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Domingo, 22 Octubre 2017 20:15

Nación, geopolítica y conflicto: vuelve la tensión a los Balcanes

* ILLIMANI PATIÑO

Mientras la atención de la comunidad internacional sigue dirigida hacia el conflicto sirio y el extremismo islamista en Europa, la tensa calma que se vive en la región del centro-oeste de los Balcanes, en el sureste europeo, parece estar en peligro. A menos de 2 décadas del fin del último gran conflicto en los Balcanes (la Guerra de Kosovo), las viejas disputas entre albanos, serbios y en menor medida, macedonios y montenegrinos, parecen no resolverse.

A pesar de no tener grandes riquezas naturales y de ser el sector menos desarrollado de Europa, la región del centro-oeste de los Balcanes ha desempeñado un papel fundamental en el escenario internacional a lo largo de la historia. Griegos, romanos, hunos, otomanos, austrohúngaros, italianos, alemanes, entre otros, han buscado conquistar a este territorio estratégico por ser la conexión entre Oriente y Occidente; así pues, la guerra ha sido el común denominador en esta zona.

Después de la disolución de Yugoslavia en 1991, la región ha intentado constituir democracias estables alrededor del principio de autodeterminación bajo la tutela de Estados Unidos y Europa. Sin embargo, los viejos nacionalismos han florecido, cuestionando la división territorial y el equilibrio de poder de una región con una extensión apenas mayor al departamento de Antioquia. Después de 3 semanas recorriendo esta pequeña pero interesante y bella región el mundo, presento algunas de mis impresiones frente a la compleja realidad social, cultural y política.

4 países, 3 religiones y 7 nacionalidades, ¿cuáles son los actores?

El territorio de 77.168 kilómetros cuadrados que comprende el territorio entre Macedonia, Albania, Montenegro y Kosovo es una de las zonas más pluriétnicas del mundo. En ella conviven principalmente albanos, serbios y macedonios, y en menor medida montenegrinos, turcos, bosnios y gitanos. Estos grupos étnicos tienen su propia lengua y practican diferenciadamente tres religiones: islam, cristianismo ortodoxo y cristianismo católico.

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Mezquita (1615), iglesia católica (en la montaña) y puente otomano en Prizren  (Kosovo).

  • Albanos: son mayoría en Albania (98%) y Kosovo (94%) y minoría en Macedonia (30%) y en Montenegro (5%). La religión predominante es el islam, sin embargo, aproximadamente un 23% de los albanos son católicos u ortodoxos. Se comunican en idioma albano en los países donde son mayoría y minoría.

  • Serbios: son minoría en la región (12%), pues la mayoría de su población vive en Serbia. Sin embargo, el idioma serbio sigue siendo ampliamente hablado por los habitantes de Montenegro, Macedonia y Kosovo pues era el idioma oficial de Yugoslavia. La religión predominante es el cristianismo ortodoxo.

  • Macedonios: mayoría en Macedonia (65%) y minoría en Kosovo y Albania. Hablantes de la lengua Macedonia, practicantes mayoritariamente de la religión cristiana ortodoxa y minoritariamente del catolicismo.

Recordemos que los países que componen esta región fueron “creados” gracias a la división de las repúblicas autónomas de la antigua Yugoslavia, a excepción de Kosovo, que era una provincia autónoma de la república Serbia. Mientras tanto Albania, era un país comunista completamente hermético, sin relaciones diplomáticas con Yugoslavia y con fronteras cerradas. En Albania la religión fue ilegalizada por el régimen de Enver Hoxha en la década de 1950 y lo fue así hasta 1992.

El nacionalismo Albano y la cuestión de Kosovo

Se debe resaltar que el problema histórico en esta región es una cuestión de control territorial. La coexistencia de las diferentes identidades nacionales estaba determinada (hasta antes de 1900) en la incapacidad de la mayoría de naciones de organizarse en forma de Estados, debido a la capacidad de las potencias regionales (Imperio Otomano e Imperio Austrohúngaro) de mantener soberanía sobre estos territorios. Estas condiciones cambiaron con la llegada del nuevo siglo, ya que al verse desmoronados estos imperios gracias a las guerras mundiales, las élites regionales pudieron consolidarse como los detentores del poder político, oportunidad que las mismas venían esperando desde mediados del siglo XIX.

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Casa donde se fundó la Liga de Prizren. Destruida por los serbios en 1999.

