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Martes, 17 Enero 2017 18:15

Donald Trump y los Estados Unidos. Una lectura en perspectiva sobre los Estados Unidos a partir del realismo ofensivo de J. Mearsheimer.

OLMER ALVEIRO MUÑOZ SÁNCHEZ* 

En las investigaciones sobre relaciones internacionales, y especialmente desde los postulados teóricos, casi siempre retornamos a discutir desde paradigmas idealistas y realistas, cada uno con sus variantes, frente a la política internacional y frente a la política doméstica de cualquier Estado. En particular, resulta imperativo en este caso hacer una reflexión desde el realismo ofensivo de J. Mearsheimer, profesor de la Universidad de Chicago (experto en política exterior norteamericana, teoría del realismo ofensivo e investigador en temas de seguridad y defensa nacional) sobre  las perspectivas de acción de los Estados Unidos después del período de Barack Obama y que serán encabezadas por el presidente electo Donald Trump.

Como introducción se puede considerar que, dentro de los marcos de la geopolítica y las relaciones internacionales, ha habido una muy estrecha relación entre las dos teorías a saber: el realismo y el idealismo. Como bien se ha analizado por varios autores (Barbé, 1995 y del Arenal, 2014), estas dos teorías gravitan en un escenario internacional particular de momentos de posguerra (Dunne, Kurki & Smith, 2013). Por un lado, desde el idealismo o liberalismo utópico, se intentó diseñar una teoría que pudiera dar respuesta un escenario de posguerra, manteniendo la férrea creencia en un paradigma de ordenamiento moral universal[1], y con unos estrictos principios del derecho internacional y acompañado de un institucionalismo internacional. Sin embargo, dejó de lado el concepto de interés nacional ligado a cada Estado. Lo anterior tuvo un quiebre fundamental con la segunda guerra mundial, la cual, no solo demostraría que el paradigma idealista corría con algunas dificultades para organizar el sistema internacional de Estados, sino que puso en la prioridad la capacidad real de los Estados de imponer decisiones en el sistema que no pasarían necesariamente por un prisma de moralidad internacional, sino de interés nacional; por ello el Realismo aplicó -para entender este escenario de segunda guerra mundial y de posguerra- categorías como: balance de poder, competencia, anarquía internacional, alianzas, dilema de seguridad entre otras. En ambos paradigmas su preocupación seguía siendo cómo mantener el equilibrio internacional, evitar la guerra y tratar de consolidar la paz.

En efecto, el realismo en el escenario de la Segunda Guerra Mundial, analiza los factores de poder real y de interés de las naciones que hacen que se presente una disputa por el control del poder internacional, no necesariamente llevando a una confrontación armada –aunque no la descarta- pero sí incrementado las capacidades de poder fáctico de aquellas potencias que intentan maximizar sus capacidades. Para algunos autores como el profesor J. Mearsheimer, el liberalismo utópico no logró controlar las fuerzas dentro de un marco de moralidad internacional, los hechos (Segunda Guerra Mundial, OTAN, el Pacto de Varsovia, armamento nuclear, etc) demostraron que el escenario de la política internacional está ligado al concepto de interés nacional y que la política exterior de los Estados (diseñada bajo la triada de interés nacional, objetivos -mediano y largo plazo- e instrumentos diplomáticos), está muy cerca a la búsqueda de objetivos prioritarios para el Estado, con el consecuente diseño de una maximización de sus intereses nacionales.

Los efectos del interés en la Guerra Fría y en lo que hoy denominados pos-Guerra Fría son evidentes. Los Estados buscan la maximización de sus capacidades y esto incluye factores como los militares (capacidad en unidades y recursos de armamentos), recursos geopolíticos (el aprovechamiento y explotación de sus recursos y la búsqueda de otros para su propio desarrollo) y diplomáticos que consisten en una avanzada de alianzas estratégicas para intentar fortalecer un escenario de competencia. Pensar un contexto de las relaciones internacionales sin rivalidad, es una quimera. Los Estados hoy, en su manera de hacer alianzas estratégicas, buscan la consolidación de unos bloques para poder sostenerse en el sistema internacional, que por demás es anárquico, y que genera una cierta estabilidad mientras no exista una potencia hegemónica internacional que lo controle definitivamente o lo modele plenamente a su favor, tal como ocurrió con las clásicas en otro momento de la historia con  potencias como Gran Bretaña, España, el Imperio Otomano, el Imperio Ruso, etc.  

