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Jueves, 07 Septiembre 2017 00:00

¿Está en crisis la democracia en Colombia?

LUIS CARLOS ARBELÁEZ VILLEGAS*

Una de las ideas más difundidas en diversos círculos académicos y políticos de nuestro país es que Colombia es la democracia más sólida y antigua de América Latina. Sin embargo, es necesario considerar hasta dónde este tipo de ideas son válidas o ciertas. Como punto de inicio es preciso anotar que la democracia ha sido el régimen político por excelencia. Luego de las revoluciones liberales, la forma de gobierno que le confía el poder al pueblo tomó fuerza, hasta el punto de considerarse como el régimen ideal de gobierno. Durante el siglo XIX se empezaron a configurar modelos democráticos en todo el mundo que, con el pasar de tiempo, fueron ampliando garantías y facultades a los ciudadanos.

Las nacientes repúblicas de América Latina fueron adoptando de forma paulatina la democracia como forma de gobierno, siendo el marco del siglo XX donde se dan las principales disputas por la consolidación del poder y la configuración de los diferentes sistemas políticos. En este contexto, Colombia se ha caracterizado por ser un país donde no se han presentado mayores sobresaltos en la implementación formal de los principios de la democracia como régimen.

Una de las razones –de peso- en las que se basa la idea de la fortaleza de la democracia colombiana es que, en comparación con los otros países de América Latina, las elecciones en Colombia para la presidencia y otros cargos de elección popular han sido periódicas y regulares; lo que contrasta con las dictaduras sufridas por muchos países de la región, especialmente durante la segunda mitad del siglo XX. Sin embargo, ¿es posible sostener este tipo de afirmaciones hoy? ¿Es válido defender una idea que se sustenta en un solo argumento? El panorama político colombiano en la actualidad deja mal sentada a la democracia, ante una opinión pública que se rehúsa a creer que de algo sirve elegir a sus propios gobernantes si estos no administran de una mejor forma el poder que se les concede por medio del voto.

El caso concreto que me lleva a plantear la crisis de la democracia en Colombia tiene que ver con la disposición de algunos de los futuros candidatos a las elecciones presidenciales de avalar sus candidaturas por medio de firmas. Lo que esto indica es que los partidos políticos han venido perdiendo valor para quienes van a optar a algún cargo público. Ante la crisis política y la falta de confianza de la ciudadanía es cada vez más atractivo para los políticos desligarse de cualquier atadura partidista y aparecer ante la opinión pública como “independientes”. Si bien es cierto que las candidaturas avaladas por firmas ciudadanas también hacen parte del juego democrático, este es un mecanismo ideado para quienes difícilmente encuentran un lugar en los partidos; es decir, que candidatos de tradición como Germán Vargas Lleras -por citar un ejemplo- opten por avalar una candidatura por firmas desgasta y desnaturaliza el mecanismo.

Lo que revela esta situación es que los partidos políticos colombianos se encuentran en crisis y, ligada a esta situación, la democracia también se puede considerar en estado de convalecencia. Según Maurice Duverger (1957), los partidos políticos constituyen un pilar fundamental sobre el cual se desarrolla todo régimen democrático. Son los partidos políticos los encargados de tramitar las demandas que realiza la sociedad civil ante el Estado; esta es una de las tareas más importantes dentro de cualquier sistema político y sobre la cual se cimienta la estabilidad del régimen democrático liberal.

Que futuros candidatos presidenciales como Sergio Fajardo, Clara López, Germán Vargas, Alejandro Ordoñez, Juan Carlos Pinzón y Piedad Córdoba quieran participar en la contienda electoral avalados por firmas ciudadanas revela la pérdida de valor que tienen los partidos políticos en Colombia. Pero ¿qué está detrás de esta crisis de los partidos políticos y de la democracia? Son varias razones y asuntos los que permiten explicar el por qué estos futuros candidatos parecen querer mantenerse al margen del apoyo de los partidos políticos. Una de las razones con más peso es la falta de legitimidad y de reconocimiento que tienen ante la opinión pública los partidos; este es un síntoma que revela la falta de confianza de una sociedad civil que considera que sus demandas no han sido tramitadas de la forma indicada ante el Estado. El Observatorio de la Democracia de la Universidad de los Andes reveló que el nivel de confianza de los colombianos en los partidos políticos es muy bajo y, además, “la relación entre los ciudadanos y la institucionalidad política se ha debilitado en los últimos 4 años, ya que los colombianos que tuvieron un alto apoyo al sistema en 2016 ya no son mayoría [45,1%]” (Observatorio de la Democracia, 2016). Los hechos de corrupción, la falta de actores políticos nuevos con ideas renovadas y la manipulación de los medios y de la opinión pública son factores que han ido contribuyendo a la falta de confianza de los ciudadanos en las instituciones democráticas. Como lo sostiene Chevalier (2011) “el desafecto de los partidos políticos se traduce en la disminución del número de miembros, el bajo nivel de compromiso y la ausencia de una verdadera vida en la base” (p. 291).

En este sentido, el mecanismo que avala candidaturas por medio de firmas está siendo manipulado y utilizado como una estrategia política para ocultar lo evidente. La ambición de los políticos de tradición que pretenden pasar como “independientes” mientras siguen respondiendo a intereses diferentes de los demandados por la sociedad civil. La candidatura de Germán Vargas que pretende avalarse por firmas demuestra que, en este momento, es poco rentable presentarse con el eslogan de un partido que tiene tantos problemas como Cambio Radical. Los políticos en cuestión pretenden evitar que los escándalos que rodean a los partidos políticos con los cuales guardan relaciones y comparten intereses afecten su participación en las elecciones presidenciales del año próximo.

Sin lugar a dudas nos encontramos ante una forma algo novedosa de hacer política; pero el hecho de que sea novedosa no quiere decir que sea mejor. El mecanismo de las firmas se construyó para permitir que nuevas fuerzas políticas -que no encontraran asiento en los partidos políticos- tuvieran la posibilidad de participar y ser elegidos para los principales cargos públicos. No es sano que los políticos utilicen el mecanismo fuera de contexto y que este fenómeno solo responda a una estrategia política que busca privilegiar intereses particulares.

En conclusión, podemos afirmar que la difícil situación de los partidos políticos demuestra que la democracia colombiana se encuentra en crisis. Es imposible sostener la buena salud de un régimen democrático con unos partidos débiles y deslegitimados ante la ciudadanía. A Colombia si debe reconocérsele su tradición democrática, pero esto no indica que la democracia deba ser rotulada como la más sólida o la más antigua de la región. Este tipo de ideas son irrelevantes. Lo que verdaderamente importa es el fortalecimiento de las instituciones que hacen posible la democracia.

Referencias

Chevalier, J. (2011). El Estado posmoderno. Bogotá: Editorial Universidad Externado de Colombia

Duverger, M. (1957). Los partidos políticos. México: Fondo de Cultura Económica

Observatorio de la Democracia de la Universidad de los Andes. (2016). Barómetro de las Américas Colombia: Democracia e instituciones. Recuperado de https://obsdemocracia.org/temas-de-estudio/democracia-e-instituciones/?question_id=10125


*Politólogo de la Universidad de Antioquia. Pasante de Investigación de la Maestría en Estudios Políticos de la Universidad Pontificia Bolivariana.

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