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Miércoles, 30 Agosto 2017 00:57

Migración de palestinos a Jordania y Líbano: la crisis de los refugiados

Migración de palestinos a Jordania y Líbano: la crisis de los refugiados Tomado de: Common Dreams

MARÍA ISABEL OLANO GÓMEZ*

Según cifras de las Naciones Unidas más de 2 millones de palestinos viven como refugiados en el pequeño territorio de Jordania (89 mil km2 aproximadamente) y otros 500 mil en el aún más pequeño territorio de Líbano (10 mil km2 aproximadamente). Estos datos constatan la gravedad de una de las más importantes crisis globales: la crisis mundial de refugiados, y dentro de esa crisis, la gravedad de la situación de los palestinos que viven en condición de refugiados en el Medio Oriente desde hace más de 60 años.

La migración de palestinos a Líbano y Jordania se remonta a la guerra de 1948 cuando fueron forzados a moverse a Gaza, y posteriormente cuando Israel la ocupó en 1967. Otras particularidades se han dado en estos países, las cuales han concluido en un continuo desplazamiento en el tiempo de los palestinos, y las diferentes condiciones de vida que cada Estado ha posibilitado han marcado las circunstancias de los refugiados en los mismos. Cuando la comunidad internacional asuma sus deberes, y se ataquen las causas fundamentales de la crisis de los refugiados como la pobreza mundial y las guerras, tal y como se evidencia en el caso de los refugiados de Palestina, se podrá hacer una repatriación efectiva como una posible solución al problema de los refugiados en el mundo. Mientras eso, el apoyo a las organizaciones internacionales eficientes puede hacer una diferencia para garantizar un mínimo de condiciones para esta población.

Los datos sobre la migración de palestinos son alarmantes. Tres cuartos del pueblo palestino está desplazado, y aproximadamente uno de cada tres refugiados en el mundo es palestino. Para comenzar, las migraciones de palestinos a Líbano y Jordania inician como consecuencia del conflicto árabe-israelí de 1948 que tiene lugar cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Resolución 181 de 1947, conocida como Plan de Partición, el cual tenía como fin crear un Estado judío para acomodar a esta pueblo-nación. El conflicto en Palestina se extendió debido a los ataques de las fuerzas militares israelíes y a la limpieza étnica. Los palestinos describen 1948 como la catástrofe durante la cual fueron expulsados por las fuerzas militares israelíes y huyeron por miedo a la frontera con Líbano, así como a Cisjordania y la Franja de Gaza, pero con la esperanza de que cuando las hostilidades cesaran pudieran regresar a sus hogares (Rempel, 2007; Shafie, 2007; Abed, 2004). Después de su establecimiento en 1949, la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo (UNRWA) comenzó a operar en 1950, por lo que “entre 1948 y 1958, los refugiados palestinos vivían en relativa armonía con sus anfitriones libaneses, con cierta libertad de expresión y actividad política” (Suleiman, 1999 citado en Shafie, 2007).

Posteriormente, miembros de varios grupos libaneses y de la sociedad civil internacional, exigían al gobierno que apoyara el derecho de los palestinos a organizar guerrillas contra Israel desde el territorio perteneciente a Líbano (Cobban, 1985 citado en Shafie, 2007); y, después de la derrota de Egipto y Siria en la Guerra de los Seis Días de 1967, surgió una oleada de apoyo a la Organización de Liberación Palestina (OLP), movimiento guerrillero palestino, en la mayoría de los países árabes. Al año siguiente, tuvo lugar la primera incursión israelí a gran escala en Líbano la cual buscaba obligar al gobierno libanés a controlar a los guerrilleros palestinos, momento en que se constituye la segunda ola de migración palestina por la ocupación de Israel en Cisjordania, la Franja de Gaza, los Altos del Golán y la Península del Sinaí, allí donde principalmente estaban establecidos los campos de refugiados (Al Abed, 2004; Shafie, 2007).

