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Viernes, 02 Marzo 2018 13:51

¿Qué pasa con los partidos políticos en Colombia?

¿Qué pasa con los partidos políticos en Colombia? Tomado de: La FM, La Gran Encuesta

LUIS CARLOS ARBELÁEZ VILLEGAS*

Uno de los pilares fundamentales para la democracia son los partidos políticos. Es inevitable afirmar que la salud de cualquier régimen democrático se puede medir por la calidad y fortaleza de su sistema de partidos. Lo anterior se debe a la importante función que cumplen los partidos políticos como canales de transmisión de demandas entre la sociedad civil y el Estado. Precisamente esta es –según Duverger- la tarea principal de estas colectividades políticas dentro del sistema: el trámite de demandas. En este sentido, el papel mediador que cumplen los partidos políticos es vital para que el régimen democrático funcione y la relación entre Estado y sociedad civil sea adecuada.

La historia de los partidos políticos colombianos ha estado marcada por diversas dinámicas. En sus inicios los partidos tradicionales –Liberal y Conservador- se enfrascaron en una lucha por el poder que no se limitó a la participación en los procesos políticos de elección, sino que también contempló métodos violentos para definir quien administraba el poder del Estado. Esta lucha que comenzó a mediados del siglo XIX, y que se perpetuó por más de un siglo, concentró la atención de los partidos tradicionales en la contención de su oponente respectivo y de esta forma ignoró las demandas de la sociedad civil de un país en pleno proceso de desarrollo. En este sentido, podemos afirmar que la posible crisis de los partidos políticos en Colombia hace referencia a unas fallas estructurales de un sistema de partidos que no ha concentrado su atención en la mediación política.

La Constitución de 1991 pretendió abrir el sistema de partidos permitiendo la conformación de colectividades y movimientos políticos diferentes al binomio tradicional de liberales y conservadores. Esta decisión de los constituyentes de 1991 planteó diversas discusiones sobre si lo necesario era abrir el sistema de partidos por encima de emprender acciones sistemáticas para el fortalecimiento del sistema bipartidista anterior (todavía persisten las tensiones entre las posturas que apoyan la flexibilización del sistema y quienes demandan dicha acción como irresponsable). Además, la realidad política y social de Colombia ha estado atravesada por un ciclo continuado de violencia que involucró desde un principio a los partidos políticos tradicionales, haciendo que la apertura del sistema a nuevos actores e ideas políticas fuera necesaria. Pero ¿qué pasa con los partidos políticos en Colombia en la actualidad?

Estamos ante un escenario político lleno de incertidumbres. Por un lado se encuentran los partidos tradicionales que ya no son ni la sombra de lo que llegaron a ser hace un siglo. La consulta del partido Liberal llevada a cabo el 19 de noviembre de 2017 es un ejemplo de la pérdida del estrecho vínculo que la sociedad civil llegó a tener con los partidos de tradición. Hace más de cincuenta años -como lo expresó Hartlyn en su libro La política del régimen de coalición- las personas eran liberales o conservadores como eran católicas o colombianas: por nacimiento. Es decir, lo normal era tomar partido desde una edad temprana por una de las dos colectividades. En la actualidad el escenario es totalmente distinto. La consulta para elegir el candidato liberal para las elecciones presidenciales del año próximo demostró de forma contundente que la ciudadanía le cree cada vez menos a los partidos y que la legitimidad de estos decrece de forma alarmante. La falta de atención a las necesidades y demandas de la sociedad ha pasado factura a los partidos y la democracia colombiana corre el riesgo de profundizar aún más su crisis.

En este sentido es importante anotar como los problemas relacionados con los partidos políticos afectan directamente el régimen democrático. No es descabellada la afirmación sobre el riesgo que corre Colombia de sufrir la misma suerte de Venezuela, no por las razones apasionadas y poco fundamentadas del uribismo y otros sectores afines, sino por la posible despartidización del sistema político. Los dos partidos históricos del vecino país -Acción Democrática y COPEI- fueron perdiendo de forma progresiva el apoyo de la ciudadanía en los años noventa. La elección de Rafael Caldera sentó uno de los primeros precedentes sobre el debilitamiento del vínculo civil hacia los partidos políticos tradicionales. El movimiento Convergencia agrupó disidencias de los partidos tradicionales y otros actores políticos independientes; con este apoyo fue que Caldera logró ser presidente. Sin embargo, la principal muestra de la crisis partidista en Venezuela fue la elección de Chávez. Con el trascurso de los años el papel de los partidos políticos fue disminuyendo y el poder del máximo líder se fue exacerbando. Este es el riesgo que corre una democracia tras la despartidización de su sistema político. Colombia ha empezado a dar muestras de un fenómeno similar al venezolano. Como se resaltó los partidos tradicionales ya no cuentan con el apoyo de hace unos años, los partidos políticos nuevos desaparecen con facilidad y otros solo responden a los intereses de sus líderes y dirigentes. La pregunta sigue siendo la misma ¿en manos de quién está la mediación de las demandas de la ciudadanía?

Lo que ocurrió en la consulta liberal en 2017 fue un suceso interesante. Por un lado, es una muestra de la falta de apoyo y la pérdida de poder de este partido; por otro, es una explicación de por qué la mayoría de los aspirantes a la presidencia en el año 2018 querían hacerlo por firmas. Ante una ciudadanía que no aprueba la gestión de sus partidos la elección más inteligente -para los políticos- ha sido el discurso “independiente y renovado” de una política por fuera de los partidos. Esto es peligroso; la gestión de los partidos es algo vital para la democracia, en el sentido en que estos son la forma institucionalizada de hacer política.

Así, es muy importante prestar atención al fenómeno de la despartidización del sistema político colombiano. Se hace necesario el fortalecimiento de los partidos políticos desde su base ideológica para institucionalizar la política y evitar que las tareas de mediación entre las demandas sociales y el Estado pasen por manos de particulares. Aunque el momento es crítico, aún hay tiempo; Colombia no es Venezuela, pero ante el debilitamiento progresivo de sus partidos no resulta absurdo afirmar que algún día pueda padecer los mismos problemas.


* Politólogo de la Universidad de Antioquia y estudiante de la Maestría en Estudios Políticos de la Universidad Pontificia Bolivariana

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