que sabe que debe seguir las reglas, pero que su misión en la vida ha fallado, frustrándolo en el acto y cayendo en la depresión, la ansiedad y el estrés.

Los sujetos de la sociedad del rendimiento cada día están más enfermos, cansados, y sin saber cuándo detenerse, para reflexionar sobre los riesgos y beneficios que puedan adquirir en esta sociedad. Nos estamos cargando de información inútil que pasamos por cierta, debido al impacto de la globalización y los avances de comunicación que tenemos, convirtiéndonos en ciegos y crédulos de todo. Además, nos hemos transformado en seres presuntamente multidisciplinarios, presos del impulso del querer hacer, pero incapaces de controlarlo, llevándonos al aburrimiento y la depresión, porque la vida corre cada vez más rápido, y no hay tiempo para hacer todo lo que queremos.

La reivindicación de la negatividad

Byung-Chul Han nos dice que “la negatividad hace que la realidad misma aparezca en cada caso y súbitamente de otra manera, bajo otra luz” (p. 20). Hemos visto que la negatividad nos ha permitido cuestionarnos el valor de utilidad de las sociedades en el pasado y, gracias a ello, se deconstruyó la sociedad del control en clave del individuo, y se da la apertura global del conocimiento. Sin embargo, en algún momento de ese cambio se dio el estigma de la negatividad, y se tomó esta como una práctica nociva para el positivismo en clave del yo puedo.

Hegel nos dice que solo la negatividad asegura una vida llena de vida (Hegel, 1998). Y esto es debido a que, si entendemos esta como un escepticismo en clave de reflexión y análisis de aquello que nos aseguran es verdadero, podremos indagar en el mundo y encontrarnos con cantidades de respuestas diferentes, que darán otro sentido al individuo de lo que entiende por verdad. En otras palabras, su visión no solo irá en línea recta, sino que podrá husmear en los alrededores de la sociedad, y encontrarse con los fallos sistemáticos de esta, pudiendo construir posturas frente a ellos, para dar sentido a su vida, puesto que estos vienen plagados con una serie de emociones y sentimientos que permiten al individuo salirse de la rutina de una única posibilidad, en clave del yo puedo.

Teniendo en cuenta lo anterior, el entendimiento de la negatividad rompe la atadura que hay entre el individuo y la sociedad del rendimiento, porque con él este puede construir una conciencia de clase, que le permite reconocer sus límites, siendo selectivo en sus metas, y permitiéndole una emancipación de la idea del yo puedo.

La negatividad, permite un juego en clave de la teorización de los actos dentro de la sociedad del rendimiento, y la discriminación de los intereses que se pueden obtener para estar más cerca del éxito, es decir, ello nos permitiría predecir el actuar de los individuos y no seguirlos en masa exponiéndonos al fracaso y, por el contrario, podría tomar decisiones acertadas en la sociedad del rendimiento, para aspirar a ese éxito que tanto anhela. Esto puede entenderse no como una competencia donde hay ganadores y perdedores, sino como una posibilidad de recibir mayores contribuciones (Santamaría & Martínez, 2019).

Por otra parte, esa libertad que tanto se persigue en la sociedad del rendimiento, nos dice Byung-Chul Han (2012), está relacionada con la negatividad porque, cuando el individuo acepta que posee límites, podrá liberarse de una pesada carga que le ha impuesto la sociedad del rendimiento y su exceso de positividad. Lo anterior le permitirá entender que la sobreexplotación no es sinónimo de éxito, y sentirse a gusto con lo que se tiene no es caer en el conformismo. Todos tenemos limites, y el forzar las cosas, solo trae problemas como las enfermedades mentales como el estrés, la ansiedad y la depresión.

Conclusiones

1. Es absurdo seguir entendiendo el sentido de la vida en clave de la reinvención del individuo, bajo los preceptos de la positividad del yo puedo, establecidos en esta sociedad del rendimiento. Estamos cayendo en el castigo del rey Sísifo, que consiste en vivir por el resto de los días subiendo una pesada piedra por una empinada colina, para que al final esta caiga, y Sísifo deba volver por ella (Camus, 1953). La vida en la sociedad del rendimiento se está convirtiendo en dicho castigo. El querer hacer, la positividad en clave del yo puedo, el egoísmo extremo, el miedo al fracaso y la sobreexplotación, son esa pesada piedra que cada día empujamos por esa empinada colina, y, cuando vemos la sima de esta, irremediablemente caerá por el peso que le hemos dado, pero volvemos a empujarla, motivados por la obtención del éxito. Por eso, no podemos seguir viviendo bajo los pesados preceptos de la sociedad del rendimiento, y ello nos invita a ser más escépticos con sus reglas, porque es absurdo seguir moldeando pesadas rocas para empujar una y otra vez colina arriba, dejándonos llevar por las creencias del desbordado pensamiento positivista en clave del yo puedo.

2. Somos de una voluntad débil, pero ello no implica que aceptarlo sea malo. Además, no podemos creerlo todo y pensar que siempre tenemos razón porque nuestras creencias así lo avalan. Fracasar hace parte del aprendizaje de cualquier animal, incluso de nosotros como humanos. Tampoco podemos seguir pensando que debemos siempre tomar la iniciativa en ese dar y pedir razones en una sociedad tan cambiante, para poder ser más escépticos y reflexivos, logrando con ello poder leer mejor los patrones de movimiento de esta, y con ello poder decidir lo que es mejor y útil para mí como jugador dentro de esta sociedad del rendimiento, y superar los absurdos preceptos de esta.

3. La positividad en clave del yo puedo es un pensamiento mágico, que al final ha demostrado ser enfermizo y un mecanismo de adiestramiento que poco aporta a la asombrosa carrera del progreso para obtener el éxito, y por ende ser felices.

 

Referencias

Brandom, R. B. (1998). Making It Explicit. Reasoning, Representing and Discursive Commitment. Harvard University Press.

Camus, A. (1953). El mito de Sísifo. Editorial Losada, S. A.

Curzio, L. (2004, August). La forja de un concepto: La razón de Estado. Estudios Políticos-Revista de Ciencias Politicas UNAM, Vol. 8, No.2, 27–71. https://doi.org/http://dx.doi.org/10.22201/fcpys.24484903e.2004.2

Elster, J. (2010). La explicación del comportamiento social. Editorial Gedisa Ulises.

Foucault, M. (2002). Vigilar y castigar, nacimiento de la prisión. Siglo veintiuno editores Argentina S.A.

Franca, D. (2000). Analíticos y continentales. Guía de la filosofía de los últimos treinta años. Ediciones Cátedra.

Han, B.-C. (2012). La sociedad del cansancio. Herder Editorial, S.L.

Han, B.-C. (2013). La sociedad de la transparencia. Herder Editorial, S.L.

Hegel, G. (1998). Introducción a la historia de la Filosofía. Alba Libros, S.L.

Santamaría, F. O., & Martínez, S. R. (2019, June). ¿Qué significa pertenecer a una comunidad? Disputatio. Philosophical Research Bulletin, Vol. 8, No.9, 00–00. www.disputatio.eu

 

[1] Politólogo y estudiante de la Maestría en Estudios Políticos. Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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