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Domingo, 10 Junio 2012 17:55

Ojo con los planes que dejó Cano

Eduardo Mackenzie

7/11/2011

El enorme triunfo político-militar que significa para el Estado y para la sociedad colombiana la muerte de Alfonso Cano no debe hacernos olvidar en qué contexto se dio la compleja operación Odiseo. Ésta ocurrió en medio de un impresionante repunte de las acciones guerrilleras de las Farc. Esa ofensiva particular logró propinarle a las fuerzas del orden duros golpes puntuales, sin que la inteligencia militar y las fuerzas armadas retrocedieran o cambiaran sus planes un solo momento. El éxito de la operación Odiseo se debe a esa firmeza aún en un periodo difícil.

El repunte de la acción de las Farc tenía (y sigue teniendo) tres características principales:

1. No es de alcance nacional. Se concentra sobre todo en unas zonas geográficas específicas del país (en tres departamentos con fronteras extranjeras -Nariño, Arauca y Norte de Santander--, y en departamentos de la vertiente sur-pacífico: Nariño y Cauca (sobre todo en las localidades de Corinto, Toribio, Caloto, Silvia, Cajibio, Jambaló y Suarez) y Putumayo (ataques al oleoducto Transandino y muerte de tres soldados cerca de Puerto Asís). Sólo en la última semana de octubre, emboscadas guerrilleras en varios lugares del país dejaron 23 militares muertos. En el primer semestre de 2011, las Farc llevaron a cabo 1.115 acciones armadas, lo que significa un aumento del 10% frente al mismo periodo en 2010. En ese año hubo 1.947 acciones armadas, una cifra levemente inferior a los 2.063 enfrentamientos registrados en 2002, cuando comenzó el primer gobierno de Álvaro Uribe y las Farc estaban en plena expansión. Dato colateral pero que no sobra: Marta Sáenz, gobernadora de Córdoba denunció, a finales de septiembre pasado, que en su departamento 409 personas habían sido asesinadas en sólo nueve meses, sobre todo por las Bacrim.

2. El repunte de la acción guerrillera-terrorista va acompañado de una serie de disturbios aparentemente civiles y "sociales" que el universo fariano llama "acciones de masas". Esa combinación efectiva de "formas de lucha" no es nueva pero había perdido impulso durante los dos gobiernos del presidente Álvaro Uribe. Las "acciones de masas" son movimientos generalmente violentos y muy estructurados donde un sector social es utilizado simplemente como masa de maniobra y de choque. Los movimientos actuales obedecen más a un plan estricto desestabilizador impulsado por las Farc y otros grupos armados, que a la espontaneidad y volatilidad de ciertas reivindicaciones sociales. Las Farc tratan por ese medio, que ellos abordan bajo la denominación de "trabajo de masas de las Farc", de reimplantar formas de "presencia" y de control violento en zonas perdidas por ellos en los últimos ocho años.

3. La intensificación de la guerra jurídica-judicial está destinada a minar la moral de combate de las Fuerzas Armadas, creando la sensación difusa de que cada acto de guerra contra las Farc, y de protección de la población, por más justificado que sea, puede convertirse, meses o años después, para militares y policías, en motivo de acusación por "homicidio en persona protegida", de destitución y cárcel. También está destinada a destruir la popularidad del ex presidente Álvaro Uribe (y de sus ex ministros y consejeros). Esa guerra es un componente primordial de la ofensiva de las Farc. Ese "trabajo" específico, confiado a equipos y oficinas especializadas, hace parte central de los planes que había trazado Alfonso Cano para sacar a las Farc de la fase de postración y repliegue en que la dejó la política de Seguridad Democrática.

¿La muerte de Alfonso Cano deja automáticamente sin vigencia esa configuración? Probablemente, no. Esa muerte tendrá, desde luego, un impacto negativo fuerte, a corto y mediano plazo, sobre el repunte de las emboscadas. De hecho tras la muerte de Cano, las fuerzas armadas propinaron duros golpes a las Farc en otros departamentos, sobre todo en Vichada y Meta.

La muerte de Cano frenará la ofensiva de las Farc pero no necesariamente afectará el frente de las "acciones de masas", ni los dispositivos de guerra jurídica. "Hay una política trazada y esa es la que se continuará", dijo con no poca claridad el más reciente mensaje firmado por el "secretariado del Estado Mayor Central de las FARC". (El Tiempo, 5 de noviembre de 2011). Esa frase es la más importante de ese comunicado.