En principio, hubo una actitud de acogida y tolerancia por parte de los libaneses. Sin embargo, Israel se negó a implementar la Resolución 194 de la Asamblea General de la ONU, la cual versa sobre las condiciones en la región después de la guerra de 1948, acontecimiento clave para que el gobierno libanés comenzara a poner restricciones severas a los refugiados con el fin de desalentar el asentamiento permanente. Con el Acuerdo de El Cairo de 1969 se les otorgó a los refugiados palestinos la residencia, la libertad de circulación y los derechos laborales, que permanecieron vinculados al Acuerdo de El Cairo y nunca se convirtieron en legislación nacional, así como la autonomía de los campamentos de refugiados y el derecho a realizar ataques armados contra objetivos israelíes desde el suelo libanés. Pero el Líbano anuló unilateralmente el Acuerdo de El Cairo en 1987, aboliendo así todos los derechos socioeconómicos concedidos previamente a los palestinos.

Además de todo esto, las condiciones en las que han vivido los migrantes palestinos en Líbano han sido marcadas por la violencia: destacan la invasión israelí a Líbano, que obligó a muchos refugiados a huir de sus hogares en los campos de Beirut y en el sur del país, y a buscar refugio en otros campamentos; así como los efectos de la represalias israelíes contra Organización de Liberación de Palestina (OLP), que nació en el exilio palestino en Jordania y que mantuvo adeptos entre los jóvenes refugiados en Líbano. A ello se suman los conflictos internos entre los palestinos dada su escisión en alrededor de 15 facciones, con el agravante de que el gobierno libanés no trató de imponer control estatal sobre los campos. Además, los efectos sobre los palestinos del conflicto entre Hizbullah e Israel, especialmente sobre aquellos que viven tanto campos de refugiados de El Buss, Rashidiyeh y Borj Shemali, en el sur del país, como aquellos que han logrado establecerse en Tiro y en los poblados froterizos con Israel.

Así, entre 1975 y 1991, además del exilio de su tierra, muchos palestinos han tenido que volverse a desplazar a otros campos de refigiados en estos territorios extranjeros. Por tanto, los refugiados que han abandonado sus campamentos originales o han sido expulsados de ellos se dispersaron alrededor del Líbano en asentamientos informales en los que no tienen acceso a algunos servicios básicos. En estos lugares, el gobierno libanés sigue prohibiendo a los refugiados realizar cualquier reconstrucción de sus casas (Amnistía Internacional, 2006 citada en Shafie, 2007), incluso en algunos campos que fueron parcialmente destruidos durante la guerra civil y la invasión israelí y que nunca pudieron ser reconstruidos.

Ahora bien; como la migración de palestinos se dio como consecuencia de los hechos antes mencionados, se pueden considerar como refugiados de Palestina, a quienes la UNRWA define como “toda persona cuyo lugar de residencia normal fuera Palestina durante el período comprendido entre el 1 de junio de 1946 y el 15 de mayo de 1948 y que perdieron su hogar y medios de subsistencia como resultado del conflicto de 1948”, y la descendencia de los mismos (Shafie, 2007). Según la organización, a enero de 2017 habían 504.376 refugiados registrados en Líbano, que representan cerca del 10% de la población del este país (UNRWA, 2017). Según el jefe de la misión de ACNUR en Libia, para 2012 “los palestinos eran oficialmente el segundo grupo más grande de refugiados, con 2.700 personas, pero según los informes la cifra podría llegar a 40.000” (ACNUR, 2012).

