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Domingo, 13 Junio 2021 20:53

Politizar la nueva explotación laboral

Politizar la nueva explotación laboral Photo by California Bakery on Foter.com

Es importante recordar tanto el carácter intersubjetivo de la actual forma de pensar como la persistencia de la categoría de explotación al momento de analizar la sociedad contemporánea y sus respectivas formas de trabajo.

Por: Juan David Montoya Espinosa[1]

Introducción

A medida que la historia sigue su curso y las sociedades se transforman, lo hacen paralelamente, y bajo una compleja dialógica, las formas de producción, de trabajo, relacionamiento y demás. En el interior de estos cambios se encuentran a su vez las fuerzas que los producen, así como los intereses que los motivan, es decir, la vida cotidiana y las transformaciones que van teniendo lugar no son producto del azar o fuerzas heterónomas, sino que es la sociedad como conjunto, y sus correspondientes poderes, los que van moldeando el desarrollo social y de la historia.

Uno de los cambios más evidentes y fundamentales, en el que se centra el presente ensayo, son aquellas fuerzas alrededor del trabajo y sus expresiones más contemporáneas, concretamente aquellas bajo denominaciones tales como neoliberales, posfordistas o de capitalismo cognitivo. El objetivo, básicamente, es rescatar el análisis de fuerzas o poderes, o politizar si se quiere, el ámbito laboral; de manera tal que se visibilice una situación dialéctica la cual permita pensar en planteamientos de emancipación y justicia social para los trabajadores en la actualidad y hacia el futuro.

La nueva explotación

Sabiendo que, a pesar de los profundos cambios, continúa predominando el sistema capitalista, implica igualmente que es posible mantener una categoría fundamental de análisis crítico como es la explotación.

Esta, aunque mantenga elementos estructurales propios del capitalismo bajo la propuesta de Marx en el siglo XIX, presenta importantes cambios que son necesarios tener en cuenta con el objetivo de adentrarse en ella para su comprensión y tal vez pensar en pro de su abolición.

El trabajo capitalista, junto con la explotación que conlleva, ha pasado por diferentes etapas, desde las fases mercantiles, el nacimiento de las fábricas, el auge de los servicios y la revolución digital, por mencionar algunas. Actualmente, bajo un régimen económico y político neoliberal, el trabajo ha adquirido un componente fundamentalmente cognitivo y psicológico. Este nuevo contexto es sucesor de una previa sociedad disciplinaria la cual tuvo que ceder y reinventarse ante las presiones del nuevo capitalismo globalizado (Muñoz, 2020), dando lugar a las llamadas sociedades de rendimiento (Han, 2016), las cuales se caracterizan tanto con las nuevas formas de producción alrededor del conocimiento como con el carácter ideológico del propio neoliberalismo. Este carácter ideológico no es simplemente un conjunto de normas, discursos y regulaciones de disciplinamiento –bajo una perspectiva foucaultiana–, sino que es una técnica de dominación que estabiliza y reproduce el sistema dominante por medio de una programación y control psicológicos (Han 2019, p.9); básicamente, según Deleuze, el neoliberalismo no tiene un “cuerpo” (como sucedería en sistemas anteriores) sino que posee un “alma” (referenciado en Han, 2019).

De esta manera, no solo el trabajo bajo este sistema tiene un nuevo –o más fuerte– componente psicológico, sino que lo mismo sucede con la explotación. Como señala Han en sus obras, esta se produce bajo nuevas dinámicas, ya que se desarrolla bajo un nuevo terreno: la psique del individuo (2014; 2016 y 2019). De esta manera, pareciese que ahora no existe un ser que domine el trabajo del otro como se habría expuesto y señalado en teorizaciones primigenias, sino que, por lo tanto, señala que “hoy es posible una explotación sin dominación” (2014, p. 19); en palabras del filósofo coreano:

El neoliberalismo, y no la revolución comunista, elimina la clase trabajadora sometida a la explotación ajena. Hoy cada uno es un trabajador que se explota a sí mismo en su propia empresa. Cada uno es amo y esclavo en una persona. (2019, p. 9)

Esta es una idea crucial sobre la que hay que profundizar y cuestionar: el sujeto explotado, sin explotador.

La construcción de la psique explotadora

En primer lugar, hay que reconocer la posible validez de la propuesta de Han, en tanto que actualmente sería posible encontrar sujetos que pareciesen actuar bajo su libre y propia voluntad y con una mentalidad de hiperactividad e hipertrabajo, creando así sujetos de rendimiento, agotados y depresivos (2016). Sin embargo, limitarse a aceptar esta realidad aparente podría conllevar argumentos y opiniones con un importante sesgo de empirismo, en tanto se capta únicamente lo observable pero no se profundiza en sus orígenes, razones y fuerzas subyacentes.

Esto quiere decir que tal mentalidad de rendimiento, y su correspondiente autoexplotación por parte de los sujetos, es solo el efecto final de una serie de causas, necesarias de exponer y comprender si se espera capturar completa y verdaderamente estas nuevas formas de explotación.

Para esto, lo principal es reconocer que la psique, la subjetividad, que en última instancia genera tales sujetos, es una construcción que sucede en el contexto social, de manera intersubjetiva. Los individuos no forman por sí solos su forma de pensar y respectiva forma de actuar. Esto quiere decir que, en la constitución de la mentalidad, neoliberal en este caso, se cruzan una serie de actores, fuerzas y condiciones particulares, dando lugar a su vez a una subjetividad contextual e histórica concreta.

Esta propuesta de la construcción social e intersubjetiva de la mente permite ahondar en aquellos elementos que pueden determinar cierta forma de pensar y de actuar en los individuos, y de esta manera, revisar críticamente aquella idea sobre el individuo autoexplotador.

