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Martes, 23 Mayo 2017 19:51

¿Es suficiente el Acuerdo de París para hacer frente al cambio climático?

MARIA ISABEL OLANO GÓMEZ*

La Conferencia de París constituyó un hito en la historia de la diplomacia climática. Los objetivos, los INDCs, los mecanismos de control de los objetivos, la financiación, y la vinculación, representan un avance en la lucha contra el cambio climático. Pese que para muchos analistas y climatólogos el Acuerdo no constituye un mecanismo efectivo para hacer frente al cambio climatico, dado que las medidas estipuladas no aseguran mantener el límite de los 2°C, ni tampoco contiene un programa de sanciones para aquellos países que incumplan lo pactado, lo sucedido en la Conferencia de París puede ser asumido como el inicio de un camino de cooperación entre los estados y las organizaciones internacionales, y las soluciones globales para atacar al fenómeno.

El cambio climático es ahora un hecho. Si antes se podía discutir sobre su existencia o no, ahora se puede demostrar la existencia real del fenómeno, pues según McGrath (2015), la temperatura ha incrementado 1ºC desde 1850, los niveles de CO2 desde la Revolución Industrial han aumentado 30%, el hielo en el Ártico  ha retrocedido 4%, y 9 de 10 de los años más cálidos registrados han ocurrido desde el año 2000. Los hechos hablan.

En este marco, la Conferencia de París, también conocida como Conferencia de las Partes o COP21, fue el 21° periodo de sesiones de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC)  de 1992 y la 11° de la reunión de las Partes en el Protocolo de Kioto (CP/RP 11). Se realizó en París del 30 de noviembre al 12 de diciembre de 2015 (Consejo Europeo, 2015). Como resultado se estableció el Acuerdo de París descrito por varias fuentes como histórico, en la medida en que es el primer acuerdo en el que los 195 Estados desarrollados y en desarrollo que participaron, y que antes se concebían como diferentes, se comprometieron a reducir las emisiones de carbón o gases de efecto invernadero para atajar el calentamiento desencadenado por el hombre, gestionando la transición hacia una economía sustentable y sostenible, además de que contempla las acciones a emprender en todas las naciones que participaron (Piquero, 2016 & Planelles, 2016). La cumbre contó con la participación de negociadores, representantes de la sociedad civil y jefes de Estado, empresas e inversores que están interesados en el acuerdo y aportaron a la constitución del mismo (Solana, 2015).

El objetivo principal del acuerdo es lo que llaman “el objetivo a largo plazo”, que pretende “mantener el incremento de la temperatura media mundial muy por debajo de 2ºC con respecto a los niveles preindustriales y redoblar los esfuerzos para limitarlo a 1,5ºC”. O sea que se busca que la temperatura media mundial no sobrepase los 2°C con respecto a los niveles que van entre 1850 y 1899, pues, de acuerdo con McGrath(2015), 2ºC se considera el límite de un calentamiento global muy peligroso pues no es seguro para el desarrollo de la vida en la Tierra y representa severos daños, de los que estamos ya a medio camino y porque es la temperatura estipulada como una línea de defensa más segura frente a los peores impactos del cambio climático (ONU Cambio Climático, 2015).

El objetivo se pretende alcanzar logrando el pico de emisiones de Gases Efecto Invernadero (GEI) tan pronto como sea posible en primera instancia y, en segundo lugar, manteniendo un equilibrio entre las emisiones antropogénicas y la absorción en sumideros para la segunda mitad del siglo XXI (Piquero, 2016); o en otras palabras, todos los países deberán alcanzar un techo en sus emisiones de gases de efecto invernadero "lo antes posible", y que se efectúen reducciones rápidas a partir de ese momento, y ya durante la segunda mitad de este siglo se alcance un equilibrio entre las emisiones y la capacidad de absorber esos gases, lo que viene a suponer cero emisiones netas. Esto significa que se deben emitir la cantidad de gases que el planeta puede absorber, ya sea por mecanismos naturales o por técnicas geológicas (AFP, 2015). En síntesis, se espera que en la mitad del siglo se alcancen el pico máximo de emisiones, y posteriormente se apliquen medidas que lleven a la descarbonización para finales del siglo (Lago & Santiago, 2016). En el periodo anterior al 2020 la acción climática será impulsada en la medida en que los países se seguirán sumando a las dinámicas de oportunidad para la mitigación y para la adaptación (ONU Cambio Climático, 2015).

