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Martes, 21 Febrero 2017 01:47

El renacimiento del nacionalismo en Europa

ALEJANDRO GÓMEZ RESTREPO* 

Movimientos como el Frente Nacional en Francia, el Partido Popular Danés, y especialmente el UKIP inglés ponen de manifiesto que el nacionalismo está vivo y presente en la política europea. ¿Qué es el nacionalismo? ¿Cuáles son sus manifestaciones en la Europa contemporánea? ¿Qué han generado específicamente en Inglaterra? Estas son algunas de las cuestiones que buscar ser desarrolladas en el presente análisis, partiendo de la premisa consistente en que la acogida del nacionalismo está en ascenso y que ello está desestabilizando la política interna y externa de los Estados europeos, manifestándose, además, producto de sus política xenófobas y discriminatorias, como un peligro para la humanidad. 

El concepto de nacionalismo es ambiguo, equivoco y difícil de asir. Algunos autores como John Breuilly lo conciben de forma amplia y abstracta evocando tanto ideas y sentimiento como acciones. Asimismo, Lois Snyder menciona que “el término nacionalismo no admite una simple definición pues es un fenómeno complejo de carácter vago y misterioso”. Por su parte, autores como Creig Calhoun y Stanley Hoffman defienden que la comprensión del nacionalismo no es posible sin consolidarse una definición de aquel; no obstante, otros académicos responden ante esto planteando que no puede concebirse una teoría universal del nacionalismo y por tanto no puede adecuarse a una única definición, por lo que éste solo puede concebirse y aprehenderse a partir del estudio de sus tipologías.

El nacionalismo como concepto es multidimensional toda vez que ha sido explicado, analizado y debatido en diversas disciplinas como la ciencia política, la sociología, la psicología y la antropología. Para los politólogos el nacionalismo constituye una ideología y movimiento social que se aparta de la sociedad internacional bajo una exacerbación de la nación, entendida esta como la identidad colectiva de un pueblo basada en los lazos que se comparten como la cultura, el idioma, la etnia, la religión o la historia; sin embargo, no existe un consenso al respecto. Para la sociología, por su parte, el nacionalismo “se distingue como una acción colectiva diseñada para hacer las fronteras de la nación congruentes con aquellas de la unidad de gobierno” (Hechter, 2000, p. 7). Según lo anterior, el movimiento ideológico, materializado en acción colectiva, está dirigida a fortalecer el Estado representando los ideales de la nación, fundado en lo expresado por Gellner (1991, p.1) “lo político y lo nacional deben ser congruentes.

La psicología y la antropología explican con claridad el surgimiento del nacionalismo en la sociedad europea: para la psicología el nacionalismo es un sentimiento que consolida al sujeto dentro de un grupo donde se siente identificado en oposición a otros que no lo representan, esto conlleva a exigir del gobierno la satisfacción de los interés de ese grupo. Bajo la perspectiva de la antropología el nacionalismo es “el fruto de un proceso histórico que dota de conciencia las diferencias morales entre los pueblos”, diferencias que radican en la lengua, la etnia, la religión, la historia y la cultura. Las semillas del nacionalismo se encuentran en los idearios de la Revolución Francesa y el romanticismo alemán. Con la Revolución Francesa de 1789 se exaltó el patriotismo bajo los postulados de la “igualdad, la libertad y la fraternidad”, exaltándose la nación francesa por encima del monarca, y conllevando a que los hijos de la Revolución, liderados por Napoleón, buscaron trasladar esa concepción a otros pueblos a través de la fuerza. 

Los alemanes en el siglo XIX, inspirados en el romanticismo, buscaron consolidar un solo Estado que agrupara a la nación germánica, ello producto de ese sentimiento de conexión e identidad por compartir religión e idioma, representando ese sentimiento nacionalista marcado por lo que los única y los diferenciaba de otros pueblos. Herder (1744-1803) planteaba que “un racionalista antes dos hombres de distinto color vería dos personas, pero un romántico vería a un blanco y a un negro”, es decir, el romanticismo subraya las particularidades de las personas y aquellos que hace singular a cada nación. Es por lo anterior que el nacionalismo tiene su origen en el romanticismo, lo cual denota claramente su alto componente irracional.

