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Domingo, 22 Noviembre 2015 20:41

Erradicar todas las causas del terrorismo: La lucha en el escenario internacional

RAFAEL GRASA* | 23 NOV 2015 

En  un primer artículo sobre sobre las respuestas a los atentados de París, Beirut y contra el avión ruso sostuve que hay que combatir de forma coherente y coordinada todas las causas eficientes y las permisivas, las visibles (conductas terroristas) y las subyacentes.

 

Por tanto, las  actuaciones deben atacar las diferentes raíces y hacerlo con legitimidad, máxima legalidad posible, y con una narrativa que evite el efecto boomerang (“ellos contra nosotros”), puesto que necesitamos la complicidad de las sociedades y actores políticos de la región. Sostuve,en suma que hay que evitar hacerle el juego a Estado Islámico (EI), que busca atacar la convivencia interétnica y la cohesión de los países europeos y lograr respuestas que legitimen a posteriori sus actos. Si se quiere atajar un fuego hay que evitar avivarlo, por un lado, y por otro, eliminar el oxígeno que alimenta su combustión, en nuestro caso, 14 años de narrativa y políticas de lucha contra el terror que han agravado la situación. Aplicaremos el enfoque de lucha contra todas las causas del terrorismo de EI y grupos afines a la escena internacional.

Las causas a atajar

Se ha señalado que EI presenta rasgos novedosos en su organización y quehacer: gran capacidad de autofinanciamiento; costo comparativamente bajo de la radicalización de agentes en Europa y de cada atentado; la horizontalidad de los agentes que operan fuera de la región, con gran libertad para elegir métodos de financiación, tipo de atentados y la forma y el momento de ejecutarlos. Adicionalmente, EI ha primado la actuación en su territorio regional frente a la internacional, algo que ya parece no ser así. Quizás porque su expansión territorial,  basada en la afirmación de defender poblaciones sunís y el verdadero Islam, se ha visto mermada en los últimos meses por significativas pérdidas territoriales, difíciles de compensar en virtud de sus fronteras: al norte, los kurdos; al este, chiitas iraquís; al occidente, alauitas, protegidos ahora por Rusia; al sur, libaneses, jordanos y palestinos, que mayoritariamente parecen no escuchar a EI. De ahí la deriva hacia los atentados en Occidente, que tensiona táctica, estrategia y narrativa: discurso legitimador diferente para las poblaciones de la región y para las comunidades musulmanes occidentales dónde se fomenta la radicalización

En mi opinión, las causas subyacentes, permisivas, son sobre todo la complejidad del juego geopolítico regional, el impacto disruptor de conflictos antiguos abiertos y la incapacidad de lograr alianzas estables entre actores regionales y occidentales  para luchar contra  EI, sí como la perseverancia de políticas y discursos occidentales que multiplican dichas causas. Añadamos, como novedad, el uso eficaz de nuevas tecnologías, métodos organizativos muy horizontales,  facilidad de acceso a armas a muy bajo precio, la connivencia de múltiples actors en sus métodos de financiación y la facilidad del reclutamiento merced a debilidades de las sociedades occidentales y  el uso legitimador de algunas políticas occidentales. Eso es lo que se debe atajar.

Primero, evitando avivar el fuego: reacciones desmesuradas de tipo militar y no policial; medidas simbólicas y retóricas (apoyo de la UE a las medidas militares francesas) que facilitan el relato victimista de EI; bombardeos no selectivos.  Respecto del qué hacer, cortar oxígeno, asfixiar el fuego, en el terreno, económico, geopolítico y narrativo.

Asfixia económica y obstaculizar acceso fácil a  armas baratas

Las principales fuentes de financiación de EI derivan de la extracción de rentas: control de los t recursos e impuestos en su territorio; rescates de rehenes occidentales; pagos derivados del permiso para el flujo de mercancías, bienes y personas por las fronteras que controla, en particular entre Siria y Turquía; contrabando aprovechando camiones para tráfico de personas. 

Hay soluciones. El control estricto de las exportaciones de armas, o del suministro a grupos de oposición (Siria), en manos de los países árabes de la región y, antes, de países occidentales.  En segundo lugar, medidas firmes, sancionadas por el Consejo de Seguridad, para controlar el flujo del dinero, junto con políticas dirigidas a evitar que grupos y funcionarios de los países de la zona colaboren en el uso de las rentas extractivas, en particular mediante el  contrabando.  Además, las medidas mencionadas de control de cuentas bancarias y derivadas tendrían impacto también en las rentas extraídas de los miembros de EI en los países occidentales.