En este sentido, el caso albano es paradigmático. Después de 7 siglos de dominio otomano, se creó en 1878 la Liga Albana, en la ciudad de Prizren (actual Kosovo). Esta es importante por ser primer intento moderno de independencia y unificación del pueblo albano, idea que se concretó con su primera y breve independencia en 1912. En este lugar se definió la idea de una Gran Albania, que comprendía todos los territorios donde los albanos fueran mayoría (la actual Albania, Kosovo, Montenegro, parte de Macedonia y Grecia). Pero más allá de la circunstancia histórica, el nacimiento de la Liga Albana, trajo consigo un simbolismo sorprendente que explica por qué Kosovo sigue siendo uno de los territorios con mayor tensión en el mundo. Recordemos que Kosovo es un Estado con reconocimiento internacional limitado (111 de 193 países lo reconocen), que declaró su independencia apenas en 2008, 9 años después del fin de la guerra en su territorio y después de haber sido controlado por la OTAN entre 1999 y 2007.

Igualmente, es importante resaltar que Serbia no reconoce este Estado y aún hoy lo considera parte de su territorio. Para los serbios, quienes perdieron la guerra contra la OTAN en 1999 por Kosovo, este territorio es parte fundamental de su identidad, pues en 1369 se disputo en Pristina la batalla que definió la derrota del Reino Serbio a manos de los otomanos. Este suceso es el elemento simbólico más importante del nacionalismo del mencionado país, retomado por Slobodan Milósevic en 1989, sobre el cual se generó una concepción de “espacio vital” que implicaba el derecho de los serbios sobre la región.

Sin embargo, y a pesar que en el norte de Kosovo se vive un sentimiento pro-serbio, la mayoría de la población del país se considera parte de la nación albana (alrededor de un 90%). De hecho, el establecimiento de Kosovo como territorio independiente es una idea basada no en una identidad propia kosovar, sino en un deseo de que los albanos (en Kosovo) tengan un grado de autonomía más alto que el obtenido en la época yugoslava. En ese orden de ideas, resulta muy interesante ver como la mayoría de banderas que se ven en el país no son kosovares sino albanas (junto a las de la OTAN y EEUU), la lengua oficial es el albanés y gran parte de la música popular y festiva hace referencia al nacionalismo y cultural albana. Este hecho es sorprendente considerando que el contacto entre albaneses y albano-kosovares era casi nulo entre 1945 y 1990, durante la dictadura de Enver Hoxha en Albania, tiempo en el cual se rompieron cualquier tipo de relaciones con el territorio yugoslavo y se prohibió el cruce entre Kosovo (ex Yugoslavia) y Albania.

Una situación similar se vive en Macedonia, donde aproximadamente el 25% de la población hace parte de la etnia albana, siendo mayoría en la región noroccidental del país. Su capital, Skopje, esta divida geográficamente en dos gracias al Río Vardar; allí albanos y macedonios apenas confluyen. Esta división es tanto sectorial, como étnica y política. Por tanto, no es sorprendente el suceso ocurrido el 27 de abril de este año, el cual fue conocido como el “jueves sangriento”, en el que 200 nacionalistas macedonios irrumpieron en el parlamento para evitar que se eligiera un albano-macedonio por primera vez como portavoz de la institución colegiada, evento que dejó más de 100 heridos incluyendo al primer ministro. Tampoco se ha reconocido el albano como segunda lengua oficial, ni se ha permitido hacer una coalición de gobierno con partidos apoyados por los albano-macedonios.

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El día a día en Pristina, ciudadanos salen a conmemorar su identidad albana.

De hecho, a pesar de que hubo un acuerdo de paz entre el gobierno y paramilitares albanos en 2001, se siguen presentando enfrentamientos esporádicos y atentados (el último contra el parlamento en 2014) realizados por la insurgencia, así como asesinatos, manifestaciones y detenciones arbitrarias por parte del gobierno. En las regiones del país donde la mayoría de la población es de etnia albana, se siente la misma tensión que en Kosovo, hay monumentos a los héroes de guerra albanos, así como banderas albanas y grafitis conmemorando al UÇK (Ejército de Liberación Nacional Albanés). Hoy más que nunca sigue presente la idea de establecer una Gran Albania.

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Boicot a la lengua macedonia por parte de albanos a las afueras de Skopje.

