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Lunes, 08 Abril 2019 19:07

Libia: la batalla por Trípoli

El general Jalifa Haftar, al centro, comandante del Ejército Nacional Libio y líder de facto del Gobierno establecido en Tobruk, al este de Libia El general Jalifa Haftar, al centro, comandante del Ejército Nacional Libio y líder de facto del Gobierno establecido en Tobruk, al este de Libia

Esta semana el mundo contiene la respiración por la cruenta batalla que se luchará en Trípoli, en un nuevo capítulo de la guerra civil que vive Libia desde 2014.

Por: Felipe Úsuga Pérez[1]

 

El 3 de abril llegaba a Libia el propio Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres, con el objetivo de coordinar personalmente los detalles de la conferencia de reconciliación nacional convocada por la ONU del 14 al 16 de este mes para elaborar un plan para devolver la paz al país, que sufre la guerra civil desde 2014. Pero el 5 de abril abandonaba el país mientras las tensiones se traducían en el inicio de los combates a las puertas de la ciudad más importante y capital: Trípoli.

¿Cómo llegó Libia ahí?

En 2011, la Primavera Árabe se llevó por delante varios gobiernos en el Magreb. El régimen libio, con el rostro de Muamar el Gadafi, no fue la excepción: su desmoronamiento causó una guerra civil en febrero de 2011, entre las fuerzas gubernamentales y los grupos opositores rebeldes organizados en el Consejo Nacional de Transición, además de la campaña de bombardeos de la OTAN, luego de ejecutar la Resolución 1973 del Consejo de Seguridad de la ONU.

El conflicto encontró un punto de inflexión en agosto, en la batalla de Trípoli, en la que las fuerzas rebeldes capturaron la capital, derrocaron al gobierno y acabaron con la Gran Yamahiriya Árabe Libia Popular Socialista (como se llamó Libia bajo el mandato de Gadafi entre 1977 y 2011). Lo poco que quedaba de las fuerzas leales al derrocado régimen se trasladó a Sirte (al oriente de Trípoli), pero la ofensiva del Consejo Nacional de Transición (CNT) y los bombardeos de la OTAN rompieron la resistencia de esta ciudad el 20 de octubre de 2011. Ese día Gadafi fue ejecutado en plena calle, cerrando la guerra civil con la muerte del dictador libio en su ciudad natal. El CNT se ocupó entonces de formar un gobierno de unidad, que mantuviera centralizado el poder y garantizara la transición democrática.

Sin embargo, ese objetivo estaba muy lejos de la realidad: el país se convirtió en un territorio plagado de soberanías fragmentadas y segmentadas (Kalyvas, 2010, p. 133). Una inmensa cantidad de grupos se disputaban el largo y ancho del país: fuerzas yihadistas, el Estado Islámico, una cantidad de grupos tribales (principalmente los tubus y los tuaregs, al sur del país), además de las milicias de los grandes bandos que lograban controlar mayor parte del territorio, que convertirían con el paso del tiempo en los dos actuales gobiernos.

En 2012, luego de la caída del régimen de Gadafi y la guerra civil, se realizaron las primeras elecciones democráticas luego de 43 años de dictadura militar. De estas se formó el nuevo Congreso General de la Nación y un Gobierno entre liberales e islamistas encabezado por el liberal Alí Zeidan, que terminó prácticamente bloqueado por el inmenso poder de los islamistas y fue desbancado en una moción de censura cuando un buque de bandera norcoreana negoció la extracción de petróleo directamente con las milicias del golfo de Sitre. El siguiente primer ministrio, Abdulá al Thani, dimitiría un mes después por amenazas contra su familiar, por lo que el islamista Ahmad Mitig asumiría el cargo, en medio de la inestabilidad política.

Aquí sucede un punto de inflexión: el general Jalifa Haftar, en el exilio en Estados Unidos, regresaría a escena en 2014. De ser Jefe del Estado Mayor de Gadafi pasó comandar las fuerzas militares durante el conflicto entre Chad y Libia, pero luego de que Libia perdiera la guerra Haftar fue hecho prisionero de guerra. Luego de ser liberado marchó al exilio en los Estados Unidos, y regresaría a Libia en 2011 durante la guerra civil. En 2014, entonces, Jalifa Haftar ordenaba la suspensión del Congreso General de la Nación, pero sus planes no pasaron de una declaración de intenciones. Pero meses después lanzaría una operación militar para derrocar el Congreso General de la Nación y los sectores islamistas que lo sostenían. Comenzaba entonces la guerra civil que azota Libia desde 2014.

