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Martes, 02 Mayo 2017 00:02

Significado polemológico de la victimización de miembros de la Policía Nacional

Significado polemológico de la victimización de miembros de la Policía Nacional Tomada de: Publimetro

JEAN CARLO MEJÍA AZUERO* 

Introducción.

En Colombia aún existen serias discusiones académicas sobre la existencia o no de  un conflicto armado; mientras esto sucede el número de víctimas civiles y uniformadas se incrementa no obstante haberse llegado a un cese bilateral y definitivo del fuego con el principal grupo armado ilegal; el panorama respecto a la consecución de una eventual paz estable y duradera cuenta con días soleados y otros llenos de nubarrones en virtud de una polarización política existente al momento de realizarse esta investigación sobre caracterización de las víctimas policiales.

Y así como existe debate en torno a la existencia de la guerra en Colombia, también hay toda una serie de dilemas, enfoques y posturas dentro de aquellos que creen que sí existe una violencia armada de tipo bélico. Temas no menores y con gran influencia de ciertos sectores académicos son aquellos relacionados con la violencia como factor esencial de la existencia del conflicto  y toda la estructura que rodea el fenómeno social para su descripción y análisis. Debates sobre las causas de la violencia, el comienzo del conflicto, las estadísticas dentro de la victimización sociopolítica, así como la postura de sus actores se han convertido cíclicamente en temas de investigación, descripción, análisis y difusión, esencialmente desde las ciencias sociales y un muy pequeño sector de juristas ligados con una corriente del derecho internacional de los derechos humanos. La interdisciplinariedad lastimosamente es tarea pendiente en el campo académico.

Desde la anterior aproximación resulta un hecho notorio en Colombia la ausencia de un abordaje sobre la violencia armada desde lo estrictamente bélico; desde las características basales que la hacen ser una guerra o eufemísticamente un conflicto armado sin carácter internacional. ¿Podría ser que el pueblo colombiano que no ha padecido la tragedia de la guerra haya decidido vivir en un negacionismo cíclico? La anterior pregunta podría orientar varias investigaciones más. Lo cierto es que ni desde lo jurídico y menos desde lo judicial, la estructura de aplicación normativa interna se encuentra alineada para resolver problemas propios de la superación de una guerra, mucho menos para construir adecuadamente bases razonables para un posconflicto menos violento. Existe todo un reto por asumir en éste tema y una de sus manifestaciones es el reconocimiento y trato dado a algunas  víctimas generadas en los últimos cincuenta y dos años de guerra.

El presente texto, parte del libro Aportes para la Caracterización de la Víctima Policial en el contexto del conflicto armado (Mejìa, J. & Pabón, N. 2017) se encuentra dividido en cinco apartes y tiene el propósito de encuadrar dentro de una sociología particular de la guerra como una forma de violencia estructural el proceso de victimización de miembros de la policía nacional. Metodológicamente el texto se construye alineado a la concepción de una investigación de tipo socio jurídico, en donde el eje problémico principal es el de escudriñar acerca de qué tanto la comprensión de la guerra y sus caracteres esenciales pueden enseñar a no repetir una tragedia  humana, y en especial desde la perspectiva psicológica del combatiente ilegitimo y su imaginario, identificar a través de la descripción algunos elementos de la violencia ejercida contra miembros de la Policía Nacional y sus familias, incluso desde antes de los años sesenta del siglo XX.

También desde el punto de vista metodológico la presente investigación es descriptiva y bibliográfica, utiliza en lo pertinente el método histórico a través del aprovechamiento de fuentes directas e indirectas que pueden ayudar a entender como desde el surgimiento de la guerra en Colombia ( el conflicto armado sin carácter internacional de baja intensidad) matar, desaparecer, torturar y humillar policías tenía un propósito militar, no sólo político, sin tener presente la naturaleza jurídica de la Institución armada. En la Policía silenciosamente continúa en algunos sectores la misma discusión práctica de hace más de cuarenta años entre una  policía visión seguridad  tipo Dinamarca, y la policía de orden público, misiones especiales, inteligencia estratégica; es decir, una policía que vivió la guerra, que la padeció. Éste tipo de problemática debe abordarse en una de las Instituciones más queridas por los colombianos, porque un indebido diagnostico podría generar una descontextualizada construcción de políticas frente a sus propias víctimas y sus derechos.

En la primera parte del capítulo se describe cómo podría aportar el enfoque polemológico a caracterizar la victimización en la Policía Nacional;  y luego de la presentación de un contexto básico se propone la construcción de una propuesta de conflictología que permita solucionar los diferentes enfoques desde posiciones como la de Gastón Bouthol y Johan Galtung.

Posteriormente en una segunda parte y soportados en el marco teórico general presentado, se propone un marco conceptual mínimo como una forma de utilizar las herramientas de investigaciones previas sobre victimas policiales en el contexto del conflicto armado. También dentro de éste apartado se recogen elementos de otras investigaciones adelantadas durante el año 2016 en el equipo interdisciplinario contratado por la Policía, para entender el mundo de sus sobrevivientes luego del holocausto de la guerra. Es en sí mismo todo este proyecto general de investigación el principal aporte de reparación simbólico a las víctimas policiales.

En una tercera parte el trabajo de investigación se endereza desde lo socio jurídico y utilizando como base la concepción psicológica del actor ilegal armado, a establecer unos posibles aportes a la caracterización de la victimización policial  desde las transgresiones al marco del derecho internacional humanitario y el derecho internacional de los derechos humanos. Aportes que quizá puedan contribuir en Colombia a generar un debate más amplio sobre la forma en que se ha casi monopolizado el estudio de la violencia y el conflicto y como en ese proceso negacionista de la importancia de la guerra como fenómeno social y cultural se han re victimizado miles de personas, entre ellos los miembros de las fuerzas armadas y sus familiares.

El anterior apartado de la investigación se complementa con uno cuarto en donde a través de ejemplos se trata de aportar entorno a la importancia del enfoque polemológico en el proceso de construcción de una caracterización de la victima policial que sirva como pilar esencial para una reparación integral. La posible validez del enfoque socio jurídico mirado desde la polemología o una nueva conflictología más desligada de ciertas escuelas antimilitaristas (por ende anti policivas en un contexto como el colombiano), puede servir en un escenario de entronización de una paz estable y duradera.

Finaliza el trabajo de investigación con unas conclusiones más estructuradas, aunque debatibles en cualquier escenario, mismas que acompañan a las formuladas preliminarmente a lo largo del documento y que es necesario estudiarlas en conjunto con  las investigaciones anteriores sobre el tema

 

1.    La ayuda de un enfoque polemológico para entender la victimización policial.

1.1.        Un contexto necesario.

La violencia ha sido objeto de innumerables estudios en el mundo y a través de diferentes períodos (Domenach, J.; Galtung, J.; Et al., 1981), así como en Colombia, recientemente desde diferentes áreas del conocimiento, aunque con un  liderazgo casi exclusivo de las ciencias sociales, especialmente de la sociología (Guzman, G; Fals, O. & Umaña, E., 1980), la historiografía (Bejarano, 1985) y la ciencia política (Jaramillo, 2014). Hoy en día se encuentra entronizada una perspectiva teórica desde el conflicto, como marco general de referencia y en donde se halla el estudio de la violencia humana, ya sea desde la perspectiva de la Irenología (Calderon, 2009) o desde expresiones  sociales como las denominadas  “escuelas de paz” (Fisas, 2004).

