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Viernes, 13 Diciembre 2013 19:30

Del caos institucional a la inestabilidad económica en Argentina

 

Olmer Alveiro Muñoz Sánchez *

13/12/2013

Tres elementos permiten analizar las posibilidades y retos de este país.


Las recientes protestas y saqueos en las provincias argentinas, el aumento de la inflación y la desinstitucionalización evidencian una aguda crisis social, a la que no se le ve posibilidades de solución a corto plazo.

En la plaza de Mayo de Buenos Aires se celebraron, este 10 de diciembre, los 30 años del retorno de la democracia a la república Argentina y, con esta ceremonia, diez años del kirchnerismo en el poder. Adicional a esto se ha presentado una situación de crisis en la seguridad de algunas provincias, debido a la suspensión de labores de la policía exigiendo aumento de su salario.

Esta última situación ha generado una serie de saqueos en aquellas provincias, que se suma a otra cantidad de fenómenos que agudizan la crisis interna del país, a saber: la inflación que sobrepasa el 30 %, el cepo al dólar oficial, el aumento de la especulación con el dólar paralelo y una creciente restricción al sector de las importaciones y un asentamiento del narcotráfico en los principales centros urbanos.

¿Por qué uno de los países que figuraban con mayores perspectivas de crecimiento económico y estabilidad política en América Latina ha comenzado a hacer visible una crisis institucional profunda, que hacen prever una agudización social y política para el 2014?

Tres elementos nos permiten analizar las posibilidades y retos de este país. Lo primero que debe dejar en claro es que lo que pasa en Argentina muchas veces no logra comprenderlo un extranjero y aún menos un nacional.

En segundo lugar, durante el gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner –en su segundo periodo como jefe de Estado– ha logrado consolidar un sistema de cooptación de la clase menos favorecida del país, a partir de la entrega y aumento de subsidios, que si bien ayuda por un lado a muchas personas, no ha logrado prever de manera racional la sostenibilidad hacia el futuro de dichos recursos, lo que ha llevado al país a un incremento inesperado de su déficit fiscal, que solo podrá ser subsanado aplicando medidas impopulares, como el aumento de la tributación.

La inestabilidad institucional lleva a considerar que ante la inestabilidad política, la inestabilidad económica del país va a ser mayor.

Una de las razones de este efecto es la deficiente planificación de la política económica del país, acompañada del cierre unilateral al comercio con países del Mercosur; el cepo al dólar; la estimulación del uso del dólar paralelo y el aumento creciente de la inflación, que no ha logrado ser controlada en el último año.

La gobernabilidad de un Estado se ve reflejada en la toma de decisiones de manera racional y eficiente, no en la radicalidad de una ideología como se ha pretendido en Argentina, que tiene seriamente dividido al país, entre un populismo desinstitucionalizador y la necesidad de fortalecer partidos serios y políticas que generen estabilidad.

De esto carece seriamente un gobierno como el de Fernández, que se ha caracterizado de manera excepcional por la improvisación en los temas económicos y la falta de previsibilidad en sus políticas de gobierno; lo que ha llevado, sin lugar a dudas, a crear el denominado "excepcionalismo argentino", por el cual intenta salirse de los cánones de comportamiento de los Estados en el sistema internacional, tanto político como económico, que rompe con cualquier esquema de credibilidad institucional y de estabilidad.

Este "excepcionalismo" que profesa la Presidenta lleva a la incompatibilidad entre las perspectivas de cambio favorables y los cambios reales que puedan llevar a cabo como políticas de gobierno; por ello, el talante intransigente de la mandataria frente a una discusión de sus políticas, porque considera que la Argentina puede gobernarse por fuera de los estándares internacionales, lo cual le ha traído como consecuencia la fuga del capital extranjero, una mala calificación de las centrales de inversión y, por supuesto, una desconfianza ante el mercado interno y externo.

Paro policial

Un aspecto gravísimo para cualquier país del mundo es que sus organismos de seguridad entren en huelga y no se pueda proteger la vida y bienes de los ciudadanos. Lastimosamente, esto pasa en algunas provincias de Argentina (Córdoba, Jujuy, El Chaco, Tucumán, Entre Ríos, Mendoza y otras), y hasta ahora la respuesta del gobierno ha sido señalar esto como un complot de algunos grupos de la "derecha" que quieren hacerle daño al país.

Lo contradictorio es que el gobierno progresista lleva diez años controlando la política nacional, criticando constantemente a la derecha, tomando medidas que han retrasado al país en lugar de impulsarlo hacia el progreso y la integración.