ESTADOS UNIDOS UNA POTENCIA QUE INTENTA SER LA ÚNICA DENTRO DEL SISTEMA INTERNACIONAL.

A partir de los breves elementos esbozados sobre el idealismo y el realismo, y sin el ánimo de pretender dar una explicación acabada o definitiva sobre el contexto de las relaciones internacionales hoy, nos permitimos esbozar desde lo teórico una explicación que nos ayude a entender la elección de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos-  y entender algunas de sus posturas en materia de política exterior. Para ello lo abordaremos desde el realismo ofensivo (RO)  de J. Mearsheimer. ¿Por qué desde este autor?. La respuesta es simple, como máximo exponente del RO nos acerca a una explicación del comportamiento de las potencias en cabeza de sus líderes, y si bien hoy hay muchas expectativas sobre la manera de gobernar de Donal Trump, este teórico nos ayudará a comprender su visión sobre Estados Unidos a través del prisma del interés nacional en medio de un clima de incertidumbre internacional.

En primer lugar, para este teórico del realismo ofensivo, después de la Guerra Fría no se puede considerar el mundo en una paz perpetua (Mearsheimer, 2014). Si bien hoy se habla mucho más de la cooperación internacional en lugar de la guerra, también los hechos demuestran que la guerra es posible y real. Así ha ocurrido luego del 11 de septiembre de 2001 en la guerra en Afganistán, luego en Iráq, la Primavera Ärabe (con todas sus características), y la actual y desastrosa guerra civil en Siria, que desde 2011, ha dejado más de 4,5 millones de personas en el éxodo y con más de 280.000 víctimas fatales.  Lo anterior no sólo tiene como objetivo describir situaciones de tensión, sino también para advertir que las grandes potencias están en una búsqueda de lograr una preponderancia hegemónica internacional tal como lo hace Rusia, China y Turquía.  Estados Unidos no puede escaparse a este tipo de situaciones, o al menos lo ha intentado de manera desafortunada bajo la administración de Barack Obama, dejando a merced el sistema internacional a otros actores ya mencionados, allí puede estar el punto débil de la administración demócrata, fingió importancia para los temas de crisis internacional pero no actúo frente a ellos dejando un escalamiento abrupto en zonas consideradas tradicionalmente como cinturones de quiebre principalmente en el medio oriente.

En segundo lugar, ¿por qué los Estados buscan el poder?: En efecto, dos vías nos ayudan a entender esto: por un lado visto desde el realismo de Hans Morgenthau, es por un asunto ligado casi a la naturaleza misma de los seres humanos. Según Morgenthau, existe en la naturaleza una búsqueda del poder y por ello la competencia. Sin embargo, para el caso particular que hoy nos atañe, no sólo bastará esta explicación, existen otras dadas desde el realismo estructural en sus dos corrientes: defensiva y ofensiva. En el caso del realismo defensivo, como lo afirmará Keneth Waltz, la estructura misma del sistema actúa de manera tal que evita que haya un desbalance de las potencias, porque se incluiría allí hasta una cierta sanción que sería impuesta por vías institucionales como en el caso de las Naciones Unidas.

Esto supone en consecuencia que el sistema internacional crea unos mismos incentivos y castigos para todos los estados, independientemente del régimen que cada uno tenga: democrático, autoritario, teocrático, etc. Para los teóricos del realismo defensivo los Estados caerían en una grave imprudencia si buscarán maximizar sus capacidades para imponer su poder. Los realistas ofensivos por su parte sostienen que los Estados deben tener una estrategia de maximización de su poder hasta tal punto que puedan conseguir la hegemonía. Para los realistas clásicos el poder es un fin en si mismo, para los realistas estructuralistas el poder es un medio para un fin que sería la supervivencia dentro del sistema internacional. Allí no sólo será importante sobrevivir en el sistema internacional, sino buscar la maximización del poder y en última instancia ser un hegemón en el sistema (Mearsheimer, p 21, 2014).