Por otro lado,  la Polemología es un  enfoque  que dentro del contexto de superación de aquella violencia denominada guerra (Aznar, 2011b), pretende adentrarse en tal fenómeno social con el fin de escudriñar a través de una método que se ha venido progresivamente estructurando, no sólo sus causas, sino además su patología, expresión bélica y los patrones que la hacen degradante en casi todas sus manifestaciones actuales, así como  también la intervención en ella de diferentes grupos humanos y actores. (Bouthol, 1970); (Bouthol G. , 1975); (Aznar, 2011 a).

1.2.        Hacía la construcción de una nueva propuesta de conflictología.

Tanto polemología como Irenología pueden mirarse desde su origen y desarrollo como propuestas académicas para abordar el tema de la paz; la primera desde la guerra como expresión social violenta y la segunda en alguna perspectiva desde una comprensión de que la guerra no debe seguir explicando por sí misma la necesidad de la paz, sino que el conflicto armado como expresión cultural humana puede ser superado culturalmente para entender que el nuevo conflicto puede ser el epicentro de la construcción de una mejor sociedad.

Seguramente ha sido plausible la interpretación según la cual la polemología al estudiar las causas históricas de las guerras termino en buena parte de su trabajo estructurando una teoría sobre la paz partiendo de una explicación superadora de la violencia armada del ser humano en sociedad (Bouthol G. , 1970); y quizá la Irenología y posteriormente algunas propuestas de conflictología se quedaron en la explicación teórica sobre la no-violencia del ser humano en comunidad y en la necesidad de superar el militarismo en cualquier expresión estatal como epicentro de una nueva cultura de la paz (Alberdi, 1939); (Bobbio, 2008), sustentada además en una determinada concepción del humanismo.

De las anteriores posiciones podrían provenir varias de las recomendaciones por ejemplo de garantías de no repetición luego de terminar una guerra o superar un régimen totalitario o autoritario dentro de un contexto de transicionalidad.  El escenario predilecto de dichas recomendaciones son las comisiones de la verdad que en términos de Gramsci luego de superar una guerra seguirían siendo parte de una crisis orgánica (2001, págs. 755 -756); para el autor marxista italiano “toda postguerra es crisis, con intentos de obviarla que algunas veces tienen éxito en este u otro país”. Dichas posiciones no obstante no pueden ser en todos los contextos irreconciliables, por ello se necesita de una propuesta teórica  que las reconcilié. Ni todo lo militar, incluyendo determinados escenarios bélicos resulta ser el caos del mundo (por ejemplo ciertas misiones de paz), ni toda concepción de construcción de paz que parta de postulados diferentes a la explicación de la violencia   resulta idealista.

El siguiente gráfico puede ayudar a traducir mejor la evolución del tema desde la perspectiva macro de la  conflictología (Galtung, 2007); (Vinyamata, 2004).

Grafico 1. Concepción de conflictología.

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Fuente. Construcción propia.

Tal y como se aprecia en el gráfico 1 desde la perspectiva de la ciencia que estudia la resolución de los conflictos (Calderon, 2009), se puede decir que existen dos tipos de situaciones frente a ellos; una que se desprende de una perspectiva que se denominará negativa, en donde incluso se puede pasar a una fase de violencia; y otra desde la perspectiva positiva, en donde el conflicto es visto como una oportunidad de cambio, mejoramiento e incluso en términos sociológicos (ya sea desde la concepción marxista, la liberal, o desde una aproximación teoría diferente) como una nueva oportunidad de salir de determinada condición a nivel social (Silva, 2008, pág. 38).

De esa forma cuando un conflicto es indebidamente tramitado entre grupos humanos, actores en realidad o clases sociales como lo sostenía la escuela marxista en sociología, se pueden desencadenar distintos tipos de violencia, entre ellas la social, la política, la socioeconómica, incluso otras  violencias de tipo estructural como lo fue el apartheid en Sudáfrica desde lo jurídico (Arostegui, 1994). A ese tipo de violencia se le denominará teóricamente como amplia, pues su conceptualización y caracterización involucra de tiempo atrás a diferentes disciplinas y enfoques y su aproximación es compleja, multicausal y además requiere de un abordaje interdisciplinar. (Calderon, 2009).

Pero existirá una violencia armada ejercida por grupos humanos bien sea que representen estados, naciones o facciones acompañados de motivación política, económica o de otra índole a la que se le denominará restringida, por cuanto su análisis, estructuración teórico - conceptual, así como el estudio de sus consecuencias, requiere un nivel de abordaje supra especializado. Desde la perspectiva socio jurídica, amén que también esta violencia requiere una aproximación interdisciplinaria, se estaría aludiendo al Ius ad bellum, el Ius in Bello, e incluso el Ius Post Bellum (Arostegui, 1994); (Calderon, 2009); (Bouthol, La Guerra, 1975) (Domenach, J.; Et al, 1981); (Fisas, 1998). La guerra es una forma de violencia cualificada que requiere un abordaje especial para superarla; para algunos por ejemplo el derecho internacional humanitario es un sistema de normas “esotérico”, porque es imposible humanizar lo inhumanizable e irracional.

La violencia armada de naturaleza estructural, con una connotación bélica (Bellum) ha venido siendo tratada principalmente  después del tratado Briand & Kellogg de 1928, que proscribió las guerras para resolver los conflictos entre estados (Ridder, 1957), desde una cada vez más compleja teoría de los conflictos armados; el anterior  eufemismo, plausible desde la narrativa de la conflictología (Galtung, 2006),  permite categorizar conceptualmente de otra forma a las guerras, ya sean consideradas de acuerdo con el Grafico 1 desde una perspectiva clásica, es decir confrontaciones armadas entre altas partes contratantes (estados), guerras de liberación nacional, guerras civiles (Hobsbawn, 2007); (Kaldor, 2001); (Kalivas, 2009); hasta llegar a aquellos conflictos bélicos asimétricos, híbridos,  de cuarta y quinta generación, en donde no necesariamente los conceptos “territorio” y “estado” tienen un significado igual al conocido por lo menos durante décadas; lo cual nos trae a una categorización y estudio de las guerras desde una nueva concepción. (Lind, W.; Nightengale, K; Schmitt, J; Sutton, J. & Wilson, G., 1989, pág. 23).

En consecuencia, desde la perspectiva propuesta, se encontrará tal y como se puede constatar a continuación en el gráfico 2, una aproximación a la superación de la guerra y la construcción de una paz estable y duradera desde el entendimiento del enfrentamiento bélico y todas sus características y otra aproximación de construcción de la paz desde un pensamiento que supere  aquellos tres tipos de violencia (violencia evidente o manifiesta; violencia estructural y violencia cultural) a los que hace alusión Galtung desde su teoría, y que va más allá desde alguna perspectiva de la misma conflictología desde su enfoque negativo. No se estará hablando de otra cosa que de una paz negativa como ausencia de guerra, y una paz positiva como una construcción de cambio desde la concienciación sobre las ventajas que representa transformar los conflictos.

