logo cepri
logo upb
Viernes, 21 Abril 2017 11:40

El dominio en el Pacífico: qué hacer con Corea del Norte

SARA PIEDRAHITA SIERRA*

Doce años después de que Kim Jong-Il, padre del actual líder dictatorial norcoreano Kim Jong-Un, declarara la posesión de armas nucleares por parte de su gobierno, los ensayos balísticos en la zona del pacífico siguen en aumento y las relaciones entre el régimen y la comunidad internacional están cada vez más tensas. El hecho de que Estados Unidos se mantenga en la zona, y sus movimientos en los últimos días, solo han aumentado las tensiones; la necesidad de una pronta solución se hace cada vez más indispensable. Pronto algo desencadenará la liberación de presión y, si la Casa Blanca desea continuar con su posición de poder mundial, deberá ser el principal artífice de dicho suceso. Sea orquestando la intervención china, o negociando directamente con Pyongyang.

Tras el armisticio de la Guerra de Corea en 1953, la península coreana quedó dividida sobre el paralelo 38. Un régimen comunista se impuso en el norte con ayuda de la Unión Soviética (y posteriormente de China) y un gobierno capitalista dominó en el sur de la mano de Estados Unidos. Así se mantienen las cosas el día de hoy, con el agregado fatídico de la capacidad nuclear alcanzada por Corea del Norte en 2005. Las tensiones siguen siendo altas, técnicamente la guerra no ha terminado y las maniobras conjuntas del sur y Washington (Foal Eagle) desencadenan año tras año muestras nucleares y balísticas por parte del norte.

El régimen de Pyongyang ha sufrido desde el fin de la Guerra Fría, especialmente por la pérdida de su mayor fuente de financiamiento. Las hambrunas a finales del siglo XX y principios del XXI llevaron al borde de la inanición a la población, mientras el gobierno se concentraba en asuntos militares que llevaron a la salida del Tratado de No Proliferación Nuclear. Su programa nuclear y la violación sistemática de derechos humanos, especialmente por cuestiones políticas, llevaron a que la comunidad internacional optara por aplicar los dos caminos previstos por la doctrina de la Responsabilidad de Proteger propuesta por la ONU durante el secretariado de Kofi Annan: presión diplomática y sanciones económicas. La primera no ha dejado de sentirse, pero la segunda no dio muchos resultados hasta el 2009, cuando China logra ponerse de acuerdo en la resolución 1874 de las Naciones Unidas (en asunto de la No proliferación en la República Popular Democrática de Corea). La situación interna empeora y quienes tienen el poder orientan sus esfuerzos hacia el intento de poner en jaque a Estados Unidos.

cuadro1

El dominio de Washington en el Pacífico se puede rastrear hasta las últimas etapas de la Segunda Guerra Mundial. La descolonización de las islas del sudeste asiático, en una lucha contra el imperial Japón llevó a la entrada de la armada norteamericana, que continúa navegando las aguas del gran océano a través de la Séptima Flota. El control se expresa en capacidad militar; si bien los Estados de la zona basan sus discursos en la protección de la soberanía y en un regio nacionalismo, son conscientes de los poderes que tienen cerca, como China, a quienes solo Estados Unidos podría contrarrestar. Libertad de mares para el comercio mundial y protección de los aliados son la consigna del ejército norteamericano estacionado en la zona. Taiwán, Corea del Sur y el no beligerante Japón, son los principales aliados protegidos, quienes, además, se sienten cada vez más amenazados por la inestabilidad nuclear que está generando Corea del Norte.

El vertiginoso ascenso económico casi todos los países del Pacífico asiático ha llevado a un delicado equilibrio de poder que se basa en la desconfianza hacia los mayores poderes. La Casa Blanca continúa en el juego, pero sus principios ideológicos y su falta de acción (especialmente durante la administración Obama) pueden restarle autoridad en la zona y convertir a esta franja de gran importancia estratégica en un polvorín sin control.

La inacción mencionada de Barack Obama, responde a la creencia de Occidente de que el régimen de Pyongyang caería por si solo; primero tras la muerte de su original líder, y luego tras la muerte de Kim Jong-Il. En ninguna de las dos ocasiones hubo siquiera titubeo de sus sucesores, y ya es el momento para que el mundo se prepare, no para un deseo que podría nunca ocurrir, sino para lo que está sucediendo en tiempo real. Si Estados Unidos quiere seguir teniendo un papel predominante en el mundo, deberá tomar medidas metódicas en el asunto.

Una respuesta “más abrumadora y efectiva” es lo que propone la administración Trump, en cabeza de nuevo secretario de Estado de Defensa, James Mattis. Aún no se sabe exactamente qué significa esto; pero, excluyendo una intervención directa en cabeza norteamericana, las dos opciones con mayor posibilidad son orquestar la entrada de China, o dialogar directamente con el régimen.

