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Lunes, 07 Septiembre 2015 14:41

Lo que está en juego en las próximas elecciones para Medellín y Antioquia

DANIEL PALACIOS MEJÍA* | 7 SEP 2015 

El próximo 25 de octubre los ciudadanos estamos llamados una vez más a las urnas para elegir los que serán nuestros gobernantes, diputados, concejales y ediles por los próximos cuatro años. Pero más allá de ejercer un derecho, los colombianos y concretamente, los antioqueños, el día de las elecciones tendremos el deber de refrendar  con nuestro voto el compromiso con la democracia y progreso de nuestra región. Con juicio y a conciencia debemos votar por aquellos candidatos que nos  garanticen que los avances logrados en los últimos 12 años sigan su curso, porque para Antioquia retroceder no puede ser una opción.

Con la reciente aprobación del polémico acuerdo 300 por parte del Concejo Municipal, Medellín como figura administrativa y las 41 entidades que la integran pasaron a ser un gran conglomerado económico. El nuevo esquema tendrá a la cabeza a EPM, una de las tres empresas más grandes del país cuyos activos llegan a los 58 billones de pesos y son solo comparables con los de compañías como Ecopetrol, Bancolombia y el Banco de Bogotá. Es por esa razón por la  que en octubre mucho más que un alcalde, los habitantes de Medellín debemos elegir un gerente con una hoja de vida intachable, con altas capacidades técnicas, pero al tiempo y he aquí lo más importante,  una persona sobre la cual no recaiga el menor asomo de duda en lo que tiene que ver con su integridad ética y transparencia en el manejo de los recursos públicos.

En esta ocasión además de gobernar y administrar lo local, el alcalde que elijamos será el primer responsable de lo que ocurra con el naciente conglomerado, que controla a 20 entidades, tiene intereses de manera indirecta en otras 18 y en 2013 facturó casi 15 billones de pesos, cifra que supera con creces los ingresos obtenidos por empresas como Terpel, Éxito y Claro. Así pues cada voto contará y será determinante en el rumbo que tome la ciudad.

Aunque en proporciones distintas, lo mismo ocurre con la Gobernación de Antioquia. El presupuesto de este ente territorial es superior a 14 billones de pesos mientras que el de las empresas del orden departamental que estarán bajo la tutela de quien resulte electo gobernador tienen asignados recursos por $1,3 billones. Mientras tanto, en el desarrollo de sus diversas actividades productivas y de servicios, las empresas que dependen de la Gobernación obtuvieron ingresos  cercanos al billón y medio de pesos.

Pero como si las anteriores no fueran razones suficientes para entender lo que está en juego, hay otro ingrediente adicional que hace aún más interesante la contienda electoral. Como no ocurría hace mucho tiempo el resultado de las elecciones en Antioquia tendrá grandes repercusiones en la composición del ajedrez político nacional de cara a la carrera presidencial de 2018. Tres pesos pesados, el santismo, el fajardismo y el uribismo, se medirán en las urnas por lo que la competencia por el poder está como para alquilar balcón.

Hoy en día muchos analistas y conocedores de las dinámicas de la políticas dan por descontado que Sergio Fajardo aspirará a la presidencia, pero buena parte del éxito de ese proyecto político depende en buena medida de lo que suceda con los candidatos de sus entrañas que pretenden llegar al poder para continuar su legado y consolidar así su poder en la región para empezar a estructurar la que sería su plataforma electoral a futuro.

Por otro lado el urubismo y el santismo están enfrascados en una batalla electoral a parte. Mientras que el uribismo busca asumir el poder en uno de sus bastiones electorales para fortalecer al naciente partido Centro Democrático, el santismo está concentrado en evitar que el segundo departamento y la segunda ciudad más importante del país caiga en manos de la oposición. Además entre Santos y Uribe más que el poder, también está en juego el hecho de derrotar al expresidente en su propia tierra, lo que  significaría un punto de honor para el actual presidente.

En ese orden de ideas estamos a poco más de un mes de que los ciudadanos asumamos la responsabilidad con nuestro futuro a través del  ejercicio del derecho al voto o por el contrario legitimemos las prácticas y procederes de quienes han hecho de la política uno de los oficios más desprestigiados del país. Entonces, no queda más que confiar en que los antioqueños seamos más éticos, inteligentes, responsables y consecuentes que nuestra clase política con el porvenir de nuestra región.

* Politólogo y abogado de la Universidad Pontificia Bolivariana. Periodista de Política de El Colombiano.

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