Grafico 2.

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Fuente: Construcción propia con base en la aproximación teórica de Bouthol y de Galtung.

 

Desde esa perspectiva el contexto de éste trabajo descriptivo se centra esencialmente en el ser humano policía sujeto a procesos de victimización, como parte de un grupo, que en términos polemológicos desde el abordaje socio jurídico  será definido como un actor armado; y  que de paso  constituye junto al estado una monada desde la perspectiva de aquellos conflictos armados sin carácter internacional (en adelante CANI) diferentes a guerras civiles, definición que conlleva muchas dificultades para generar las bases de una paz estable y duradera en Colombia, en los mismos términos que hace algún tiempo explicó Kaldor en su obra (Kaldor, 2001), (Mejía, J.; López, F. & Cárdenas, F., 2016, pág. 150).

 

2.    Marco conceptual propuesto.

 Para efectos de este capítulo se establecerán algunos conceptos básicos para permitir una mayor comprensión alrededor de la temática propuesta. Ahora bien, entendiendo los múltiples debates que existen a nivel teórico y desde diferentes disciplinas, se acudirá por tener un enfoque socio jurídico, a definiciones que ayuden a explicar desde el CANI el fenómeno de la victimización policial por parte de los grupos organizados al margen de la ley, como actores armados ilegales, pero teniendo en cuenta que es necesario acercar elementos interpretativos de la polemología a los de una conflictología que se pudiera definir como antimilitarista e incluso negacionista del derecho internacional humanitario. Para lograr lo anterior no obstante se necesita un mínimo marco conceptual.

2.1.        Polemología.

De acuerdo con el Diccionario de la lengua española de la Real Academia Española la Polemología proviene de πόλεμος pólemos 'guerra', 'combate' y –logía, como tratado, de esa forma será el estudio científico de la guerra como fenómeno social (RAE, 2016). En la enciclopedia del arte de la guerra de Martínez Teixidó (2001, pág. 593) se describe a la polemología como la ciencia que estudia las causas de la guerra.

Esta aproximación teórica sobre el estudio de un conflicto violento estructural propio de la civilización humana, fue diseñada por el francés Gastón Bouthol al finalizar la segunda contienda bélica del siglo XX, y busco desde la sociología y la demografía, estructurar una teoría superadora de la peor tragedia humana entendiéndola con pretensión científica, no negándola.

En sus comienzos, Bouthol explicaría la contienda bélica desde múltiples aproximaciones teóricas, concluyendo que era sin duda el más “espectacular de los fenómenos sociales” (1975, pág. 5); desde esa perspectiva a mediados de los años cuarenta introdujo el término polemología como una ciencia de la guerra en general, cómo el estudio de sus formas, causas, efectos y funciones, como fenómeno social especial. Para Bouthol la guerra debe ser desmitificada, debe ser comprendida en cada uno de sus componentes, los cuales deben ser susceptibles de ser descritos y analizados científicamente (1946).

A diferencia de algunas  aproximaciones pacifistas y antimilitaristas, que niegan cualquier tipo de aprendizaje sobre un fenómeno social como el bélico, para Bouthol es claro haciendo un símil, que sí se quiere evitar el cáncer en un futuro se debe estudiar a fondo dicha enfermedad; por tanto negarse a estudiar la guerra para alcanzar la paz, no ha evitado la repetición de las ordalías históricamente (Bouthol, 1970). En ese sentido la guerra es la más grande tragedia humana, pero mirada desde la interdisciplinariedad  se ha aprendido que  ha servido para la creación de muchas herramientas tecnológicas que le han permitido incluso al ser humano vivir  en mejores condiciones en lo cotidiano, en “Cent millions de morts” (1946) Bouthol se acercará a este tipo de explicaciones de forma primigenia.

Ahora bien desde la perspectiva socio jurídica, se entenderá que el derecho internacional humanitario (DIH en adelante) y el derecho internacional de los derechos humanos (DIDH en adelante), ayudan a entender adecuadamente la tragedia humana que envuelve un conflicto violento, aunque para Bouthol las normas humanitarias hacían parte de un “ilusionismo jurídico”, pues no habían servido ni a través de los usos y las costumbres de la guerra, ni en lo convencional a evitar nuevas contiendas. En ese sentido esas primeras aproximaciones del autor francés sobre la importancia jurídica de limitar la tragedia de la guerra, estarían parcialmente superadas en un mundo globalizado en donde ahora se persiguen por la comunidad internacional los más graves crímenes cometidos en la guerra (Lindemann, 2004); (Yanez, 2001)

2.2.        Guerra.

Para efectos de éste trabajo la guerra es un fenómeno social, de naturaleza violenta y sangrienta, que enfrenta a grupos humanos por diferentes motivaciones desde la antigüedad. La guerra para Bouthol (1975, pág. 31) es un fenómeno colectivo, por tanto desde allí se empieza a diferenciar de otros actos de conflictos y de violencia.

Pero la guerra también es un fenómeno político, tal y como lo expresaba Clausewitz (2005) la acción bélica se encuentra antecedida de una intención proveniente de algún tipo de poder, sea de iure o sea de facto. Incluso en las guerras denominadas justas desde Cicerón (Bellamy, 2009), emprendidas para defender al pueblo de una agresión externa o en las guerras revolucionarias de una agresión interna, existirá una motivación política. En esa línea argumentativa podría darse el caso de que la guerra como expresión política y sangrienta tuviera un escenario para convertirse en un arte, cuando a través de su conocimiento y caracterización  precisamente se pudiera evitar; tal vez de ahí surja la fuerza de Sun Tzu cuando indicó que el verdadero arte de la guerra consiste en vencer al oponente sin enfrentarlo (Tzu, 2006). Podría ser en sí misma la visión del autor chino, una concepción de conflictología.

La guerra denominada hoy día como se vio anteriormente como conflicto armado (Walzer, 2004) en términos jurídico - políticos (CICR, 2012), se libra en diferentes escenarios entre grupos humanos, cualquiera sea su forma de asociación. En términos del pluricitado  Bouthol (1975) la guerra también es una contienda de poder, mucho más allá de lo ético, lo militar, lo económico. La guerra es una expresión meramente política (Aznar, 2011 a). Además para algunos como Foucault  la política será una guerra sin el drama que representa la sangre, el desplazamiento, la miseria, las desapariciones (Foucault, 1992, pág. 29), otra representación de poder; pero tragedia al fin y al cabo; la tragedia de la verdad (Arendt, 2016, pág. 347), y el sostenimiento de status adquiridos durante la expresión bélica (Abello, 2003, pág. 71).

