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Miércoles, 05 Junio 2019 03:09

La deuda externa de América Latina y la inevitable pérdida de autonomía ante el sistema monetario internacional

La directora del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, con el presidente de Argentina, Mauricio Macri, en la Casa Rosada en Buenos Aires. La República Argentina es el país más endeudado con el FMI, concentrando el 61% de la deuda de todos los países con este organismo La directora del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, con el presidente de Argentina, Mauricio Macri, en la Casa Rosada en Buenos Aires. La República Argentina es el país más endeudado con el FMI, concentrando el 61% de la deuda de todos los países con este organismo

La crisis de la deuda externa en América Latina le significó una pérdida de autonomía en manos del sistema financiero internacional, que aún persiste. ¿Qué significa esto para la región?

Por: Alejandro Gómez Restrepo[1]

 

En las sociedades contemporáneas resulta cotidiano el endeudamiento. Cuando deseamos adquirir un automóvil nuevo, comprar un apartamento o comenzar un proyecto de estudio, acudimos ante bancos para lograr préstamos. De igual forma, los Estados acuden ante los bancos del sistema internacional para alcanzar objetivos a corto, mediano y largo plazo. La deuda externa estatal permite a los gobiernos superar crisis y financiar proyectos de los que se puedan beneficiar, para posteriormente pagar dicho endeudamiento. Sin embargo, este recurso se convierte en un arma de doble filo, ya que si dichos proyectos no resultan exitosos, si aparecen malos administradores de los recursos públicos, e incluso por cuestiones de azar, los países no logran alcanzar la liquidez suficiente para pagar su deudas. Asimismo, el endeudamiento conlleva a una dependencia del sistema financiero, toda vez que para que se efectúe el préstamo los Estados deberán cumplir con las órdenes del Sistema Monetario Internacional y no de forma voluntaria.

Luego de la Segunda Guerra Mundial los países vieron la necesidad de pensar en un nuevo sistema que orientara la economía internacional superándose la división del trabajo. Ante esto comenzó a estructurarse el sistema basado en la cooperación que tendría su nacimiento con los Acuerdos de Bretton Woods y la creación del Banco Mundial. Esta nueva organización internacional se especializó en finanzas y asistencia teniendo el propósito de reducir la pobreza a través de préstamos y apoyos económicos. Inicialmente el Banco Mundial comenzó a operar con la institución del Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento y con la creación del Fondo Monetario Internacional (FMI). Así comenzó el sistema de préstamos y deudas internacionales ante el que han acudido especialmente los llamados “países en vía de desarrollo”.

Con la creación de estas instituciones, los países de América Latina comenzaron a recibir préstamos que permitieron enfrentar sus crisis económicas, esto debido especialmente a una afortunada casualidad. No obstante, esto condujo a una creciente dependencia debido al cada vez más necesario endeudamiento, lo que se tradujo en una pérdida de autonomía. El endeudamiento se ha convertido finalmente en una forma de mantener a estos países en un sometimiento a las políticas económicas que no han redundado en efectos positivos, sino que han llevado siempre a que los grandes países se enriquezcan más a costa de los “subdesarrollados”.

Ahora bien, para entender cómo se dio esta afortunada causalidad y la lógica de la dependencia resulta necesario abordar el contexto y analizar las circunstancias que han rodeado a la figura de la deuda externa. Para comenzar, es preciso señalar que en la década de 1970 se dio la expansión de Estados Unidos, ya que llevaba tres décadas de inversión, acumulación y generación de riqueza. Además, Europa se había recuperado de manera próspera ante el escenario de la posguerra, esto debido al Plan Marshall y el financiamiento de los organismos internacionales. También, Japón se recuperó rápidamente y empezó a generar recursos para el mundo. Asimismo, en este contexto comenzó el boom de la industria petrolera y la expansión de la economía mundial asociada a la demanda de energía. Este boom llevó a la bonanza petrolera y la creación de la OPEP. Producto de todo lo anterior se dio una situación de sobreliquidez: los bancos internacionales empezaron a contener excesivas cantidades de dinero.

Paralelamente, la ONU comenzó a exigirle a los países “en vía de desarrollo” que se industrializaran y a través del FMI se les ofreció la oportunidad de financiamiento para que se desarrollaran en el plano urbano a través de empresas de energía, hidroeléctricas, megaproyectos, entre otros. De esta forma se da la mencionada “afortunada casualidad”: los países de América Latina pudieron acceder a grandes cantidades de dinero bajo el título de préstamo internacional en virtud de la gran cantidad de dinero que había en el mundo. La alta liquidez permitió un elevado endeudamiento externo.