En tercer lugar, el poder está basado o fundamentado en las capacidades materiales de poder o aquellas que el Estado controla. El balance de poder tiene principalmente una función de unos activos materiales que el Estado posee, como por ejemplo la cantidad de divisiones armadas y de armas nucleares que tenga. Para los realistas ofensivos, desde la perspectiva de Mearsheimer, la guerra no es un imperativo de acción política permanente, pero sí es una posibilidad que un Estado que busca la hegemonía no puede dejar atrás. Allí los Estados Unidos más que considerar un discurso en el cual no le interesa la guerra debe contemplar la posibilidad de hacerla en un determinado momento y no fingir que la guerra es una quimera, por ser una potencia no sólo la puede hacer sino que tiene la posibilidad de intervenir en situaciones en las cuales se debe dar paso a vía coercitivas.

En cuarto lugar, dos elementos son claves desde la perspectiva de Mearsheimer para entender un escenario político y militar en el cual se enfrenta hoy Estados Unidos. Por un lado los Estados que son considerados como potencias buscan de manera afanosa su preponderancia, y por el otro lado, la hegemonía también tendrá que estar referida al crecimiento demográfico y la expansión económica. Será fundamental en el caso particular de la nación americana, su crecimiento exponencial en estos dos asuntos, sumado a una mayor influencia política. Los vacíos de poder dejados por la presidencia de Barack Obama permitieron a potencias como Rusia asumir posiciones hegemónicas que ni el propio sistema internacional (desde el -realismo estructural defensivo-) ni las decisiones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas o de acción unilateral de Estados Unidos pudieron detener. Estados Unidos quiso, desde la presidencia demócrata, mantener una cierta indiferencia ante tensiones internacionales, con el ánimo de no aparecer como un Estado que promueve la guerra (que en efecto no lo es), pero lo que es inherente a estas potencias es que también pueden hacer la guerra y Estados Unidos no puede negar su posición frente al sistema incluida aquella en la cual deba intervenir militarmente en algunas regiones del mundo. Esto no es un retorno al intervencionismo directo de la Guerra Fría, pero para una potencia de primer nivel como la americana, la opción de intervenir cabe dentro de sus posibilidades para mantener su hegemonía.

En quinto lugar, la seguridad y la defensa: Para un país como Estados Unidos, en orden de prioridad se encuentra hoy el fortalecimiento de su economía y el fortalecimiento de su posición dentro del sistema internacional. "Make América great again", la frase de campaña de Trump, es una mezcla de nacionalismo americano y de interés nacional. Lo que corresponde a una visión sobre el país que intenta renovar hacia la dirección geopolítica estratégica. Hacer de Estados Unidos grande de nuevo, tras la era de Obama, en la cual se han dejado vacíos de poder por la vacilación ante los acontecimientos internacionales, dejó la posibilidad para que Rusia adelantará posiciones y escalará dentro de un punto de hegemonía internacional. Ahora bien, no podríamos asumir que Rusia sea la única potencia hegemónica, pero lo que si podemos afirmar es que ante el vacío de poder norteamericano, quien se expande es quien logra imponer condiciones en el sistema internacional y esto incluye capacidades militares. Así lo expone el profesor Mearsheimer:

“Great powers are determined largely on the basis of their relative military capability. To qualify as a great power, a state must have sufficient military assets to put up a serious fight in an all-out conventional war against the most powerful state in the world. The candidate need not have the capability to defeat the leading state, but it must have some reasonable prospect of turning the conflict into a war of attrition that leaves the dominant states seriously weakened, even if that dominant state ultimately wins the war. In the nuclear age great powers must have a nuclear deterrent that can survive a nuclear strike against it, as well as formidable conventional forces. In the unlikely event that one state gained nuclear superiority over all of its rivals. It would be so powerful that it would be the only great power in the system. The balance of conventional forces would be largely irrelevant if a nuclear hegemon were to emerge. (J. Mearsheimer, 2014, p. 5)

Finalmente: porqué hacer una lectura desde el realismo ofensivo de J. Mearsheimer sobre Donald Trump?