La guerra  en el caso colombiano ha sido  analizada en buena medida desde las ciencias sociales con diferentes enfoques, y más recientemente por el derecho, porque  incluso  se sigue discutiendo sobre sí en realidad existe o no contienda bélica   y sobre cuáles son sus características, alcances y eventuales consecuencias (Puentes, 2015).  Los análisis desde las ciencias sociales, especialmente en sociología y ciencia política han tenido varias fases, comenzando por los violentologos (Leal, 1994); (Leal. F. (Edit.), 1999);  (Atehortua, A. & León, A., 1994); (Guzman, G; Fals, O. & Umaña, E., 1980), siguiendo por aquellos académicos que decidieron  incursionar en la conflictología (Pizarro, 1996); (Pizarro, 2004); (Pizarro, 2011); (Vargas, 2002), y otros que han decidido investigar interdisciplinariamente en equipos el tema con el fin de aportar a la construcción de una paz estable y duradera (Barbosa, G. & Bernal, C., 2015, pág. 482); (Davila, A.;Salazar, G. & Gonzalez, A., 2016); (Davis, D.; Kilkullen, D.; Mills, G. & Spencer, D., 2016); (Guerrero, 2016).

Ahora bien desde lo jurídico son muy pocos los académicos que tratan el tema de la guerra en el país, algunos con una mirada casi exclusiva del DIDH y la justicia transicional (Uprimny, R., Sánchez, L. & Sánchez, N., 2014); (Orozco, 2006) y otros  mirando el  DIH (Fajardo, A. & Valoyes, R., 2015) más desde sus infracciones pero  con poca observancia del enfoque polemológico desde los actores, la estrategia, lo operacional, la táctica, la doctrina, el derecho operacional (Molano, 2010, pág. 7) y lo que ello influye en la formulación de contextos (Guerrero, 2016).

En esa línea sociojurídica el tipo de guerra que libra Colombia en la actualidad es reconocido como un CANI, regulado jurídicamente por el artículo 3 común de los cuatro Convenios de Ginebra y el Protocolo II de Ginebra (CICR, 1949); (CICR, 1998), además de las normas consuetudinarias (CICR, 2008). Ahora bien, no obstante haberse firmado un acuerdo para la terminación del conflicto armado con un grupo al margen de la ley conocido hasta el momento de escribir el presente capítulo como Farc (OACP, 2016), el CANI continúa amén de la  subsistencia de grupos armados al margen de la ley, al tipo de estado que es Colombia (unitario) y a que las hostilidades continúan desarrollándose lastimosamente a lo largo y ancho del país; lo anterior en el sentido de lo que ha expresado la misma jurisprudencia interna (Corte Constitucional, 1995); (Corte Constitucional, 2007 )

2.3.        Irenología.

Para efectos del presente estudio por Irenología se entenderá a la ciencia que estudia sistemáticamente la paz. El término proviene de la raíz griega eirene que traduce paz, y la raíz logos, que traduce tratado o estudio. Acuñado el término desde los años cincuenta cuenta con  una evolución desde diferentes aproximaciones teóricas, casi todas como expresiones sociológicas e historicistas desde el marxismo y el socialismo, varios de sus propulsores fueron E. P. Thompson, Johan Galtung, Keneth Boulding, Anatol Rapoport (Ruiz, 2008); (Oviedo, 2013).

La Irenología he evolucionado con otras influencias hasta crear toda una sistematización teórica de la ciencia de los conflictos denominada conflictología (Galtung, 2007), siendo su principal propósito el demostrar que se puede lograr una paz positiva a través de la transmutación de los conflictos y la superación de la violencia, incluyendo a la guerra, que es vista como un fenómeno cultural que puede ser perfectamente desarraigado de las sociedades a través de herramientas como la educación para la paz y la cultura para la paz (2003).

Algunas de estas escuelas de paz, encuentran sus máximas expresiones en los países escandinavos, España, Alemania, Estados Unidos, y en Costa Rica en donde se encuentra ubicada la Universidad de la Paz. Igualmente la conflictología cuenta con una injerencia notable en la Organización de Naciones Unidas (ONU en adelante), especialmente en áreas  ligadas con la lucha contra la impunidad, las transiciones, la paz y seguridad. La ONU a  partir de mediados de los años noventa empezó a ubicar el concepto de seguridad en el ser humano y no en el Estado; por ello en la actualidad se hace alusión a la seguridad humana (Diamint, 2008), la cual es entendida dentro de las investigaciones precedentes, con sus variables a nivel interno, más alejadas a una concepción de horizontalidad frente a la responsabilidad entre seres humanos que una concepción vertical, a eso se le ha denominado un nuevo antropocentrismo teológico (Mejía, J.; López, F. & Cárdenas, F., 2016).

En gran parte los movimientos de  paz desde esta orientación se encuentran influenciados por el pensamiento de grandes académicos alrededor del mundo, entre ellos Habermas (1995), Chomsky (2007), Nussbawm (Nussbaum, 2014), Sen (2010), entre otros. El planteamiento síntesis es que todo tipo de guerra proviene de una intención de dominación que debe ser evitada; no es plausible la neutralidad, mucho menos dejar de lado la ideología  frente a los fenómenos violentos de dominación  (Ruiz, 2008); el DIDH es la principal herramienta contra la impunidad generada por las graves violaciones a los derechos humanos (DDHH en adelante) cometidas por los estados  través de sus agentes o terceros ligados con aquellos; en consecuencia el derecho internacional humanitario (DIH en lo sucesivo) será subsidiario del DIDH y desde ese cuerpo jurídico debe interpretarse;  finalmente cualquier estudio sobre la paz positiva puede estructurarse desde la propia paz, pero desde  su interpretación  negativa, es decir desde un contexto en donde ya no exista guerra, por lo menos desde la mirada bélica. ¿Queda la duda de sí será plausible la guerra en el sentido político en términos de Foucault.

2.4.        Víctima policial.

Recientes investigaciones de naturaleza interdisciplinaria (Mejía, J.; López, F. & Cárdenas, F., 2016) han permitido estructurar una definición de víctima policial que puede servir dentro de un marco teórico – conceptual para escudriñar desde la polemología (y desde la orientación metodológica propuesta de una investigación socio jurídica) el por qué de la afectación al ser humano integrante de la institución armada de carácter civil regulada desde la misma Constitución Política. Estaríamos hablando desde el DIH de los actores del CANI y especialmente de las infracciones graves a ese cuerpo jurídico por parte de los grupos al margen de la ley que consideran al policía un enemigo (Mosquera, 2016); (Suarez, 2016); (Pabón, 2016) (Laverde, s.f.) Al cual se le debe exterminar.

Desde la anterior perspectiva y utilizando las definiciones internacionales e internas ligadas con el DIDH y los DDHH  se precisa que la Víctima policial es aquella persona miembro activo para el momento de su afectación, de la Institución civil de naturaleza especial, que con ocasión y en razón del conflicto armado haya sufrido un daño, bien sea dentro de las hostilidades, como persona protegida por el DIH o haya sido sujeto de graves violaciones a sus DDHH, bien como producto de la acción de los grupos armados al margen de la Ley, desde 1964 y hasta la fecha (Mejía, 2016, pág. 191).

De igual forma, son víctimas policiales la esposa o esposo; compañero o compañeras permanentes; hijos y padres de los miembros de la Institución policial que hayan sufrido el daño por parte de los grupos al margen de la ley y dentro del mismo rango temporal (Mejía, 2016, pág. 191), de forma amplia y no como lo sostiene la normatividad respecto a las familias de los policías asesinados y desaparecidos.

