logo cepri
logo upb
Miércoles, 01 Marzo 2017 20:35

El nuevo rol de China en el orden internacional

SARA PIEDRAHITA SIERRA*

En los últimos años los analistas políticos, especialistas en relaciones internacionales, han ocupado gran parte de sus análisis en el intento de definir a situación de la República Popular China en el orden internacional. Su ascenso económico que casi supera a Estados Unidos y el importante liderazgo que ha ido adquiriendo mundialmente, llevan a que una gran variedad de pensadores en Occidente esté buscando cómo ubicar a China en una posición que no perjudique el existente orden liberal internacional.

El éxito de China, y su surgimiento como potencia mundial, responde a los procesos de reforma adelantados por los líderes del Partido Comunista Chino, especialmente Deng Xiaoping, y continuados por Hu Jintao, Jiang Zemin y Xi Jingpin, quienes han logrado mantener el control del gobierno a lo largo de 70 años.

Tradicionalmente, el éxito que han tenido los líderes políticos chinos se ha debido a la llamada ‘adaptación autoritaria’ que según Youwei (2015) hace referencia al uso de políticas de reforma para evitar un real cambio institucional, precisamente porque “partial reform is the best friend of crony capitalism” (p.2) [La reforma parcial es la mejor amiga del capitalismo amiguista]. El gobierno se encuentra enfrentado a múltiples problemáticas, entre esas los nuevos llamados nacionalistas de territorios como el Tíbet, Xinjiang, Hong Kong o Taiwán, además de la dificultad que ha tenido su cultura para identificar el vocablo ‘chino’ con individuos de diferente etnia a la Han, dominante en el país. La insuficiencia de patrones democráticos, en comparación con Occidente, también ha representado una nueva arista a considerar, pero el gabinete de Xi Jinping le sigue apostando a las reformas parciales ya mencionadas.

A pesar de todo lo que los estudiosos de China han visto como posibles debilitantes del gran dragón del Oriente (como comúnmente se le denomina), es indiscutible que aun con una reducción en el crecimiento, su PIB aumenta más que el de muchos otros Estados, y que su influencia es cada vez mayor. Ha tomado el liderazgo en temáticas de globalización y comercio, ha subido su voz en distintos foros internacionales, se ha puesto ambiciosas metas competitivas y las ha cumplido, ha pasado a ser el mayor contribuyente en organizaciones financieras internacionales y ha creado nuevas instituciones que reúnen gran parte del mundo –con participación incluso de aliados tradicionales de los Estados Unidos. Este es el caso del Banco Asiático de Inversión en Infraestructura, cuya fundación se llevó a cabo a finales del 2014 y que representó las intenciones de China en la región y la posición que sus élites consideran que tiene en el sistema internacional. Más participación y más influencia le dan un papel de líder internacional que China está completamente dispuesto a asumir, aunque no se pueda asegurar todavía de qué manera planea hacerlo.

"Can China rise peacefully?" 

John Mearsheimer es uno de los estudiosos que han dedicado tiempo y espacio en sus análisis para proponer un entendimiento del rol que jugará China en el orden internacional del siglo XXI. Su libro The Tragedy of Great Power Politics expone un país que buscará influencia en su hemisferio, y que podrá llevar a una coalición de fuerzas divididas y a la carrera armamentística en el continente asiático. El hecho de que Asia sea multipolar encarna un problema en cuanto a que el sistema es más volátil y las potencias regionales harán un mayor esfuerzo para imponer su hegemonía. Esto representa para Estados Unidos una amenaza directa a su poder en la región, y una nueva provocación a su poder internacional.

Investigadores como Edward Hadas o Peter Navarro (autor del libro Crouching Tiger: What China's Militarism Means for the World) comparten los planteamientos de Mearsheimer y consideran que no existe la posibilidad de un ascenso de China que no discuta la actual distribución de poder internacional y que no proponga un enfrentamiento mientras se compone una nueva repartición. El gobierno chino actúa siguiendo principios realistas y, como sus intereses están definidos en términos de poder, actúa para beneficiar su nación sin considerar preferencias ideológicas u otras motivaciones. Esto lleva a los teóricos del realismo, como Mearsheimer, a considerar como posiblemente agresiva su participación en cuestiones de política exterior.

Otros analistas, como John Ikenberry, proponen una visión del orden liberal que no es cuestionado por potencias ascendentes como China y dentro del cual se podrá redistribuir el poder de manera pacífica para acomodar los intereses de estas potencias; sin eliminar por completo el liderazgo estadounidense. El liberalismo existente ha permitido el avance económico y político de los países y por esto, plantea Ikenberry, los procesos que pasen a liderar naciones como China se incluirán en los procesos existentes. Joseph Nye, de igual manera, ve como China se beneficia y aprecia el orden internacional existente, más de lo que realmente reconoce; tiene veto en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, ha obtenido ayuda de la Organización Internacional del Comercio, es el segundo contribuyente de las fuerzas de paz de la ONU, lidera procesos de lucha contra el cambio climático. Así es como el ascenso chino se ha visto incluido, por varios autores, dentro del sistema liberal que ha servido a sus intereses y ha permitido su desarrollo.

