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Jueves, 23 Agosto 2012 18:34

Cauca: Una guerra a la que el Estado no puede renunciar

 

Ángela María Arbeláez Herrera*
30/07/2012
Independiente del hecho de que las FARC estén o no detrás de las movilizaciones indígenas en el Cauca, dichas movilizaciones si sirven a sus propósitos políticos; como por ejemplo, plantear, en el debate nacional, la idea del fracaso de la estrategia militar en la solución del “conflicto armado”, reivindicar en sectores de la sociedad la idea de la desmilitarización o justificar los lazos que campesinos e indígenas hayan establecido las guerrillas con el argumento del abandono histórico del Estado.

Sin duda ha habido abandono histórico del Estado en aquel departamento, pero el abandono histórico no es solo en materia económica y social. El Estado colombiano ha pecado por su falta de eficacia en el control del territorio nacional, lo que ha favorecido la aparición de organizaciones armadas con poder para controlar regiones enteras del país, como las del Cauca, controladas por las FARC y que desde hace cuatro años Ejército Nacional pretende recuperar.

El asunto es que el control del Cauca por parte de la guerrilla en este momento es vital. Y es vital porque debido a la acción del Plan Patriotra, en la retaguardia profunda de las FARC, la guerrilla se ha visto en la necesidad de situar la producción de cocaína cerca a los lugares de embarque hacia el exterior, como Cauca y también Nariño.

Cauca y Nariño no son lugares de embarque de droga como cualquier otro. Desde el 2009 se convirtieron en los mejores. En aquel año, el ejército norteamericano tuvo que abandonar la base militar de Manta, en Ecuador, tras la decisión del presidente Rafael Correa de no renovar el convenio de uso de la base, que permitía a los Estados Unidos vigilar las aguas internacionales del Pacífico y trabajar con las armadas de la región en la interdicción marítima. El tráfico de cocaína sale en lanchas, sumergibles y semisumergibles por los esteros en la costa pacífica del Cauca y por los deltas de los río Mira, San Juan y Patía, en Nariño. Bajan a Islas Galápagos y de allí, lejos de los controles de la Armada Nacional, emprenden el recorrido hasta Centroamérica.

Los esteros del Cauca son canales de agua que conectan ríos, que se inundan con aguas fluviales y que están cubiertas de una espesa vegetación. Son perfectos para sacar cargamentos de droga en embarcaciones camufladas entre la floresta hasta alcanzar el mar. Lo mismo sucede con los deltas, donde los bosques de manglares construyen laberintos naturales imposibles de controlar.

No es casual que desde hace cuatro años la mayoría de los sumergibles y semisumergibles incautados por la Armada Nacional hayan sido en la costa pacífica y casi todos ellos en el Parque Natural Sanquianga, ubicado en Nariño, en límites con el Cauca. En febrero de 2011, la Armada incautó, en los esteros de Timbiquí, un sumergible con capacidad para navegar a 10 metros de profundidad, con un periscopio que solo requería de cinco centímetros emergidos para activar dos cámaras de video. Este sumergible estaba cargado con cinco toneladas de cocaína que tendrían con destino México.

Ahora bien, además de ser un lugar de embarque de droga excepcional, una simple mirada a los límites del Cauca nos da una idea muy clara de que también comprende un territorio excepcional. El pacífico y Nariño son los límites occidental y sur que ya hemos mencionado. La bota caucana limita nada menos que con Putumayo y Caquetá y hace parte ya de la hoya amazónica. En el Cauca se encuentra el Macizo Colombiano que se extiende hacia Huila en el nororiente y hacia Nariño en el sur. En el Macizo Colombiano nacen los ríos Magdalena, Cauca, Patía, Caquetá y Putumayo y las cordilleras central y occidental. La centralidad geográfica del departamento lo hace valioso para las guerrillas que ahora, utilizan a los indígenas (o los indígenas se prestan a sus propósitos) para tratar de presionar la salida del Ejército o la reducción de su presencia, o para intentar desmoralizar los esfuerzos de la tropa.

La guerra en el departamento del Cauca es una guerra difícil pero es una guerra a la que el Estado no puede renunciar. La inversión social allí es importante pero el control de territorio es fundamental. Y el control del territorio es una tarea propia de la Fuerza Pública. La Fuerza Pública es la institución del Estado que más presencia debe hacer hoy en el Cauca.

*Ángela María Arbeláez Herrera es Magíster en Estudios Políticos de la UPB, candidata a Doctor en Ciencias Políticas de la Pontificia Universidad Católica Argentina y profesora de la Facultad de Ciencias Políticas de la UPB.

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