Las peculiares aristas de la estrategia de Alfonso Cano podrían incluso ganar extensión y radicalidad si el Gobierno sigue con su línea de ignorar o subvalorar esos fenómenos y de tratarlos como algo residual y folclórico. El Estado debe reconocer que la guerra jurídica existe y debe tomar medidas concretas y crear dispositivos para desenmascarar a los actores y ponerlos en manos de la justicia. Pues esa guerra es tan ilegal y criminal como la que se hace con emboscadas y minas antipersonas.
La artificialidad de ciertas luchas "sociales", como las "protestas de campesinos" y de "indígenas" en Caloto, donde bloquearon las vías que comunican el Valle con el Cauca en los días anteriores al desenlace de la operación Odiseo, es muy evidente. Sin embargo, el gobierno parece ser miope ante lo que está sucediendo en ese sector. El "trabajo de masas" de las Farc está, sin embargo, en auge. Está detrás de fenómenos como los "paros armados" que buscan intimidar a la población en Arauca, en los disturbios en algunas minas de Nariño (Mazamorras), en los incendios y amenazas de grupos de agitadores armados; en los atentados a bala contra carrotanques que transportan crudo en Caquetá, en los disturbios en la Pacific Rubiales de Puerto Gaitán, Meta, es decir en una región petrolera clave del país, donde está el 47% de la producción petrolera nacional. Allí se ha visto la irrupción de provocadores y encapuchados violentos, sobre todo en los campos de Rubiales y Quifa (donde se extraen 225 000 barriles diarios). Iguales métodos están siendo utilizados para llevar el paro a fincas productores de palma, en el Magdalena Medio.

A todo eso se suma la reaparición de milicianos vestidos de civil en numerosas localidades, sobre todo en Caquetá y Guaviare, donde la población vuelve a sentirse desamparada. La huelga que paraliza universidades públicas y privadas, con estudiantes de secundaria y hasta del Sena, con encapuchados, explosivos, destrozos, heridos y hasta con un muerto, hace parte de la misma ola subversiva, aunque no todos los jóvenes que salen a la calle sean agitadores ni subversivos. Sin embargo, ellos están siendo utilizados. Las Farc pretenden forjar en sectores juveniles una "vanguardia" incontrolable y mejorar su sistema de reclutamiento en las ciudades.
Todo ello pone al desnudo la orientación compleja que Alfonso Cano había puesto en marcha. Esa fue su última interpretación, bastante hábil por cierto, del viejo instrumento fariano de la "combinación de todas las formas de lucha".

El Gobierno debería ofrecer una respuesta concertada y simultánea a esos tres desafíos, y no sólo a uno. El restablecimiento pleno y total del fuero militar debería ser la justa respuesta inmediata y práctica ante el acto heroico culminado en el Cauca por la brillante operación Odiseo, en la que numerosos combatientes de la fuerza pública perdieron la vida.

El restablecimiento del fuero militar y el estímulo a organismos encargados de la defensa jurídica de los militares, podría ser un primer paso, de fuerte connotación simbólica, hacia un esfuerzo serio de contención de la campaña psicológica contra los mandos y las bases militares por la vía de las falsas acusaciones, de los procesos trucados con testigos y pruebas hechizas, con agitación internacional y con sentencias humillantes proferidas por cortes internacionales politizadas.

La confrontación podría agravarse si no se ataca a fondo la estrategia combinada de las Farc. La vía es, también, impedirle a las Farc inmiscuirse en la lucha social, la cual es, en sí, legítima. Las Farc y sus aparatos no tienen nada que hacer en ese terreno. Se debe avanzar hacia el desmantelamiento definitivo de las estructuras terroristas que ensangrientan el país, sean las que sean, Farc, Eln, Bacrim, etc. Lo urgente es impedir la reorganización de la dirección central de las Farc. ¿Qué relevancia puede tener en ese contexto saber quien reemplazará a Cano en la jefatura de las Farc? ¿Qué diferencia hay entre un Iván Márquez y un Timochenko? Lo importante está en otra parte. En saber cómo quebrar los planes dejados por Cano, en incrementar la deserción y ampliar el desorden entre cada componente de las Farc, en cortar el flujo de narco dólares, armas y explosivos dentro de esas estructuras, en frustrar los golpes vengativos que algunas comisiones y frentes están preparando contra las fuerzas armadas, contra la clase política y contra la sociedad civil y en relanzar la cooperación entre la ciudadanía y las fuerzas del orden.

Eduardo Mackenzie

Periodista colombiano radicado en París. Autor de "Las FARC, fracaso de un terrorismo" (Debate)

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