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Martes, 19 Junio 2018 22:00

Birmania: del conflicto armado al conflicto étnico

JUAN CAMILO GÓMEZ MONTOYA, JUAN JOSÉ RESTREPO CASTRO, EVA LENEVEU*

 

La República de Birmania (o Myanmar) es un país ubicado en el sudeste asiático, rodeado por el mar de Andaman y la bahía de Bengala, y fronteras con Bangladesh y Tailandia. Desde 1989 posee un sistema político parlamentario y una división política de siete estados y siete regiones -14 entes territoriales en total-.

Desde finales de la primera mitad del siglo XX Birmania vive situaciones conflictivas dentro de su territorio por parte de numerosos grupos y movimientos que aspiran a tomar el poder central o a separarse de él. Esta proliferación de grupos y movimientos se da en 1948, época en la cual el Reino Unido abandona la zona y se crea un vacío de poder a falta de un gobierno central -papel que ejercía Reino Unido-. La República de Birmania como república democrática llega a su fin en 1962 cuando el General Ne Win toma el poder para reprimir los grupos y movimientos competidores al gobierno central. Empieza formalmente el conflicto armado interno.

En 1989 se logra una apertura democrática en Birmania donde la Junta Militar permite elecciones libres con la convicción de una pronta victoria. Sorprendidos por su derrota, la Junta desconoce los resultados y lleva a cabo una ofensiva a los movimientos considerados pro Derechos Humanos – DD.HH, occidentales y democráticos. Con este recrudecimiento del conflicto armado, también se cambia la dinámica de la violencia, ya no sólo es entre Gobierno Central -la Junta Militar- y grupos armados organizados -KNU, KIA, SSA, CNF- sino qué también se traslada la violencia a las poblaciones étnicas del país, especialmente a los cristianos y a los musulmanes.

En 1990 vuelve el ejercicio democrático a Birmania, en este caso la nobel de paz Aung San Suu Kyi bajo la bandera de la Liga Nacional para la Democracia – NLD, el gobierno birmano vuelve a desconocer los resultados y encarcela a Kyi. Con esto se agrava la situación del país, llevando a la dictadura militar a tomar una conducta autista. En 1990 se aprueba la State Law and Order Restauration Council – SLORC; y en 1997, State Peace and Development Council. Mecanismos para solventar los problemas internos del país.

Grupos culturales en Birmania y su estatus: caso Rohinyás

La población birmana es de sesenta millones aproximadamente, según la Central de Inteligencia Americana – CIA (2018) la mayoría de la población es birmana (68%), los grupos étnicos como los Sahn, Karen, Rakhine, entre otros no superan un 10% cada uno. La mayoría de la población birmana profesa el budismo con más del 80%, entre los cristianos y los musulmanes suman poco más de un 10%.

Como la situación en Birmania pasó de un conflicto armado interno a un conflicto étnico es importante tener y entender estos datos. El estado de Rakhine que queda con la frontera con Bangladesh y uno de los que se alzó en contra del gobierno central en la década de los sesentas, hoy encuentra un panorama de violencia diferente. Gran parte de la etnia Rohinyás y de la población musulmana habita y se moviliza en este territorio. Después de la fallida apertura democrática de Birmania en el año 1989, este estado sufrió ofensivas militares por parte de la Junta Militar quien veía como enemigo a esta población para la salvación de Birmania.

La construcción del enemigo en este país ha transcendido la órbita de la guerra, y ha permeado el presunto estado de paz del país. Esta situación ha llevado a que la violencia tome sus tres tipologías adoptadas por Johan Galtung (1989). En primer lugar, se sigue dando la violencia directa, esto es que se sigue utilizando las herramientas necesarias para perjudicar al otro. La violencia estructural se materializa en este caso en la imposibilidad legal que le adjudican, desde el gobierno central, a los rohinyás. Un caso de esto es la falta de un estatus como persona natural, jurídicamente hablando, a las personas que integran este grupo social. También se da la prohibición taxativa de movilizarse hacia la capital del país, Naipyidó; y la no entrega de ayuda humanitaria de la comunidad internacional a los rohinyás.

Cabe aclarar que la violencia directa en tiempos de guerra varía en tiempos de paz. En tiempos de guerra se busca doblegar al adversario en búsqueda de la victoria militar, en tiempos de paz es una dirección de actos bélicos a una singularidad no combatiente. Por eso se declara que lo que está pasando en Birmania es un genocidio (CNN, 2017). Difiere en que ya no es sólo en el campo de batalla, también en sitios de acciones civiles.

