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Viernes, 09 Agosto 2019 15:19

Las lecciones del sudeste asiático para América Latina

Conferencia en el Consejo Chino para la Promoción del Comercio (CCPIT) Conferencia en el Consejo Chino para la Promoción del Comercio (CCPIT)

La experiencia asiática nos indica que es importante encaminarse directamente al dinamismo exportador y no esperar a que la liberalización de importaciones por sí sola surta los efectos deseados en las importaciones

Por: Maria Isabel Olano Gómez[1]

 

El protagonismo de los líderes tradicionales de la economía mundial, que han adquirido las economías asiáticas y los llamados BRICS, da cuenta de la relevancia que han tomado las ventajas comparativas dinámicas y las ventajas competitivas en la economía mundial con los cambios experimentados en las últimas décadas. Dicho protagonismo evidencia además que, en el marco de una economía capitalista fuertemente globalizada, el comercio internacional se constituye como el escenario clave para el crecimiento. Lo anterior explica los esfuerzos hechos en la región por liberalizar las economías con el fin de adaptarse a los cambios de la economía mundial y la necesidad de una transformación productiva en los países de América Latina. Las siguientes líneas tratan de sustentar esta tesis.

De manera sucinta, la ventaja comparativa es un concepto planteado a finales del siglo XIX por David Ricardo, uno de los teóricos de la economía más importantes, y aunque fue concebido hace ya varios siglos, sigue teniendo vigencia en la actualidad. Este indica un criterio de especialización de los países el cual señala que estos deben especializarse en aquella producción en la que evidencie el mayor grado de superioridad. Posteriormente Heckscher-Ohlin critican la ventaja comparativa pues desde Ricardo, se había concebido de manera estática. No obstante, según ellos, las ventajas comparativas pueden tenerse y perderse, y por tanto son dinámicas y no estáticas. El criterio de ventaja comparativa dinámica consiste, entonces, en que se tiene en aquel bien que le permite utilizar de manera intensiva su recurso abundante. 

Los autores sustentaron su teoría en cuatro teoremas, a saber, el de la ventaja comparativa, el de la igualación de precios de los factores, el de Stolper y Samuelson y el de Rybczinsky, siendo los últimos dos los más importantes para esbozar el camino de regiones como América Latina. En pocas palabras, Heckscher-Ohlin establecen que si el precio de un bien se incrementa, se genera un aumento en el precio del factor intensivo en dicha producción y en todas aquellas producciones similares. El precio de un bien se traduce en el precio del factor intensivo. Para ello debe invertirse capital humano para la ciencia y la tecnología, o en otras palabras, la combinación de factores para la producción. Así se generaliza la disposición de bienes y factores bien pagos. De esta manera, lo común es que la gente esté bien remunerada y ese es el mejor efecto del comercio porque aumenta el bienestar de esa sociedad. Este concepto también esboza un horizonte para los países de América Latina en la medida en que permite considerar que se tienen posibilidades para avanzar en el proceso productivo desarrollando nuevas ventajas comparativas.

Lo anteriormente descrito se evidencia, entre otras, en el comportamiento de las economías del sudeste asiático. En la inmediata posguerra, sus niveles de ingreso per cápita eran bajísimos (Bekerman, Sirilin, & Streb, 1995), como los de América Latina. Pero todo lo contrario sucede ahora, pues aunque ambas regiones partieron de una situación similar respecto de los ingresos per cápita, estos Estados han logrado superarlos en muchos casos.

De acuerdo con el Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés, 2017), para el 2017 el bloque asiático tiene un poco más de un tercio de la participación en el Producto Interno Bruto (PIB) mundial con un 33,84%. Su participación es incluso mayor a la de América del norte y Europa, quienes participan del PIB mundial con 27,95% y 21,37% respectivamente. Incluso, citando un estudio de PricewaterhouseCooper, el WEF afirma que China, en 2030 ocupará el primer lugar en las economías e India el segundo pues las economías emergentes seguirán creciendo más rápido que las avanzadas. Además, la economía de China creció en un 6.7% en 2016, superando el crecimiento de la economía estadounidense que creció tan solo 1.6% para el mismo año y que se mantiene en la primera posición de las economías del mundo (Gray, 2017).

