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Lunes, 23 Abril 2018 21:52

Una alternativa al orden mundial liberal

Una alternativa al orden mundial liberal Tomada de: Council on Foreign Relations

SIMON RUIZ MARTINEZ*

El 21 de marzo del presente año, Richard N. Haass publicaba una columna en el blog Project Syndicate que comienza –parafraseando a Voltaire respecto al Sacro Imperio Romano– diciendo que el orden mundial liberal no es ni liberal, ni mundial y mucho menos ordenado. La columna tiene el oscuro título “Liberal World Order, R.I.P.” (orden mundial liberal, descansa en paz).

Haass sintetiza las razones –para muchos comentaristas políticos evidentes– por las que el proyecto liberal fracasó: el auge del populismo, el resurgimiento de sistemas autoritarios, estados fallidos (como Venezuela), el desorden en medio oriente, el desacato ruso respecto a las fronteras establecidas, etc. Sin embargo, hay una razon a la que le da un peso especial: la postura del presente gobierno de Estados Unidos frente a su rol como guía de dicho orden.

La posición “America First” muestra claramente el desinterés por fungir como garante del equilibrio. La columna concluye de la siguiente manera: “The liberal world order cannot survive on its own, because others lack either the interest or the means to sustain it. The result will be a world that is less free, less prosperous, and less peaceful, for Americans and others alike” [El orden mundial liberal no puede mantenerse por sí mismo porque otros carecen del interés o de los medios para sostenerlo. El resultado será un mundo menos libre, menos próspero, y menos pacífico, tanto para los americanos como para los demás].

La desolada lectura de Haass se enmarca en la visión occidental y moderna del mundo, segura de la universalidad de sus principios y del poder de sus ideas. Esto implica que el fracaso de un orden liberal mundial de facto presupone el fracaso de las prerrogativas que acompañan dicho orden: los presupuestos liberales. En este orden de ideas, al lado del fracaso descriptivo que presenta la columna debería evaluarse el fracaso normativo del liberalismo.

Tal vez la descripción de Rawls sea una de las más pertinentes (aunque no la única) para dicha evaluación. Para él, el liberalismo político puede definirse respecto a tres aspectos básicos: 1) Su independencia respecto a otras doctrinas exhaustivas  que pueden encontrarse en dicha sociedad–esto es, de aquellas doctrinas que no se enmarcan en lo que puede ser debatido como razón pública[1]; 2) Su énfasis en las estructuras básicas entendidas como el conjunto de leyes e instituciones que posibilitan las prácticas políticas liberales; y 3) El peso que se le da a ciertas ideas fundamentales, en especial a los derechos humanos y las libertades fundamentales[2].

En este sentido, el liberalismo político se entiende en términos consensuales: son los presupuestos básicos acordados a partir del solapamiento de las diferentes doctrinas exhaustivas sobre la verdad o el derecho que se encuentran (y se toleran) dentro de una sociedad democrática y constitucional[3]. Este aspecto es fundamental para entender porque el liberalismo puede ser un asunto internacional en la medida en que surge de la concepción liberal doméstica estatal y se agrega hacia una concepción internacional entre gentes tanto liberales (plenamente liberales) como decentes (en ciertos aspectos tolerables, liberales).

Es importante resaltar ciertas carácterísticas de los aspectos básicos del liberalismo: el primer punto asegura su aplicabilidad, el segundo su objetividad y el tercero su conveniencia. Además, hay que tener presente que poseen un orden lexicográfico inverso –i.e., el tercer punto es prioritario respecto al segundo, y este del primero– lo que le aseguraría solidez a la estructura. Así, la flexibilidad (en tanto pluralidad, tolerancia y respeto a las diferentes doctrinas exhaustivas que puedan verse representadas dentro del sistema) pretende implicar la universalidad que puede llegar a tener el liberalismo en toda sociedad que pueda llegar a ser bien ordenada, democrática y constitucional (es decir, plenamente liberal), pero también que sea razonable que las sociedades decentes tiendan, con el tiempo, a la plenitud liberal.

Este último condicional presenta un inconveniente fundamental para alcanzar la universalidad no solo al interior de una sociedad particular sino respecto a diferentes sociedades (de gentes) entre sí. Además, es ingenuo entender el liberalismo de una sociedad en términos bipolares (o es liberal o no lo es). En realidad, lo que permite el liberalismo rawlsiano es un liberalismo de grado: se es más o menos liberal, decente o –en el peor de los casos para el liberalismo– para nada bien ordenado (outlaw states)[4].

De ahí que, en la esfera internacional, los países se traten como más o menos parecidos, donde los que más se parezcan pueden establecer mejores relaciones entre sí. Y también, donde esos que más se acerquen a un liberalismo pleno sean los que están en mejor posición moral para juzgar el “deber de intervención” respecto a las sociedades mal ordenadas que vulneran las libertades básicas de sus individuos.

Lo anterior plantea dos problemas críticos: uno de facto y el otro teórico. El problema de facto contradice la moralidad de los principios liberales. El ejemplo más claro es el juego de intereses y alianzas que se forman entre Estados Unidos (epítome del liberalismo) y Arabia Saudí (con una constitución opuesta a una democracia constitucional).

