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Domingo, 20 Julio 2014 18:39

Reflexiones sobre el proceso electoral colombiano: presidenciales 2014

Luis Guillermo Patiño Aristizábal *

30/07/2014

Las elecciones presidenciales en Colombia han arrojado resultados que motivan una serie de reflexiones alrededor de temas como la abstención, la legitimidad, las campañas políticas, la ética, las agendas públicas y la paz entre otros.

El siguiente análisis recoge tres reflexiones básicas sobre el proceso electoral colombiano.

• Abstención y legitimidad

En la primera vuelta de la elección presidencial, el pasado 25 de mayo, un 60% de las personas habilitadas para votar decidieron no hacerlo, y el 15 de junio de 2014 un 54% en segunda vuelta, lo cual constituyó un hecho político contundente que nos convoca alrededor de una serie de reflexiones sobre la democracia y el sistema político colombiano en general. Una cifra tan alta de abstención debe ser motivo de reflexión, sobre todo porque significa que la mayoría de los ciudadanos no encuentra valor en la política y aunque quiéranlo o no se verán afectados por las decisiones que tomen los gobernantes, y permiten que las decisiones las tomen otros por ellos.

Desde una perspectiva de virtud cívica, votar no solo es un derecho, es un deber. Como ciudadanos, miembros y partícipes de una misma sociedad, la participación política se constituye en una herramienta imprescindible para la solución de los problemas públicos más apremiantes. Unos niveles de abstención tan altos generan una distorsión en el sistema político: las decisiones que se toman a nivel gubernamental y que afectan, positiva y negativamente, a todos los ciudadanos, no necesariamente coinciden con lo que la sociedad quiere o espera, lo cual constituye en punto de partida de un círculo vicioso, dado que como los gobernantes no reflejan los intereses y valores de las mayorías (que no votan), los abstencionistas ven reforzada su idea negativa de la política, lo cual les lleva a reafirmar su convicción de cara al siguiente evento electoral.

En términos de la ciencia política esto se traduce en un déficit de legitimidad. Los ciudadanos, entre los cuales sobre salen el 60% de abstencionistas, tienden en general a no reconocer y no aceptar las decisiones políticas lo cual dificulta la acción pública en la medida en que la solución a los problemas públicos no solo depende de las decisiones de los gobernantes sino del papel activo de la ciudadanía. Una sociedad que desconoce el valor intrínseco de su participación en lo político tiende a tener una capacidad limitada para dar respuesta a sus problemas más apremiantes.

Este contexto de apatía y abstención constituye el marco en el que se tomarán las decisiones alrededor de la discusión sobre el conflicto en Colombia y la posibilidad en curso de poner fin a una parte de ella por la vía de la negociación. Un asunto tan importante como el de la paz y las vías para alcanzarla, requiere el concurso de la ciudadanía en general ya que ésta no aparece como un acto espontáneo que se materialice con la firma de un documento sino que requerirá de una serie de condiciones propicias en el seno de la sociedad entre las cuales vale la pena destacar el umbral de aceptación que tengan los ciudadanos de los acuerdos a los que lleguen los negociadores.

• 'Guerra sucia'

Estas elecciones presidenciales se caracterizaron por lo que la prensa denominó la 'guerra sucia', un fenómeno que se produjo como consecuencia del enfrentamiento directo entre dos campañas, recurriendo a recursos como el rumor, la información filtrada a medios de comunicación, las falsas denuncias y en algunos casos los ataques personales con calificativos inapropiados. Un debate electoral de estas características motiva una serie de reflexiones que tienen que ver con el comportamiento ético de los candidatos, máxime si se trata de aspirantes a la presidencia de la república de quienes se espera no solo constituyan ejemplos claros de virtud sino que asuman una posición responsable frente al debate de lo público. Aunque los candidatos formularon propuestas de gobierno, el debate electoral se centró más en la llamada guerra sucia lo cual empobreció la discusión sobre los problemas públicos, cosa que además incide de manera negativa en la intención de voto y solo permite que se amplíe el porcentaje de abstención y de voto en blanco.

Motivar espacios de debate y reflexión alrededor de los problemas públicos podría permitir avanzar en la superación de la trampa de la abstención. Como sociedad es necesario exigir a los candidatos que mantengan la discusión en el plano de los problemas públicos sin recurrir a los ataques personales de tal manera que logren convocar sectores más amplios de la sociedad. Los asesores de campaña parecieron más preocupados por confundir a los electores que por convencerlos, persuadirlos y motivarlos; sin duda este tipo de estrategia contribuyó a que el desencanto y la apatía fueran aún mayores.

