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Miércoles, 07 Octubre 2020 15:35

Hong Kong: entre los ojos de Pekín

Protestas en Hong Kong en 2019, contra la ley de extradición, con su principal símbolo: los paraguas. Protestas en Hong Kong en 2019, contra la ley de extradición, con su principal símbolo: los paraguas. Photo by Studio Incendo on Foter.com / CC BY

Parte del Imperio chino hasta el siglo XIX y luego colonia británica hasta 1997, Hong Kong heredó un sistema de libertades políticas y económicas que China respetaría hasta 2047. Pero Pekín no parece dispuesto a esperar.

Por: Felipe Úsuga Pérez[1]

En junio de 2020 la República Popular China tomó una decisión de enorme importancia para comprender el mundo en el que viviremos en unos cuantos años. Desde hace unos meses, había reportes de que desde Pekín se gestaba la aprobación de una Ley de Seguridad Nacional, con la que las autoridades chinas pudieran castigar lo que desde Pekín se consideran delitos y distintas formas de sublevación, y desde Hong Kong se consideran libertades políticas y civiles fundamentales.

Frente a estas noticias, los habitantes de la antigua colonia británica —que cuenta con un sistema político y económico distinto al de la China continental, aunque pertenezca a esta— comenzaron una nueva ola de manifestaciones, a pesar de la pandemia. La aprobación de la ley a finales de junio y las medidas que trajo consigo detuvieron las protestas y abrieron la puerta para que China formulara cargos contra algunos dirigentes hongkoneses.

Más allá de la discusión sobre si la Ley de Seguridad Nacional persigue la “subversión, la secesión, el terrorismo y la colusión con fuerzas extranjeras” o si persigue el amplio abanico de libertades y el sistema autónomo de Hong Kong heredado de la Ley Básica, es importante obtener una visión más amplia de qué es Hong Kong, cuál ha sido su historia, y por qué lo que ocurre allí es un importante punto de referencia para pensar en la China de principios del siglo XXI y en el papel internacional que tenga en las próximas décadas (Xinhua, 2020).

De las Guerras del Opio al traspaso de 1997

A pesar de las convulsiones internas, durante siglos el Imperio chino estuvo relativamente estable frente a las amenazas externas, hasta que a mediados del siglo XIX la dinastía Qing se vio enfrentada a la expansión de las potencias coloniales europeas. Como explica el reconocido sinólogo Jacques Gernet (2018), esta fue una época en la que el Imperio chino, en cuanto a su relación con Occidente, estuvo marcado por las tensiones comerciales, las agresiones extranjeras y los llamados “tratados desiguales”, en los que China quedó sometida a condiciones comerciales desfavorables frente a las potencias coloniales.

Luego del fin de la Primera Guerra del Opio (1839-1842), en el Tratado de Nankín (1842) la dinastía Qing cedió la isla de Hong Kong al Imperio británico. En esta época de tensiones por el comercio de opio se dieron los llamados “tratados desiguales”, en los que los poderes imperiales occidentales impusieron condiciones comerciales y militares drásticas en sus relaciones con la China y otros poderes de Asia oriental (Falck, 2004). Luego de la Segunda Guerra del Opio (1856-1860), en el Tratado de Pekín (1860) se añadió el territorio de Kowloon —frente a la isla de Hong Kong— como arrendamiento a perpetuidad al Imperio británico, expandiendo así la colonia. Finalmente, en la Segunda Convención de Pekín (1898) el Imperio británico arrendó por 99 años la isla de Lantau, otras pequeñas islas más, y los Nuevos Territorios, al norte de Kowloon. Así, el Imperio británico terminó de establecer su dominio colonial en esta la región hoy conocida como Hong Kong.

Hong Kong

Créditos: Peter Fitzgerald para Wikimedia Commos. Para uso público

Durante casi un siglo, el territorio gozó de una relativa estabilidad con la que no contaba la China continental. Aunque padeció la ocupación japonesa entre 1941 y 1945, Hong Kong estuvo al margen de la guerra civil china, entre 1927 y 1949, en la cual se enfrentaron los comunistas liderados por Mao Zedong y los nacionalistas con Chiang Kai-Sheck al mando. Estos últimos se exiliaron en la isla de Formosa —actual Taiwán— cuando los comunistas tomaron el control de la China continental y Mao Zedong proclamó la República Popular China, abriendo un nuevo periodo en la historia del país. Entre tanto, el fuerte desarrollo de infraestructura, la apertura económica y la inversión extranjera, y el crecimiento demográfico acelerado por la migración desde la inestable China, consolidaron Hong Kong como la puerta entre el mundo capitalista y la nueva y creciente economía china (El Orden Mundial, 2019).