LA OPCIÓN CHINA

Sin lugar a dudas, cualquier decisión que se tome con respecto a acciones en el Pacífico asiático debe tener en cuenta a la mayor potencia emergente del sector: la República Popular China. Múltiples tensiones la tienen como protagonista, pero irse en contra de su indudable poder regional sería una amenaza directa.

La relación de China con Corea del Norte obedece históricamente a la financiación de regímenes comunistas por parte del Partido Comunista Chino. Pero en la actualidad es diferente; la incomodidad que siente Beijing por el comportamiento inestable de su vecino es superado por el recelo hacia la presencia de Estados Unidos en la región, y la posibilidad de una Corea unificada que lleve a tropas norteamericanas cerca de su frontera. La tolerancia al régimen de Kim Jong-Un es una medida de amortiguamiento que responde a un sentimiento de inseguridad chino. Además, China teme una crisis humanitaria cerca de su frontera, lo que sucedería en caso de que colapsara el Estado norcoreano.

La opción, entonces, es devolver cierto grado de tranquilidad a los líderes chinos, para que estos dejen de defender el elemento más desestabilizador que tiene el este asiático. Persuasión no tiene por qué ir de la mano con sumisión. Lo que Occidente tiene como tarea es orquestar el papel de China como catalizador, para que vez de representar un obstáculo sea un aliado, sino en líder, de las futuras acciones respecto a Corea del Norte.

Proponer cuestiones como la retirada de Estados Unidos de Corea del Sur hacia sus estaciones en Japón y Guam, así como ayuda humanitaria para lidiar con el asunto de la población norcoreana, no mina la capacidad de Washington en la zona y puede dar un primer aire de confianza a China, para que no necesite de un amortiguador. El ofrecimiento puede responder a las preocupaciones chinas haciendo énfasis en la cuestión nuclear, que a ambas potencias inquieta. En caso de que se vea la necesidad real de una intervención, conviene que sea China quien la lidere, por su poder en el sector y porque esto podría incluirla en cuestiones mundiales de manera cercana a los intereses de las Naciones Unidas.

El gran dragón puede verse beneficiado en muchos sentidos: el solo hecho de que se detenga el envío de paquetes de ayuda a Corea del Norte es de importante consideración, pero también podría dejar de ser considerado responsable por el crecimiento nuclear norcoreano. La detención de la amenaza nuclear que representa el gobierno de Kim Jong-Un, al mismo tiempo, pondría en alto el estrechamiento de relaciones por parte del ‘vecindario’ y la posibilidad de que las demás naciones asiáticas vean una necesidad de obtener poder nuclear. Adicionalmente, Beijing podría participar activamente en un cambio de régimen en Pyongyang, lo que le garantizaría un aliado, o un Estado neutral, en sus fronteras.

Sin embargo, muchos asuntos quedan en el aire. La obsesión china con la soberanía nacional, y las tenciones generadas por los escudos antimisiles que planea instalar Corea del Sur (THAAD-Thermal High Altitude Area Defense) podrían hacer imposible una acción real de China o una aceptación de la acción conjunta con los poderes de Occidente; por lo que se hace necesario considerar otra opción.

UNA NEGOCIACIÓN

Un análisis del comportamiento norcoreano puede mostrar que su reacción agresiva es una respuesta a verse acorralado. Un gobierno cuestionado, una población que cada vez llega a mas instancias para adquirir productos de contrabando, y errores mediáticos (como el juicio al segundo al mando, y tío de Kim, Jang Song-Thaek y la muerte en Malasia del medio hermano del líder, Kim Jong-Nam), así como la disminución de sus aliados y el aumento de las sanciones económicas lo llevan a una situación desesperada en la que su reacción es actuar agresivamente. Con este tipo de mentalidad, no podrá responder de manera adecuada a los intereses de la comunidad internacional.

Es, entonces, una misión para Estados Unidos y sus aliados sacar a Pyongyang de la desesperación; no de manera tal que se pasen por alto sus acciones, pero hasta el punto en que pueda encaminársele a deshacerlas. Una negociación directa de Trump con Kim Jong-Un, labor a la que el presidente norteamericano dice no temer, podría llevar a una distensión.

La intención es comunicar a Corea del Norte que retomar sus relaciones con la comunidad internacional puede traerle grandes beneficios, sean comerciales, de inversión y, por qué no, incluso de seguridad nacional. Uno de los supuestos objetivos de gobierno del actual líder norcoreano es el aumento de la prosperidad económica; unas mejores relaciones internacionales, que no se basen en su comportamiento agresivo y amenazas nucleares, pueden afirmar dicho camino. Con el paso del tiempo, las relaciones podrían tranquilizar los ánimos en general y conducir a menos beligerancia y menos represión doméstica.