Básicamente, esto sugiere tres respuestas aproximativas al fenómeno que representa un líder de la radical middle class norteamericana, hijo de inmigrantes. En primer lugar, el eslogan de su campaña constituye una aproximación a lo que representa una nación como la norteamericana. Una nación que surge bajo una alta influencia de la migración, la cual se constituyó como tal gracias a este fenómeno como una nación poderosa y rica. En efecto el nacionalismo norteamericana, pasa también por aceptar sus profundas raíces en la migración. La figura de Donald Trump en consecuencia no representa exclusivamente la xenofobia, sino del nacionalismo americano blanco, que se debate con las élites del stablisment republicano y demócrata. El presidente electo no podrá expulsar a todos los migrantes, de hecho quien ha tenido un resultado exitoso en la expulsión de estos ha sido Barack Obama, máxime cuando acaba de derogar la Ley de pies mojados que permitía a los cubanos que tocaran suelo americano comenzar su regulación; lo cual sugiere una regulación hoy de los extranjeros y que generará otras políticas migratorias frente a los fenómenos globales de desplazamiento en medio de conflictos.

Segundo, ningún presidente de los Estados Unidos en los último 50 años ha dejado de lado la consideración de la nación como un Estado poderoso y líder en el sistema internacional. De allí, ante el desgaste demócrata y los vacíos de poder dejados por el presidente Obama debido a su falta de liderazgo internacional, Donal Trump intentará mantenerse en una escala de gran potencia internacional. En efecto no es la única potencia, o potencia hegemónica, pero si activará lo que J. Mearsheimer denomina un realismo ofensivo, que no sólo incluye una maximización de sus capacidades militares, sino también económicas, culturales y de influencia regional. Trump, no representa un presidente de la guerra, pero no descarta su acción internacional, su mejor opción no podrá ser el aislacionismo que representó a Estados Unidos en otras décadas, sino la activación de su participación en el concierto internacional de Estados en regiones remotas como en el sudeste asíatico y en otras cercanas como América Latina.

En tercer lugar, tendrá una tarea dura en materia de gobernabilidad, esto es: tendrá que enfrentarse con el stablisment de su propio partido y la lógica de negociación con estas élites en Washington. Estados unidos no es un país que se gobierna por una persona, y aunque tiene un sistema presidencialista, este no absorbe todo los niveles de decisión política. Contrario a otros sectores del hemisfério occidental donde persiste un hiperpresidencialismo, Donal trump intentará gobernar en alto riesgo de que no pueda cumplir varias de sus promesas, allí estará su mayor reto, esto es convencer al stablisment de que sus proyección en materia económica, fiscal, política  nacional e internacional es la correcta. No es una tarea fácil, pero demostró que lograría superar la oposición de las élites y los medios que no le daban chance alguno para lograr la presidencia.

En síntesis una mirada desde la perspectiva de J. Mearsheimer frente a la administración de Donald Trump, podría resumirse en lo siguiente:

a. Un Estado que buscará ser de nuevo una gran potencia.

b. Ante la imposibilidad de ser la única potencia hegemónica en el sistema internacional buscará alianzas para fortalecerse internamente y externamente para lograr ese objetivo.

c. La toma de decisiones internacionales pasará también por el cálculo de riesgo de las mismas y por ello buscará una minimización en los daños a los intereses nacionales y por el contrario una maximización de sus capacidades estratégicas y geopolíticas. 

d. La maximización del interés nacional busca en definitiva que tanto desde el punto de vista de capacidad militar como desde el punto de vista de decisión política, Trump intentará no vacilar frente al escenario complejo en su administración y por ello tratará de dar cumplimiento efectivo a sus tareas fundamentales como mandatario.

e. La tarea emprendida en la administración Obama permitió que actores como China, Rusia y Turquía pudieran emerger de manera preponderante en el escenario internacional, y en consecuencia se mantuvo al margen de estos actores. Lo que ha significado no sólo un ascenso de modelos que riñen de manera dramática con la misma democracia, sino también con lo que los mismos liberales pensaban que iba a mantenerse durante un largo periodo de la historia, esto es: la cooperación indefinida y la reducción de las fricciones internacionales.

f. El Estado Islámico no sólo pone en serias dificultades a la Unión Europea, sino al mismo Estados Unidos. No queda una opción distinta a enfrentarlos de manera directa, y esto incluye  en el peor escenario un despliegue de tropas nuevamente en Irák para lograr la reducción de la amenaza. Ahora bien, no sólo es para Estados Unidos, la Unión Europea ha tratado de mantenerse al margen pero es allí donde es atacada por el mismo EI, lo sugerente es que en materia de seguridad y defensa, jugar como un actor despreocupado significa el ascenso de la amenaza potencial y real. El terrorismo no es una quimera, es tan real y dramático como cruel contra la población civil.

g. América Latina en este escenario tendrá un papel muy diferenciado. Esto es, que si bien Barack Obamafue permisivo en cuanto a los distintos modelos políticos  incluyendo allí los autoritarios, como en los casos de firma de acuerdos con Irán, y Cuba sin ningún tipo exigencia, y si bien esto puede representar una acción positiva de no intervencionismo sino de cooperación, lo único que pudo demostrar esto es un cierto interés fingido por la región que en materia de su polític exterior no represento mayor peso.