Desde principios de la década de 1990, el Líbano ha impuesto innumerables restricciones en materia de derechos políticos, sociales o civiles a los refugiados de Palestina en forma de legislación (UNRWA, 2002 citado en Shafie, 2007). El Protocolo de la Casa Blanca de 1965 para el Tratamiento de los Palestinos en los Estados Árabes, establece los derechos a la atención de la salud, educación, empleo, a la libertad de asociación, a ser registrado y a un nombre. Sin embargo, no gozan de varios derechos humanos básicos como el derecho a trabajar en más de 20 profesiones y solo dentro de los 12 campos oficiales, y tienen prohibido el asentamiento. Tampoco son considerados formalmente ciudadanos de otro Estado. En consecuencia, los refugiados de Palestina en el país se enfrentan a la falta de derechos sociales y civiles, a la negación de servicios sociales públicos y al limitado acceso a la salud o a la educación pública, por lo cual la mayoría de los refugiados de Palestina que viven en Líbano dependen completamente de UNRWA como el único agente que proporciona educación, salud y servicios sociales. Los refugiados palestinos en Líbano tienen la peor situación socioeconómica de las cinco áreas de operaciones del UNRWA. Además, los refugiados palestinos en Líbano son discriminados y acosados diariamente, a lo cual se puede encontrar una explicación en que el Gobierno del Líbano, y la mayoría de su pueblo, se oponen a cualquier integración permanente de los refugiados palestinos (USCR, 1999 citado en Shafie, 2007), argumentando que la concesión de la ciudadanía a los palestinos, “alteraría el delicado equilibrio sectario en Líbano” en la medida en que son musulmanes sunitas en su mayoría, además de que se les culpa del surgimiento de la guerra civil.

Hasta su retirada en 1982, la OLP prestó los servicios de asistencia a los refugiados palestinos, vacío que no fue reemplazado por ninguna otra organización o institución. Hay algunas ONG que ofrecen servicios en las áreas de educación, salud y empleo y algunas asociaciones civiles libanesas que prestan asistencia a los refugiados palestinos en forma de ropa, comida y refugio, además de la UNRWA, sobre la cual se hablará posteriormente. También hay algunos programas de UNICEF para los campos informales que constan de proyectos y actividades de prestación de servicios, capacitación, educación sanitaria y creación de capacidad (Shafie, 2007).

En contraste, la situación de los palestinos en Jordania es totalmente diferente. El origen de las migraciones en el mencionado país, aunque también se remontan a la guerra árabe-israelí de 1948 y posteriormente a la guerra de 1967, cuando Israel ocupó Cisjordania y Gaza junto con otros territorios árabes; la anexión de la primera, seguido de la conversión de Transjordania en el Reino Hachemita de Jordania, y los flujos de refugiados transformaron la estructura demográfica del nuevo Estado, inclinando el equilibrio a favor de una mayoría palestina, de los cuales la mayor parte recibieron la ciudadanía a principios de los años 50, con igualdad en materia de derechos civiles como ciudadanos jordanos, aunque no se ha cancelado el derecho de retorno de los palestinos ni su condición de refugiados. Por esta razón, el gobierno tuvo que adaptar sus políticas para acomodar a la nueva población (Abed, 2004).

La diferencia en las migraciones radica en la Resolución 2252 de 4 de julio de 1967 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, con la que los migrantes de la ola de 1976 se definieron como ‘personas desplazadas’. También en que en marzo de 1968, una brigada israelí atacó Al Karamah (aldea jordana) justificándose con que esta era la base de un creciente Movimiento de Resistencia Palestina. El incidente impulsó la moral palestina y dio a la OLP una popularidad instantánea dentro del mundo árabe, por lo que el gobierno de Jordania se sintió amenazado. Ya en 1988, un discurso real anunció la separación administrativa entre Jordania y Cisjordania, lo que hizo que un millón y medio de palestinos con pasaportes jordanos fueran ciudadanos palestinos, es decir, personas que residen en los territorios ocupados y no tenía estatus legal.  Finalmente, cuando el presidente iraquí Saddam Hussein decidió ocupar Kuwait y con la Guerra del Golfo en 1990 y 1991, jordanos, de origen palestino en su mayoría, regresaron a Jordania para ser ‘repatriados’. Ellos entraron a campos de refugiados o se sumaron a los desempleados, por lo que algunos optaron por  migrar a otros lugares.

