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Jueves, 31 Enero 2013 18:12

La tregua unilateral de las FARC y las contingencias de la paz

Luis Guillermo Patiño Aristizábal, Miguel Andrés Silva Moyano *

31 de enero de 2013

El anuncio de la tregua por parte de los voceros de las FARC hizo parte de una estrategia para aumentar su capital político y su legitimidad internacional. El objetivo fundamental era el de mejorar su posición en la mesa de negociación intentando demostrar a la comunidad internacional y a la opinión pública local una renovada voluntad de paz. Sin embargo, en esta estrategia el factor de riesgo era muy alto, sobre todo porque el éxito dependía de que, en los diferentes teatros de la guerra, todas las estructuras armadas acataran la orden, ya que de no hacerlo, la posición política de los negociadores se vería debilitada por la incapacidad de demostrar mando y control sobre sus subordinados. Y así sucedió.

El llamado en Cuba del cese unilateral de acciones ofensivas por parte de las FARC el 20 de noviembre pasado fue recibido por la sociedad colombiana como un gesto positivo que contribuía a generar confianza en el proceso de paz que adelanta este grupo insurgente actualmente con el Estado colombiano, pero también sirvió para medir la capacidad de mando unificado en la organización, el compromiso con el proceso y el reconocimiento de los diferentes frentes y cuadrillas a los negociadores que los representan en la Habana.

Después de terminado el plazo -20 de enero de 2013- de la tregua fijada por las FARC, se pueden analizar algunos acontecimientos durante este periodo de cara a los compromisos adquiridos por la organización y los obstáculos que tendrá que sortear el proceso de paz en Colombia pero especialmente en territorio antioqueño:

· Los datos suministrados por fuentes oficiales y algunas organizaciones no gubernamentales que realizaron un seguimiento minucioso a la tregua, indican que en promedio durante este periodo los ataques de la guerrilla de las FARC disminuyeron un 80 % con respecto a la tendencia que se evidenciaba en los meses anteriores. Esto sin duda es positivo pues indica no solo menos accionar insurgente y daños a la población sino además un compromiso de un número significativo de combatientes con las directrices del Secretariado. Sin embargo, la tregua no fue total y en algunas regiones del país las FARC violaron su compromiso y realizaron ataques indiscriminados con explosivos y poder de fuego contra la fuerza pública que afectaron directamente a la población civil.

· De acuerdo con El Centro de Recursos para Análisis de Conflictos (Cerac) se presentaron durante la tregua 18 acciones ofensivas de las FARC, 7 de ellas atentados con explosivos y 21 combates, que dejaron 31 muertos, entre ellos un civil, 4 integrantes del Ejército y 25 guerrilleros. De otra parte, la Corporación Nuevo Arco Iris, registró 41 combates en medio de la tregua, 9 de ellos por acciones ofensivas de las FARC. Lo anterior, ha generado en un sector de la sociedad más incertidumbre y desconfianza hacia las FARC y su real compromiso por alcanzar la paz mediante el diálogo y el cese permanente de sus hostilidades.

· Las FARC habría violado  hasta hoy por lo menos en 12 ocasiones la tregua. Los hechos más graves según la fuerza pública se presentaron en Guapi, Jambaló y Caloto, en el departamento del Cauca, donde atacaron la estación de policía con explosivos. Estos hechos son muy graves por tratarse de un departamento donde se ha vivido el conflicto con gran intensidad, además ruta estratégica desde la cordillera para sacar drogas ilícitas hacia el pacífico y sitio donde opera la columna móvil Jacobo Arenas y un integrante del Secretariado, Pablo Catatumbo.

· Otros de departamentos donde las FARC violaron la tregua fue en  Antioquia, donde el grupo subversivo voló dos torres de energía en el área rural de Campamento solo dos días después del pronunciamiento del cese de los ataques. El 15 de diciembre atacó la estación de policía de Murindó y el 8 de enero en Yarumal, corregimiento El Llano, se presentó la muerte de un contratista en un campo minado sembrado por la organización, ese mismo día en el sitio, se registró un enfrentamiento entre el Frente 36 de las FARC y el Ejército Nacional donde murió un obrero que realizaba mantenimiento al cable de energía, en hechos todavía por esclarecer.

PERSPECTIVAS DESPUÉS DE LA TREGUA

Las anteriores acciones de las FARC en diversas regiones del país en el periodo de la tregua evidencian -a pesar de la disminución de los ataques- que existen todavía importantes sectores de esta organización que no están insertas en el proceso de paz, y lo más delicado, no aceptan las líneas del Secretariado sobre la negociación con el Estado, lo que demuestra que no existe un mando unificado en el grupo subversivo. Esto es muy grave porque al final claramente no se sabe con quién se está negociando ni con qué porcentaje de las FARC. Se está negociando: ¿con el Secretariado? ¿Con cuántos frentes? ¿Cuáles? ¿Quién los dirige militarmente? ¿Quién los representa política e ideológicamente?

Así mismo, la tregua ha permitido esclarecer que en muchas regiones del país no existe por parte de algunos frentes y cuadrillas  de las FARC, voluntad para acoger las directrices del Secretariado por cuanto están insertos en actividades criminales que les permite acceder a negocios ilícitos muy lucrativos que superan y desdibujan cualquier concepción ideológica. Esto se puede evidenciar en los corredores estratégicos del Cauca para el tráfico de armas y drogas, y en diversas regiones de Antioquia donde los grupos guerrilleros actúan asociados a las denominadas Bacrim para dominar con fines criminales el negocio de los narcóticos, la minería ilegal y el tráfico de armas.