Además, 187 de los 195 países que participaron de la cumbre, quienes representan el 96% de las emisiones (De Ambrosio, 2015), contribuyeron con la “presentación de planes generales nacionales de acción contra el cambio climático para reducir sus emisiones” o Intended Nationally Determined Contributions (INDCs). Aunque el acuerdo establece que todos los países deben hacer planes de control de las emisiones para hacer parte del acuerdo, a los desarrollados se les fijan mayores exigencias (Planelles, 2016). Por ejemplo, los mayores emisores se comprometieron a reducir la emisión de gases:

La UE reducirá sus emisiones en un 40%, en comparación con los niveles de 1990, para 2030. Estados Unidos reducirá sus emisiones en un 26% a 28% en comparación con los niveles de 2005 para 2025. China acordará que sus emisiones alcanzarán su nivel máximo en 2030 (The Guardian, 2015).

Pactaron también llevar a cabo un balance del progreso global de los objetivos del acuerdo y rendir cuentas sobre sus contribuciones y adaptación cada cinco años-con sus prioridades, necesidades y planes de apoyo en esa materia-para avanzar en la fijación de los objetivos posteriores, y sobre el grado de cumplimiento de sus objetivos en función a lo que sus capacidades nacionales le permitan. Estas deberán ser cada vez más ambiciosas respecto de la anterior para que se constituyan como bases y cimientos firmes para una ambición mayor,  o en otras palabras, sienten las bases “de un innovador sistema de contabilidad global para el fortalecimiento de los esfuerzos nacionales de mitigación” (Piquero, 2016). No obstante, no habrá sanciones por incumplimiento. Este control se llevará a cabo a través del llamado Marco de Transparencia y el Balance Mundial (Lago & Santiago, 2016). También, los países desarrollados seguirán financiando la lucha contra el cambio climático para ayudar a los países en vía de desarrollo a la consecución de sus objetivos, que van desde la reducción de las emisiones mientras crecen económicamente hasta superar los efectos del cambio climático (Consejo Europeo, 2015). El apoyo será prestado para las acciones de adaptación de los países en desarrollo y su idoneidad será evaluada. El control también permitirá tener claridad sobre las acciones de mitigación y adaptación de los países, así como del apoyo que se les brinde (ONU Cambio Climático, 2015).

La financiación consta de la adopción del compromiso de "movilizar" un fondo de 100.000 millones de dólares anuales destinado a los Estados con menos recursos para que puedan crecer económicamente, pero bajando las emisiones de dióxido de carbono a partir de 2020 (La Nación, 2016); lo cual demuestra que “los países en vía de desarrollo han aceptado que se trata de una tarea global común, aunque con responsabilidades comunes y diferenciadas” (Piquero, 2016). A partir de 2025 se revisará el alza de dicha base, y los países emergentes pueden hacer aportaciones voluntarias (Planelles, 2016). En suma, con el fin de que los países en desarrollo puedan hacerse una idea de con qué montos cuentan, la intención de financiar debe ser comunicada dos años antes de transferir los fondos (AFP, 2015).  En consecuencia, el acuerdo fija un objetivo global para fortalecer considerablemente la adaptación al cambio climático por medio del apoyo y la cooperación internacional (ONU Cambio climático, 2015).

El carácter vinculante del acuerdo, resaltado por Carole Dieschbourg[1], y que es el primero en la historia, es de crucial importancia para su cumplimiento (Consejo Europeo, 2015). Sobre esto es de anotar que el Acuerdo no sería vinculante hasta que fuera ratificado - después de haber sido depositado en las Naciones Unidas para ponerse a disposición con el fin de que fuera firmado durante un año desde el 22 de abril del 2016 (ONU Cambio Climático, 2015)- por al menos 55 países que representaran al menos 55% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Sin embargo a noviembre de 2016, fecha de su entrada en vigor, “casi un centenar de partes, incluyendo a la Unión Europea, aunque España todavía no lo haya hecho, han ratificado el acuerdo” (Lago & Santiago, 2016). La vinculación incluye al acuerdo y al mecanismo de revisión de los compromisos de cada país con el fin de garantizar su cumplimiento, “pero no la decisión que lo acompaña ni los objetivos nacionales de reducción de emisiones” (AFP, 2015). También cabe anotar que la acción comienza oficialmente en 2020, pero que se tomaran medidas preventivas. Según ONU Cambio Climático (2015) el Acuerdo de París y los resultados de la COP21 cubren la mitigación, la adaptación a los impactos del cambio climático y el fortalecimiento de las habilidades para lo ello, el apoyo financiero a las naciones en desarrollo, un sistema de transparencia y de balance global, y una contabilidad para la acción climática, como áreas cruciales para su conclusión.

La clave del acuerdo está, entonces, en la "estabilización de los gases de efecto invernadero en la atmósfera a un nivel que evite la interferencia humana dañina en el sistema climático" (McGrath, 2015). De esta manera, limitar las emisiones de gases de CO2 al tiempo que los países continúen creciendo, y se ayude a los que están en desarrollo y afectados por los efectos del cambio climático, es el propósito del Acuerdo de París (McGrath, 2015).