Ahora, la violencia cultural aquella que busca legitimar la utilización y la acción de la violencia directa y estructural mediante posiciones y/o actos simbólicos (Galtung, 1989, p. 7) se presenta en Birmania como la segregación principalmente religiosa, y luego étnica. La violencia arremetida contra los rohinyás son una causal de un gran sentimiento nacional anti islámico. Es curioso saber que, en el ideario occidental, los budistas son considerados pacíficos y tranquilos, pero en Birmania es todo lo contrario. El Gobierno Central esta comandado por seguidores budistas con una visión extremista. Este odio se materializa en los discursos oficiales de algunos monjes (CNN, 2017). La posición de Birmania en el sudeste asiático favorece al pavor de los practicantes del budismo en el país, puesto que están rodeados de países con un gran número de musulmanes.

Acciones estatales contra la etnia y sus consecuencias

El pueblo rohinyá sufre uno de los peores gravámenes de la historia contemporánea, su pecado es ser musulmanes y su delito es no tener nacionalidad birmana, es así como se configura un conflicto separatista y xenófobo que ha invocado históricamente el gobierno del actual Myanmar -se cambió el nombre en la primera década del siglo XXI-. Después de la independencia en 1948 del Reino Unido, la antigua Birmania se adentró en un proceso de aceptación cultural y homogeneización social, que a la larga fracasó, pues hasta 1962 fueron reconocidos los rohinyás por los gobiernos militares, ya que con la llegada del general Ne Win, se inició un proceso de persecución sistemática y disminución del estatus jurídico-político de esta etnia, a tal punto de negarles la ciudadanía Birmania para calificarlos como inmigrantes bengalíes. En 1978 se da la Operación Rey Dragón[1] con el objetivo de evitar la supuesta «infiltración» ilegal de extranjeros en las zonas fronterizas, y los rohinyás al no ser considerados ciudadanos, fueron objeto de detenciones y expulsiones generalizadas que provocaron un numeroso éxodo a Bangladesh, que posteriormente llevo a recrudecer las relaciones diplomáticas entre ambos países, dando paso a una intervención de Naciones Unidas para alivianar estas relaciones y como producto de este mejoramiento diplomático, se obligó la repatriación de casi 200.00 Rohinyás de Bangladés a Myanmar nuevamente. (Alberca, 2016)

Con las numerosas oleadas de emigración, los países de la ASEAN han convergido en discusiones para ver quien se responsabiliza de esta movilización. Malasia e Indonesia fueron los primeros en recibir y suministrar una ayuda humanitaria básica consistente en alojamiento temporal, alimentos y medicinas a los refugiados[2]. Pero aun así el gobierno birmano no se hace responsable de los actos que conllevan a estos grupos minoritarios a la migración. Por eso, Victoria Camarero y Francisco Zamora apuntan a que:

“Con todo, y ante la necesidad clamorosa de ayuda, en este caso de los Rohingya, entendemos que la comunidad internacional no debe solo prestarla de forma generosa sino que, en relación con estos acontecimientos gravísimos, ha de mediar también una respuesta firme de denuncia, y prevenir mecanismos eficaces de reparación y sanción, frente a lo que se presenta como una gruesa, palmaria, violación de los DDHH” (Camarero Suárez & Zamora Cabot, 2017)

En el 2011 se percibió un escenario nacional factible para empezar nuevas reformas que beneficiaran a los rohinyá, el presidente electo en esta fecha Thein Sein, promovió un proceso para devolver la ciudadanía a esta etnia y su estatus como tal. Pero la presión de la religión budista, mayoría en el país, impidió este proceso y en su lugar desato un recrudecimiento de la violencia materializada según “Human Right Watch” en delitos de lesa humanidad. Para 2016 la líder de Facto del país Aung San Suu Kyi ha llamado a una gran movilización para llegar a un acuerdo de paz con las minorías étnicas, que ella mismo ha denominado el Panglong del siglo XXI[3]. Pero el trasfondo de esta iniciativa es que no están incluidos los rohinyá en estos diálogos y se les ha negado la posibilidad de participar, aun siendo Nobel de Paz la líder del país ha mirado hacia otro lugar, ignorando el éxodo de la minoría musulmana en el estado de Rakhine.

El pueblo Rohinyá no posee ninguna riqueza en particular que sea apetecible por las grandes potencias, tal vez por esta razón no son defendidos de facto en el Derecho Internacional Humanitario y las organizaciones como la ONU solo se limitan a generar denuncias e investigaciones sobre el tema, siendo cómplices del gobierno birmano y con esto legitima las prácticas de segregación racial no solo en Myanmar, sino en muchos países del mundo. Pues como lo dice Facundo Nuñez “el concepto es eliminar, no solo al pueblo, sino toda su historia, pues esta, como vimos, tiene funciones políticas muy marcadas en el contexto de guerra de los discursos de verdad”. (Nuñez, 2018)

La apertura al mundo; una democratización todavía limitada

Esta violencia cíclica de Birmania ha favorecido aspectos negativos como la pobreza, el desplazamiento colectivo y masivo y el subdesarrollo del país (CICR, 2018). Frente a la imposibilidad de seguir en este modelo autoritario de la junta, en los últimos años se produjo un proceso paulatino de democratización, que supuso la liberación de la dirigente del partido NLD Aung San Suu Kyi, y su acceso en 2015 al gobierno.