Solo una Corea del Norte con cierto grado de tranquilidad, y con capacidad de prestar servicios básicos a su población, podrá responder de manera positiva a los incentivos de Occidente. Sería la misión de Washington equilibrar de manera tal las relaciones que ninguno de los actores se sienta amenazado. Congelar el programa nuclear norcoreano es el principal objetivo y para esto, Estados Unidos tendría que diseñar un paquete de garantías de seguridad e incentivos políticos, pero no económicos, incluyendo medios concretos para verificar el cumplimiento de lo acordado. Y es que se ha de prestar atención a no repetir los errores del pasado; la reducción de las tensiones no puede venir acompañada de laxitud en cuanto a la entrada de dineros que puedan servir para financiar, por debajo de la mesa, el problema nuclear norcoreano. Pero las negociaciones no deben ser exclusivamente sobre lo nuclear; otro tipo de incentivos, así como garantías de derechos humanos pueden ser agregados a la mezcla, a cambio, por ejemplo, de un plan para devolver a Corea su derecho soberano a un programa espacial.

Es cuestión de analizar en qué se puede ceder, porque ya hace parte de los derechos tradicionales de los Estados, a cambio de una cooperación del gobierno de Pyongyang. Una negociación de los cuatro poderes implicados directamente (ambas coreas, China y Estados Unidos) podría ser el punto de partida, con una participación de implicados como Japón y Rusia, también.

En todo caso, si el mundo no tomará cartas en el asunto por cuestiones como la democracia y, especialmente, los derechos humanos (una comisión de la ONU estimó que hay entre 80,000 y 120,000 prisioneros políticos en campos de concentración donde son sometidos a inanición deliberada), entonces deberá actuarse por cuestiones de poder; teniendo especial cuidado en el manejo de las relaciones y los intereses en juego dentro del continente asiático.

Acciones erráticas no pueden hacer parte de las medidas que se tomen respecto a Corea del Norte; el equilibrio de poder en el sector es demasiado delicado como para permitir movimientos erráticos y decisiones desesperadas que solo lograrían elevar aún más las tensiones. El cambio debe ser considerado con cabeza fría, considerando todas las aristas, en vez de llevarse a cabo maniobras repentinas que eliminan el suelo de otros posibles accionares internacionales.

Estados Unidos debe tener en cuenta, y equilibrar, su interés por mantener su influencia en la zona, la posibilidad de que si no actúa Rusia y China dejen de acompañar las medidas hasta ahora tomadas por las Naciones Unidas, la delicada situación que podría representar una amenaza a China, y el compromiso de que, sin importar los cambios de administración, se continuará apoyando la seguridad de los aliados.

Referencias

Bandow, D. (2016). The China Option. Foreign Affairs.

Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. (2009). Resolución 1874. Distrito General: Naciones Unidas.

Delury, J. (2017). Trump and North Korea. Foreign Affairs, 46-51.

EL PAÍS. (2017, Marzo 7). El desafío de Corea del Norte. Retrieved from EL PAÍS: http://elpais.com/elpais/2017/03/07/media/1488913722_169464.html

J.Christensen, T. (2015). Obama and Asia. Foreign Affairs, 28-36.

Khan, S. (2016). Unbalanced Alliances. Foreign Affairs.

Lee, S.-Y. (2017). How Trump Can Get Tough on North Korea. Foreign Affairs.

Liy, M. V. (2017, Febrero 3). EE UU avisa a Corea del Norte de que un ataque tendría una respuesta “abrumadora”. Retrieved from EL PAÍS: http://internacional.elpais.com/internacional/2017/02/02/actualidad/1486050234_934970.html

Liy, M. V., & Fontdeglòria, X. (2017, Marzo 7). China advierte a EE UU de que responderá con firmeza al despliegue de su sistema antimisiles. Retrieved from EL PAÍS: http://internacional.elpais.com/internacional/2017/03/07/actualidad/1488879047_345595.html

Shinzo Abe. (2017, Marzo 6). Press Occasion by Prime Minister Shinzo Abe on the Ballistic Missile Launches by North Korea. Retrieved from Prime Minister of Japan and his Cabinet: http://japan.kantei.go.jp/97_abe/decisions/2017/press.html

Stanton, J., Lee, S.-Y., & Klingne, B. (2017, Mayo-Junio). Getting Tough on North Korea. Foreign Affairs, pp. 65-75.

United Nations. (2014, Febrero 17). North Korea: UN Commission documents wide-ranging and ongoing crimes against humanity, urges referral to ICC. Retrieved from OHCHR: http://www.ohchr.org/EN/NewsEvents/Pages/DisplayNews.aspx?NewsID=14255&LangID=E

* Estudiante de la Facultad de Ciencias Políticas de la UPB - Monitora del área de Relaciones Internacionales. 

 
 

Política Urbana

Colombia

No result...

América Latina

No result...

Política Internacional

Ensayo Filosófico

certram

Entrevistas

analecta

Contacto

Campus de Laureles
Circular 1 No. 70-01 - Bloque 12
Medellin - COLOMBIA
Teléfono: (57 4) 354 45 34 - 354 45 36
E-mail: cepri@upb.edu.co