Por otra parte, el episodio de la 'guerra sucia' dejó abierto un interrogante adicional sobre las cualidades éticas que se deben observar en candidatos que aspiran a gobernar una sociedad. Se debe exigir a los candidatos un comportamiento virtuoso, en el que no baste tan solo el cumplimiento de la ley sino que se observe en ellos un comportamiento ético, en el que pongan la discusión de lo público por encima de sus ambiciones personales y se guíen por valores como el respeto y la tolerancia. La sociedad debe exigir de sus gobernantes un comportamiento ajustado a la ética tanto por lo que implica para la resolución de problemas públicos como por el papel que cumplen como modelos a seguir en una sociedad. El ejemplo es un mecanismo eficaz para replicar comportamientos en la sociedad, por lo tanto se debe exigir de los candidatos un comportamiento ejemplar.

La ética es un asunto de vital importancia, porque sin ella la política es un simple juego de poder e intereses parecido al mercado. El valor y la importancia de la política es que nos permite superar problemas de nuestras sociedades a partir de la noción de lo público. Lo público es el espacio en el que nos reconocemos como ciudadanos y miembros de una misma sociedad. La política sin la ética se convierte en un burdo vehículo de intereses personales y vanidades, en el que el poder se establece como un fin en sí mismo y pierde su capacidad de regular y transformar las condiciones de los ciudadanos en el espacio de lo público.

Quien pretenda gobernar una sociedad debe mostrar un comportamiento ético desde el momento mismo de su candidatura. En este sentido, el componente ético debe ser uno de los elementos de juicio de los ciudadanos al momento de tomar la decisión del voto. Es decir, tanto la virtud del candidato como las propuestas concretas que presenta a la sociedad son los dos elementos clave que deben guiar al ciudadano en la toma de decisión alrededor de su voto en la segunda vuelta.

• La falsa trampa de la paz

De manera lamentable el asunto de la paz en Colombia terminó metido en el fuego cruzado de la campaña electoral. De manera equivoca se ha planteado un escenario en el que la paz depende de quién gane la presidencia, lo cual es un argumento engañoso. Primero porque la negociación no depende exclusivamente del presidente de turno sino de condiciones mucho más estables y estructurales tales como el contexto internacional y la legitimidad en el seno de la sociedad.

Segundo,porque en caso de firmarse un acuerdo requerirá del concurso de amplios sectores políticos y de poder del país, más allá de si ganan o no una elección. La construcción de la paz no depende una sola fuerza política o de la exclusión de otra, sino del acuerdo, entre amplios sectores de la sociedad y las fuerzas políticas, que le brinde mayor legitimidad. De nada servirá una paz negociada a nombre de una facción que desconozca la pluralidad de enfoques políticos en el país actual. La paz requiere el concurso de toda la sociedad, para que salga de la mejor manera y para evitar que simplemente se convierta en un botín político.

Después de un proceso electoral tan complejo como el colombiano y con la Reelección del presidente Santos, la sociedad colombiana deberá hacer un esfuerzo por sacar la negociación del plano ideológico y particular y debatir de manera abierta e incluyente las condiciones sobre las cuales se ordenará la sociedad en los próximos cuatro años. En todo caso un escenario que parte de la exclusión de cualquiera de las alternativas políticas significaría una debilidad. Los procesos de paz exitosos han sentado sus bases en la apropiación que hace la sociedad de ellos y esta se deriva de la participación.

En este sentido, siguiendo a Hannah Arendt, deberíamos apropiarnos de la política como la acción más noble de la sociedad. Necesitamos rescatarla como ese pilar de la cultura, que posibilita construir consensos, resolver querellas, edificar un orden social razonable y buscar el bien común en la polis. Es nuestra tarea impostergable edificar sociedades más justas y equitativas, no perfectas ni infalibles, simplemente más humanas donde se brinden oportunidades para todos, se respete la diferencia y podamos vivir mejor. La paz se construye desde la política, es un asunto de Estado, involucra a todos los sectores sociales y se consolida desde una perspectiva ética más allá de la vanidad electoral.

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* Director de la Facultad de Ciencias Políticas de la UPB,  parte integrante del grupo de investigación en Estudios Políticos.

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