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Jueves, 01 Noviembre 2018 02:30

Martín Lutero: el impacto de la Reforma protestante en el pensamiento político de occidente

Por: Susana Cobaleda Vásquez[1].

Palabras claves: Iglesia Católica, Martín Lutero, pensamiento político, reforma protestante, siglo XVI.

La Reforma del siglo XVI es el producto del anhelo reformador que empezó a tener fuerza en el siglo XV (tiempo conocido como la “baja Edad Media”), esto porque empieza el retorno de los intelectuales a los antiguos pesadores (el llamado “Renacimiento”), en donde se resalta el papel de las artes, las letras clásicas, la arquitectura, el interés por el  humanismo y la invención de la imprenta (González, 1988, p.537). Según Gonzalo Soto Posada, la gente suele leer la Edad Media “con óptica iluminística, culminación de la lectura iniciada por lo renacentistas, la Edad Media es obscuridad, lo “gótico” como lo bárbaro, la negación del espíritu, tinieblas sin nombre… tiranía, autoritarismo, dogmatismo, persecución religiosa” (Soto, 1982, p. 47). Por lo anterior, la forma de gobierno de la Edad Media es profundamente teocrática, una monarquía en términos religiosos, y es la iglesia católica, motivada por la obra de San Agustín Civitate Dei (Ciudad de Dios), la encargada de administrar los asuntos del Estado.

Fue en este contexto en que se abre paso al siglo XVI, en donde el hombre buscaba salir de esa minoría de edad (definición kantiana de la ilustración) y quedar finalmente emancipado de la autoridad religiosa. Sin embargo, el asunto era más complicado, pues frente a ese anhelo del hombre de liberarse se enfrentaba una institución cuyo monopolio abarcaba grandes zonas de Europa, utilizando la fe y la moral como marco de regulación social, además fungía esta como la única garante del perdón y la salvación de Dios. En este contexto, quien este en contra de la iglesia, está, asimismo, en contra de Dios.

Es en este escenario en el que aparece Martín Lutero, un monje agustino, quien pone en duda el papel de la iglesia medieval, a partir de unas posiciones teológicas que tuvieron gran impacto en la despolitización de la religión y el rompimiento con la tradición medieval (Strauss, 1963, p. 307).  Lutero es descrito como un hombre apasionado, sincero y un gran erudito que al comunicar sus ideas generalmente lo hacía de una manera tosca y vulgar, sin embargo, su temor e interés por la salvación y su fe fueron la chispa que lo impulsó a la reforma.

En el año 1505, Martín Lutero entra al monasterio de Erfurt, por la promesa hecha a Santa Ana durante una tormenta eléctrica, puesto que el sentimiento de no estar preparado a la muerte lo sobrecogió en gran manera. En su preparación como novicio, Lutero tuvo grandes luchas en relación con su fe, toda vez que le parecía que Dios era un juez severo, tanto que llego a reconocer “que le era imposible amar al Dios justiciero que le pedía cuentas de todas sus acciones” (González, 1988, p.37).  

Lutero pasó gran parte de su vida en Wittenberg, y fue allí que conoció a Johan Staupitz, quien escuchó las dudas y temores del joven Lutero, el cual vivía  angustiado por la imposibilidad de no poder confesar todos sus pecados. Fue a casusa de la angustia de Lutero que Staupitz lo mandó a realizar un doctorado y ser profesor en la Universidad de Wittenberg, además de ejercer funciones pastorales. Efectivamente fue la dedicación de los estudios de los Salmos, y especialmente de la Epístola a los Romanos, a partir de lo cual Lutero  encontró la respuesta a sus dudas y angustias.

El monje alemán, de conciencia inquieta, buscaba la reconciliación con Dios. De esta forma Lutero descubre en la epístola de Romanos que “la justicia de Dios se revela en él, como está escrito: el justo por la fe vivirá.” (Lutero citado en González, 2010, p. 610) Lo anterior quiere decir que nadie puede llegar a ser justo por las buenas acciones que haga, sino que tras haber sido justificados, hacemos obras justas. El modo en que Lutero defiende su tesis con respecto a la justicia va relacionado con las consecuencias del pecado humano, ya que el hombre al tener una naturaleza caída es incapaz de hacer el bien.