Según el Banco Mundial (1993), aunque las políticas de los países de gran crecimiento económico que conforman la región, como China, Taiwán, Corea, Singapur, Malasia, Indonesia y Tailandia, fueron variadas, el común denominador para su rápido crecimiento fue la aplicación de un conjunto de políticas económicas favorables al mercado que llevaron a la mayor acumulación y a la mejor asignación de recursos, así como políticas económicas orientadas a la estabilidad macroeconómica e inversiones en recursos humanos.

Ello ha sido posible a través de estrategias de agregación de valor y de transformación productiva, del uso del desarrollo científico y tecnológico, y del fortalecimiento del capital humano, lo que les ha permitido adaptar su producción a la estructura de consumo que existe en el mundo. Así, le han abierto paso a las exportaciones dinámicas, las manufacturas y al comercio de servicios (Montoya, 2011).

Sumado a ello, las estrategias de internacionalización de dicha región se basan en una planificación estatal que se apoya en una política basada en la orientación a un proceso selectivo de sustitución de importaciones e industrialización para exportar,  y atiende al sector agrícola para que solucione los problemas de la población relacionados con la alimentación sin importar. En definitiva, el éxito de las economías puede resumirse en los cambios de estructuras productivas ajustadas a la estructura del consumo internacional (Montoya, 2011). En suma, “la mayor parte del extraordinario crecimiento registrado en Asia oriental se debe a la excepcional acumulación de recursos humanos y materiales” (Banco Mundial, 1993, p. iii)

Otro elemento fundamental en el crecimiento de las economías de Asia oriental ha sido el comercio internacional. De acuerdo con un estudio del Banco Mundial citado por El País, entre 2000 y 2012 la participación del sur en las exportaciones mundiales de manufacturas aumentó de un 32% a un 48%, concentrado principalmente en China. Incluso, el estudio revela, por ejemplo, que China, Tailandia, Corea, e Indonesia se convirtieron en 2012 en importantes nodos comerciales tanto o más que Gran Bretaña, Alemania, Estados Unidos, Japón e Italia en 1980, cuando tenían la mayor cantidad de conexiones comerciales de exportación de bienes (Fowks, 2015).

La importancia que ha adquirido el sudeste asiático en el comercio internacional es confirmada por el Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación de España (s.f.) el cual afirma que: “Asia se ha transformado en la última década en el centro más dinámico de poder global”.

Ahora bien, América Latina ha entendido parcialmente los cambios de la economía mundial y como muestra de ello están los intentos de las sus economías por liberalizarse. Durante los últimos ya casi 40 años, los Estados latinoamericanos han implementado programas de liberalización comercial, ya sea de manera voluntaria o por presión de instituciones multilaterales que soportan el énfasis puesto en una economía capitalista fuertemente globalizada como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Organización Mundial del Comercio (OMC). Estas instituciones explican que con la liberación comercial pretenden “mejorar el desempeño económico, acelerar la tasa de crecimiento del producto interno bruto (PIB), aumentar los estándares de vida, lograr una balanza de pagos equilibrada y una baja inflación” (Pacheco, 2009, s.p.).

Para ello, de manera general, los Estados de América Latina adoptaron el desmantelamiento de las restricciones cuantitativas y una rebaja considerable de los aranceles, que han venido acompañadas de la celebración de acuerdos bilaterales o multilaterales de libre comercio que cubren un amplio espectro del universo arancelario (Agosin & Ffrench-Davis, 1993). Además, la liberalización comercial ha venido acompañada de una liberalización de la cuenta de capitales de la balanza de pagos (Agosin & Ffrench-Davis, 1993).

No obstante, América Latina, para completar las políticas adoptadas en materia de liberalización, debe tomar como faro las enseñanzas de David Ricardo, Heckscher-Ohlin y los países del sudeste asiático para construir ventajas comparativas en productos acogidos por el comercio mediante la transformación productiva, la educación, ciencia y tecnología y la inversión en capital humano. En primer lugar, la región, que depende en exceso de un pequeño número de recursos naturales, cuenta con perspectivas sombrías por la vulnerabilidad de los ciclos de expansión y contracción de los países que participan con bienes primarios en el comercio (Naciones Unidas, s.f.).