Asfixia territorial y geopolítica

Hay que buscar también la asfixia territorial y geopolítica. Primero, poner en la agenda urgente medidas para atajar el camino hacia la tercera Intifada y soluciones viables a medio plazo para el conflicto palestino-israelí. Segundo, afrontar de manera decidida soluciones urgentes para la guerra en Siria. Y ello supondrá elegir a quién apoya a medio plazo, de los cuatro ganadores posibles; Al Assad, Al Qaeda, EI y, en menor medida, una oposición dividida. A medio plazo, ya parece difícil evitar algún tipo de acuerdo entre régimen y oposición no terrorista. Bombardear sin saber a quién se quiere favorecer no parece racional. Sin olvidar otros puntos calientes, como Yemen, Egipto o Bahrein.

Más importante es aún el juego geopolítico y diplomático de largo alcance: buscar acuerdos ganar-ganar con países de la zona que no ven en EI un enemigo fundamental. Encaje de bolillos: los saudís prefieren sunitas radicales que mayor poder para Irán; Irán combate a EI, pero sólo para contenerlo, para evitar la hegemonía suní; los kurdos iraquís quieren evitar un estado fuerte en Bagdad, y EI coadyuva;  Turquía ha vuelto a focalizarse en la lucha contra el separatismo kurdo, por lo que no les entusiasma la victoria de los kurdos sirios sobre EI. Podríamos seguir (Israel, chiitas y sunitas iraquís…), pero la conclusión es clara: ningún actor regional, por razones diferentes, considera central luchar contra EI.

La solución es la gran política, el rediseño global de la región, más justa y realmente estable a medio y largo plazo, algo que Occidente debe consensuar esta vez con las sociedades y actores de la zona, combinando incentivos, juegos de suma positiva, y medidas más duras contra regímenes que venden una estabilidad y moderación que no ofrecen. Tomará tiempo, claro, pero al menos debe percibirse que hay un plan y que se está dispuesto a discutirlo y negociarlo con todos los actores de la zona.

Asfixiar las narrativas legitimadoras

Por último, hay que socavar las narrativas legitimadoras. Por un lado, con un uso racional y ponderado de la valoración de la amenaza, sin doble rasero: los atentados y víctimas occidentales de EI y organizaciones semejantes representan en los últimos 15 años poco más del 5% del total mundial. Hay pues que explicar que somos conscientes de que los principales blancos y víctimas del terrorismo son las poblaciones musulmanas, que nos duelen tanto unas muertes como otras y que queremos impedirlas todas, no sólo las nuestras. Segundo, evitar  el manejo confuso de conceptos, adjetivos y valoraciones, la creación artificial de enemigos y las visiones monolíticas: ni Occidente ni el Islam son realidades homogéneas ni hablan con voces únicas; ni siquiera el Islam político radical es monolítico, ni todo él está dispuesto a cometer, pese a tener bases ideológicas fundamentalistas, conductas terroristas. Tercero, mostrar la máxima coherencia entre los valores y principios que decimos defender y las necesidades e intereses que parecemos perseguir: nada peor que defender supuestos valores universalizantes y mostrar incoherencias a favor nuestro. Por ejemplo, tendría un gran impacto positivo tratar solidariamente y de acuerdo al derecho y a los valores morales, la crisis de refugiados, habida cuenta que más de la mitad de ellos huyen del mismo horror de los que intentamos combatir.

Ciertamente, el futuro es incierto y no todo es posible. Seguro que a algunos les parecerá utópico, pero no mucho más que hacer lo mismo y quejarse luego de que las cosas empeoran. Propongo el pragmatismo de Isaiah Berlín: no podemos hacer más que lo que está en nuestras manos hacer, pero eso debemos hacerlo repetida e incansablemente. Tenemos mucho por hacer en nuestras mentes y nuestras manos.

* Profesor de Relaciones Internaciones de la Universidad Autónoma de Barcelona. Presidente del Instituto Catalán Internacional para la Paz. Profesor invitado por la Facultad de Ciencias Políticas de la UPB. 

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