También ha quedado en evidencia la dificultad para cualquier negociación con segmentos de grupos subversivos que operan en zonas de infraestructura estratégica para el país: puertos, hidroeléctricas y proyectos como el de Pescadero Ituango en Antioquia, refinerías, oleoductos, grandes autopistas y en general lugares con inversiones enormes en obras de infraestructura, que representan para organizaciones al margen de la ley, la posibilidad de lucro económico a través de las extorsiones y la oportunidad para ejercer un control político y social en estas zonas, por medio de la intimidación y presión a sus pobladores.

¿Qué puede seguir?

Es muy posible después del 20 de enero la intensificación por parte de la FARC de los ataques a fuerza pública, sociedad civil  y a la infraestructura estatal y privada para demostrar poder en la negociación, evidenciar que su estructura militar está intacta y  que la tregua no era muestra de debilidad. Igualmente, como lo han demostrado en los últimos días de enero, utilizarán el secuestro de militares y civiles como arma de guerra para obtener réditos políticos e intimidar a la sociedad colombiana.

En este escenario, el ELN muy seguramente acrecentará sus ataques a unidades militares pero sobre todo a la infraestructura energética y petrolera buscando tener alguna relevancia en los medios de comunicación e impacto en el gobierno para que sea incluido en las siguientes etapas del proceso de negociación adelantado en Cuba. El ELN solo puede conseguir  este propósito si se muestra como una guerrilla fuerte que no ha sufrido todavía una derrota militar definitiva.

Luego de la tregua, los voceros de las FARC se enfrentan ante el cuestionamiento sobre su verdadero poder sobre el resto de la organización. Esta pregunta es vital porque asociada a ella se encuentra su poder de negociación y sobre todo su credibilidad la cual constituye una de los principales pilares de cualquier proceso de negociación. El reto estratégico de este proceso de negociación no está tanto en llevar la negociación a buen puerto llegando a acuerdos para poner fin a la guerra, sino que está determinado por la etapa más difícil que es la de la implementación de los mismos.

En este contexto queda una inquietud: ¿Cuál será la capacidad de la comandancia de las FARC para hacer cumplir un acuerdo de desmovilización en las estructuras más pequeñas? La debilidad en el mando de las FARC ha traído también, un fortalecimiento de la autonomía de sus estructuras menores, tanto en lo operativo como en lo económico, y derivado de ello una diversificación de los perfiles de dichas estructuras. Las FARC de hoy son una organización heterogénea cuyo poder se puede evidenciar más a nivel local que en el ámbito de lo nacional.

Las acciones armadas de las FARC durante la tregua también pueden ser vistas como un mensaje de estructuras menores dirigido a la comandancia de la organización. Algunas estructuras ideológicamente ortodoxas y sobre todo otras estrechamente ligadas a economías ilícitas estarían interesadas en que el proceso de negociación fracase para de esta manera continuar con sus acciones bajo el amparo de una organización armada más grande. Una desmovilización exitosa de una cantidad considerable de miembros de las FARC significaría un desequilibrio estratégico para estos actores menores, por lo que intentarán sabotear la negociación, bien sea desacatando abiertamente las decisiones tomadas por el mando o emprendiendo acciones por su propia cuenta aprovechando la autonomía operacional que han construido durante los últimos años.

Teniendo en cuenta lo anterior se pueden señalar algunos elementos importantes para la etapa de implementación de los acuerdos. Aunque el punto de partida, básico en cualquier acuerdo de este tipo, es la verificación internacional del cumplimiento de los acuerdos, para el caso colombiano hará falta más que eso. Se requiere de un mecanismo que permita vincular de manera activa a los mandos medios de las FARC inclusive desde la fase temprana de negociación. En las FARC de hoy el poder está atomizado y es probable que los negociadores sean solo una parte de esta realidad, ya que paradójicamente es esta debilidad en el control y en el mando la principal amenaza al proceso de paz, o por lo menos para el modelo de negociación actual, en el que las conversaciones se dan a puerta cerrada y se ha n elegido como interlocutores a los miembros de las estructuras más altas en la jerarquía de la organización pero que no necesariamente son los que tienen más poder en las FARC de hoy.

Donald Kagan, un importante historiador militar, señala que uno de los principales requisitos para la preservación de la paz es que los acuerdos sean reflejo de la correlación de poder entre las partes y sobre todo que sean elaborados teniendo en cuenta los cálculos sobre la distribución del poder en los mismos. Es fundamental que el Departamento de Antioquia en cabeza de su Gobernador Sergio Fajardo: lidere y exija al gobierno Nacional diálogos regionales que sirvan para garantizar la interlocución con los mandos medios y por supuesto facilitar el cálculo de poder al interior de las FARC. Sin comprometer a quienes ejercen el poder en los teatros de la guerra será difícil que la implementación de los acuerdos logre avances en materia de la paz.


* Las personas señaladas, hacen parte del grupo de investigadores y profesores de la Facultad de Ciencias Políticas de la UPB

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