El gran juego: Estados Unidos y Rusia por el control de los Balcanes

A pesar de las diferencias históricas entre las naciones que coexisten en esta región, pareciera que en el fondo este conflicto estuviera siendo patrocinado actualmente por los intereses geopolíticos de Rusia y la OTAN. En esta región pareciera funcionar ese viejo principio que postula que “el enemigo de tu enemigo es tu amigo”. Así, los serbios han sido históricos aliados de los rusos, comparten el alfabeto y la religión, por lo tanto, ni Rusia ni ninguno de sus aliados, incluyendo a China, reconocen a Kosovo. No sólo esto, en Belgrado pareciera que Rusia, y más específicamente Vladimir Putin, tuviera un simbolismo preponderante como defensor del interés y la identidad serbia. En ese orden de ideas, hay un resentimiento frente a la OTAN y Estados Unidos, justificado por los más de 2500 civiles muertos en los bombardeos en Serbia por parte de la OTAN durante la guerra de Kosovo.

Estos bombardeos son de especial importancia para nutrir el sentimiento de nacionalismo serbio, tanto así que aún se conservan destruidas las viviendas de civiles destruidas por los mismos en Belgrado y en toda la ciudad hay pancartas recordando a los familiares muertos por la ofensiva adelantada por la coalición liderada por Estados Unidos.

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Bandera de Serbia y Rusia desplegada por los hinchas del Estrella Roja de Belgrado.

Lo contrario sucede en Kosovo y Albania. En los edificios de gobierno en Kosovo aparecen la bandera oficial de Kosovo, acompañada de las banderas de Estados Unidos y la OTAN. El sentimiento es tan profundo, que hay una calle en Tirana (capital albana) que se llama avenida George Bush, así como infinidad de monumentos recordando la ayuda de la OTAN al pueblo albano. Y es que la creación de Kosovo es una iniciativa apoyada explícitamente por la Unión Europea y Estados Unidos, quienes ven la existencia de este país como una expresión de autodeterminación nacional. Cabe resaltar que todos los países de la región, incluyendo Serbia, son candidatos oficiales a hacer parte de la Unión Europea.

Esta región reviste tal importancia geoestratégica que Estados Unidos tiene la base militar más importante de los Balcanes en Kosovo, la base de Camp Bondsteel, construida en 1999 para apoyar a las misiones en la guerra de este territorio. Así, las intenciones de la potencia norteamericana resultan claras, crear en la región un contrapeso a los intereses de hegemonía regional de Rusia, así como tener una mayor influencia en una región cercana a Medio Oriente. Tiene el apoyo formal de Albania, Kosovo y Montenegro (quien se adhirió a la OTAN en 2016), dominando todos los puertos en el Mar Adriático, lo cual representa una derrota clara a los intereses geoestratégicos de Rusia quien ya no tiene ningún acceso al mediterráneo por la costa europea.

Sin embargo, Serbia (el país más poblado y rico de la región), quien parecía jugar de pívot regional en términos económicos y políticos, estableciendo relaciones económicas con Europa y acercándose militarmente a Rusia, está confirmando que sus intereses son acordes con las pretensiones rusas, especialmente por apoyar a este último en el boicot que lideró contra Kosovo. La jugada del país de los zares será entonces fortalecer a su aliado en la región, mientras aumenta su propaganda en el sur de los Balcanes, para finalmente apoyar a aquellos sectores en Albania, Bosnia y Macedonia que se opongan a la integración entre la Unión Europea, la OTAN y los mencionados países. Esta política blanda está acompañada de un discurso de pan-eslavista y antialbanista. Lo anterior resulta posible, si se tiene en cuenta que los rusos tienen definitivamente una ventaja cultural sobre sus competidores occidentales, al compartir la religión y las bases lingüísticas, elementos que juegan a su favor en términos propagandísticos.

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Pancarta en el parlamento serbio contra Estados Unidos y la OTAN.

El cierre temporal de relaciones diplomáticas entre Serbia y Macedonia en razón del reconocimiento de este último a Kosovo en la UNESCO, parece ser la prueba clara de que las tensiones en esta región de Europa siguen creciendo. Finalmente, el control sobre esta región por parte de uno de los dos bloques de poder será uno de los elementos que determinarán el futuro escenario mundial, sin embargo, ello poco parecería mejorar las condiciones vida para los habitantes de la región más pobre del continente. Por ende, la pregunta obligada debería ser, ¿cómo se definirá el gran juego geoestratégico en los Balcanes?


*Estudiante de Ciencias Políticas de la Universidad Pontificia Bolivariana.

 

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