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Jueves, 14 Abril 2016 16:06

Nueva alianza entre Turquía y Arabia Saudí: un cambio diplomático con riesgos para Erdogan

MOHAMED BADINE EL YATTIOUI* | 14 ABRIL 2016

Ankara y Riad tomaron la decisión conjunta, en estos últimos días, de realizar una intervención en Siria contra Daesh ("Estado Islamico").

A corto plazo esto evita que las potencias occidentales adelanten intervenciones terrestres, bien sea por razones militares o simbólicas, en respuesta a los desastres en los que han incurrido en Iraq y en Libia. Permite también que estas dos potencias regionales (Turquía y Arabia Saudí) adelanten sus peones en el terreno de juego. Además, frente a la retirada de Washington en la región, Turquía y Arabia Saudí  tienen la oportunidad de jugar sus propias cartas.

 

Y a pesar de que en los últimos años sus intereses han divergido muchísimo (entre ellos la caída de Bachar El Assad), sus visiones se acercan poco a poco. Asistimos pues a un reconfiguración de las alianzas regionales en Oriente Medio, con Turquía y Arabia Saudí en el centro de los debates.

En primer lugar, las relaciones entre Ankara y Teherán claramente se enfriaron en estos últimos meses. El presidente Erdogan da claramente la impresión de apoyarse en Riad ante su desavenencia diplomática con Teherán. Todo esto es un ejemplo del fin de la doctrina Davutoglu, destinada a no tener "ninguno problema con los vecinos".

Luego, las relaciones con el régimen del presidente egipcio Sissi parecen reavivarse tímidamente, lo que deja pensar que Arabia Saudí pudo servir de mediador. Una normalización sería excepcional, luego de la escalada verbal entre ambos países tras el golpe de Estado del mariscal Sissi y el encarcelamiento de Mohamed Morsi.

Para Turquía las dificultades son grandes y las problemáticas son tres en total: la caída del régimen dirigido por Assad, el aplastamiento de la coalición kurda PKK / PYD y la lucha contra Daesh. En cada una de ellas el presidente Erdogan no puede actuar solo, pues necesita apoyos diplomáticos regionales. Erdogan está enemistado con Egipto e Irán, como ya lo vimos, y quiere inexorablemente la caída de Bachar El Assad. A esto se añade su apoyo al rey Salmane en la reciente y total oposición del gobierno saudí al Estado libanés. Este último hecho es objeto de reproche en Beirut, dado que la decisión saudí de suspender la ayuda de 4 mil millones de euros para la financiación del ejército y de la policía libanesa, es percibida como una falta de solidaridad con EL Estado libanés frente a Irán.

Anotemos que Turquía, nuevamente, ha padecido un atentado: un hecho que tendrá consecuencias sobre las decisiones del presidente Erdogan en materia de política exterior. Pero en realidad toda la doctrina diplomática del AKP parece resquebrajarse. La voluntad de hace diez años de convertirse en la potencia regional estabilizadora, se sustituyó por otro imaginario que la ha llevado a ser llamada como  “el gran aislado". Los partidarios de Erdogan dirán que el contexto regional cambió totalmente desde el 2011. Sus detractores acusarán a su personalidad. Pero el principal señalamiento es que parece haber dejado de lado lo que constituía su principal fuerza ante las opiniones públicas árabes, aquel estatuto de unificador más allá de los cruceros étnicos o religiosos. La aproximación con Riad, combinado a la reactivación de los bombardeos intensivos con respecto al PKK (y al PYD sirio), hizo volar en pedazos esta imagen. El presidente Erdogan aparece hoy en la región como un nacionalista y miembro del bloque sunita, cuando antes simbolizaba el panislamismo y una voluntad de concordia con los chiitas (iraquís e iraníes sobre todo).

Finalmente, otros dos elementos muestran su cambio de estrategia diplomática: la ruptura de las relaciones entre Turquía y Rusia sólo podían regocijar a Riad y acercar A ambas potencias sunitas; luego la voluntad de allanar las relaciones turco - israelíes, que puede ser vista por otra parte como una consecuencia de la ruptura entre Moscú y Ankara. En efecto, Rusia proveía de gas a Turquía, por lo que ahora Ankara necesitará un nuevo proveedor. El descubrimiento de un yacimiento en el Mediterráneo oriental, y el acuerdo entre Israel, Egipto y Chipre para su extracción, puede explicar en gran parte la voluntad de allanar las tensiones entre Ankara y Tel Aviv, y, a mediano plazo, podría reavivar las relaciones con EL Cairo.

 

El conjunto de los elementos evocados aquí demuestran que la diplomacia turca está en plena evolución y hace frente a numerosos sucesos coyunturales. El fortalecimiento de su alianza estratégica con Arabia saudí es predominante en esta redefinición. 

*Profesor Universidad Lyon III. Profesor visitante UPB

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