En octubre de ese mismo año se convocaría a nuevas elecciones: la Cámara de Representantes -que sustituía al Congreso General de la Nación- fue alcanzada por partidos seculares, Abdulá al Thani formó un Gobierno, y se trasladó de la Trípoli en guerra a Tobruk, al oriente del país. Los islamistas, derrotados, no reconocieron la legitimidad de la Cámara ni de Al Thani, por lo que mantuvieron vivo el Congreso General de la Nación y formaron un Gobierno en Trípoli liderado por el islamista Omar al Hasi (Cartes, 2018).

En medio de este caos, el autodenominado Ejército Nacional de Libia -liderado por Jalifa Haftar- se alineó del lado del Gobierno de Tobruk, y se enfrentó a las milicias islamistas alineadas con el Gobierno islamista de Trípoli, mientras al sur del país las tribus se enfrentaban entre ellas y las fuerzas yihadistas -como el Estado Islámico o Ansar al Sharia- aprovechaban el caos para ingresar al país.

En 2015 habría otro punto de inflexión: la ONU apoyaría la formación de un nuevo Gobierno de Unidad Nacional (GUN), liderado por el secular y proocidental Fayez al-Serraj, que buscaba reunir en un mismo gobierno a facciones del Congreso General de la Nación asentado en Trípoli y a la Cámara de Representantes y su gobierno asentados en Tobruk. Sin embargo, ambas facciones ignoraron el acuerdo. En 2016, Al-Serraj y el GUN pudieron establecerse en Libia y avanzar un poco en el control territorial. Habían entonces tres gobiernos que se disputaban la soberanía del país, además de una cantidad de grupos que disputaban territorios ricos en recursos, principalmente petroleros.

Hacia 2017 el Gobierno islamista que había en Trípoli comenzó a perder fuerzas y salir de escena, dejando en el mapa al Gobierno de Unidad Nacional con al-Serraj como primer ministro en la Tripolitania -el occidente del país-; y al Gobierno de Tobruk con Haftar como líder de facto en toda la Cirenaica -el oriente del país-. Esto, sin olvidar la cantidad de tribus, milicias y grupos terroristas que continuaban haciendo presencia dispersa en el territorio.

 

La situación hoy

Habiendo dos centros de poder antagónicos la situación parece menos compleja aunque igual de dramática. En julio de 2017, por ejemplo, el propio presidente de Francia, Emmanuel Macron, intentó mediar entre los dos bandos de la guerra civil libia, pero el acuerdo al que se llegó no pasó de ser letra muerta. Durante 2018 se dieron varias reuniones de alto nivel entre Europa y la pensínula arábiga para explorar negociaciones, pero los esfuerzos fueron infructusosos. En enero de este año Haftar lanzaba su ofensiva sobre Fezán, la región del suroccidente libio, rica en petróleo, e ingresaba sin mayor resistencia luego de pactarlo con tribus locales (Rasheed, 2019). De nuevo, en marzo de 2019 los generales de las dos fuerzas se encontraron en Abu Dabi, en Emiratos Árabes Unidos, para discutir un pacto y compartir el poder, y convinieron realizar una conferencia nacional en abril para acordar una hoja de ruta (González, 2019).

Libia llega entonces a su situación de hoy. Hay una cantidad de milicias islamistas, tribales y terroristas que se disputan distintas regiones estratégicas, pero principalmente hay dos gobiernos que se disputan el grueso de la soberanía sobre el país. El primero, llamado Gobierno de Unidad Nacional, está asentado en Trípoli, tiene como cabeza visible al primer ministro Fayez al-Serraj, y está respaldado por gran parte de la comunidad internacional, además de la ONU; no obstante, su poder sobre el terreno está bastante limitado, prácticamente solo en su capital y la Tripolitania -región noroccidental del país-. El segundo Gobierno, asentado en Tobruk, tiene como líder de facto al jefe del Ejército Nacional Libio, Jalifa Haftar, y mantiene el control sobre una inmensa porción de la Cirenaica y Fezán -el oriente, el centro y sur occidente del país-; además controla el grueso de los recursos petroleros y los canales estratégicos de comercio de armas.

