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Martes, 05 Noviembre 2013 18:14

Cohesión social renovada para la paz

Carlos Alberto Patiño Villa*

04/10/2013

Un proceso de paz en el mundo contemporáneo exigen que se construya un modelo de cohesión social que permita generar un nuevo relacionamiento de ciudadanos basado en la confianza, la  transparencia y la prelación de la justicia y la inclusión social.

Una afirmación conservadora, tradicionalista, antigua y de raigambre puramente belicista es la que dice que las sociedades poco cuentan a la hora de pactar un proceso de paz entre grupos armados enfrentados, entre Estados en guerra o entre Estados y grupos insurgentes. Sin embargo en el contexto más amplio y moderno del siglo XXI esta afirmación carece de sentido político, de seriedad institucional y e incluso de una necesaria dosis de pragmatismo. ¿Por qué? Básicamente por tres razones de fondo: Primero, la mayoría de las sociedades en el siglo XXI tienden a componerse de una población mayoritariamente urbana, interconectada con amplias tecnologías de comunicación e infraestructuras de integración, y se comparan permanentemente unas con otras. Segundo, hoy prácticamente nadie discute que las sociedades deben gobernarse con base en instituciones sólidas y estables, y eso solo lo otorga el reconocimiento que de las mismas hacen los ciudadanos todos los días. Y tercero, las revueltas contemporáneas que han permitido la caída de gobiernos, conservadores o revolucionarios, y que han puesto contra la pared decisiones de Estado, son casi exclusivamente urbanas, mayoritarias, de difícil manipulación por elites, ya sean insurgentes, de establecimientos definidos o de grupos de poder conservadores.

Esta es una discusión se debe traer a colación a Colombia toda vez que según el presidente Juan Manuel Santos el país ya se encuentra en un proceso de posconflicto, incluso antes de que se firme una acuerdo de paz con las comandancias de los grupos guerrilleros de las FARC y el ELN. Sin embargo, y mirando más allá de las implicaciones que tiene tal afirmación, como que entonces no es necesario continuar negociando sin la presencia de la sociedad, es importante anotar que conseguir una paz estable y duradera es algo que va anclado a reconocer la existencia de una institucionalidad que debe mantenerse estable, de que el Estado debe continuar hasta completar un proceso de control territorial creíble que permita extender las garantías constitucionales a todo la geografía de la nación, y  de que el monopolio de las armas solo puede residir en el Estado.

Lo anterior se puede afirmar porque de lo que se trata es de crear un modelo de cohesión social directo, que permita cambiar los hábitos de los colombianos, que todos los ciudadanos, incluidos los que se reintegrarán, deben observar las mismas reglas, y que éstas no pueden ser saltadas ni por aquellos que creen estar incluso por encima o por fuera de los marcos legales. Esto implica cosas sencillas: aprender a hacer la fila correctamente sin trampas, saltos o amenazas, o sin sobornos o pagos indebidos. Que los ciudadanos, comportándose como tales pagarán debidamente los impuestos y se sancionará socialmente a aquellos que se ufanan de evadir su pago, o que incluso se convierten expertos en contrataciones fraudulentas para obtener beneficios de todo tipo. De esta forma un modelo de cohesión social nuevo es lo único que garantizará que todos los ciudadanos partirán de nuevo casi de cero a reconocerse como miembros de una misma sociedad, sin temor unos de otros, y sin creer que algún grupo asaltará el poder para beneficiarse ciegamente de su uso o para vengarse de los demás. Dicho en otras palabras, un proceso de paz en el mundo contemporáneo exigen que se construya un modelo de cohesión social que permita generar un nuevo relacionamiento de ciudadanos basado en la confianza, la  transparencia y la prelación de la justicia y la inclusión social. De lo contrario los pactos firmados sin tener en cuenta la cohesión social ni las acciones específicas que permitan transformar la sociedad, solo llevarán a diferentes rupturas de lo pactado y la tergiversación de los mismos. Para ampliar este debate es conveniente, aunque solo sea terapéuticamente porque las negociaciones son secretas y con reglas y acuerdos que no necesariamente la sociedad aprobaría, retomar al filósofo que es la piedra angular del pensamiento político contemporáneo: John Rawls. Este presentó el núcleo de sus ideas sobre el ordenamiento político de las sociedades modernas, en un su famoso libro Teoría de la Justicia, y allí se centró en el hecho de que ante la necesidad de definir las condiciones básicas para el ordenamiento de una sociedad era necesario ubicarse en una posición metodológica, abstracta obviamente, que el definió como la "posición original", y que una vez puestos allí había que hacer uso de la razón con abstracción de la posición que cada individuo tiene en la sociedad. Rawls afirma que una vez nos encontramos en tal posición llegaremos a dos conclusiones principales: uno, que todos los individuos tienen derecho al más extenso esquema de libertades básicas que dicha sociedad reconoce; y dos, que los bienes y el acceso a los mismos deben disponerse de tal forma que los menos aventajados puedan beneficiarse de forma amplia, sin que ello lleve ni a una administración estatal directa de los bienes ni al constreñimiento de grupos sociales específicos. Este debate de Rawls ha sido el centro dinámico del debate más serio de la filosofía política contemporánea, y contra este planteamiento han reaccionado los filósofos más importantes de los últimos cuarenta años. Y si bien no es un debate concluido ni cerrado, si es imaginativo y necesario para nuestra actual situación nacional, y la urgencia de crear un nuevo modelo de cohesión social que sea incluyente y que parta de la sociedad, de lo contrario el posconflicto del que habla el presidente puede ser otro fracaso colectivo.

Tomado de: http://www.elespectador.com/noticias/paz/cohesion-social-renovada-paz-articulo-450314

*Profesor titular, director Instituto de Estudios Urbanos de la Universidad Nacional de Colombia

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