2.5.        Simbiosis gráfica del marco conceptual y su importancia desde el ser humano policía.

La propuesta de interacción y dialogo generada en acápites precedentes entre los diferentes conceptos  y sus definiciones, se centra en concreto en el ser humano que porta en desarrollo de su derecho fundamental a elegir un trabajo el uniforme de Policía (Corte Constitucional, 1998); (Corte Constitucional, 2006). Por otro lado el sistema de justicia para la transición creado en Colombia desde el año 2005 (Congreso) se ha centralizado en  aquellas personas que han sufrido un daño  como consecuencia de la guerra. Es decir, el epicentro real y no sólo formal de la construcción de paz gira en torno a la víctima y sus derechos a la verdad, justicia, reparación y no repetición (Ambos, 2014); (Ambos, K. & Steiner, C., 2015); (Corte Constitucional, 2013 ).

En el gráfico 3, se puede apreciar de acuerdo con el método sistémico utilizado para la investigación sobre la caracterización de las víctimas policiales (Laverde, s.f.); (Mejía J. , 2016) como los conceptos de polemología, guerra, Irenología y víctima policial se entienden integrados desde la perspectiva de reconocimiento, medida de reparación y garantía de no repetición. Sí bien, se pueden generar muchos debates desde la interdisciplinariedad en torno a la condición de víctimas de los policías en un contexto de CANI, resulta altamente complicado desprender cualquier argumentación de su condición de seres humanos y de su dignidad.

Grafico 3.

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Fuente. Construcción propia con base en la metodología propuesta para la investigación sobre caracterización de las víctimas policiales.

En el Gráfico 3 se observa la interacción y complementación entre los conceptos utilizados en este apartado y que fundamentan teóricamente el presente capítulo. Desde esa perspectiva para preservar la dignidad de los seres humanos afectados por su condición de policiales dentro de un contexto de CANI es necesario tener una perspectiva polemológica del tema entendiendo el proceso de victimización como consecuencia de un fenómeno particular entre actores dentro de la guerra. El término beligerante utilizado en los primigenios instrumentos de DIH (CICR, 1994), como expresión de las altas partes contratantes y sus actores, fue reemplazado jurídicamente con implicaciones notorias por el de combatiente (CICR, 1998) y el de persona que participa directamente en las hostilidades de forma habitual o temporal (CIDH, 1999)l; término que a su vez cambia en el leguaje y narrativa de justicia para la transición por motivaciones eminentemente políticas, no técnico – jurídicas (OACP, 2015 ).

Por otra parte resulta importante también emplear adecuadamente el término guerra, para no confundirlo desde la conflictología con otra forma de violencias como habitualmente se ha hecho en Colombia, especialmente por algunos enfoques teóricos. De hecho una aproximación ligada con el entendimiento del CANI sirvió para que la Corte Constitucional (Corte Constitucional, 2012 ) desechará una demanda contra la Ley 1448 del 2011, cuando se pretendió  incluir como víctimas del conflicto armado a los seres humanos afectados por la violencia socio política en Colombia.

Es esencial tener presente que no se niega la condición de víctimas de quizás millones de colombianos  por motivaciones ideológicas, pero no necesariamente esto implica que sean víctimas del CANI y por ello precisamente, por el respeto de la dignidad humana de dichas víctimas, deben ser adecuadamente caracterizadas y sus derechos defendidos en las instancias correspondientes. La violencia llamada guerra o conflicto armado tiene unas características especiales y desde allí se debe afrontar el tema.

El gráfico 3 también muestra la importancia  del concepto Irenología para poder configurar de forma plausible el concepto de víctima policial, pues una vez superada la contienda bélica y lograda la paz negativa en los términos aquí descritos, será necesario acometer desde la conflictología el debate en torno a los procesos de victimización en miembros de la Policía Nacional para establecer una paz positiva después de la aplicación de una justicia para la transición que represente a toda la sociedad y no sólo a algunos sectores otrora excluidos, como sucedió en casos ligados con el autoritarismo o en guerras civiles, que se presentan en la experiencia comparada. Una construcción de verdad extrajudicial, de memoria, que sea excluyente no servirá para transformar civilizadamente el conflicto (De Gamboa, 2006); (Müller, 2009).

Y finalmente existe ya un concepto  acogido para efecto de estas  investigaciones sobre “víctima policial”, construido desde la lamentable presencia de la guerra y sus graves consecuencias teniendo en cuenta las transgresiones al ius in bello. Teniendo una definición eminentemente teórica y con fundamentación jurídica nacional e internacional sometida además académicamente a cualquier debate, la  mayor demostración del reconocimiento de la dignidad humana de  muchos miembros de la institución policial consiste precisamente en escudriñar sobre el por qué fueron objeto de afectación durante la guerra, así como los patrones, modus operandi,   prácticas y demás factores que se utilizaron para agredirlos, así como   las persecuciones en sus familiares por el simple hecho de estar ligados con policías.

 

3.    Algunos aportes  desde la polemología para la caracterización de la victimización policial.

 En este apartado se realizan de forma descriptiva algunos aportes desde la polemología como parte de una aproximación metodológica socio jurídica  que pueden servir para explicar el proceso sistemático y generalizado de victimización en  seres humanos policiales y sus familias como consecuencia de la existencia de un CANI en Colombia; evidenciando dicho sea de paso,  el gran problema que surge a nivel de la estructuración de política pública sectorial en la elaboración de procesos de caracterización de los tipos de infracciones graves a DIH y violaciones a los DDHH sufridos por los miembros de la Fuerza Pública principalmente por el desconocimiento de éste tipo de enfoques y una concepción positivista y demasiado cerrada  en la interpretación  jurídica. Todo lo anterior acompañado de la connotación  fiscal que ha venido representando el tema de las víctimas del conflicto armado desde la expedición de la Ley 1448 del 2011 en virtud a los cambios a nivel macroeconómico del país.

3.1.         Los actores armados ilegales dentro de un CANI como eje polemológico de descripción del proceso de victimización policial.

 Dentro de un conflicto armado convencional internacional (CAI en adelante) existe desde la perspectiva jurídica y sociojurídica una limitación respecto a quienes son partes en la guerra y sobre cómo y cuándo pueden ser atacados. El DIH no obstante las objeciones de Bouthol respecto al “ilusionismo jurídico” ya mencionado, delimita el campo de acción de los medios y métodos de conducción de hostilidades y además endereza el esfuerzo bélico hacía los combatientes del adversario, señalando de paso quienes son personas protegidas (CICR, 2001).

Las cosas se dificultan en los CANIS, sobre todo sí son asimétricos, irregulares y de cuarta generación (Lind, W.; Nightengale, K; Schmitt, J; Sutton, J. & Wilson, G., 1989); pues las limitaciones del DIH entran en  crisis al observarse un comportamiento contrario totalmente a las leyes de la guerra. En no pocas oportunidades los actores armados ilegales desprecian el DIH y sus principios por contrariar la eficacia de la guerra de guerrillas (Giraldo, 2003). La guerra asimétrica se sustenta en la perfidia y el quebrantamiento total de los usos y las costumbres de la guerra, esto ya se observo en un escenario como el de la guerra en la Antigua Yugoslavia (TPIY , 1995). Igual lamentablemente sucede en algunos casos con actores legales que actuando bajo estructuras de facto, deciden montar líneas de mando paralelas para cometer crímenes (Aranguren, 2016, pág. 70).