La mayor parte de los relacionistas internacionales reconocidos en Occidente han buscado dar recomendaciones sobre una mayor integración de nuevas potencias para que el orden liberal sobreviva; pero, la realidad propone un escepticismo chino al respecto. Evan A. Feigenbaum, en su artículo China and The World publicado por Foreign Affairs, se refiere al trato con el poder renuente que representa China. El significado de su renuencia está relacionado con su posición de poder disruptivo, pero no revolucionario, que busca que haya cambios en las instituciones para que sean más democráticas, irónicamente, o más representativas; eso sí, sin buscar realmente cambiar por completo el orden establecido. La creación y apoyo a nuevas instituciones que representan competencia para las organizaciones establecidas (por ejemplo, el ya mencionado Banco Asiático de Inversión en Infraestructura) demuestra el planteamiento de alternativas, dentro de las prácticas existentes.

Aunque China se ha convertido en un gran participante de las instituciones establecidas por el orden liberal imperante, se ve escéptico frente a ellas y no se encuentra satisfecho con su funcionamiento. La estrategia se conoce como portafolio de diversificación, donde Beijing busca responder a diversos objetivos a través de la expansión institucional (Feigenbaum, 2017). Los nuevos foros pasan a actuar como contrapeso de las instituciones que son consideradas poco representativas y China se posiciona en el centro de la influencia regional y global.

Por otro lado, el “Sueño Chino” propuesto por el presidente Xi ha traído la noción de que ser chino en el sigo XXI significa materialismo, patriotismo y agresividad; lo que es representado por una generación que ha sido educada para ver a Occidente como un rival hostil más que como un amigo. Esto significa una constante prevención con respecto a la capacidad real de integración de economías y poderes crecientes al sistema y, en caso de que falle en el intento, dichas naciones buscarán otras soluciones que permitan la maximización de sus beneficios; como dice Feigenbaum (2017): “the failure of the current system to reform and embrace a larger Chinese role fast enough, represents a warning that China has the capacity and will to work outside it” (p.36) [El fracaso del sistema actual para reformarse y adoptar lo suficientemente rápido un rol chino más grande, representa una advertencia de que China tiene la capacidad y la voluntad de trabajar fuera de este].

Una integración real

Para que el poder en ascenso chino no represente un enfrentamiento directo con Occidente se hace realmente necesaria una integración profunda que permita a las potencias emergentes margen de maniobra y posibilidad de desarrollo dentro del sistema internacional. Asignar roles importantes a dichas naciones puede fomentar el ellas el sentimiento de preocupación por asuntos que a todos los países competen por estar interrelacionados, como el cambio climático o la prevención de la guerra. Con roles predominantes y unas instituciones en que donde haya buena representación, podrá China, en este caso particular, empezar a responder de manera positiva y por qué no, replicar comportamientos que interesan a las democracias occidentales (como la protección de los derechos humanos).

Un Estado que se sienta acorralado en el sistema al que pertenece buscará maximizar su seguridad y poder como le resulte más conveniente y, como ha mostrado el caso de Beijing, esto será un aumento militar y un apoyo a nuevas instituciones que surjan para contrarrestar el dominio de Occidente. Las nuevas condiciones de política exterior norteamericanas que puedan surgir a partir de la llegada de Trump al poder, han dejado vacíos en el liderazgo de relaciones y alianzas a nivel mundial. Como opción está darle cabida a China para que ocupe algunos de esos espacios según su interés, en la medida en que participe en avances sobre materias de interés occidental.

Que la República Popular China logre acoplarse es una de las tareas más importantes que tiene el orden internacional actual si quiere superar su rigidez y sobrevivir. Esto, siempre y cuando se le inste [a China] a cumplir con el deber de ser un actor responsable en el sistema; que cumpla con lo que Richard Haass (2017) llama obligación soberana: su responsabilidad frente a otros países y naciones que participan a su lado en las instituciones del sistema.

Referencias

Angang, H. (2015). Embracing China’s New Normal. Foreign Affairs, 8-12.

Feigenbaum, E. A. (2017). China and the World. Foreign Affairs, 33-40.

Haass, R. (2017). World Order 2.0. Foreign Affairs, 2-9.

Ikenberry, J. (2011). The Future of the Liberal World Order. Foreign Affairs, 56-68.

Link, P. (2015). What It Means to Be Chinese. Foreign Affairs, 25-31.

Morgenthau, H. (1963). La lucha por el poder y la paz. Buenos Aires: Suramericana.

Nye, J. (2017). Will the Liberal Order Survive? Foreign Affairs, 10-16.

Snelder, J. (15 de Abril de 2014). The Interpreter: Mearsheimer's big question: Can China rise peacefully? Obtenido de Lowy Institute for International Policy: https://www.lowyinstitute.org/the-interpreter/mearsheimers-big-question-can-china-rise-peacefully

Youwei. (2015). The End of Reform in China. Foreign Affairs, 2-7.

* Estudiante de la Facultad de Ciencias Políticas de la UPB - Monitora del área de Relaciones Internacionales. 

Política Urbana

Colombia

No result...

América Latina

No result...

Política Internacional

Ensayo Filosófico

certram

Entrevistas

analecta

Contacto

Campus de Laureles
Circular 1 No. 70-01 - Bloque 12
Medellin - COLOMBIA
Teléfono: (57 4) 354 45 34 - 354 45 36
E-mail: cepri@upb.edu.co