Y si bien, no podemos aspirar a un escenario como el de la guerra fría con América Latina, la administración Trump tendrá sugerencias directas sobre algunos países de la región y esto no incluye necesariamente la intervención militar, pero sí la relación directa y apoyo diplomático por parte de Estados Unidos. Esto significa en principio que Estados Unidos verá la región con mayor peso desde su interés,  en lo que puede representar algunos de estos países como socios cooperantes, es especial en materia económica, lucha contra el narcotráfico, terrorismo, y fortalecimiento de la democracia.  .

h. En síntesis, desde una postura teórica como la del realismo ofensivo estructural, Donald Trump hará lo que esta postura ejemplifica, a saber una maximización de las capacidades de una nación, que entre otras cosas quiere destacarse de manera ejemplar en el sistema internacional bajo la premisa de un acción contundente dentro del sistema, buscando beneficiarse de la relación de otras potencias. Así puede comprenderse la lógica de un mayor acercamiento con Rusia, que no es otro que lograr a través de éste la maximización de sus propias fuerzas y la búsqueda hasta donde se permita esta competencia de una hegemonía en el concierto de la sociedad internacional. En efecto esto puede contradecirse de manera lógica con un sistema internacional que para muchos autores de las relaciones internacionales debería ser menos agresivo y más cooperante, menos impositivo y más dialogante, y es cierto, pero la realidad de las potencias es que están en búsqueda de sus intereses y la maximización de los mismos, y los ejemplos claros de una mayor influencia e intervención no sólo lo podría representar los Estados Unidos, sino que lo representan hoy China, Rusia, Turquía, Japón, y esto lo que sugiere es que Donald Trump competirá en este escenario buscando la preponderancia norteamericana luego de ocho años de pasividad internacional.

REFERENCIAS

Mearsheimer, J. (2014). The Tragedy of Great Power Politics. New York: W.W Norton & Company.

Dunne, T & Kurki, M & Smith, S. (2013) International Relations Theories. Discipline and Diversity. United Kingdom: Oxford University Press.

Del Arenal, C & Sanahuja, J.A. (2015). Teorías de las Relaciones Internacionales. Madrid: Tecnos.

Frasson Q, F. (2014). Autores y Teorías de Relaciones Internacionales: una cartografía. Bogotá: Universidad Externado de Colombia.

Viotti, Paul & Kauppi, Mark. (2007). International Relations and World Politics Security, Economy, Identity.  New Jersey: Pearson Prentice Hall.

Jackson, Robert & Sorensen, Georg. (2003). Introduction to international relations. Theories and approaches. New York: Oxford University Press.

Morgenthau, H. (2005). Politics among nations. 5th edition. Power and principle in statecraft. Six Principles of Political Realism. En:  Robert, J & Robert J. International Politics. Enduring concepts and contemporary, 7th edition. New York: Parson


[1] “At the end of World War I in 1918, an attempt was made to create an international organization that would prevent the outbreak of future wars. The key legal concept underlying the League of Nations was faith in collective security, the idea that if one state behaved aggressively, other states had a legal right to enforce international law against aggression by taking collective action to stop it. In others words, the League of Nations hoped to institutionalized legally the historical phenomenon of antihegemonic coalitions. The League, however, failed to keep the peace, as evidenced by its inability to halt German, Italian, and Japanese aggression, which resulted in the outbreak of World War II (1939-1945)” (Viotti & Kauppi, 2007, pp.74-75).

* Candidato a Doctor en Ciencias Políticas por la Pontificia Universidad Católica Argentina. Magíster en Estudios Políticos por la UPB. Docente de la Facultad de Ciencias Políticas de la UPB en las áreas de Seguridad y Defensa y Relaciones Internacionales. 

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