En segundo lugar, esta propuesta de Han, en tanto parece no señalar actores, fuerzas o poderes concretos en la formación de tal mentalidad neoliberal en los sujetos, además de presentar aquel sesgo empirista mencionado, podría caer en un solipsismo capitalista, compuesto por individuos auto constituidos mentalmente, donde no hay responsables por la explotación y demás condiciones de dominación o injusticia, especialmente cuando menciona que bajo el sistema actual “ya no es posible sostener la distinción entre proletariado y burguesía” (2019, p.10), poniendo así en una misma bolsa al millonario empresario con el repartidor de domicilios en bicicleta. Esto constituye un peligro, en tanto puede eliminar posibilidades de responsabilización y criterios morales para determinar la nocividad e injusticia de ciertas prácticas por individuos concretos. En este aspecto, es pertinente recuperar la propuesta psicosocial de G. H. Mead (1999), el cual, además de señalar carácter intersubjetivo de la mente, introduce la capacidad de reflexividad en los individuos, la cual otorga la posibilidad de anticipar, reflexionar y cuestionar sus reacciones en el ambiente que se encuentran, negando cualquier determinismo biológico o psicológico de la persona, y por el contrario, rescatando atributos fundamentales alrededor la profundidad mental, la moral y el libre albedrio de los individuos. Esto lleva, finalmente, a decir que la mentalidad de los individuos se forma mediante elementos y relacionamientos externos, pero siempre manteniendo una capacidad reflexiva para ser dueños de sus pensamientos, acciones y cuestionar el entorno.

Por otra parte, continuando con esta idea, y en relación directa al ámbito del trabajo, es posible argumentar que la lucha de clases propia del capitalismo no ha desaparecido, no ha sido eliminada como dice Han, sino que, ahora que el capitalismo se ha transformado y posee un componente altamente ideológico y psicológico, esta lucha también ha cambiado de escenario, ubicándose en la propia psique, en la subjetividad de los individuos. Una vez que se identifican individuos e intereses concretos, específicamente alrededor de la explotación, adquisición de plusvalor y capital queda claro que aún existe una evidente estratificación social, tanto por la tradicional división entre poseedores y desposeídos de capital (capitalistas y proletariado), como por formas contemporáneas de dominación relacionadas con cuestiones de género, raza, nacionalidad y demás. Estos antagonismos sociales, aunque sus individuos estén todos bajo un sistema e ideología neoliberal, es claro que producen diferentes niveles de opresión y explotación. Seria negligente, bajo las actuales condiciones de desigualdad, vulnerabilidad y precariedad, igualar la explotación y condiciones de vida que sufren las mujeres en las maquilas o los teleoperadores en los callcenter con los empresarios y trabajadores cualificados del primer mundo, en especial cuando es evidente la mayor o menor inseguridad social y económica en que se encuentran los diferentes grupos sociales dadas sus condiciones particulares. Aún existen conflictos de intereses y luchas por los beneficios sociales, incluso, esta nueva forma de autoexplotación, como reconoce el mismo Han (2019), es la forma más eficiente de generar plusvalía por parte del capitalismo, y en la medida que lograr conquistar mayor tiempo de trabajo al eliminar las distinciones entre tiempo laboral y tiempo personal (Nicoli y Paltrinieri, 2019), conlleva a su vez una mayor producción de plusvalía absoluta, en los mismos términos expuestos por Marx (2014) hace más de 150 años.

Conclusión

Es evidente que nuestras formas de relacionarnos, trabajar y pensar son diferentes bajo el régimen neoliberal. Este ha conllevado un ámbito mucho más psicológico e ideológico sobre los individuos, a la par que se presentan nuevas formas laborales de y bienes inmateriales alrededor del conocimiento. Sin embargo, a pesar de todos los posibles cambios, es importante recordar tanto el carácter intersubjetivo de la actual forma de pensar como la persistencia de la categoría de explotación al momento de analizar la sociedad contemporánea y sus respectivas formas de trabajo. Reconocer esto permitiría responsabilizar actores y actos particulares por la generación y perpetuación de tantas y tan lamentables condiciones sociales injustas e inhumanas como la precariedad, la desigualdad y la explotación, entre otras. Recogiendo todos estos elementos se hace posible entonces plantear una actual lucha por la subjetividad y las diferentes fuerzas, hegemónicas y antihegemónicas, que constituyen las disputas actuales, mucho más psicológicas e ideológicas, las cuales podrán tender hacia nuevas formas de dominación o hacia caminos de emancipación.

Referencias

Han, B. (2014). En el enjambre. Barcelona: Herder.

Han, B. (2016). La sociedad del cansancio. Barcelona: Herder.

Han, B. (2019). Psicopolítica. Barcelona: Herder.

Marx, K. (2014). El capital I: crítica de la economía política. México, D.F.: FCE - Fondo de Cultura Económica.

Mead, G. (1999). Espíritu, persona y sociedad. Barcelona: Paidós.

Muñoz, J. (2020). Crítica a la sociedad del rendimiento. Centro de Estudios de Política y Relaciones Internacionales CEPRI. Recuperado de https://cepri.upb.edu.co/index.php/lineas-de-investigacion/filosofia-politica/critica-a-la-sociedad-del-rendimiento.

Nicoli, M., & Paltrinieri, L. (2019). «It’s still day one». El tránsito del empresario de sí mismo a la start-up existencial. RECERCA. Revista De Pensament I Anàlisi24(1), 37-60. https://doi.org/10.6035/Recerca.2019.24.1.3

 

[1] Economista y estudiante de Ciencias Políticas (próximo a graduarse) de la UPB. Estudiante de la maestría en Psicología Social en la misma universidad y especialista en Políticas Públicas para la Igualdad con el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO).

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