Acercándose al fin del arrendamiento, en el Acuerdo Conjunto Sino-Británico de 1984 se negoció que luego de la transferencia de soberanía se iba a garantizar a este territorio su autonomía bajo la fórmula de “un país, dos sistemas”, convirtiéndose en una de las dos regiones administrativas especiales que tiene la República Popular China, junto a Macao —antigua colonia portuguesa—. Así las cosas, como explica Fernando Rey (2016), a partir de 1997, cuando el Reino Unido devolvió a la República Popular China la soberanía sobre Hong Kong, la región gozó de un amplio repertorio de derechos y libertades políticas y económicas, soportados en unas instituciones autónomas del sistema que opera en el resto de la República Popular China.

Algunas particularidades económicas

La región cuenta con su propia moneda llamada dólar hongkonés (HKD), una de las monedas más intercambiadas del mundo, con paridad fija con el dólar estadounidense (USD). Aún hoy las diferencias entre las instituciones económicas de Hong Kong y China se hacen evidentes, por ejemplo, en que, en el Índice de Competitividad Global de 2019, realizado por el Foro Económico Mundial, la Región Administrativa Especial de Hong Kong aparece en el tercer puesto entre 141 economías, mientras la China continental aparece en el puesto 28. El compromiso chino de mantener las instituciones de Hong Kong, heredadas de décadas de dominio colonial británico llevó a Hong Kong a ser unos de los centros financieros más importante de Asia y uno de los principales centros de comercio internacional, lo que durante años sirvió para impulsar el desarrollo de la China continental, y para servir de puente comercial y financiero entre China y el mundo (Dedeu, 2009). Sin embargo, al tiempo que la economía de China ha crecido rápidamente en las últimas décadas, el peso de Hong Kong en su economía se ha reducido. Mientras que a mediados de los noventa Hong Kong representaba alrededor del 27% de la economía china, en 2019 representa solo alrededor del 3% (El País, 2020b). Esto puede ser un factor para afirmar que la participación de Hong Kong en la economía china no es en este momento el gran motivador de las medidas estratégicas de Pekín en la región.

La situación política de Hong Kong: autonomía y libertades

En cuanto a su estructura política, el jefe del Ejecutivo es electo por un Comité de Elección, formado por distintos sectores de poder de la región y que en teoría representan sus intereses. Asimismo, la región cuenta con un parlamento regional —el Consejo Legislativo— en el que la mitad de sus miembros se elige democráticamente por sufragio universal, y la otra mitad por votantes afines al Partido Comunista Chino —un sistema conocido como democracia orgánica—. El aparato judicial cuenta con una preciada autonomía de Pekín y unas garantías jurídicas que, cuando han sido puestas en entredicho, han sido defendidas desde la sociedad civil; las protestas de 2019 por una ley que pretendía permitir las extradiciones desde Hong Kong hacia China continental desataron una nueva ola de protestas.

El repertorio de libertades políticas de la región es otro de los pilares de la autonomía hongkonesa, que sin embargo se ha visto amenazado en varias ocasiones, como se verá más adelante. Una muestra del contraste entre las instituciones políticas de ambos lados es la Clasificación de la Libertad de Prensa de 2020 realizada por la ONG Reporteros sin Fronteras. En este índice, la República Popular China ostenta el puesto 177 de 180, calificado como “situación muy grave”, solo por encima de Eritrea, Turkmenistán y Corea del Norte. En contraste, Hong Kong ostenta el puesto 80 de 180, calificado como una situación “con problemas significativos”, luego de estar en el puesto 72 en 2019 y 70 en 2020. Según Reporteros sin Fronteras (2020), “la situación de la libertad de prensa se está deteriorando debido a las presiones del gobierno chino”, y en 2019 durante las manifestaciones del otoño los medios de comunicación sufrieron el embate de actos de violencia “perpetrados sobre todo por las fuerzas del orden y por grupos mafiosos pro-gobierno chino”.

Las tensiones de Hong Kong bajo el mando de Pekín

El acuerdo de “un país, dos sistemas” —plasmado en la Ley Básica, una especie de texto constitucional para la región—, se ha ido debilitando paulatina y sutilmente a medida que los lazos económicos entre Hong Kong y el resto de China se van fortaleciendo y los intereses de sus élites comienzan a coincidir.