La crisis con la policía no solo revela una visión de corta planificación en el tema del salario de los encargados de la seguridad, sino que los deja a merced de que sean cooptados por los dineros del narcotráfico, que sin lugar a dudas va a convertir a Buenos Aires en un gran centro de acopio y distribución de drogas y de narcotraficantes.

En consecuencia, la pregunta que muchos argentinos se hacen hoy es ¿por qué si la izquierda, representada en su Presidenta, criticó constantemente a la derecha porque llevó al país a la crisis total, no logra llevarlo ahora a un nivel mayor de estabilidad económica y social durante estos diez años?

Lo que queda claro es que, sea de tendencia de izquierda o de derecha el gobierno, todo Estado necesita una administración responsable, que logre no solo mantener la estabilidad institucional sino también la estabilidad económica necesaria para que el país mantenga un nivel de ingresos estables, genere beneficios a la población y consolide la estabilidad institucional. Véase el caso de Uruguay, Brasil y Perú, que han logrado posicionar la economía nacional desligada del radicalismo político.

¿Por qué fracasan los países?

Este es el título del libro de Daron Acemonglu y James Robinson (2012), quienes analizan con muchos casos la generación del poder, la prosperidad y la pobreza en el mundo.

En su texto presentan la tesis de que muchos de los países ricos en recursos minerales, recursos no renovables como el petróleo, están sumidos en un índice muy alto de corrupción institucional y de mala administración.

La lección puede aplicarse a la Argentina, donde los recursos pueden ser aprovechados de muchas maneras y de forma eficiente, pero se enfrentan a su vez a un alto nivel de corrupción institucional, populismo y radicalismo político que, lejos de tomar decisiones en la vía correcta de la buena administración y gerencia de los recursos, gasta de manera exagerada en el mantenimiento de subsidios que serán insoportables para un país que tiene una tendencia a cerrar su economía y sus relaciones de mercado, por la implantación de un manejo autista de sus relaciones comerciales.

Lo que se evidencia con los hechos recientes de protestas y saqueos en las provincias argentinas, el aumento de la inflación y la desinstitucionalización es una aguda crisis social e institucional del país, que no tiene posibilidades de solución a corto plazo.

La lección de este país puede ser aplicable a América Latina, es decir, tomar decisiones desde una posición radical de intervencionismo estatal que no logra controlarlo todo, y que solo lleva a la consolidación de modelos autoritarios en el poder, o por otro lado, optar por gobiernos de carácter moderado en la toma de decisiones acertadas y firmes (Uruguay y Brasil), sin socavar con ello la autoridad de las instituciones.

El escenario, finalmente, no deseado para Argentina es un aceleramiento de la crisis e inestabilidad interna; las políticas de la nación han estado guiadas por un interés personalista y por una orientación política, lo que puede ser bien descrito a partir del estudio realizado por el conocido politólogo argentino Guillermo O'Donnell, quien acuñó el término "democracia delegativa" para referirse a un tipo de democracias "que se basan en la premisa de que quien sea que gane una elección presidencial tendrá el derecho a gobernar como él (o ella) considere apropiado, restringido solo por la dura realidad de las relaciones de poder existentes y por un período en funciones limitado constitucionalmente. El presidente es considerado la encarnación del país, principal custodio e intérprete de sus intereses".

Esta cita del politólogo argentino (ya fallecido) desvela una parte del comportamiento del actual gobierno argentino, a saber, una encarnación de un gobernante que se atribuye para sí todo el poder para gobernar, sin importar la mediación de las instituciones o, como en este caso lo hace, cooptando la mayoría de ellas.

Este es el denominado excepcionalismo del cual ya se hizo mención, y que lleva a pensar que la política argentina tendrá que tener un profundo cambio en cuanto a la perspectiva de gobierno, para no seguir profundizando una mayor crisis institucional, de la cual ya ha tenido una profunda experiencia en el pasado.

OLMER ALVEIRO MUÑOZ SÁNCHEZ
Especial para EL TIEMPO


* Olmer Alveiro Muñoz Sánchez, es Licenciado en Filosofía de la Universidad Pontificia Bolivariana, Magíster en Estudios Políticos de la Universidad Pontificia Bolivariana. Actualmente se encuentra realizando el Doctorado en Ciencias Políticas de la Pontificia Universidad Católica Argentina. Artículo tomado de http://www.eltiempo.com/mundo/latinoamerica/analisis-de-la-crisis-economica-en-argentina_13282315-4

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