Los refugiados palestinos en Jordania, entonces, se categorizan en jordano-palestino de 1967, jordano - palestino de Jerusalén, palestinos de Gaza, palestinos de Cisjordania o de la Franja de Gaza. Todos tienen residencia permanente; la diferencia radica en el lugar donde residen, la clase del pasaporte, el libro de la familia o el estatus de los miembros de la familia, en la tarjeta de la travesía, que por colores indica la condición del migrante y por la accesibilidad a los servicios, a los que solo tienen acceso completo las tres primeras. En particular, los originarios de Cisjordania y Gaza tienen derechos y privilegios diferentes.

Su situación es relativamente buena en comparación con los palestinos en Líbano. Según la UNWRA, a marzo del 2017 habían 2,247.768 refugiados palestinos registrados, los cuales se instalaron en diez campamentos oficiales y otros tres no oficiales. Aunque los palestinos en Jordania disfrutan del derecho de ciudadanía, han enfrentado la discriminación en general y especialmente en el empleo y la educación, en particular los que están social y económicamente en desventaja; por ejemplo, no tienen derecho a votar ni a trabajar en el gobierno. Además, la asistencia financiera del Programa Mundial de Alimentos (PMA) a los refugiados en Jordania se ha reducido drásticamente debido a la insuficiencia de fondos (Amnistía Internacional, s.f).

La UNRWA y el Department of Political Affairs (DPA) de las Naciones Unidas se ocupan de su situación y se coordinan estrechamente en todos los aspectos referentes al socorro y los servicios. La última es un organismo gubernamental que se ocupa de todos los asuntos administrativos y de seguridad relacionados con los doce campamentos en Líbano. Se encarga de supervisar la infraestructura física y puntos de venta en los campamentos, la construcción de unidades residenciales y comerciales, y de procesar los permisos de visita presentados por palestinos que viven en Líbano, Gaza y Cisjordania. La UNRWA, por su parte, es la operación más grande de Naciones Unidas en el Medio Oriente que presta servicio desde 1950 teniendo como prioridades la educación, la salud, el socorro y los servicios sociales, así como microcréditos. Aunque originalmente fue prevista como una organización con un mandato temporal, los programas de la UNRWA han evolucionado a fin de satisfacer las cambiantes necesidades de los 4.3 millones de refugiados de Palestina viviendo en la Franja de Gaza, Cisjordania, Jordania, Líbano y Siria, y ha logrado sobreponerse en cierta medida a una inseguridad indefinida, la escasez de alimentos y energía, las repercusiones del estancamiento de la ayuda extranjera a la PA (Autoridad Palestina, con Hamas a la cabeza) y restricciones cada vez más duras en el traslado de personas y bienes, males con los que luchan los palestinos. Los principales donantes de la Agencia son la Comisión Europea, los Estados Unidos y algunos estados miembros de la Unión Europea (Gunnarsdóttir, 2007).

Así pues, la migración de palestinos a Líbano y Jordania evidencia que el problema de los refugiados está cada vez más latente en el mundo, y que esta situación requiere de la atención y el sentido de responsabilidad de los países que tienen la capacidad para ayudarlos. Estos deben acoger a la mayor cantidad de refugiados que sus capacidades le permitan, y deben otorgarles derechos civiles, tal y como establece Pogge (s.f). Por el momento, es pertinente utilizar los medios para apoyar a organizaciones tales como la UNRWA, que ha mantenido de cierta manera unas condiciones de vida digna para los refugiados de Palestina desde hace 67 años, que de otro modo no podrían tener.