Lutero se aventuró solo una vez a ir más allá de la fronteras del Sacro Imperio Germánico y fue cuando hiso su peregrinaje a Roma de la que volvió con una gran cantidad de anécdotas antipapales (Roper, 2017, p.16). Esto porque fue allí donde el monje agustino se dio cuenta de los abusos de la iglesia frente a las indulgencias, anatas (pagos que se hacían a la Curia romana) y el aumento de la burocracia papal. En este contexto, el Papa León X le otorgó la posibilidad a Alberto de Brandeburgo de vender una nueva indulgencia en su territorio, para la recolecta de fondos con los que se iban completar la construcción de la Basílica de San Pedro. Fue allí, en el año 1517, que el monje alemán publica las noventa y cinco tesis en las puertas de la catedral de Wittenberg, en donde denuncia a los predicadores de indulgencias. Así, por ejemplo, dice “¿Por qué el Papa, cuya fortuna es hoy más abundante que la de los más opulentos ricos, no construye tan sólo una basílica de San Pedro de su propio dinero, en lugar de hacerlo con el de los pobres creyentes?” (Lutero, Tesis 86).

La publicación de las tesis de Lutero desató un huracán, aunque no era su intensión, toda vez que amenazó el lucro y el poder de personas que manejaban el imperio. Juan Tetzel fue quien se encargó de la venta de indulgencias en Alemania y al hacerlo le decía al pecador “la cruz del vendedor de indulgencias tiene tanto poder como la cruz de Cristo” (citado en González, 2010, p.37). Era  la predicación de Tetzel una muestra de corruptibilidad y el abuso de la iglesia sobre la fe de los crédulos. Por eso, las tesis de Lutero, lograron tocar las fibras más sensibles del nacionalismo del pueblo alemán, ante la explotación a la que estaban siendo sometidos.

En este contexto, la vida del monje corría peligro, ya que producto de sus tesis fue acusando de hereje. Sin embargo, Lutero contaba con el protectorado del príncipe Federico el Sabio de Sajonia, quien se oponía a que enjuiciaran a aquel de manera injusta. No obstante, en el año 1521, Lutero es citado a comparecer a la  “dieta de Worms-dieta del imperio” en donde se le obligo a retractarse de todos sus escritos. Este fue un momento incómodo para Lutero, quien ante las acusaciones contesta: “no puedo ni quiero retractarme de cosa alguna, pues ir contra la conciencia no es justo ni seguro. Dios ayúdame. Amén.”

El aporte de Lutero en el pensamiento político va íntimamente ligado a sus reflexiones teológicas en torno a la justificación, la “sola fe”, la “sola gracia”, la salvación como don de Dios, lo cual va a desafiar la autoridad de la institución eclesiástica del siglo XVI. Cuando Lutero tuvo un encuentro con la gracia de Dios, se dio cuenta que no necesitaba de un poder impersonal que mediara como un agente de reconciliación, pues el perdón era don de Dios, por lo tanto, no se adquiría por medio de indulgencias, sino que era través de la “sola gratia” y “sola fide” que el hombre podía llegar a ser justificado. Estas confesiones y escritos ponían en peligro el poder de un sistema político eclesial, toda vez que, para Lutero, el papado representaba una tiranía de Roma, esto porque, tanto “el argumento de que el poder papal no estaba limitado por ley alguna (…) no solo habían puesto en peligro la misión espiritual de la iglesia, sino también (…) la autoridad secular” (Wolin, 1960, p.158).

En suma, la Reforma de 1517 es un hito en la historia política de occidente. Esta revolución parte de unos argumentos teológicos los cuales radican en reconocer que el hombre como individuo puede tener una relación directa con Dios, lo cual permite una mayor legitimidad al poder terrenal. Lo anterior, toda vez que se genera una diferenciación de las esferas del gobierno espiritual y del gobierno civil (temporal), lo que  provoca unas fisuras en la relación iglesia-Estado y la destrucción de la iglesia universal. Aquí es importante resaltar el papel que cumplió la imprenta como medio de divulgación de los escritos de Martín Lutero, que denuncian el abuso del poder tiránico y despótico del papado al pueblo europeo, dejando así, un movimiento reformador que pone a convulsionar la autoridad de la iglesia católica en el siglo XVI. De esta forma, además de las evidentes repercusiones teológicas, representó, asimismo, una completa revolución política.

Referencias:

Gonzalez, J. (1988). Historia del pensamiento cristiano. Barcelona: Clie.

González, J. (1994). Historia del cristianismo: desde la era de lo Mártires hasta la era inconclusa. Miami: Unilit.

Roper, L. (2017). Martín Lutero: renegado y profeta. Barcelona: Taurus.

Strauss,L.,& Cropsey,J. (1993). Historia de la filosofía política. México: FCE.

Soto, G. (1982). El concepto de la ciencia en la edad Media. En Historia y epistemología de las ciencias. Medellín: (ICFES).

Wolin. S. (1960). Política y perspectiva: continuidad y cambio en el pensamiento político occidental. Buenos Aires: Amorrortu editores.

 

[1] Estudiante de cuarto semestre de Ciencias Políticas de la Universidad Pontificia Bolivariana. Este texto es en conmemoración de los 501 años de la Reforma Protestante que se celebró el 31 de octubre del 2018.

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