3.2.        La configuración del policía como el enemigo “del pueblo”.

La contienda bélica en particular como pocos tipos de violencia desestructura en términos de Bouthol el marco de los valores de una sociedad; este autor  trata dicho tema en los rasgos psicológicos de la guerra y en la estructura de pensamiento de los combatientes en guerras entre estados (1975, pág. 77). Sin duda el escenario de un CANI y sobre todo sí es asimétrico y contradictor del DIH será mucho más turbio.

La configuración del enemigo ideológico, del que representa la “oligarquía”, a un partido político, y a un sector en especial, podría determinar polemológicamente el tipo de victimización (CNMH, 2013). Para los actores armados ilegales, tanto los insurgentes como los paramilitares, el policía podría representar un status social al que hay que acabar. El odio heredado hacía “el chulavita”, el “pájaro”, “la rancia oligarquía conservadora” podría ser un ejemplo. En otras palabras la herencia de la violencia política de mediados del Siglo XX. Las expresiones culturales en ciertos sectores pueden haber contribuido a la construcción de ese tipo de rencores que se expresan en diferentes tipos de victimización como la decapitación de policías por el simple hecho de serlo. Para asesinar al policía lo más fácil puede ser partir de la creencia de que es el enemigo del pueblo, el asesino del pueblo.

El arte como una expresión social en determinados momentos puede trasplantar contextos, como algunas canciones del folclor colombiano, en donde enaltecen al guerrillero liberal de los años cincuenta, mientras que el policía (la institución por ende) es un criminal que atenta contra el pueblo y debe “morder el polvo por ser agente del infierno”. Algunos de estos aspectos son recogidos por las víctimas que han generado agentes del estado en procesos de memoria, lo cual es totalmente aceptable, pero es esencial ponderar con la tragedia de otros seres humanos.

Dolores negra querida,

en tus albores marchita,

Porque segaron tu vida

Los malditos chulavitas

Que ensangrentaron los llanos.

Ah, ah, ah ah…

Pero donde tú caíste,

Creció la flor del mastranto

pa’ que perfumara el aire

que respiro cuando canto.
así eres vida en mi vida.

Ah, ah, ah ah…

Ah, ah, ah ah,

Ah, ah, ah ah…

Dolores nunca habrá paz

Ni en mi alma ni en estas tierras

Hasta que mis propias manos

Que perdieron la inocencia

No devuelvan la violencia.


Ah, ah, ah ah…

Hasta que muerdan el polvo

Los agentes del infierno,

Quienes cobardes masacran

Mujeres, niños y viejos,

Tiemblan ante un guerrillero.

Ah, ah, ah ah…

Ah, ah, ah ah,

Ah, ah, ah ah…

Un día yo me iré contigo,

Dolores, pero antes quiero

Vender muy cara mi vida

y con Guadalupe Salcedo

tumbaremos el gobierno.


Ah, ah, ah ah…

Y segunda independencia

A la patria le daremos,

Entonces, Dolores mía,

Habrá un nuevo sol y un cielo

En nuestra Colombia querida.

Ah, ah, ah ah,

ah, ah, ah ah,

ah, ah, ah ah. (Briceño, 2011).

3.3.        Matar al policía, “matar su cuerpo”.

La degradación del adversario ha generado en Colombia procesos de victimización escalofriantes en donde “matar al muerto” como sucede con las decapitaciones es una forma de expresar el poder sobre el cuerpo del “enemigo”. Un ejemplo claro es el caso de la masacre de Churuyaco en el año 1992, donde la sevicia contra los policías fue increíble. La orden era rematar a todos los uniformados (Mancipe, 2000). El Sargento Benavides quien milagrosamente sobrevivió haciéndose el muerto por varios minutos fue testigo presencial del asesinato de varios de sus compañeros infringiéndose las normas humanitarias, vale la pena leer uno de sus relatos:

Entonces fue cuando un costeño, Giovanni Valencia, que combatía como a seis metros de donde yo me encontraba, quedo sin munición y decidió entregarse. El se puso de pie, arrojo el fusil y les grito: “¡me entrego, me entrego No me vayan a matar por favor. Yo soy hijo único y mi madre está sola y enferma. Tengo que responder por ella.” Pero una guerrillera le dio dos tiros en la cabeza y luego, cuando cayó, lo remato con otros impactos en el cuerpo mientras gritaba: ¡“perro maldito”. (pág. 24)

Aquí el odio va mucho más allá, pues no solamente hay que quitarle la vida a un ser humano por el rol que desempeña, en este caso el de Policía, sino hay que humillar sus despojos, hay que “matar al muerto” en términos de María Victoria Uribe y su investigación sobre antropología de la inhumanidad (2004), quien relata el modus operandi del corte de franela, corte de corbata entre otros. (Caracol, 2000).

Escenas desgarradoras también se pueden evidenciar en el relato de Observatorio de Derechos Humanos de la Vicepresidencia de la República sobre el homicidio de policías de vacaciones, francos, fuera del servicio o cumpliendo misiones sociales. (Vicepresidencia, 2002). El hecho más reciente de connotación nacional fue el asesinato de policías cumpliendo labores de apoyo a la comunidad, en donde perdieron de forma violenta la vida el Mayor Germán Méndez y el del Patrullero Edilmer Muñoz Ortiz en marzo del 2014, luego de ser torturados y degollados; fue tanta la sevicia de las farc con los uniformados que el Presidente de la República se refirió duramente en relación al  caso: “Me dicen que fueron torturados antes de ser asesinados. Iban de civil, y esto viola todas las normas, todas las reglas de la guerra y las reglas del Derecho Internacional Humanitario”, dijo el presidente” (Tiempo, 2016).

Pero no sólo fueron  las Farc y el Eln los que emplearon el “plan pistola” en relación a los policías en un contexto de CANI; de igual forma las extintas autodefensas (AUC en adelante) practicaron el asesinato de policías de civil como en Capitanejo Santander el 3 de diciembre del año 2002 y en medio de una supuesta tregua; en dicha oportunidad tres miembros de la policía fueron sacados de un bus y ultimados en la vía pública, por el sólo hecho de ser miembros de la Institución armada de carácter civil (Prensa, 2002).

3.4.        El policía, el adversario natural dentro de la estrategia militar insurgente.

El policía desde el comienzo de la confrontación armada en 1964, año en el que fue atacada Marquetalia a través de las operaciones militares “Soberanía”, “Soberanía gamma”, “Libertad” y “Cabeza” y en el que además  los hombres de alías tirofijo y Ciro Trujillo se autodenominaron guerrilla móvil[1] (Farc, 1964, pág. 99), fue considerado dentro de la estrategia militar insurgente como el objetivo militar naturalistico (Prado, 2015, pág. 183).