El largo tiempo que ha durado la guerra y la difícil situación que parece un punto muerto en el que ninguna de las partes parece estar dispuesta a ceder puede explicarse, en parte, por los recursos. Un diplomático anónimo afirma en El País (Perejil, 2016) que "en Tobruk se maneja mucho dinero que llega principalmente de Egipto para compra de armas, y en Trípoli se tiene buen acceso al dinero del petróleo, porque la sede del Banco Central y de la empresa nacional de petróleo están allí".

 

El tablero geopolítico en Libia

El think tank estadounidense Atlantic Council (2017) hace un interesante análisis del papel de los actores regionales e internacionales en la actual guerra civil libia. A nivel regional los Estados árabes han tomado partido pensando en los intereses de cada uno: Qatar ha apoyado a las milicias islamistas, mientras que Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos -que ven en los islamistas Hermanos Musulmanes una amenaza a su existencia- se han ido en contra de estas milicias apoyando las tropas de Hatfar. Egipto, por su parte, se ha puesto también del lado del Ejército Nacional Libio de Haftar con el objetivo de asegurar en su frontera occidental una potencial zona en orden, segura y libre de islamismo, además de un nicho de influencia económica en el este de Libia -la Cirenaica-.

Argelia, por su parte, se ha visto limitada a la cooperación diplomática para apuntarle a una solución negociada debido a su propia inestabilidad interna -que produjo, entre otras cosas, la renuncia del presidente Buteflika, en el poder desde 1999 y sobreviviente de la Primavera Árabe-. Túnez, en esta misma línea, ha colaborado diplomáticamente para evitar un agravamiento de la situación de seguridad y orden pública en Libia que pueda afectar el sur de su propio territorio. Chad y Sudán, vecinos al sur de Libia, juegan un rol menor en la situación, reducido a apoyar milicias por medio de mercenarios, aparte de que grupos armados chadianos y sudaneses tienen una retaguardia estratégica en el caótico sur de Libia.

A nivel internacional la situación es paradójica. Rusia apoya nominalmente los esfuerzos de la ONU para mediar en negociaciones internacionales que solucionen el conflicto, pero ha respaldado militarmente las tropas de Haftar, aunque con recelo y guardando las distancias, sin comprometerse de lleno. Los Estados Unidos de América han dicho que no tienen intereses más allá de la lucha contra el terrorismo; aunque según el Atlantic Council no deberían desentenderse del todo para al menos proteger a sus aliados árabes y evitar un escalamiento en la crisis migratoria.

Los países europeos se han involucrado más en la búsqueda de una solución negociada: Italia ha apoyado el Gobierno de Unidad Nacional y las iniciativas de la ONU, defendiendo el papel de Haftar y Tobruk en un futuro; en cambio Reino Unido y Francia han sido más ambiguos: apoyan nominalmente al Gobierno de Unidad Nacional pero han dado respaldo a las tropas de Haftar en operaciones contra los islamistas en Bengasi y otras zonas del este de Libia. En últimas, las potencias europeas parecen más interesadas en detener la amenaza inmigrante -como lo demuestra la retórica del Gobierno italiano y de sus famosos ministros Matteo Salvini y Luigi di Maio- que en adelantar un proceso de reconciliación entre las facciones libias y de reconstrucción del país.

 

La entrada a Trípoli

El 3 de abril llegaba entonces el Secretario General de la ONU António Guterres a Libia para coordinar la conferencia que se realizaría del 14 al 16 de abril en ciudad de Gadamés que busca elaborar un nuevo plan de paz para el país y fijar una fecha para elecciones libres. Sin embargo, el 4 de abril las tropas del gobierno del este de Libia, en cabeza de Haftar, tomaron el pueblo de Garian, 100 kilómetros al sur de Trípoli (González, 2019), por lo que el propio comandante Haftar ordenó avanzar hacia la capital. En un vídeo titulado “Operación para Liberar Trípoli” difundido por redes sociales dijo: “para nuestro ejército que está estacionado en las afueras de Trípoli, hoy es la hora de completar nuestra marcha, vamos a empezar pronto”.

Luego de este anuncio, mientras que las escaramuzas comenzaban a las afueras de la ciudad, el Secretario Guterres volaba de urgencia a Bengasi, en el este de Libia, para reunirse personalmente con el general Jalifa Haftar e implorarle una solución negociada y evitar un enfrentamiento militar en la ciudad más importante del país y sede del Gobierno reconocido por la ONU (ABC, 2019). A pesar de esto, más tarde señalaba:

"Dejo Libia con un corazón profundamente preocupado. Todavía espero que sea posible evitar una confrontación sangrienta en Trípoli y sus alrededores. La ONU se compromete a facilitar una solución política y, pase lo que pase, la ONU se compromete a apoyar al pueblo libio".

