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Viernes, 14 Octubre 2016 02:23

¿Elecciones de 2016 cambiarían el papel de Estados Unidos en el mundo?

¿Elecciones de 2016 cambiarían el papel de Estados Unidos en el mundo? Foto tomada del New York Times

CARLOS ANDRÉS PÉREZ* | 13 OCTUBRE 2016

Una de las diferencias sustanciales en la actual campaña presidencial de los Estados Unidos es el manejo que tendría el nuevo gobierno de ese país de su política exterior. No se exagera cuando se dice que por la Secretaría de Estado pasa el meridiano de la política internacional, no es gratuito -tampoco- que quienes han estado a cargo de esa oficina sean dirigentes de gran peso: en los años recientes John Kerry, exsenador veterano y excandidato presidencial en 2004 con opciones reales de haber ganado; Hillary Clinton, la mujer que más alto ha llegado en la política de ese país; Collin Powell, héroe militar y Madeleine Albright, diplomática, por citar unos cuantos.

Esta campaña presidencial se ha convertido en un espacio en el que las posturas populistas del candidato republicano, Donald Trump, han trascendido las fronteras, llegando a generar dudas sobre el consenso en el funcionamiento bipartidista de la política exterior. Aunque hay que decir que no en todo se han puesto de acuerdo los dos partidos que controlan el Congreso, ha existido una disposición a unirse en momentos de crisis internacional: un grueso del Partido Demócrata respaldó al expresidente George W. Bush (republicano) en su ‘guerra contra el terror’.

Habría que aclarar que la psiquis misma de los estadounidenses los lleva a sentirse responsables por mantener la estabilidad global, según lo analiza el exsecretario de Estado Henry Kissinger en su libro Orden Mundial. Partiendo de esta premisa, cabría hacerse la pregunta si efectivamente podría hablarse de la existencia de una política exterior definida en ese país o si ésta se dicta a partir de momentos coyunturales.

La diferencia entre la concepción que tienen los mismos estadounidenses frente al resto del mundo, es que ellos defienden principios universales, mientras que los demás estados le apuestan a principios individuales.

Según esta visión, la creación de la Organización de las Naciones Unidas, de la Organización del Tratado del Atlántico Norte y de situaciones particulares como el Plan Marshall, hacen parte de esta visión supranacional, con la vista en los demás que tiene este país, como eje de su política exterior.

Según eso, las propuestas de Donald Trump llevarían a los Estados Unidos al sitial del resto de los países, a privilegiar sus intereses nacionales sobre los universales. Pero, ¿es tan claro lo expuesto por Kissinger? ¿Cambiaría realmente la política exterior de ese país con la hipotética llegada de Trump a la Casa Blanca?

Se ha planteado en numerosas ocasiones que lo que se dice en unas elecciones busca sacar el lado emocional de los issues decampaña, que tienen la capacidad y el peso para definir decisiones de los ciudadanos. ¿Incorporaría Trump como presidente a la política exterior de los Estados Unidos, las amenazas y las segregaciones que ha blandido como estrategia de marketing?

No podría saberse con claridad, pero lo que sí es cierto y lo reconoce el mismo Kissinger, es el sistema de contrapesos que tiene ese país en una materia tan delicada como la que se toca en este escrito. La particularidad que han impreso los presidentes de las coyunturas históricas más relevantes, son las bases fundamentales de su política frente al mundo: Woodrow Wilson con su tranquilidad, Richard Nixon con el equilibro y el aguante, Ronald Reagan con su autoconfianza y su garrote y zanahoria, podrían explicar los límites que aún presidentes osados en declarar guerras como los dos Bush, han tenido.

Más bien lo que habría que preguntarse es: ¿cuál debe ser el papel de los Estados Unidos (en una eventual presidencia de Clinton o de Trump) en el orden mundial?

Está claro que incluso un outsider como Barack Obama tuvo que ceñirse a límites en los que parecía no sentirse muy cómodo: anunció el cierre de Guantánamo y no pudo concretarse, mantuvo a su país en el papel de policía del mundo, aunque en los tiempos modernos fuera mal aceptado.

Los Estados Unidos han conseguido sus aliados desde el apoyo particular: un sinnúmero de acuerdos bilaterales en los que parecería que la potencia ayuda a sus amigos, podrían interpretarse como la construcción de un entramado en el que teniendo la paciencia de Wilson, esperarían en algún momento poder levantar el teléfono y recordar lo que se ha hecho.

El mundo no dejaría de mirar a los Estados Unidos como la potencia que es por el hecho de tener a Trump o a Clinton al mando, serían ellos mismos (el que gane en noviembre) los que dosificarían el peso de su país en el orden mundial. Seguramente la exsecretaria de Estado tendría más elementos de juicio desde su experiencia personal para mantener la misma dosis que hasta ahora se ha tenido (entre otras, muy similar en el gobierno de su esposo y en el que ella participó). Seguramente el empresario trataría de concentrarse más en casa, al menos ha dicho que su tarea como hombre negocios metido en la política será la misma que tiene en sus empresas: generar recursos.

Los Estados Unidos no dejarán de actuar como una balanza para mantener el ‘equilibrio de poder’, expresión que Kissinger pide revaluar; porque su peso económico y militar (no necesariamente en ese orden siempre) se ha fortalecido, a pesar de los nuevos ‘milagros’ que en términos de finanzas van creciendo en otros vecindarios.

Esto último es lo que ha definido el papel de los Estados Unidos y lo seguirá haciendo, con Clinton o con Trump.

 

*Doctor en Ciencia Política por la Universidad Complutense de Madrid.

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