La guerrilla de las farc decidió atacar estaciones ubicadas en muchas cabeceras municipales como mecanismo de obtención de armamento, generación de sensación de fuerza ante la ausencia de control territorial por parte  del estado y además como forma de atemorizar a la población civil; la vida de los policías no importaba nada, como lo demuestra la toma de Inza en marzo de 1965 y los continuos ataques a la misma población hasta el mismo año 2013 utilizando armas no convencionales en plenas negociaciones de paz. Las siguientes fotos (1 y 2) muestran la sevicia de las farc frente a la población civil protegida por el DIH y frente a los policías indefensos (Espectador., 1965, pág. 1); (Tiempo, 2013).

Foto 1. Ataque de las farc a Inzá, Cauca, 17 de marzo de 1965.

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Fuente: Diario El Espectador. 18 de marzo de 1965, primera página 1.

 

Foto 2. Ataque a la estación de Policía de Inzá, Cauca, el 7 de diciembre del 2013.

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 Fuente. Diario el País, 15 de diciembre del 2013.

La  práctica de atacar poblaciones se extendería igualmente a otras agrupaciones como el ELN y la toma de Simacota en enero del año 1965 donde asesinaron al Sargento Luís Alberto Herreño y a los agentes Luís Alberto Gómez Archila y José Antonio Gómez (Cornejo, 1965, pág. 8).

Por otro lado y aunque las cifras de diferentes fuentes no concuerdan, el norte del Cauca, y específicamente Toribio tiene el doloroso record de ser la población más hostigada y una de las más atacadas en la historia del CANI; esos hostigamientos y ataques en la mayoría de oportunidades se dirigían contra los policías, no sólo cuando se encontraban en la estación, destruida en muchas ocasiones, sino incluso en medio de la población civil (CNMH, 2013); (Colombiacheck, 2016, ). La intención era asesinarlos por simple hecho de ser policías, como Nelly González, madre del Teniente Alfonso Alexander Rodríguez González, se lo expresará a las farc  en la Habana en uno de los viajes de las víctimas dentro de la discusión del punto V del acuerdo final (Patria, 2014).[2]

 

4.    Ejemplos  sobre la importancia de la polemología para la caracterización de las víctimas policiales.

Ahora bien, desde  los actores armados, o sea de quienes intervienen directamente en una contienda bélica como “combatientes” y teniendo en cuenta los factores psicológicos expresados por Bouthol (1975, pág. 80), evolucionados desde la perspectiva de una guerra al interior de un estado (Aznar, 2011 a), se constituyen en ejemplos desde la perspectiva polemológica para la caracterización de las víctimas policiales originadas en el CANI colombiano los siguientes:

    Desde el comienzo de las hostilidades en 1964 los grupos armados ilegales consideraron a los policías como actores susceptibles de ataque. Por ejemplo el mismo diario de la resistencia de Marquetalía escrito por alías Jacobo Arenas, demuestra que en el ataque militar emprendido por el gobierno de colombiano utilizó carabineros (policía rural y montada en Colombia). Para Estado e insurgencia los policías son actor armado  sin importar su naturaleza jurídica como civiles uniformados y su misión, roles y funciones naturales.

Con el pretexto de la "lucha contra la violencia", desde hace meses los altos mandos de las Fuerzas Armadas, con el apoyo del Presidente Valencia y la inspiración de los círculos más agresivos del conservatismo y del liberalismo oficialista, vienen preparando una nueva ofensiva armada contra el campesinado de esta región. Este plan regresivo ha culminado en estos días con la inminente iniciación de operaciones que se identificará como una verdadera guerra de exterminio. Las informaciones de que dispone este Movimiento indican que en el asalto oficial a mano armada de Que se hará víctima a esta región, participarán de 10.000 a 16.000 unidades militares, correspondientes, entre otros, a los batallones "Colombia", Caicedo, Tenerife, Juanambú, Patriotas, Galán, Rook, Escuela de Lanceros, apoyados por fuerzas de la aviación y carabineros de la policía y con utilización de todos los tipos de armas y especialidades con que cuentan hoy las fuerzas represivas del país, bajo la asesoría de la Misión Militar norteamericana y los llamados "Cuerpos de Paz. (Farc, 1964, págs. 10, 50).

     Para el comienzo del CANI se contaba con una policía en buena medida militarizada amén de  la politización de la Institución en tiempos de la denominada violencia política (1946-1958), lo que llevó a que el gobierno nacional la trasladará del Ministerio de gobierno al Ministerio de guerra, como una cuarta fuerza armada (Vargas A. , 2006, pág. 179). Dicha condición de la Policía Nacional la llevo a desarrollar capacidades únicas para una Institución civil armada encargada de la seguridad y convivencia ciudadana. Incluso desde los años cincuenta se realizaban comisiones de orden público “mixtas” comandadas incluso por oficiales de la Policía, como se puede comprobar en la foto 3.

En consecuencia el concepto “orden público”, de raigambre civil, propio del derecho administrativo en la órbita del poder, la función y la actividad de policía, termina siendo en Colombia  propio de la guerra contra el bandolerismo y las posteriores autodefensas y guerrillas (“medalla de orden público”, “prima de orden público”,  “voy para orden público”… etc.).

 

Foto 3. Comisión mixta de tropas del Ejército y la Policía Nacional en 1952, comandadas por un oficial superior de la Policía.

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Fuente.  Archivo particular del BG. Roberto Mejía Soto.

    En concreto desde el Plan de campaña “Soberanía” en Marquetalía y dentro del plan lazo, los mandos militares contaron operacionalmente con la Policía Nacional, incluso con la presencia de guías caninos (Prado, 2015, pág. 144). La vinculación estatal de la Policía Nacional al esfuerzo bélico se dio desde el comienzo de las hostilidades y fue una  prolongación de la lucha contra el bandolerismo, en términos operacionales. Así que el policía desde esta perspectiva también era considerado un adversario y al no ser seguidos los lineamientos del DIH por parte de la insurgencia podía ser eliminado de cualquier forma. Evidencia del proceso de victimización es la presencia en la Habana de dos víctimas policiales, la señora Nelly González y el General Mendieta, éste último secuestrado y torturado por las farc.

    La mayoría de policías desplegados en zonas de orden público durante el desarrollo del CANI colombiano prestaron servicio militar obligatorio como soldados regulares; incluso a medida que avanzó el Conflicto se fue haciendo cada vez más común encontrar miembros del nivel ejecutivo de la Policía, ex soldados profesionales, así que su nivel de preparación militar y conocimientos  operacionales resultaron invaluables desde lo bélico. La foto 4 muestra los policías contraguerrilla en Colombia y su equipamiento individual, muy parecido al de cualquier soldado.

Foto 4. Comandos rurales de la Policía Nacional

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Fuente. Períodico Vanguardia liberal.

    Posiblemente el nivel de resistencia frente a los ataques guerrilleros y la capacidad combativa de los policías  ante la evidente superioridad numérica en muchos ataques a estaciones y cuarteles, puede criminológicamente explicar el tipo de sevicia y los tipos de victimización hacía los policías. Casos como el terrorífico ataque en Arboleda Caldas pueden ser buen ejemplo (Ballesteros, 2016); (Tiempo, 2016).