El aspecto teórico es un poco menos evidente. El orden lexicográfico tiene como base los principios fundamentales sine qua non del liberalismo: grosso modo, las libertades fundamentales y los derechos humanos. A primera vista, puede pensarse que el fracaso liberal se debe a que existan ciertas razones válidas para ciertas culturas en abierta contradicción con dichos principios. Pero teóricamente puede argüirse que la educación sobre los beneficios de estos principios es algo que se da a largo plazo y que prueba de ello es que las nuevas generaciones están más interesadas o al menos más enteradas de lo que puede representar el liberalismo para sus vidas[5].

El problema teórico crucial es de límites. ¿Hasta donde se debe permitir que otras sociedades limiten libertades para alcanzar un liberalismo mayor? ¿Qué tanto deben violarse las libertades y derechos para que el deber de intervención valga? ¿Y la intervención con las nuevas guerras es respecto a quién? Se trata de los límites morales ¿Respecto a quién debe aplicarse el espectro moral liberal? ¿Solo a sociedades liberales? ¿O también a no liberales? En el primer caso, carecerían de importancia los derechos y libertades de una sociedad fallida como el caso de Venezuela aun cuando miembros minoritarios de dicha sociedad sean liberales. En el segundo caso, existiría una imposición arbitraria de principios como en el caso de medio oriente.

En resumen, que se evidencien contradicciones[6] tanto de hecho como normativas de la teoría liberal habla a favor de una evaluación normativa negativa del liberalismo; por lo que podría entenderse mejor la desolada conclusión de Haass respecto al fracaso del orden liberal. Lo que él entiende que pierden “tanto los americanos como otros por igual” es la desterritorialización –esto es, la aplicación extendida­– de sus libertades y derechos fundamentales.

Para concluir, quisiera presentar un esbozo de lo que podría ser una alternativa cosmopolita al orden liberal. Esta opción surge de la propuesta kantiana pero debe superar las limitaciones históricas del pensamiento del filósofo de Köningsberg. Es decir, esta alternativa debe poder elaborarse donde tenga cabida cualquier tipo de comunidad: “El problema de establecimiento de un Estado tiene siempre solución, […] aun cuando se trate de un pueblo de demonios; basta con que estos posean entendimiento”. Este entendimiento no es el de las condiciones apodícticas de la razón pura sino de la sensata naturaleza: que sea mejor vivir bajo normas comunitarias que bajo la incertidumbre total del estado de naturaleza. Pero también debe ser consciente de las limitaciones que pueden tener esas normas y como se relacionan estas con las leyes que derivan en las constituciones políticas que luego pasan a jugar en el orden internacional.

De lo que se trata es de actualizar la noción –prioritaria en las relaciones internacionales desde hace casi cuatro siglos– de razón de estado en un mundo con las condiciones tecnológicas suficientes para disuadir y evitar la guerra. De lo que se trata es de mantener la noción del orden internacional como juego, donde existen reglas constitutivas y estratégicas, pero donde el interés ya no es la victoria sino la cooperación hacia una mayor estabilidad (interés de todos).

Teniendo presente que en dicho juego deben participar tanto ángeles como demonios de lo que se trata es de apelar a nuevas formas de abordar el entendimiento, que no pretendan una imposición arbitraria sino una ponderación de intereses comunes.

Como lo mencioné más arriba, esto no es más que un esbozo de una alternativa que aún tiene que vérselas con esa mentalidad del siglo XIX que ve la geopolítica como sustento del poder y del orden.

 

Referencias Bibliográficas

Haass, Richard N. (2018). “Liberal World Order, R.I.P.”. Project Syndicate. Recuperado de: https://www.project-syndicate.org/commentary/end-of-liberal-world-order-by-richard-n--haass-2018-03

Rawls, John. (2001). The Law of Peoples: With "The Idea of Public Reason Revisited". Cambridge: Harvard University Press.

Kant, Emanuel. (1795/1975) “La paz perpetua”. Traduccion de F. Riviera Pastor. En Fundamentacion de la metafisica de las costumbres; critica de la razon practica; La paz perpetua. Buenos Aires: Porrua, pp. 201-247.

 


[1] Vease (Rawls, 2001, pp.131 y ss)

[2] Esta lectura de Rawls sigue la lectura que de este hace Thomas Pogge.

[3] Rawls expone a lo largo de su obra qué tipo de doctrinas exhaustivas pueden considerarse dentro de una sociedad, no solo decente, sino liberal en el sentido democrático constitucional. Por el alcance de este escrito se dejan de lado estas descripciones. Para una idea general sobre estas condiciones véase (Rawls, 2001, §6, 54-58).

[4] Para los cinco posibles tipos de sociedad, véase (Rawls, 2001, p.4)

[5] De nuevo, un contraejemplo de facto frente a esta posición teórica puede darse respecto a los resultados de la primavera árabe.

[6] Estas contradicciones no son necesariamente irresolubles. Puede que teorías neoliberales más actuales resuelvan e incluso disuelvan dichas contradicciones.  Simplemente se propone, como más pertinente, abandonar el liberalismo al notar estas contradicciones tan fundamentales.

 

* Pasante de investigación del grupo de Estudios Políticos, Facultad de Ciencias Políticas UPB

Construcción de paz local y territorial
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