logo cepri
logo upb
Domingo, 10 Junio 2012 19:24

TLC Corea-Colombia: un tratado razonable

Carlos Alberto Montoya Corrales

20/02/2012

Los Tratados de Libre Comercio (TLC) constituyen sin duda decisiones que suscitan todo tipo de comentarios y controversias asociadas a su viabilidad, necesidad e impacto en aquellos países y en las economías comprometidas, y el TLC de Colombia con Corea no podría ser la excepción. Los argumentos se refieren a la quiebra empresarial y pérdida de empleos en sectores como electrodomésticos, textiles, plásticos, llantas, químicos, productos metálicos, autopartes,… que registran una capacidad productiva inferior y por ende una menor competitividad a la que exhibe Corea.

Al respecto, es evidente que cualquier escenario en el cual se aspire a establecer relaciones basadas en la libre competencia constituyen un gran riesgo en general para la industria colombiana, y de manera particular para algunos sectores, que además de enfrentarse a las limitaciones propias derivadas de la disponibilidad tecnológica y de recurso humano, su capacidad de innovación y el tamaño de producción, ven crecer sus dificultades ante la carencia de una infraestructura para la competitividad, y la ausencia de una política sectorial de desarrollo industrial que oriente de manera efectiva las iniciativas de transformación productiva necesarias, para un sector manufacturero que requiere de un mayor protagonismo en la economía mundial. Este aspecto, particularmente, se constituye en una gran desventaja frente a una economía como la coreana, en donde producción es parte fundamental de un proyecto de desarrollo nacional que ha sido fuertemente respaldado por su Estado durante décadas.

Sin embargo, es claro que existen razones económicas que invitan a pensar en el carácter estratégico que representa esta iniciativa, frente a la cual el país ha mostrado la más firme decisión de convertirla en agenda clave de la política comercial en los próximos años. En primer lugar, las condiciones económicas de ambos países hacen prever el posible aprovechamiento del potencial de comercio e inversión en las respectivas regiones. Segundo, existen opciones concretas en materia de comercio e inversión que hacen que este tratado sea razonable. Tercero, para el caso particular de Colombia, el TLC con Corea se constituye en un vehículo de internacionalización; algo bastante atractivo si se tiene en cuenta el enorme rezago que registra la economía en esta materia, y que para el caso se enfrenta la evidencia de que, tal como ocurrió en Corea, de ello depende el poder alcanzar sendas de crecimiento sostenido y mejorar sustancialmente el bienestar de la población.

Para el caso de Colombia existen una serie de sectores en los cuales el intercambio con Corea sería de carácter complementario, y de los cuales otros países de la región se vienen beneficiando de tiempo atrás, como México, Brasil y Chile, principales compradores de productos coreanos en la región. Estos son: productos asociados con la transmisión radio y televisión y aparatos de telefonía y telegrafía; fibras sintéticas y artificiales; tejeduría y productos textiles; sustancias químicas básicas; industrias básicas de hierro y acero; aparatos de uso domestico; productos de caucho; maquinaria de uso especial; entre otros. Para Corea, existe un grupo de bienes y actividades que soportan comúnmente las exportaciones de Colombia, y que complementarían su estructura comercial. Estos son: extracción y aglomeración de hulla (carbón de piedra);   extracción de minerales y metales preciosos; productos de café, ingenios de refinería de azúcar y trapiches; los productos de horno de coque; los productos agrícolas; producción pecuaria; curtido y preparación de cueros; entre otros.

Adicionalmente, es necesario tener presente que el TLC con Corea trae consecuencias positivas sobre la actividad productiva nacional, dado su impacto en la reducción en el costo de importación de bienes de capital e intermedios usados como insumos de producción; lo que se traduciría en un mayor dinamismo de la inversión nacional y a su vez contribuiría al crecimiento económico. En la misma dirección, los contenidos de la negociación permiten inferir la importancia relativa que representa para Corea poder afianzar mayormente sus vínculos en el país. La negociación de un tratado es claro que abre espacio para una mayor llegada de capitales de inversión coreanos, incrementando de manera adicional la inversión agregada.

En fin, esperemos que el debate transite hacia los escenarios clave de la integración económica entre los países, y que al momento de la apertura del mismo ambas economías, en especial la colombiana, estén convencidas y actuando en dirección del mayor aprovechamiento del potencial comercial y productivo que del mismo se deriva; que de la mano del TLC con Corea, Colombia amase la estrategia de inserción del país a la región de Asia-Pacífico, y que el sector empresarial colombiano vinculado a los sectores antes mencionados, esté comprometido con el aprovechamiento de las ventajas asociadas a este libre mercado. Esto hace del TLC con Corea, un tratado razonable en el marco de necesidades y posibilidades para Colombia.

Carlos Alberto Montoya Corrales

profesor de la Facultad de Economía de la UPB, miembro del Grupo de Investigación Mercado y Libertad

Política Urbana

Colombia

No result...

América Latina

No result...

Política Internacional

Ensayo Filosófico

certram

Entrevistas

analecta

Contacto

Campus de Laureles
Circular 1 No. 70-01 - Bloque 12
Medellin - COLOMBIA
Teléfono: (57 4) 354 45 34 - 354 45 36
E-mail: cepri@upb.edu.co