Por ejemplo, de acuerdo con el estudio presentado por el Banco Mundial llamado “América Latina y el ascenso del sur” citado por El País (2015), mientras Asia crecía de manera exponencial en el periodo 2000 al 2012 en la exportación de manufacturas, algunas de las economías más desarrolladas de América Latina como Brasil y Chile crecieron solo 8% en esa materia. Además, dado el poder comercial de China, la venta de manufacturas de Estados como México y gran parte de los países centroamericanos disminuyó en un 10%, mientras que las exportaciones de productos agrícolas aumentaron en Paraguay, Argentina, Guyana y Brasil más de un 10%, y en Brasil, Chile, Honduras y Perú el sector minero incrementó en más de un 25% (Fowks, 2015).

En esa dirección también estaban Estados como Malasia y Tailandia, quienes poseen recursos naturales abundantes por lo que su posterior especialización en la producción y exportación de productos manufacturados compitiera con la histórica inserción internacional basada en las materias primas (Bekerman, Sirilin, & Streb, 1995). Así, siguiendo la experiencia asiática los países de América Latina deben orientarse a la producción de bienes con mayor valor agregado. Para ello la transformación productiva es clave.

Frente a ella, a pesar de que los países asiáticos comenzaron su proceso de industrialización hacia afuera con altos niveles de protección e incentivos a las industrias, y que es más efectivo liberalizar las importaciones después de haber alcanzado una transformación dinámica del aparato productivo y un crecimiento sostenido de las exportaciones, ese camino ya no es una opción factible para muchos países latinoamericanos porque el proceso de liberalización ya está emprendido. No obstante, la experiencia asiática nos indica que es importante encaminarse directamente al dinamismo exportador y no esperar a que la liberalización de importaciones por sí sola surta los efectos deseados en las importaciones (Agosin & Ffrench-Davis, 1993).

Así, en un contexto globalizado, donde el comercio internacional es el escenario por excelencia para el crecimiento económico de los Estados, América Latina, además de los esfuerzos parciales que ha venido realizando por liberalizar las economías, debe adaptarse mejor a las nuevas tendencias de la economía mundial realizando una transformación productiva orientada, entre otras cosas, por la experiencia de los países del sudeste asiático, que participan de manera muy significativa en el comercio comparativamente tanto con su realidad anterior como con los demás países del mundo en la medida en que su criterio de especialización fue la ventaja comparativa dinámica.

Referencias

Montoya, C. A. (2011). Ecos de economía. Colombia y su inserción a la economía mundial., s.v. (32), 172-193. 

Gray, A. (10 de marzo de 2017). Las 10 mayores economías del mundo en 2017. World Economic Forum. Recuperado de https://es.weforum.org/agenda/2017/03/las-10-mayores-economias-del-mundo-en-2017/

Pacheco, P. (2008). Efectos de la liberación comercial en el crecimiento económico y la balanza de pagos en América Latina. Investigación Económica, 68 (267), s.p. DOI: 0185-1667

Naciones Unidas. (S.f.). SITUACIÓN Y PERSPECTIVAS DE LA ECONOMÍA MUNDIAL 2018: RESUMEN. Recuperado de https://www.un.org/development/desa/dpad/publication/situacion-y-perspectivas-de-la-economia-mundial-2018-resumen/

Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación de España. (S.f.). Asia y Pacífico. Recuperado de http://www.exteriores.gob.es/Portal/es/PoliticaExteriorCooperacion/AsiaPacifico/Paginas/Inicio.aspx

Bekerman, M., Sirilin, P. & Streb, M.L. (1995). El "milagro" económico asiático: Corea, Taiwan, Malasia y Tailandia. Comercio exterior. Recuperado de http://revistas.bancomext.gob.mx/rce/magazines/314/3/RCE3.pdf

Banco Mundial. (1993). El milagro de Asia Oriental: el crecimiento económico y las políticas oficiales. Recuperado de: http://documentos.bancomundial.org/curated/es/898121468262739707/pdf/123510PUB0v20S0y000Spanish00020of02.pdf

Fowks, J. (19 de mayo de 2015). Asia Oriental, líder de las exportaciones a nivel mundial. El País. Recuperado de https://elpais.com/internacional/2015/05/19/actualidad/1432066997_807960.html

Agosin, M.R. & Ffrench-Davis, R. (1993). La liberalización comercial en América Latina. Revista de la CEPAL, 50. Recuperado de https://repositorio.cepal.org/bitstream/handle/11362/11897/1/050041062_es.pdf

 

[1] Estudiante de Ciencias Políticas y Derecho de la Universidad Pontificia Bolivariana. Colombia. Correo: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

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