En 2014, China anunció una reforma electoral que permitía el sufragio universal, pero aumentaba el poder de Pekín para decidir sobre los candidatos a la presidencia ejecutiva de Hong Kong de 2017. La respuesta de los hongkoneses fue la protesta exigiendo la protección de las reglas de juego democráticas. Los manifestantes usaron paraguas para protegerse de las bombas lacrimógenas lanzadas por las fuerzas policiales, lo que le dio el nombre a la Revolución de los Paraguas (Rey, 2016). Por otro lado, en 2019 se intentó aprobar una ley de extradición para enviar presuntos delincuentes desde Hong Kong a la China continental para ser juzgados allí. Estallaron manifestaciones para proteger el sistema judicial autónomo y las garantías jurídicas frente al intento de mayor control desde Pekín, pero la pandemia logró apagar las protestas.

La Revolución de los Paraguas en 2014 y las protestas a mediados de 2019 fueron una señal para China de que no sería fácil dar pasos prematuros hacia el control total sobre la región especial de Hong Kong. Décadas de un sistema de instituciones políticas y económicas radicalmente distintas a las de la China continental han creado en los diversos sectores de la sociedad hongkonesa la idea de que podían disfrutar de los beneficios tanto de hacer parte del coloso económico que es China, como de disfrutar del amplio repertorio de libertades heredadas de la Ley Básica.

Así las cosas, un 1 de julio de 1997 el Reino Unido devolvió Hong Kong a manos chinas, en el marco de esa importante Ley Básica, que vencerá el 1 de julio de 2047, medio siglo después. Sin embargo, y a pesar del desafío que representa para Pekín dar pasos sobre la autonomía de Hong Kong, el 1 de julio de 2020, 23 años después, Pekín continuó con otro sólido paso en su proyecto de establecer su completa soberanía sobre la próspera región: la aprobación de la Ley de Seguridad Nacional.

Conclusiones

Las noticias sobre las recurrentes manifestaciones en Hong Kong no pueden desligarse de este contexto histórico. La pertenencia histórica de la región al Imperio chino determina la importancia para Pekín de que haga parte íntegra de su soberanía. Pero las muchas décadas bajo el dominio colonial británico son fundamentales para comprender por qué Hong Kong funciona con un sistema distinto al del resto de la China continental —el llamado modelo de “un país, dos sistemas”—.

Las élites hongkonesas, que tuvieron mucha influencia en la negociación de la transferencia de Hong Kong de manos británicas a manos chinas, han sido recelosas de la autonomía de la que goza la región, que les ha permitido disfrutar de un amplio abanico de libertades políticas y económicas. La sociedad hongkonesa también ha sabido defender las libertades fundamentales protegidas en la Ley Básica, consagradas hasta 2047. Pero es prácticamente imposible huir de los pasos del gigante chino, que avanza en todos los ámbitos del poder en el tablero internacional. Ni siquiera el apoyo occidental a la autonomía hongkonesa puede proteger a Hong Kong de la influencia directa de Pekín, y mucho menos puede evitar el inminente control absoluto de la región por parte del poder central. Esto será fundamental para lo que venga en las siguientes décadas en las dinámicas internacionales.

Referencias

Dedeu, J. (2009). Hong Kong, pieza clave en el presente y futuro de la República Popular China. Boletín Económico de ICE, 2972, 183-199.

El Orden Mundial. (21 de Junio de 2019). ¿Cuál es el estatus de Hong Kong dentro de China? Obtenido de El Orden Mundial: https://elordenmundial.com/cual-es-el-estatus-de-hong-kong-dentro-de-china/

El País. (27 de Junio de 2020b). El viejo Hong Kong atisba su fin. Obtenido de Internacional: https://elpais.com/internacional/2020-06-27/el-viejo-hong-kong-atisba-su-fin.html

Falck, M. (2004). La apertura de China y Japón en el siglo XIX. México y la cuenca del Pacífico, 7(21), 18-29.

Gernet, J. (2018). El mundo chino. Barcelona: Editorial Planeta S. A.

Reporteros sin Fronteras. (2020). Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa. Obtenido de https://rsf.org/es/clasificacion

Rey, F. (21 de Noviembre de 2016). Un país, dos sistemas: Hong Kong y la República Popular China. Obtenido de El Orden Mundial: https://elordenmundial.com/pais-dos-sistemas-hong-kong-la-republica-popular-china/

World Economic Forum. (2019). The Global Competitiveness Report 2019. Ginebra: World Economic Forum.

Xinhua. (29 de Julio de 2020). China insta a la Unión Europea a dejar de intervenir en asuntos de Hong Kong. Obtenido de Xinhuanet: http://spanish.xinhuanet.com/2020-07/29/c_139249182.htm

 

[1] Estudiante de séptimo semestre de Ciencias Políticas en la Universidad Pontificia Bolivariana.

Construcción de paz local y territorial
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