Los movimientos nacionalistas no se adoptan bajo un solo modelo, sus tipologías son diversas y pueden analizarse según el ámbito de actuación y según la ideología que se suscite a su interior. Según su ámbito de actuación, los movimientos nacionalistas pueden bien buscar la independencia de otros estados, como los casos de Grecia y Bélgica, la primera sublevada frente al Imperio Turco en 1829 y la segunda frente a Holanda en 1830, ambas victoriosas; o bien buscar la unificación de una misma nación repartida entre varios estados, como el caso de Alemania e Italia en el siglo XIX; incluso pueden buscar el imperialismo. Por otro lado, según la ideología, los nacionalismos pueden ser bajo una tendencia liberal o bajo una tendencia conservadora.

Actualmente en Europa está resurgiendo ese nacionalismo que nació en la Revolución Francesa bajo un modelo de “ultraderecha” caracterizado por esos lazos nacionales exacerbados y la propuesta por la exclusión radical de todo aquello que sea diferente a los ideales de esa nación en particular. Así, pueden señalarse las palabras de Marine Le Pen del movimiento Frente Nacional francés “Francia se ha convertido en la ramera de Arabia Saudita y Catar”; también las expresadas por Mikkel Dencker del Partido Popular Danés “Dinamarca está perdiendo su identidad”; e incluso, las más violentas proclamadas por Geert Wilders del Partido de la Libertad holandés “hay que acabar con el islamismo en Holanda” y las expresadas por el líder del movimiento neonazi Amanecer Dorado en Grecia Nikolaos Michaloliakos: “todos los inmigrantes ilegales, fuera de mi casa, fuera de mi país”. Es especialmente preocupante que estos movimientos nacionalistas están en creciente apogeo. Lo anterior ha quedado evidenciado en el hecho de que en 2014 hayan quedado elegidos 4 eurodiputados nacionalistas daneses; 24 eurodiputados nacionalistas ingleses; 24 eurodiputados nacionalistas franceses; 4 eurodiputados nacionalistas  austriacos; entre otros.

Dentro de estos movimientos nacionalistas resulta de especial interés el caso inglés. El Partido de la Independencia del Reino Unido -UKIP- liderado por Diane James tiene como principal postulado el abandono del país de la Unión Europea, identificado, entonces, como un partido político euroescéptico. Este partido tiene como premisas: eliminar la inmigración, restablecer todas las fronteras y recuperar las entradas con visado, establecer 30 mil agentes fronterizos más, que todo inmigrante ilegal debe ser deportado, obligar a todo no-británico a firmar un contrato de ‘respeto de la cultura británica y Ley’, derogar la Ley de Derechos Humanos británica de 1998  y retirarse de la Convención Europea de Derechos Humanos y las  Libertades Fundamentales, evitar que un ciudadano británico pueda apelar a un Tribunal Europeo o Internacional la defensa de sus derechos, eliminar cualquier subvención a la ‘promoción y respeto de la multiculturalidad’, asegurar que el Estado del Bienestar británico sólo sea accesible para ciudadanos británicos, entre otras.

El gran logro de este movimiento nacionalista fue el Brexit, el referendo popular donde preguntaba por la salida o la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea donde triunfó la salida. Brexit es una abreviatura de dos palabras en inglés, Britain (Gran Bretaña) y exit (salida), que traduce la salida del Reino Unido de la Unión Europea. Este se convirtió en la palabra más pronunciada al hablar del referendo, aunque solo se refería a una de las dos opciones del mismo. Este trascendental suceso ha generado que los diferentes líderes nacionalistas europeos estén llevando el debate de la salida de su respectivo país de la Unión Europea. Así, Marine Le Pen señaló que esto le otorgaba “una legitimidad suplementaria para llevar ese debate a Francia”, también Geert Wilders solicitó que se hiciera un referendo igual en Holanda.

Es claro que el sentimiento nacionalista está difundiéndose y aumentándose en los Estados europeos, cada vez las votaciones se inclinan más a favor de los partidos políticos nacionalistas y el triunfo del Brexit es una evidencia de ello. Es preocupante observar el tono violento y el odio con que se expresan los discursos y las premisas de estos movimientos políticos, pero parecieren imparables. ¿Será posible que el mundo desconozca los estragos de la Segunda Guerra Mundial y se apoye sin más estos pronunciamientos intolerantes, bélicos y deshumanizantes? ¿Aquellos que no lo desconocen, qué deben hacer para detenerlos? ¿Qué hacer para evitar que el mundo sucumba nuevamente ante el desastre de una guerra por identidades nacionalistas irracionales? ¿Será posible reivindicar la humanidad, disminuir la intolerancia y esperar un mundo en paz, o será esto únicamente un ideal? Muchas preguntas suscita el resurgimiento de los nacionalismos en Europa, pocas respuestas se arrojan y la preocupación aumenta. 

* Estudiante de la Facultad de Ciencias Políticas de la UPB

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