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Lunes, 18 Abril 2016 23:04

Estados Unidos y su pérdida hegemónica del poder en las relaciones internacionales

CARLOS RÍOS | 18 ABRIL 2016

En la actualidad Estados Unidos ha ido perdiendo protagonismo como potencia global, pues a partir de la disolución de la Unión Soviética en los años 90s, han ido emergiendo potencias regionales como Rusia y China, que han ido obteniendo una influencia económica y política sobre Europa y Medio Oriente, aprovechando el debilitamiento de la postura intervencionista norteamericana, que se puede evidenciar en prácticas abiertamente aislacionistas como el retiro de las tropas de Irak, que ha provocado la expansión y el crecimiento de grupos fundamentalistas, que han sembrado un estela de terror en todo el mundo.

 

Entre tanto, La ausencia de intervención militar frente a regímenes autocráticos como Irán y Siria, ponen en peligro la seguridad global, la flexibilización de la estrategia ofensiva frente a los grupos alzados en armas en Colombia[1], y el restablecimiento de relaciones diplomáticas con gobiernos antidemocráticos, como Cuba, que desconocen la filosofía y los valores esenciales norteamericanos, que le han permitido obtener un rol protagónico en la historia de la humanidad, como difusor del libre mercado, promotor de las libertades políticas y  defensor de un sistema de partidos, sólido y plural. Los hechos mencionados, entre más ausencias, advierte un posicionamiento de Estados que ponen en peligro el orden internacional y grupos terroristas, y un debilitamiento hegemónico de poder por parte de Estados Unidos

Desde la doctrina Monroe,  Estados Unidos, comienza a exhibir la necesidad de ejercer un rol más activo, en la geopolítica global, promoviendo la institucionalización y promoción de la democracia y el libre mercado, y evitando el ascenso de una potencia hegemónica regional o global que pudiese desplazar su papel no solo en el continente americano, sino en todo el mundo.

Luego con la doctrina Truman, se empieza a considerar la posibilidad de que Estados Unidos intervenga de forma directa en los conflictos internos trasnacionales para  proteger a la población de regímenes autoritarios que oprimen sus libertades y derechos humanos, y para salvaguardar el orden internacional de amenazas de gobiernos potencialmente agresivos y belicistas.

Luego con la doctrina Nixon se establece como principio fundamental, el apoyo a grupos o a gobiernos, que promuevan los valores tópicos del modelo económico y político norteamericano, para replicarlo en diferentes países del mundo, que se encontraban bajo el influjo de la Unión Soviética.

Después de la Segunda Guerra Mundial, se genera una disyuntiva en materia geopolítica donde Estados Unidos y la Unión Soviética se disputan el liderazgo global, apelando a estrategias disuasivas como su arsenal nuclear y el aumento de su poderío militar.

En este período, la política norteamericana, se caracteriza por reflejar un realismo en materia de relaciones exteriores, donde en palabras de Ferdinand de Lazalle se imponían “los factores reales y efectivos del poder” en las relaciones económicas, sociales y políticas entre los Estados.

Para el gobierno norteamericano, la defensa de sus intereses se enmarcaba en el impulso de un conjunto de mecanismos unilaterales de control y de presión, no solo mediante su intervención militar en conflictos extraterritoriales como Vietnam, Palestina y el Congo, sino mediante la extensión global de instituciones financieras, como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y la Organización Mundial del Comercio, donde el país norteamericano actualmente cuenta con una participación mayoritaria.

En 1989, con la caída del Muro de Berlín y el derrumbe de la Unión Soviética, la influencia de los Estados Unidos en el mundo se consolida y el modelo de mercado y la democracia liberal se erige como el paradigma global

Sin embargo en la actualidad, a pesar de permanecer geoestratégicamente  como la mayor potencia mundial, Estados Unidos, ha ido perdiendo liderazgo, a nivel global frente a temas trascendentales, en los cuales ha abandonado su tradicional postura realista, para adoptar una postura aislacionista, que podría generar graves consecuencias no solo para el país norteamericano, sino para al mundo entero.

Estados Unidos, no ha tomado las medidas militares, políticas y económicas, necesarias para impedir el auge y el fortalecimiento de regímenes autocráticos que pueden poner en peligro, la seguridad global tales como China, Rusia, Irán y Siria. La falta de actuación sobre estos gobiernos, ha puesto en duda los valores democráticos y la defensa de las libertades civiles y económicas que la nación norteamericana ha defendido históricamente.

En palabras de Robert Kagan “en los últimos años, las autocracias de Rusia y China han aumentado y los islamistas radicales han librado su propia lucha, las democracias se han dividido y distraído con temas tanto profundos como nimios. Ellos han puesto en duda su objetivo y su moralidad, cuestionando el poder y la ética, y señalando los defectos del otro. La desunión ha debilitado y desmoralizado a las democracias en un momento en el que no pueden permitírselo”[2].

La posición aislacionista y pasiva de Estados Unidos, ha generado que los conflictos mundiales se multipliquen y se agraven, tal como ocurrió con el retiro de tropas de Irak, que permitió la difusión y la expansión del terrorismo islámico, no solo en ese país, sino a nivel global.

En igual sentido, se han moderado las tácticas de disuasión y persuasión, frente a temas vitales como la proliferación de armas químicas y biológicas, las cuales pueden llegar a posesión de grupos radicales fundamentalistas, de manos de gobiernos como Irán y Corea del Norte, lo que podría generar un conflicto de carácter internacional que conlleve a la destrucción de cientos de miles de vidas humanas, por el uso de artefactos explosivos con capacidad de difusión indiscriminada.

Del mismo modo, se han flexibilizado las estrategias bélicas contra grupos terroristas a nivel global, bajo la excusa que los gobiernos deben resolver sus conflictos internos, sin tener en cuenta que esos grupos armados pueden intervenir en cualquier parte del mundo, para afectar a la población civil.

Por esa razón se hace urgente que Estados Unidos retome una postura más realista y más consecuente con el rol activo que desempeña en el mundo, como difusor de los valores del mercado, la democracia y las libertades públicas.  


[1] Esta flexibilización puede evidenciarse con la sustitución del Plan Colombia como mecanismo de financiación del combate militar a  los grupos armados internos, por el Plan “Paz Colombia” que contempla la salida negociada a la guerra contra el terrorismo.

[2] Robert Kagan, The Return of History and the End of Dreams, Nueva York, Alfred A. Knopf, 2008, p.4.

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