Según el premio nobel “hablar de cambio no es suficiente, es necesario que éste se produzca”. Así, cuando se refiere a la democracia habla de la búsqueda de una democracia efectiva, es decir, de una democracia no sólo basada en unas reglas de juego formalmente reconocidas, sino también en comportamientos políticos y sociales, democráticos, no corruptos, no manipuladores y respetuosos con la disidencia.

Sin embargo, la democratización deseada en las palabras no se materializo en la práctica. En efecto las violencias en contra de los Rohinyás se volvieron aún más intensas desde el año 2016. Si se lleva a cabo la revolución numérica y la apertura al mundo, las comunidades históricamente perseguidas siguen aisladas de las dinámicas positivas. Los conceptos fundamentales de la democracia no logran sobrepasar las brechas étnicas y la violencia cultural.

El nuevo clima de apertura política y económica, haciendo de Myanmar un nuevo dorado de la inversión extranjera, no acaba con los problemas internos al país. Así, como Colombia, el mayor desafío es el de la gestión de sus recursos y de la utilización justa del presupuesto, incluyendo las minorías. Hasta hoy las instituciones y las practicas no permiten el cumplimiento de los derechos esenciales y las raíces de la violencia siguen profundas. Reconciliar el yo y el otro tras el reconocimiento de la pluralidad parece la única manera de salir adelante para permitir el florecimiento humano (Marta Nusbaum, 1988).

Referencias

Central de Inteligencia Americana. (2018). Burma. En The World Factbook. Recuperado de: https://www.cia.gov/library/publications/the-world-factbook/geos/bm.html.

CNN. (23 de octubre 2017). Hay una sola conclusión de los rohinyás en Myanmar, es un genocidio. En CNN. Recuperado de: http://cnnespanol.cnn.com/2017/10/23/hay-una-sola-conclusion-sobre-los-rohinyas-en-myanmar-es-un-genocidio/

Comité Internacional de la Cruz Roja. (2018). Guerra civil en Myanmar. Recuperado de: https://www.icrc.org/es/where-we-work/asia-pacific/myanmar/conflicto-guerra-civil-birmania.

Escuela de Cultura de Paz. (2016). Anuario de procesos de paz. Barcelona: Icaria editorial.

Escuela de Cultura de Paz. (2016). Oportunidades de paz y escenario de riesgo para 2017. Barcelona: Universidad Autónoma de Barcelona.

Galtung, J. (1989). Violencia Cultural. País Vasco: Gernika Gogoratuz.

Alberca, J. I. (2016). La exclusión de los rohinyás de Birmania: un viejo desafío para un nuevo gobierno. Instituto Español de Estudios Estratégicos , 4-5.

Camarero Suárez, V., & Zamora Cabot, F. J. (2017). PERSECUCIÓN DE LA MINORÍA ETNICA ROHINGYA EN BIRMANIA/MYANMAR: OTRA PERSPECTIVA. El Tiempo de los Derechos, 9-10.

Nuñez, F. A. (2018). Los refugiados Rohingyas: paradigmas del racismo contemporáneo desde una perspectiva biopolítica. Acheronta Revista de Investigaciones en Filosofía, 59-84.

Nussbaum, M. (1988) Nature, Function and Capability: Aristotle on Political Distribution Oxford Studies in Ancient Philosophy, Supplementary Vol. 1, 1988

 


[1] ACNUR, Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados: «La situación de los

refugiados en el mundo 2000. La difícil situación de los rohingyas». Disponible en

<http://www.acnur.org/publicaciones-SRM/tabla81.php>. Fecha de consulta 028/05/2018

[2] Institute for Defence Studies and Analyses IDSA, The rohinyas:Security Implications for ASEAN             

and beyond. Disponible en <http://www.idsa.in/issuebrief/TheRohingyas_skundu_280515>.

[3] Para conocer sobre las declaraciones del nuevo panglong remítase a:

http://www.elmundo.es/internacional/2016/08/31/57c54aace2704eb47e8b4606.html

 


* Estudiantes de Ciencias Políticas de la UPB, y estudiante de intercambio en la UPB

Construcción de paz local y territorial
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