A pesar de lo beneficioso que puede sonar lo anterior, en la década de 1980 comienza la crisis de la deuda. Brasil, Argentina, Chile, entre otros, comienzan a declararse en moratoria por incapacidad de pago: los países comienzan a declararse en quiebra repentinamente. En la historia de América Latina han sido constantes las crisis financieras, sin embargo, la de 1980 fue la peor, ya que terminó afectando a 18 países de región. El primero en declarar su incumplimiento frente a la deuda externa fue México “dado que las condiciones externas e internas habían cambiado, se elevaron drásticamente las tasa de interés y parecía imposible continuar con el pago de esta obligación” (Ocampo y otros, Cepal, 2014, p. 176). Así sucesivamente ocurrió con otros países de la zona. En este contexto Colombia fue el único que no incumplió sus compromisos financieros (Moreno, 2011, p. 37), sin embargo “sí experimentó una perturbación fuerte de su balanza de pagos y una crisis bancaria de magnitud intermedia” (Ocampo y otros, Cepal, 2014, p. 21).

Ante tal escenario de déficit financiero y comercial, el FMI idea una solución: los Planes de Ajuste Estructural para América Latina. Estos contenían sugerencias de políticas macroeconómicas para alcanzar la estabilidad, el crecimiento y luego el bienestar. De esta forma se superaría el déficit y estos países podrían tener liquidez y pagar su deuda externa. Bajo este modelo, entonces, los países de América Latina comienzan a solicitar nuevamente préstamos. Posterior a estos hechos, en la década de los noventa se dio el Consenso de Washington y los principios del neoliberalismo se convirtieron en las reglas del Sistema Monetario Internacional, las cuales debían ser acatadas estrictamente por los países de América Latina, aun cuando sus economías internas no estuvieran preparadas para ello.

El endeudamiento inicial condujo a una dependencia ante el FMI, pues todo aquello que produjeran tenía que estar enfocado en tener reservas para el pago de dicha deuda. Esta dependencia llevó a un mayor endeudamiento, y ahora, sumado al Plan de Ajuste Estructural, se tradujo en una pérdida de autonomía. Los países de América Latina bajo este contexto debían adoptar estrictamente las políticas macroeconómicas ordenadas so pena de tener sanciones económicas y mala reputación internacional. El sometimiento de los países a este sistema no los llevó a adquirir grandes beneficios económicos, por lo contrario, los suspendió en una lógica de dependencia y marginalidad que hoy continúa manifestándose y reproduciéndose.

Los Estados de América Latina, producto de este contexto, no han podido adoptar decisiones independientes sobre sus modelos de desarrollo, han tenido que limitarse a cumplir las órdenes del Sistema Monetario Internacional, las cuales no han sido acordes a sus necesidades y realidades. Para lograr esto han tenido que efectuar medidas que no son coherentes con sus economías internas. Los países de América Latina a pesar de haberse adaptado a este sistema siguen estando en la categoría de “países en vía de desarrollo” y no parece que existan perspectivas de cambio. La economía se ha convertido en una limitación de la libertad de acción de los Estados. Ante este escenario es claro que la deuda externa ha conducido a una inevitable pérdida de autonomía; no obstante, hoy no es posible pensar un Estado fuera de estas lógicas de dependencia. Frente a esto cabe hacerse la pregunta: ¿son los Estados verdaderamente soberanos?

 

Referencias

Moreno, A. (2011). Moneda Sana: siete capítulos clave en la historia moderna del Banco de la República. Imprenta Comercial.

Ocampo, J. A, y otros (2014). La crisis latinoamericana de la deuda desde la perspectiva histórica. CEPAL, Santiago de Chile, Chile. Publicación de las Naciones Unidas.

Ocampo, J. A. (2012). La historia y los retos del desarrollo latinoamericano. CEPAL, Santiago de Chile, Chile. Publicación de las Naciones Unidas.

 

[1] Abogado y estudiante de séptimo semestre de Ciencias Políticas en la Universidad Pontificia Bolivariana. Joven Investigador de Colciencias y miembro del grupo de Investigación sobre Estudios Críticos. Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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