La cumbre marcó un hito en la lucha contra el cambio climático pues el fenómeno empezó a ser considerado como transversal, constituyendo así una narrativa distinta a la de las cumbres anteriores ya que se asume con más seriedad, así como lo considera Meyer[2]. El rumbo de la discusión se tornó diferente. Pasó a tratar la manera de resolver el cambio climático y dejó de girar en torno al debate sobre su existencia o no, y ya no solo se centra en los riesgos que tiene que ver con los efectos del fenómeno, sino en los beneficios económicos que puede traer la transición a una economía baja en emisiones de carbono (Hood, 2016 & Solana, 2015). En ese sentido el Acuerdo de París reconoce que el cambio climático existe y es responsabilidad del hombre (Planelles, 2016), y busca elevar los “flujos financieros” para avanzar hacia una economía baja en emisiones de gases de efecto invernadero. Dice sobre esto John Kerry[3] que “movilizar la inversión” es fundamental para lograr una “transición a una economía limpia”.

Las consideraciones sobre la materia han sido variadas. Por una parte, el lado optimista sobre el cambio climático dice que el fenómeno fue reconocido como una consecuencia de la actividad industrial humana, y que la transición de la economía a utilizar energías menos sucias ya da frutos, lo cual se evidencia en que las emisiones contaminantes bajaron 0,6% por primera vez al tiempo que la economía global creció alrededor de un 3% (De Ambrosio, 2015). Pero no todas las consideraciones son positivas.

Según De Ambrosio (2015), el lado pesimista sobre el cambio climático considera que de acuerdo con los análisis científicos la temperatura del planeta aumentaría 2,7°C sobre final del siglo incluso cumpliendo con las promesas unilaterales de cada país o INDC de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, siendo esto un riesgo potencial para la biodiversidad y las actividades humanas. También dicen que las discusiones sobre el fracking en la Cumbre no fueron concluyentes y que la COP21 lleva grandes violaciones a los Derechos Humanos debido a las estrategias de los Estados, que permiten que las petroleras contaminen y amenacen a las comunidades indígenas.

Así pues, se debe rescatar del acuerdo su carácter ambicioso y vinculante, el reconocimiento de la responsabilidad a nivel global de los Estados, tanto desarrollados como en vía de desarrollo, y de las comunidades políticas que ellos representan en el cambio climático y de tomar medidas frente a ello dentro de las posibilidades de cada Estado, además de la financiación concebida en la que los países desarrollados deben ayudar a los planes de mitigación y adaptación de los países en desarrollo. Las responsabilidades compartidas pero diferenciadas son, en mi opinión, su mayor bondad.

Sin embargo, las marcadas debilidades del acuerdo lo hacen exiguo para realizar acciones lo suficientemente efectivas para hacer frente al cambio climático. Las más destacadas debilidades son las siguientes. La más preocupante sería que, según análisis de los INDCs, las promesas realizadas en el Acuerdo de París mantendrían el calentamiento de la tierra entre 2,7°C a 3°C (The Guardian, 2016), lo que constituye un problema en la medida en que se desacatarían las advertencias hechas por los científicos de mantener el calentamiento a un máximo de 2°C, y los esfuerzos planteados hasta el momento resultarían insuficientes para lograr el objetivo del Acuerdo. Incluso, este hecho es reconocido en la “decisión”, la segunda parte del texto (Planelles, 2016), pero parece haber sido ignorado.

Sumado a esto,  a pesar de que el Acuerdo establezca un mecanismo transparente de seguimiento del cumplimiento de los INDCs, en el que los países se comprometen a informar sobre sus emisiones y sus esfuerzos para reducirlas a manera de incentivo para que cumplan, y que es vinculante, no habrá sanciones (AFP, 2016 & BBC, 2015), lo cual dificulta el cumplimiento del acuerdo. Tal y como establece La Nación (2016), “la realidad de la política y las negociaciones hace que probablemente se trate de un acuerdo de compromiso”, un compromiso algo desordenado y que puede ser desconocido por muchos gobernantes, como es el caso de Donald Trump, el presidente de uno de los países más contaminantes del mundo. Entonces, sin las medidas suficientes para hacer frente al calentamiento global, a lo que se le añade que ni siquiera hay un mecanismo efectivo por el que se asegure que las metas propuestas y ya insuficientes en principio se vayan a cumplir, el acuerdo no tiene el alcance necesario para hacer frente al cambio climático.

