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Viernes, 01 Junio 2012 19:20

Paradojas chino rusas

Juan David García Ramírez

En un mundo interdependiente e interconectado como el de hoy, resulta inevitable referirnos a la realidad política, económica y social de un país o región, a partir de la comparación con otros países, pues la globalización ha hecho que el mundo se haya tornado más homogéneo y todos compartan elementos comunes, sin perjuicio de que continúen sus realidades históricas particulares o sus procesos de evolución en todos los órdenes. Podemos aproximarnos a los casos de Rusia y China, dos grandes potencias que en la actualidad se perfilan en la disputa por la hegemonía en el sistema internacional.

Rusia y China son los dos países más importantes del mundo que no se gobiernan bajo la democracia liberal. Su búsqueda de un sistema político y económico adaptado a sus circunstancias, es de una enorme importancia global. Si se convirtieran en democracias liberales, al estilo de las que son paradigmáticas en el mundo occidental (Estados Unidos, Gran Bretaña y Alemania), todas las mayores potencias del mundo serían regímenes estables, que contarían con el consentimiento popular y se someterían al imperio de la ley. Es probable que ello no equivalga a una paz permanente, ni haría desaparecer las rivalidades internacionales. Pero, a lo mejor, daría lugar a un mundo diferente y menos propenso al conflicto. De momento, ambos países siguen direcciones distintas.

China está reformando su economía y, muy lentamente, otros aspectos de su sistema jurídico y administrativo, pero ha avanzado bastante poco en la introducción de la democracia. Del otro lado, Rusia emprendió primero y con rapidez la transformación de su sistema político. Incluso, durante el gobierno de Gorbachov hubo más glasnost (apertura política) que Perestroika (reestructuración económica). Después del fin de la Unión Soviética, avanzó a gran velocidad hacia la instauración de las elecciones libres e imparciales, esperando que así se llegara a la democracia liberal al estilo de Occidente. Al mismo tiempo, se produjo un boom de reformas económicas que aceleraran el tránsito al Capitalismo, si bien la mayoría fracasaron o quedaron incompletas. Vemos, pues, que China ha procedido a reformar su economía antes que el sistema político (ha estado haciéndolo durante 33 años, desde que Den Xiao Ping comprendiera la necesidad de superar el aislamiento al que el país se había condenado, desde que Mao Tse Tung se convirtiera en dictador y condujera a China al Socialismo real), en tanto que Rusia ha hecho lo contrario.

Hoy, Rusia puede considerarse políticamente más libre que China. En Rusia existe un respeto relativamente mayor por los derechos individuales y la libertad de prensa y, de hecho, su economía es más abierta a la competencia y a la inversión extranjera[1]*. Por su parte, China continúa siendo una sociedad cerrada y dominada por el Partido Comunista, pero no cesa en la reforma de su economía y mantiene un espectacular crecimiento económico, con todo y los devastadores efectos de la crisis económica mundial: En 2008, el PIB creció alrededor del 9% (con una disminución al 8.5% en 2009)[2], y no se trata solamente de una cifra: Una clase media en expansión, más culta y en contacto con el mundo, de la mano de una urbanización vertiginosa, podrían ser las claves para que China consiga democratizarse.

De este modo, la transformación que se ha evidenciado en Rusia y China sirve para confirmar que la libertad económica realmente produce cambios sustanciales, allí donde se le permite actuar. Estos dos países padecieron regímenes totalitarios durante décadas, y estuvieron condenados al estancamiento económico, político y social. Hoy en día, aunque Rusia y China continúan sometidas a gobiernos autoritarios que violan los derechos fundamentales, han avanzado enormemente, pues antes habría sido impensable que se incorporaran con tanta rapidez a la globalización económica y permitieran el acceso de sus ciudadanos a la revolución de la tecnología y la información. Si en sociedades tan renuentes al cambio ha sido posible una paulatina apertura económica, política y social, no hay razón para pensar que no pueda ocurrir lo mismo en América Latina, una región con mayor trayectoria democrática que estas dos grandes potencias.


[1]Global Economic Prospects 2.009, Op. Cit., p. 147

* En una visión perspectiva, Rusia tiene ahora grandes posibilidades de ampliar su transformación en una economía de mercado, a partir del aprovechamiento de los abundantes recursos naturales que posee, como el petróleo y el gas, y su desarrollada industria aeronáutica. Estos sectores estratégicos funcionarán más eficientemente, en la medida en que Rusia deje de practicar el Capitalismo de Estado y promueva una auténtica apertura económica, que ofrezca bienestar material a los ciudadanos.

[2] CENTRAL INTELLIGENCE AGENCY (CIA). CHINA. En: The World Fact Book [en línea]. Washington, DC, 2009. <Disponible en: https://www.cia.gov/library/publications/the-world-factbook/geos/ch.html> [Consulta: Sep. 2009]

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