No obstante, solo cuando se aborden las causas fundamentales terminará la crisis de los refugiados, por lo que los Estados deben encaminar su accionar a terminar los conflictos y los abusos generalizados de los derechos humanos (Amnistía Internacional, s.f). De esta manera, los medios políticos no deben tener como fin último los deberes dichos, sino que se deben orientarlos a un programa para la erradicación de la pobreza mundial, que pueda eliminar las condiciones de vida desfavorables en las que viven los migrantes y a su vez erradicar la motivación de migración generalizada, y así constituir un ámbito de desarrollo digno en el que las personas se puedan desenvolver en sus propios Estados y se elimine la necesidad de migrar a otros países en busca de mejores condiciones de vida. Esto no es nada distinto a lo que ya se estableció en Convención de las Naciones Unidas sobre los Refugiados, por ejemplo, con el principio de la responsabilidad compartida.

Sumando a ello, es importante que se respeten los territorios históricos de naciones como Palestina, pues de nada sirve eliminar la pobreza mundial si por otras circunstancias se perpetuaran condiciones desfavorables para la población afectada por males como el desplazamiento forzado o las guerras. El respeto por la teoría de la agresión, el paradigma legalista, y la guerra justa podría evitar sustancialmente otra de las causas fundamentales de la migración como la guerra (Walzer, s.f).

En principio y en la práctica “la repatriación voluntaria sigue siendo la solución duradera primaria para los refugiados alrededor del mundo” (Rempel, 2007), pero sin un territorio propio y con una aversión a sus “connacionales”, como en el caso palestino, se dificulta la misma. Desde la expulsión de los palestinos en 1948, Israel les ha negado el derecho a regresar a sus hogares y tierras (Abed, 2004).  Esta es una situación injusta, pues de acuerdo con Pogge (2013) en cuanto los estados sean auto-interesados y desiguales en poder, los resultados de cualquier proceso de deliberación concebible en la realidad reflejan el desequilibrio de poder existente.

Referencias

Abed, O. (2004, febrero). Palestinian Refugees in Jordan. Migraciones Forzadas. Recuperado de http://www.forcedmigration.org/research-resources/expert-guides/palestinian-refugees-in-jordan/index

Amnistía Internacional. (s.f). The global refugee crisis: a conspiracy of neglect.

Gunnarsdóttir, G. (2007). Migraciones Forzadas. UNRWA: apoyo a los refugiados palestinos en un entorno desafiante. S.vol (26), 10-13. Recuperado de http://www.fmreview.org/sites/fmr/files/FMRdownloads/es/pdf/RMF26/RMf26.pdf

Pogge, T. (2013). Moralizar la intervención humanitaria: por qué fracasa la vía deliberativa y cómo puede funcionar la ley. Hacer justicia a la humanidad (459-491). México, D.F: Universidad Nacional Autónoma de México.

Pogge, T. (s.f). Migración y pobreza.

Rempel, T. (2007). Migraciones Forzadas. ¿Quiénes son los refugiados palestinos?, s.vol (26), 5-8. Recuperado de http://www.fmreview.org/sites/fmr/files/FMRdownloads/es/pdf/RMF26/RMf26.pdf

s. a. (16 de marzo 2012). Nuevos desafíos para el personal del ACNUR en Libia. ACNUR. Recuperado de http://www.acnur.org/noticias/noticia/nuevos-desafios-para-el-personal-del-acnur-en-libia/?sword_list[]=migración&sword_list[]=de&sword_list[]=palestinos&no_cache=1

Shafie, S. (2007, Julio). Palestinian Refugees in Lebanon. Migraciones Forzadas. Recuperado de http://www.forcedmigration.org/research-resources/expert-guides/palestinian-refugees-in-lebanon/index

UNRWA. (2017). Jordania. Recuperado de http://www.unrwa.es/los-refugiados/donde-estan/jordania

UNRWA. (2017). Líbano. Recuperado de http://www.unrwa.es/los-refugiados/donde-estan/libano

Walzer, M. (s.f). La ley y el orden en la sociedad internacional. La teoría de la agresión (89- 115). S.l: s.e


*Estudiante de la Facultad de Ciencias Políticas de la UPB, monitora del área de Historia y Geografía.

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