Es de analizar que desde 1992 se lleva a cabo una conferencia de las partes con los negociadores tratando de componer un plan práctico (La Nación, 2016), y el resultado no ha sido nunca concluyente. “El primer acuerdo universal de la historia de las negociaciones climáticas”, como lo catalogó François Hollande[4] en la presentación del texto final, después de 25 años de diplomacia climática (Planelles, 2016), es un avance, pero se queda corto para hacer frente a este fenómeno. Sin emabargo, la declaración de Hollande da visos de la necesidad de una solución que implique a todos los Estados en la medida en que el cambio climático se constituye como una problemática que afecta a todo el mundo, y en consecuencia, llama la atención de la comunidad internacional. En esta materia, “el fracaso de uno es el fracaso de todos, lo que en teoría debe alimentar la ambición de cada uno de manera progresiva bajo sus propios términos” (Lago & Santiago, 2016).

Por tanto,  en vista del fracaso que han tenido los acuerdos sobre cambio climático desde hace ya más de dos décadas, una vía alternativa a los acuerdos entre Estados podrían ser programas de cooperación entre Estados y una organización internacional que se encargue de dar una respuesta global a una problemática que traspasa las fronteras nacionales y que por ende requiere una respuesta de la misma índole. Este acuerdo, a pesar de seguir con la visión estatista de la solución de problemas internacionales, muestra, como dice Magdy Martínez Solimán[5], que vamos en el sentido correcto (De Ambrosio, 2015), en el de una solución global.

Referencias

AFP. (12 de diciembre de 2015). Las claves para entender lo acordado en París. El Tiempo. Recuperado de http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-16456213

Consejo Europeo. (30 de diciembre de 2015). Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en París, 30.11-12.12.2015. Recuperado de http://www.consilium.europa.eu/es/meetings/international-summit/2015/11/30/

De Ambrosio, M. (15 de diciembre de 2015). Lo bueno, lo malo y lo realista sobre el cambio climático. La Nación. Recuperado de  http://www.lanacion.com.ar/1853145-p2

Hood, M. (21 de enero de 2016). La cumbre de París puede ser la llave de la salvación... o haber llegado tarde. La Nación. Recuperado de  http://www.lanacion.com.ar/1863891-la-cumbre-de-paris-puede-ser-la-llave-de-la-salvacion-o-haber-llegado-tarde

LAGO, a &  SANTIAGO, G. (4 de noviembre de 2016). Presión social para que el pacto funcione. El País. Recuperado de http://internacional.elpais.com/internacional/2016/11/02/actualidad/1478107266_383977.html

McGrath, M. (30 de noviembre de 2015). #COP21: 6 preguntas para entender la cumbre del cambio climático. La Nación. Recuperado de  http://www.lanacion.com.ar/1850080-cop21-6-preguntas-para-entender-la-cumbre-del-cambio-climatico

ONU Cambio Climático. (12 de diciembre de 2015). Acuerdo histórico sobre el cambio climático en París. Recuperado de http://newsroom.unfccc.int/es/noticias/final-cop21/ 

Piquero, E. (16 de mayo de 2016). El Acuerdo de París: un nuevo comienzo en la lucha contra el cambio climático. Foreing Affairs Latinoamérica. Recuperado de http://revistafal.com/el-acuerdo-de-paris-un-nuevo-comienzo-en-la-lucha-contra-el-cambio-climatico/

Planelles, M. (22 de junio de 2016). La Cumbre de París cierra un acuerdo histórico contra el cambio climático. El País. Recuperado de http://internacional.elpais.com/internacional/2015/12/12/actualidad/1449910910_209267.html

S.a.  (2015). Everything you need to know about the Paris climate summit and UN talks. The Guardian. Recuperado de https://www.theguardian.com/environment/2015/jun/02/everything-you-need-to-know-about-the-paris-climate-summit-and-un-talks

S.a. (12 de diciembre de 2015). COP21: aprueban histórico acuerdo contra el cambio climático en la cumbre de París. BBC Mundo. Recuperado de http://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/12/151211_cumbre_clima_paris_cop21_acuerdo_az

S.a. (6 de septiembre de 2016). El acuerdo del clima es ley. La Nación. Recuperado de  http://www.lanacion.com.ar/1935070-el-acuerdo-del-clima-es-ley

Solana, J. (29 de octubre de 2015). París: El Punto De No Retorno. Project Syndicate. Recuperado de https://www.project-syndicate.org/commentary/paris-climate-change-summit-national-commitments-by-javier-solana-2015-10/spanish

 


[1] Ministra de Medio Ambiente de Luxemburgo, responsable de presidir el Consejo

[2] Veterano analista del clima de la Unión de Científicos Comprometidos

[3] Ex secretario de Estado de EE UU

[4] Ex presidente de Francia

[5] Subsecretario general de la ONU

 

*Estudiante de la Facultad de Ciencias Políticas de la UPB

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