    Los múltiples roles que ha desempeñado la Policía Nacional en los últimos 52 años, entre ellos la lucha contra el narcotráfico, la minería ilegal, la trata de personas, y otros delitos transnacionales, ligados algunos con los grupos al margen de la ley y con conexidad directa  con el conflicto armado, puede ser factor polemológico de la victimización hacía el policial en el conflicto. La foto 5, muestra incluso los grandes errores de publicaciones especializadas a nivel mundial, por ejemplo al confundir tropas especializadas en guerra irregular en Colombia (lanceros) con policías antinarcóticos (Ryan, M.; Mann, C. & Stiwell, A., 2004, pág. 25).

Foto 5. Foto de Policía antinarcóticos confundido como lancero por publicación internacional especializada.

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 Fuente. Fuerzas Especiales del Mundo. Policía confundido con un lancero.

 

    El odio, como factor polemológico ligado a los actores armados ilegales puede también ser causa de victimización de policías, así como de sus familias, siguiendo el concepto propuesto de víctima policial. El caso de los presuntos feminicidios en Arauca cometidos por el Eln, tal y como lo ha indicado la Fiscalía General de la Nación, por el ligamen de mujeres con miembros de la Policía Nacional resulta importante desde esta perspectiva descriptiva, sobre todo por el tipo de grave infracción al DIH. A mediados del año 2016 el diario El Tiempo, publicó una dramática investigación sobre el tema:

“Ese día, el 18 de noviembre de 1990, era domingo y almorzamos juntos. Mi papá salió a comprar algo y yo, a salí a trabajar con el taxi (...). Como a eso de las seis y media yo estaba cerca de la casa y escuché seis disparos; cuando llegué, vi a Diana, mi hermana, tendida en la parte de afuera de la casa. La mató el Eln, y nosotros nos desplazamos de Saravena para San Andrés, Santander. Mi hermana era menor de edad y a ella la mataron porque tenía una relación sentimental con un policía”. (Obando, 2016).

     La consideración polemológica de atacar al “enemigo” a través de lo que más quiere ha sido factor primordial de victimización por parte de todos los grupos armados al margen de la ley en Colombia, así como de las mafias de toda índole; es bien recordado el plan de asesinatos de Pablo Escobar contra los policías del bloque de búsqueda y la forma de perseguir a sus familias (Duncán, 2013, pág. 255).

El ligamen de los grupos ilegales con el narcotráfico y otros delitos transnacionales ha trasplantado de escenario el mismo comportamiento de mafia, incluso con más degradación por los caracteres de la guerra asimétrica (Aznar, 2011 a). La creencia de la cercanía con el enemigo, la paranoia de infiltración o penetración adversaria, el temor a la perdida de vida generaron no sólo la persecución de familias enteras de policías, su asesinato, desplazamiento e incluso masacres bajo el esquema de “purgas”, como en Tacueyo con el frente disidente de la farc “Ricardo Franco” y en Cimitarra Santander con la actuación de Braulio Herrera (Tiempo, 1994).  Otro caso notorio es el del famoso “manual de convivencia para las comunidades de las farc en el Putumayo, en donde ordenaban la salida de todos los familiares de los policías que habitaban en el Departamento. Un buen análisis sobre el tema lo hace León Valencia (2014).

Como se evidencia son muchos los factores polemológicos los que dentro de una guerra irregular, asimétrica y político militar sirven para generar victimización de seres humanos policiales y sus familias. Desde la perspectiva de los actores, como eje psicológico de la actuación de los “combatientes”, la persecución de todo lo que signifiquen adversario resulta prioritario desde la concepción militar, entre otras cosas por efectos meramente geopolíticos, geoestratégicos y geoeconómicos.

 

5.    Conclusiones finales.

 Además de los aportes concretos que se han esbozado a lo largo del trabajo y especialmente en el acápite anterior, vale la pena mencionar desde lo socio jurídico la importancia que puede tener un enfoque polemológico para el proceso de caracterización de las víctimas policiales y por lo tanto en la estructuración de una política pública sectorial para lograr una reparación integral de un significativo grupo de personas afectadas por los grupos armados al margen de la ley,  en ocasión y por causa de la guerra, ya que no se puede circunscribir la caracterización de víctimas de la Fuerza Pública a la simple propuesta de estructurar proyectos productivos para los afectados, como en algún momento se ha expresado por la Unidad de Víctimas (Esdegue, 2016). Y sí bien es cierto se necesita de una activa participación de las víctimas de las Fuerzas Armadas en la estructuración de programas y estrategias, se requiere más pedagogía y didáctica por parte de los órganos competentes para atraer y vincular a estas personas hacía los diferentes componentes que ofrece una institucionalidad casi por completo preocupada en las víctimas civiles del CANI, olvidando cual fue el origen de protección del DIH en la modernidad.

Por otro lado tanto en la literatura existente en Colombia, como alguna a nivel internacional, la mirada del fenómeno “guerra” se da desde una perspectiva de violencia armada que no tiene en cuenta factores jurídicos especializados, como el DIH, especialmente respecto a los medios y métodos de conducción de hostilidades. Lo anterior conlleva posiblemente a la estructuración de líneas argumentativas quizás desviadas del propósito superador del fenómeno bélico. Es decir, una concepción de posconflicto desligada de lo militar y en la experiencia internacional en buena medida esto ha sido un fracaso como sucede en el triangulo norte en Centroamérica.

Estas páginas no tienen el propósito de sobrevalorar el abordaje polemológico, casi olvidado en el contexto colombiano, y criticar la conflictología en ciertos de sus componentes por una posición de construcción de paz positiva antimilitarista; lo que buscó fue mostrar la posible necesidad de un nuevo acercamiento entre el estudio y descripción de las guerras y las posibles vías de una construcción de un contexto de convivencia y seguridad humana. En otros términos hay que seguir buscando puntos de encuentro entre una concepción de paz construida desde el estudio a profundidad del fenómeno bélico y otra que lo rechaza por considerar que la guerra como forma de imposición es un fenómeno social y cultural que debe y puede desaparecer.

Ahora bien, es claro que la guerra genera la más notoria degradación del ser humano, tanto en su sentido bélico limitado, como en el sentido político o amplio en términos de Foucault. Una de las expresiones de la violencia armada denominada guerra es la de generar víctimas, hoy día especialmente civiles, lo que no obsta para que por graves infracciones al DIH y violaciones a los DDHH, miembros de los actores armados puedan ser también victimizados, e incluso revictimizados, cuando se les niega su condición. Es pertinente precisar que con esta investigación se ha podido corroborar el nivel de agresión a los policías colombianos por el simple hecho de serlo, con lo cual queda descrita la concepción deshumanizadora frente al “enemigo o adversario”.

Sin duda quedan muchos elementos por profundizar sobre el tema no obstante el trabajo de fuentes realizado. Son demasiadas aristas, además de complejas las que existen sobre un tipo de abordaje que puede ser tenido en cuenta en cualquier tipo de trabajo interdisciplinario sobre la guerra en Colombia.

 

*Abogado e investigador. Asesor y consultor internacional. Doctor en derecho por la Universidad Externado de Colombia. Gerente General de Mejía, Ardila & Asociados. Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. 

 

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[1] Luego bloque sur y en el año 1966 en la Segunda Conferencia Guerillera farc.

[2] “Lo asesinaron a mansalva porque dijeron que era un policía. No, era un ser humano que tenía familia, merece respeto.”

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