El viernes 5 de abril las milicias leales al Gobierno de Acuerdo Nacional en Trípoli habían logrado frenar el avance del Ejército Nacional Libio comandado por Haftar. No obstante, la tensión está al máximo nivel y el combate se mantiene (France 24, 2019); en últimas, “no se puede controlar Libia hasta que no se controle Trípoli, porque todo el dinero, misiones diplomáticas y la gran mayoría de la población están allí… todo está concentrado ahí” dice Jalel Harchaoui para Al-Jazeera.

Muchos analistas consideran que, contrario a las milicias de Fezán que le cedieron el paso a Haftar, las milicias de Trípoli y otras ciudades de la Tripolitania como Misrata resistirán. Algunas para defender al Gobierno de Unidad Nacional, otras para evitar caer en manos del autoritario modelo que se avecinaría bajo el control de Haftar, y otras para mantener los beneficios económicos que la guerra produce (Rasheed, 2019). Para el domingo 7 en la tarde, las tropas del Gobierno de Acuerdo Nacional habían confirmado la contraofensiva para defender Trípoli y se había reportado la muerte de 35 personas en ambos bandos, incluyendo civiles, desde que Haftar comenzó su ofensiva cuatro días antes (AlJazeera, 2019).

Está por verse qué sucederá en Trípoli en los próximos días, pero luego de ocho años sin un gobierno efectivo y de cinco años de guerra civil, el futuro de Libia sigue siendo incierto. El país tiene unas inmensas reservas de petróleo, una posición estratégica en el norte de África y una importancia regional considerable, pero hoy carga con ser uno de los principales emisores de migrantes hacia Europa (manteniendo a Italia en vilo) y con el aparente destino de que la violencia no termine en el futuro cercano, máxime cuando las rentas de la guerra son tan valiosas para los muchos grupos involucrados y la comunidad internacional no encuentra en Libia y el pueblo libio una prioridad.

 

Referencias

ABC. (5 de abril de 2019). El secretario general de la ONU viaja de urgencia al este de Libia para contener la tensión militar. Obtenido de ABC Internacional: https://www.abc.es/internacional/abci-secretario-general-viaja-urgencia-este-libia-para-contener-tension-militar-201904051217_noticia.html

AlJazeera. (7 de abril de 2019). Libya's GNA forces announce 'counteroffensive' to defend Tripoli. Obtenido de Al Jazeera: https://www.aljazeera.com/news/2019/04/libya-gna-forces-announce-counteroffensive-defend-tripoli-190407121535177.html

Cartes, J. B. (8 de julio de 2018). Libia: tres Gobiernos en desgobierno. Obtenido de El Orden Mundial: https://elordenmundial.com/libia-conflicto-gobierno/

France 24. (6 de abril de 2019). Libia: se recrudecen los combates a las puertas de Trípoli. Obtenido de France 24: https://www.france24.com/es/20190406-libia-recrudecen-combates-tripoli

González, D. (5 de abril de 2019). El comandante Haftar, apoyado por Rusia, ordena marchar sobre Trípoli en Libia. Obtenido de France 24: https://www.france24.com/es/20190404-libia-comandante-haftar-tripoli-fuerza?ref=tw

Kalyvas, S. (2010). La lógica de la violencia en la Guerra Civil. Madrid: Akal.

Mezran, K., & Miller, E. (julio de 2017). Libya: from intervention to proxy war. Obtenido de Atlantic Council: https://www.atlanticcouncil.org/images/publications/Libya_From_Intervention_to_Proxy_War_web_712.pdf

Perejil, F. (7 de febrero de 2016). Las dos caras irreconciliables de Libia. Obtenido de El País: https://elpais.com/internacional/2016/02/04/actualidad/1454607870_943028.html?rel=mas

Rasheed, Z. (5 de abril de 2019). Libya: Haftar's 'ultimate goal' and the fear of a full-blown war. Obtenido de AlJazeera: https://www.aljazeera.com/news/2019/04/libya-haftar-ultimate-goal-fear-full-blown-war-190405214022194.html

 

[1] Estudiante de quinto semestre de Ciencias Políticas de la Universidad Pontificia Bolivariana. Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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